Domingo 30 de enero, 1944
Querido Arthur,
Espero que esta carta te llegue sin problemas. Es sólo una nota para que sepas que todo está bien. No puedo decir mucho… los censores monitorean todo lo que escribimos, y podrían borrar algunas cosas.
Arribamos el otro día. Fue un aterrizaje bastante aparatoso pero ya estamos haciendo lo nuestro. ¡Espero que estés bien!
De Alfred.
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Domingo 6 de febrero, 1944
Querido Arthur,
Las cosas están mejor. Este lugar es maravilloso, pero extraño… Inglaterra. Sí. Pienso en Inglaterra todo el tiempo. No puedo esperar a regresar a… Inglaterra.
Aún no puedo decir mucho, pero… digamos que los krauts tienen buenas razones para estar jodidamente asustados ahora que los estadounidenses estamos aquí. Oh, y el canadiense también. ¡Matthew te manda saludos!
De Alfred.
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Martes 15 de febrero, 1944
Querido Arthur,
Perdona que estas cartas sean tan cortas – se supone que no debemos decir mucho.
El clima es bueno. La comida, terrible. Aún extraño Inglaterra.
Ayer fue día de San Valentín. El año que viene enviaré un verdadero Valentín. Hasta entonces…
Con a… De Alfred.
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Jueves 17 de febrero, 1944
Querido Arthur,
Te envío esto con el correo de los oficiales esperando poder evitar a los censores.
Estos krauts luchan con mucha fuerza. Ya he derribado a cuatro de ellos - ¡más que todo el pelotón! ¡Sus Messerschmitts no son rivales para nuestros Mustangs!
Nuestra canción sonó en la radio esta mañana. Estuve cantándola hasta que los chicos del pelotón comenzaron a lanzarme latas vacías sin ninguna razón. Supongo que están celosos porque he tirado a más krauts que cualquiera de ellos.
Aún extraño Inglaterra. Oh, y por si estás confundido, cuando digo Inglaterra me refiero a ti.
Con amor, Alfred.
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Lunes 28 de febrero, 1944
Querido Arthur,
Hoy descubrí que los krauts tienen un nombre para mí. Me dicen – te va a encantar – El Mago. Porque aparezco y desaparezco como por arte de magia. ¡Genial, no! ¡Lady Beth y yo somos el terror de los cielos! Matt está muy celoso, aunque diga que no. ¡Siempre he dicho que soy el héroe del pelotón!
Mantengo tu pañuelo cerca de mi corazón todos los días. Pero no puedo decir mucho. Aun cuando estoy enviándote esto con el correo de los oficiales, sigue siendo probable que lo vean los censores.
Con amor, Alfred.
P.S Para demostrarte que realmente soy un mago, haré algo SORPRENDENTE – ¡le añadiré un día más al mes! ¡Así es! Sólo espera, ¡haré que febrero dure veintinueve días este año!
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Martes 29 de febrero, 1944
Querido Arthur,
¡Abracadabra! 29 de febrero, ¡te dije que lo haría!
Con amor, Alfred.
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Jueves 9 de marzo, 1944
Querido Arthur,
Las cosas no están yendo tan bien como planeamos pero nos han dicho que eso era de esperar. Matt y yo estamos bien pero algunos del pelotón… bueno…
Tengo que tener cuidado con los censores.
Los de arriba nos dijeron que las cosas mejorarán cuando lleguen los refuerzos. Supongo que tendremos que aguantar hasta entonces.
Por otro lado, hoy tiré a otro kraut lo que me hace oficialmente un as de la aviación. Dijeron que quizá me darían una medalla. Es gracioso... pensé que estaría más feliz por eso.
Pero si lucho y los derribo aquí, significa que no llegarán a Inglaterra. Eso es en lo que pienso cada vez que subo.
Con amor, Alfred.
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Miércoles 15 de marzo, 1944
Querido Arthur,
Capturaron a dos chicos de mi pelotón ayer. No hay señales de esos refuerzos que nos prometieron. Nos dijeron que saldríamos de aquí pronto pero no han dicho cuándo.
Saber que estás seguro y esperándome es lo que me da fuerzas durante cada misión. Ahora, es lo único que me las da.
Con amor, Alfred.
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Domingo 19 de marzo, 1944
Querido Arthur,
Bueno, nos han dicho que iremos a Francia pero aún no hay señales de nada… estamos atascadas aquí yendo hacía ningún lugar día tras día. La campiña sería linda si no fuera por los tanques quemados y graneros aplastados que están por todos lados. Y los lugareños son amigables pero parece que nos tienen miedo… y no los culpo. Y los ataques siguen llegando, y subimos y hacemos nuestro trabajo pero parece que eso no hace nada.
Estoy jodidamente cansado de este lugar. Sólo Dios sabe cuánto tiempo estaremos aquí.
Perdí a otros tres hombres de mi pelotón esta mañana. Tres en una mañana… jodidamente cansado.
No hay nada que no haría ahora para poder tenerte aunque fuese por un minuto. Lo deseo tanto que me duele. Que se jodan los censores. Ya no me importa. Si recibes estas cartas es porque han pasado. Oro porque estés recibiendo estas cartas.
Todo mi amor, Alfred.
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Jueves 23 de marzo, 1944
Querido Arthur,
Es gracioso. He derribado más enemigos que cualquiera de los que están aquí y a pesar de ello… no se siente cómo creí que se sentiría.
Tumbamos a este piloto alemán hoy. Volaba como un águila, con poder, fuerza y gracia ¿entiendes? Fue gracias a un grupo de nosotros que pudimos derribarlo y aun así sobrevivió. Nos dijo su nombre – Ludwig algo, no sé – su rango y número, eso fue todo. Lo trajimos hasta la base y uno de los chicos le quitó su billetera. Entonces sacó esta fotografía y comenzó a reír, enseñándosela a los demás chicos… y el alemán lo observa con la mirada más atemorizante y triste que había visto en toda mi vida. No me pareció que estaba bien, así que se la quité al chico, pensando que era una fotografía de la esposa de Ludwig o algo así. Pero no lo era. Era un muchacho, sonriendo ampliamente, un muchacho de ojos y cabello oscuro, uno de sus cabellos se destacaba y tenía forma de rizo. Y no parecía tener ningún tipo de relación con este alemán rubio de ojos azules. Es extraño. No pensé que tendría algo en común con los krauts. Parece que me equivoqué.
Las fuerzas especiales llegaron después y se llevaron al alemán. Antes de que se fueran coloqué la fotografía en uno de sus bolsillos cuando nadie estaba mirando. No me dijo nada, pero jamás había visto una mirada de agradecimiento como esa. Y en ese momento pensé cuán extraño era todo… que eran personas como él a quienes yo estaba derribando. Sólo personas normales, con sueños, esperanzas y fotografías.
Había dos palabras escritas detrás de la fotografía… "Bella Ciao". Significa "Adiós, hermosa".
Mi amor por siempre, Alfred.
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Arthur sostuvo la última carta contra su pecho y dejó salir un profundo suspiro lleno de añoranza. Ya la había leído ocho veces. No estaba seguro si las cartas lo ayudaban o si lo hacían sentir peor. Por supuesto que devoraba cada palabra, pero que lo dejaran sin ninguna forma para responder era casi insoportable. Cada oración era como una puñalada al corazón. Con cada carta Alfred parecía perder un poco más de esa ingenuidad y optimismo que lo hacía tan tierno y tan frustrante al mismo tiempo. Pero al parecer esa realidad a la que había sido expuesto tan forzosamente también había hecho de Alfred alguien más abierto, más comprensivo. Mientras que algunas veces eran dolorosas, cada carta también hacía enamorar a Arthur un poco más.
Había sido difícil volver a la vida cotidiana después de que Alfred se había ido. Arthur no estaba preparado para lidiar con cuánto extrañaría al maldito yankee. Después de la vida y felicidad y, bueno, la jodida y desesperante frustración que Alfred había llevado a su vida, los días sin él parecían ser chatos y vacíos.
Arthur esperaba ansiosamente todos los días para saber si le entregarían una carta. El cartero lentamente se acostumbraba a ser prácticamente abordado por el rubio cuando llegaba a la puerta. Y Arthur estaba casi obsesionado con leer todos los periódicos que caían en sus manos, hablaba con todos los soldados que regresaban, escuchaba las transmisiones de radio día y noche, desesperado por cualquier noticia referente a la guerra en Europa. Reunir información sobre la guerra se había convertido en su vida, al extremo de que llegó a preguntarse qué sería de él si Alfred no hubiese llegado y le hubiese puesto el mundo de cabeza.
Arthur le dio una última mirada a la carta, la dobló y la colocó cuidadosamente dentro de una gaveta con cerrojo que estaba detrás del mostrador. Miró a su alrededor para ver si alguien lo necesitaba, pero la noche estaba bastante tranquila. Ahora las noches eran así, ya que la mayoría de los estadounidenses habían desaparecido. Sólo algunos de los clientes habituales seguían en el pub, agrupándose en la esquina más lejana de la barra y conversando sobre la guerra. De haber sido unos meses antes, a Arthur lo hubiese aburrido la conversación. Ahora, se aferraba a cada palabra.
"Dicen que los aterrizajes en Italia estuvieron horripilantes," dijo uno de los hombres, un caballero en traje que golpeteaba su pipa contra la barra, enviando las cenizas volando por todas partes. Arthur apenas lo notaba, demasiado concentrado en las palabras del hombre.
"Por supuesto que los americanos harían un desastre de eso," concordó un cliente anciano, que miraba con desaprobación las cenizas esparcidas por la barra.
"He oído que los alemanes fueron alertados de alguna manera", añadió otro patrono, golpeando su vaso para que lo escucharan. "Parece que alguien estaba en eso."
"Pues, yo he oído que los alemanes están listos para salir de allí. Que ya tuvieron suficiente," dijo Arthur. Bueno, un soldado inglés había dicho algo parecido a eso anteriormente. Arthur no estaba seguro de cuán confiable era esa información, pero realmente quería creerla.
"Sería lo más inteligente que harían durante toda la maldita guerra, les digo," dijo el anciano. "Aunque ciertas fuentes de información nos tendrían creyendo lo contrario."
"¡Oh! Lo que me recuerda." Arthur alcanzó el radio y comenzó a manipular el dial. Sonrió irónicamente para sí mismo, recordando que tan sólo unas semanas antes le había dicho a Alfred que no podía soportar la radio. Ahora estaba prácticamente pegado a ella. Se desplazaba a través de la interminable estática hasta que encontró lo que estaba buscando.
"Alemania llamando, Alemania llamando…"
La voz áspera se encontró con un coro de gruñidos. "¿Por qué escuchas a ese traidor, Arthur?" preguntó el caballero que fumaba la pipa.
"Al menos obtenemos algo de información de él," dijo el patrono anciano.
"¡Bah! Puras mentiras, ustedes lo saben. Lo colgarán a ese Lord Haw Haw, sólo esperen y verán."
"¡Y buen viaje para él! Eso no significa que no podamos oír lo que tiene que decir ahora."
Arthur ignoró a los clientes. Él escuchaba cada una de las transmisiones de Lord Haw Haw. Aunque era difícil escuchar la zalamera y gangosa voz del traidor noche tras noche diciéndole a la nación inglesa que estaban peleando una batalla perdida, hablando sobre la superioridad de la nación alemana y escupiendo mentiras obvias sobre la guerra, ocasionalmente se filtraban verdades y la transmisión de Lord Haw Haw era uno de los pocos lugares de dónde obtener información sobre el destino de los Aliados.
Un acalorado debate surgió rápidamente entre los clientes habituales pero Arthur estaba demasiado ocupado tratando de escuchar la radio como para participar. La mayoría de las veces las difusiones no tenían nada de interés, pero sobre el ruido Arthur alcanzó a oír algunas palabras que le llamaron la atención... Italia… Piloto… estadounidense… "Ssh," dijo Arthur, con su mano en alto. "¿Qué está diciendo?" Le subió volumen al radio y el pub quedó en silencio mientras la áspera voz de Haw Haw inundaba la habitación.
"The New York Times informó hoy que un as de la aviación americano capturado en Italia habría derribado nueve aviones alemanes en solitario en medio de una emboscada. Esto es, por supuesto, absurdo. El piloto, cuyo nombre no fue revelado, pero a quien se refieren como 'El Mago', fue incapaz de hundir un solo Messerschmitt Bf 109 antes de que su avión, un P-51 Mustang llamado 'Lady Beth' fuera derribado cerca de la frontera ítalo-germana…"
Arthur dejo de oírlo todo. El sonido de la radio se desvaneció, convirtiéndose en un zumbido lejano y olas negras le golpeaban en la cabeza. La frase se repetía en su mente una y otra vez… un P-51 Mustang llamado 'Lady Beth' fuera derribado… Arthur buscó a su alrededor por una silla pero, al no encontrar una, se desplomó en el suelo. El avión de Alfred fue derribado sobre territorio enemigo… El avión de Alfred… Alfred…
Arthur no podía respirar. Esto no era real. Se lo había imaginado… seguramente se lo había imaginado… El zumbido lejano regresó a su atención y esa terrible voz lo ahogaba, le perforaba, cortaba su corazón y su cordura en pedazos. Las crueles palabras se negaban a detenerse.
"El piloto fue capturado apenas con vida por fuerzas alemanas justo después de ser derribado. Se cree que es un oficial valioso de la Fuerza Aérea Estadounidense y por lo tanto, debe poseer una vasta cantidad de información importante. Ha sido oficialmente puesto bajo custodia de la SS y será cuestionado extensivamente antes de ser…"
La radio se convirtió nuevamente en olas negras. SS… cuestionado extensivamente… antes de ser… oh Dios antes de ser qué… "No puedo respirar."
Voces irreconocibles retumbaban a través del denso aire a su alrededor.
"Traigan algo de agua."
"¡Alguien llame a un doctor!"
La habitación daba vueltas peligrosamente a su alrededor y ni siquiera había notado que estaba gritando hasta que alguien apareció frente a él, tomando sus manos y tratando de calmarlo. Arthur no podía escuchar claramente, sólo oía esas terribles palabras. Lady Beth… derribado… apenas con vida… cuestionado extensivamente… SS…
Arthur intentó asentir, intentó decir que estaba bien. Pero no lo estaba. Por supuesto que no lo estaba. Alfred había sido capturado y pronto lo interrogarían. Y después de eso… la SS no era exactamente conocida por dejar a sus prisioneros libres. Arthur tragó una oleada de náuseas y luchó por mantenerse consciente. Apenas notó a la gente a su alrededor.
Por supuesto que Arthur no estaba bien. ¿Cómo iba a estar algo bien ahora?
Continuará…
As de la aviación: es un aviador militar que tiene acreditado el derribo de cinco o más aviones enemigos.
Lord Haw Haw: fue el pseudónimo de William Joyce, un locutor de 'Germany Calling', un programa en inglés de propaganda difundido por la radio alemana Nazi a audiencias en Gran Bretaña. El propósito de dichas difusiones era de desalentar y desmoralizar a las tropas aliadas y a la población británica. Típicamente reportaban los derribos y hundimientos de aeronaves y barcos aliados, presentando informes de grandes pérdidas y bajas entre las tropas aliadas. A pesar de conocerse que era propaganda Nazi y de tener contenido exasperante, así como también de inexactitudes y exageraciones frecuentes, las difusiones solían ser escuchadas para tener información sobre el destino de las tropas aliadas y de las tripulaciones aéreas.
William Joyce fue encontrado culpable de traición en 1945 y ahorcado en 1946.
