Comentario del autor: Juef, juef, juef. Los reviews me dieron risa, nadie respeta a Karamatsu (?) gracias por leer y pedir una continuación. No soy de escribir fanfics y carezco de la motivación para hacerlo. Pero por sus comentarios he decidido ponerle empeño. De nuevo, gracias.
Capítulo II: Besos por tres
La puerta se cerró a la espalda de Ichimatsu y la línea de luz, proveniente del pasillo, se fue adelgazando en el interior. Sólo se veían los números en rojo del aire acondicionado, marcaba 17°, lo suficiente para albergar a cuatro personas.
Ichimatsu fue tanteando la pared hasta dar con el interruptor de la luz. Lo prendió. En la habitación aparecieron los hermanos, cada uno, con un gesto distinto: Osomatsu sonreía de lado e inspeccionaba los ceniceros, uno se lo metió dentro de la sudadera. Jyushimatsu se lanzó contra la cama enrollándose en el cobertor principal, dejando un desastre de almohadas y sábanas que le picaban la nariz por el olor a suavizante por el constante uso. Karamatsu estaba en medio de la habitación, siendo víctima de la sorpresa como de sus dudas; aún no se creía que tuviera tal deseo. Bueno, sí, pero no sería exactamente en un motel, si tuviera que despertar su pasión sería en un hotel de amor, luego de una cena con vino y fotografías suyas en presencia de su dama. Ichimatsu no quitaba el dedo del apagador, estaba más interesado en observar, por ende, se le ocurrió jugar con la ebriedad de todos los presentes: jugó con el interruptor.
Luz. Jyushimatsu convulsionándose en la cama entre sábanas y almohadas. Oscuridad. Osomatsu riéndose de Karamatsu sin hacer ruido, viéndose intenso por la inconsistencia de la iluminación del cuarto. Luz. Karamatsu yéndose de espaldas por las náuseas.
Luz.
Oscuridad.
Unos gemidos de una habitación cercana se desbocaron en un orgasmo que pedía más intensidad, que la penetración fuera más profunda, que no se detuviera por más que suplicase. Placer. Gemidos. La habitación brillosa con la cama matrimonial. La habitación oscura siendo invadida por el sonido del aire acondicionado.
—¿Qué te parece el motel?— dijo Osomatsu que parecía un fotograma al avanzar lento por el efecto de la luz. Karamatsu no se dió cuenta que ya lo tenía detrás suyo.
Ichimatsu aceleró su rutina para seguir destanteando a Karamatsu. En Ichimatsu se veía la sonrisa filosa mutilando la lengua entre el inicio de los caninos y molares, como si le aumentara la vida el ver como Karamatsu perdía la razón por las dudas y las luces.
—Nice, brotha... Very nice...— Karamatsu habló por inercia y cerró los ojos para que el mareo se disipara.
Osomatsu aprovechó el momento para empujarlo a la cama. Dejándolo boca abajo. Jyushimatsu salió debajo de las mantas, y se le tiró sobre la espalda. Karamatsu hizo un sonido de dolor, le acababan de sacar todo el aire.
Ichimatsu dejó la luz encendida. Jyushimatsu continuó aplastando a su hermano mayor. De la pared de al lado se escuchó un golpeteo del dosel de la cama, y una voz masculina que decía claramente: "Me vengo..."
—¡Se me está poniendo dura!— Jyushimatsu habló, pero toda la erección crecía sobre la espalda de Karamatsu.
Osomatsu se río —no puedes jalartela aquí, todos somos hombres— pero no hizo nada para quitárselo de encima a Karamatsu. Su opción fue sentarse a un costado de ellos y robarse otro cenicero.
—¡Me va a durar mucho tiempo así si no hago nada!— respondió Jyushimatsu al palpar su miembro.
—¡Vete al baño! Deja mi espalda... ¡Le has quitado su pureza! Oh, my god... Su pureza... — Karamatsu no sonó nada seguro por sentir un pene duro restregarse en su espalda baja hasta casi al inicio de sus glúteos. Le dio un escalofrío.
Ichimatsu apagó la luz.
Un sonido extraño salió de la misma oscuridad, acompañado de un grito de Karamatsu:
—¡No te la jales encima de mí!
—¡Lo siento, ni-san! ¿Me la jalo frente a ti?— Jyushimatsu se bajó de su espalda y le restregó su miembro erecto en una mejilla.
Ichimatsu prendió la luz de nuevo. Osomatsu se atacó de la risa terminado por caerse de la cama, la escaló con lágrimas en los ojos, ya que le pareció muy divertido todo lo que estaba ocurriendo.
—¡Ni ha besado a nadie, pero un pene ya le besó la cara! Y uno grande, y de su hermano menor. ¡No lo puedo creer!— habló Osomatsu carcajeándose.
Ichimatsu apartó el dedo del apagador, no estaba ni un poco alarmado. Se rascó la mejilla y ocupó un sofá, dejando que su espalda se encorvara para el frente, con los ojos bien puestos en la escena. Le causaba algo de morbo ver lo que ocurría.
Karamatsu cerró los ojos y ocultó la cara en la cama. Digamos que las acciones de Jyushimatsu no eran tan ofensivas como la realidad que alegaba Osomatsu.
—¡Brotha, ni a ti te han besado!— Karamatsu sacó la cara de entre las sábanas enojado.
—¡Pero no tengo un pene en la cara!— Osomatsu respondió todo falto de madurez.
—¡Mi pene, mi pene!— alegó Jyushimatsu sin dejar de masturbarse.
En cambio, Ichimatsu apretaba las piernas, se calentaba en soledad, sin que el resto de sus hermanos se diera cuenta de sus jadeos repentinos.
—¿Eeeh, acaso quieres un beso?— Osomatsu habló burlándose y le acercó los labios, para que se besaran.
Karamatsu abrió bastante los ojos y las gafas se le resbalaron por el puente de la nariz. Osomatsu las tomó, las dobló por sus patitas y se las atoró en el cuello de su sudadera.
—Mira que bonitos ojos tienes, si son iguales a los míos— Osomatsu no se detuvo, continuó con las burlas y de golpe, lo besó. No se preocupó por su falta de experiencia, ambos estaban en la misma situación.
Ichimatsu elevó el cuello, fue algo interesante.
—¡También quiero besar a Ni-san!— Jyushimatsu apartó a Osomatsu y levantó el rostro de Karamatsu, besándolo tan profundamente, que parecía un experto en el tema, pero era debido a su inagotable fuente de energía.
Karamatsu apretó los labios. Sino correspondía ningún beso, era como si no contasen. Necesitaba creerlo de ese modo. Sin embargo, no pudo engañarse, ambos besos lo dejaron con la respiración agitada y las mejillas rojas. No podía creer que fuera tan fácil calentarlo.
—Jyushimatsu, sostenlo fuerte. Falta Ichimatsu para que lo bese— Ordenó Osomatsu, que en su interior sentía burbujear toda la maldad.
—¡QUÉ! ¿Cómo? ¡no cool! Esto no tiene nada de cool ¡Brothas! ¡NO! ¡Det... — Karamatsu fue interrumpido en su súplica cuando sintió una de las llaves de Jyushimatsu que lo atrajo nuevamente a la cama, cayendo boca arriba.
—Prefiero ver... — murmuró Ichimatsu al desviar la mirada.
—Eh, ¿qué dijiste?— le preguntó Osomatsu sin dejar de vigilar el agarre de Jyushimatsu.
—Prefiero ver— habló más claro Ichimatsu.
—¡Eres un maldito pervertido!— le espetó Osomatsu.
—¡Pervertido, pervertido, pervertido!— repitió Jyushimatsu al ejercer más fuerza agarre.
—¡Oh, sabía que no...— Karamatsu no pudo continuar hablando porque Jyushimatsu le robaba el resto de su vida.
—Besalo, no seas cobarde. Haz algo útil de tu vida por una vez— Osomatsu tomó a Ichimatsu del brazo y lanzó contra Karamatsu.
Karamatsu lo vio con un ojo cerrado, y con la boca demasiado abierta para poder respirar y mantenerse vivo. Ichimatsu lo observó con detenimiento por varios segundos hasta que se atrevió a hablar: —También la tiene dura...— dijo refiriéndose a Karamatsu.
—¡Te excitas por unos cuantos besos de tus hermanos! ¡Virgen! ¡Eres más virgen que Pajamatsu!— Osomatsu le echó en cara. —¡Besalo, Ichimatsu, puede que se corra!
Ichimatsu mantuvo su mirada ahora en los labios de Karamatsu. Los traía rojos por su temperatura, se podía sentir el calor que despedía de su cuerpo. A Ichimatsu no le molestó la sensación. —Detente... — estiró la mano a Jyushimatsu para pedirle que terminase la llave, ya que sabía cómo tranquilizarlo.
—¡Hai!— afirmó Jyushimatsu al soltar a su hermano, abriendo los brazos y dejarlos extendidos sobre la cama.
—Nunca creí que tú me salvarías, ahora eres mi bro...— Karamatsu se calló de repente. Ichimatsu le había dado el beso de la traición.
Pero a diferencia del resto, no supo como tomar el beso de Ichimatsu. Era frío, pero a la vez más húmedo, porque se atrevió a meterle la lengua.
—¿Se corrió?— Osomatsu asomó la cabeza.
Ichimatsu se encogió de hombros y se mordió la lengua. No sabía con exactitud si Karamatsu se había corrido.
Karamatsu se delató. Temblaba y estaba agitado.
—Si se corrió...— confirmó Ichimatsu al sentarsele encima y ver una mancha húmeda expandirse en sus pantalones.
—Vamos a ver— Osomatsu sonrió con malicia y le llevó las manos al cierre y al botón del pantalón.
—¡No sé atrevan! ¡No!— Karamatsu se alarmó pero nadie le hizo caso.
Jyushimatsu estaba contento con sólo mirar el techo mientras soportaba el peso de dos de sus hermanos.
—¡Osomatsu!— Karamatsu tembló más al sentir el aura de su hermano mayor.
Osomatsu sacó el pene de la ropa interior, y se lo encontró flácido, pero manchado de semen. —¡Se ha corrido!— festejó y se limpió de aquel fluido en la mejilla de Karamatsu.
Ichimatsu se bajó de su hermano y le jaló los pantalones con ropa interior incluída, dejándolo desnudo de la parte inferior del cuerpo. Karamatsu rodó por la cama, aprovechando que ninguno de sus hermanos lo sujetaba.
—¡Yo no pedí venir al motel! ¡Mi sueño es vivir si tener que trabajar! ¡Don´t work! — trató de huir, pero Jyushimatsu le sujetó de las piernas para arrastrarlo de nuevo a la cama. —¡Todavía la tengo dura!— dijo sosteniendole las pantorrillas.
—Je, también yo— Osomatsu se rascó la nariz.
—Y yo... — Ichimatsu respondió en voz baja.
—¿Y QUÉ QUIEREN QUE HAGA? ¡¿Qué se las chupe?! — Karamatsu les gritó, señalandolos.
—Sería un buen comienzo— Osomatsu habló por los tres.
