Capítulo V: Ventajas de primogénito
El aliento de Karamatsu chocaba contra la alfombra, siendo caliente y constante. El sofoco le rebotaba en la cara. Toda la incomodidad de su cuerpo se fusionaba al dolor de su ya inexistente virginidad. Quería llorar, no como las vírgenes de los mangas pertenecientes a Choromatsu que leía a escondidas. Sus lágrimas eran de vergüenza y de falta de coraje por dejarse someter. No le gustaba estar en el suelo con el trasero al aire, mientras sus hermanos querían usarlo por turnos como si fuera un juguete de alguna sex shop.
—Ugh...— Karamatsu ocultó la cara en la alfombra, los hilos se frotaron en su piel. Era la única caricia hasta el momento. Al pensarlo, le salió la primera lágrima. La limpió al llevarse un brazo al rostro sin atreverse a sacarlo de su escondite.
Ichimatsu lo tomó del cabello e hizo que ya no se ocultase más. Vio los ojos inflamados y algunas lágrimas retenidas en sus ojos: una barrera acuosa que no se iba a desmoronar. Le sonrió a Karamatsu y volvió a besarle los labios. Ya no hubo ese trato amigable, aquella tregua maligna para complacerlo en parte. Iba a jugar a sabotearlo.
—¿Qué sucede?— preguntó Osomatsu. Era fácil leer a Karamatsu al estar sometido. Su respiración avisaba la tensión que almacenaba en su cuerpo. Se le encimó todavía más, dándole cierta profundidad a su penetración. No tuvo ninguna clase de amabilidad, continuó moviendo las caderas. Tenía un interior demasiado justo: el rastro de virginidad que aún luchaba por no desaparecer.
Karamatsu se ahogó con el gemido y tensó las uñas sobre los muslos de Ichimatsu. Le dolía el atrevimiento de Osomatsu de tomarlo de los hombros para impulsar sus movimientos.
—No m-me está g-gustando, brotha...— Karamatsu tuvo que apretar su garganta, para obligar a las palabras a expresarse de manera correcta.
—A mí, sí...— Ichimatsu se robó el diálogo de Osomatsu y le regresó las manos al suelo a Karamatsu. Uso la presión de sus rodillas para aplastarle las palmas, y así, limitarle más los movimientos.
—¡Ichimatsu nii-san!— Jyushimatsu se unió a la tortura al colocarle su sudadera en el rostro a Karamatsu.
—¡¿Qué?!— Karamatsu se movió para alejar a sus hermanos. Sólo consiguió que las rodillas le aplastasen más las manos y que la sudadera le dejase más agitado por la falta de aire. —¡No cool! ¡Noo... no...— la voz se le detuvo. Una a una, las cuerdas bucales se le fueron destrozando hasta que sólo pudo reproducir balbuceos.
—Muy bien, hermanitos. Su hermano mayor los felicita— Osomatsu le levantó los pulgares tanto a Jyushi como a Ichi. Luego, le apretó el trasero a Karamatsu y lo embistió más fuerte. Era de lo más placentero no tener que escuchar sus palabras sin sentido y sus extraños gemidos de frustración, ¡qué egoísta! No permite que uno se la pase genial mientras coge por primera vez.
Ichimatsu le acarició el cabello a Jyushi como si se tratase de un gato. Lo felicitaba por tener una buena idea en el momento preciso. Era casi un... Milagro.
—Quiero voltearlo...— Osomatsu tragó aire para poder hablar. No estaba acostumbrado al calor de otra persona ni al sexo. Se estaba comportando como todo un primerizo, pero no le importó. No tenía porque impresionar a Karamatsu cuando este no impresiona en nada, ni con su rareza única. Decir que es excéntrico es alimentar una mentira.
—Hazlo...— Ichimatsu retiró su peso de Karamatsu. Se sonrojó cuando vio las manos rojas y entumidas de su hermano. Los vellos del cuerpo se le erizaron cuando apenas Karamatsu pudo mover los dedos. Una corriente parecida a la muerte se le instaló en el pecho y lo hizo jadear.
Jyushimatsu sonrió en su totalidad al ver a Ichi tan entusiasmado.
—Qué tierno— comentó Oso con sarcasmo y manipuló a Karamatsu para tenerlo de frente.
—Espera...— Ichimatsu le ajustó la "máscara" a Karamatsu. Le dejó sin cubrir la boca y parte de la nariz, enfocándose a que no tuviera visión al amarrar con fuerza las mangas alrededor de su rostro.
—¡Stop! Please... ¡Le diré a m-m-ma...— Karamatsu se atragantó con varios dedos que fueron a parar en lo más profundo de su garganta. El único que era capaz de tal acto era Jyushimatsu.
—¿Lo hice bien Osomatsu nii-san?— preguntó Jyushi. Oso le asintió con orgullo.
Osomatsu se quitó la camisa, olvidándose de los ceniceros que se venía robando. Cuando lanzó la prenda, los artículos cayeron sobre el estómago de Karamatsu, quien no supo quejarse si por el dolor en su vientre o el ardor en su trasero. Optó por apretar los labios, cualquier incentivo le haría llorar si se descuidaba.
—Vaya, vaya— Oso se inclinó a la altura de los labios de Karamatsu. Jyushi retiró su jugada. Oso lo besó, penetrando ahora la boca con su lengua. Los movimientos de vaivén se fueron haciendo más rítmicos y menos torpes. La respiración de ambos hermanos parecía sincronizarse en suspiros.
—Brotha... Osomatsu... me lastimas...— Karamatsu lo abrazó por la espalda. No se le unía para hacer más íntima la situación, era para detenerlo, para desaparecer las embestidas.
—Entonces, acostúmbrate— Osomatsu ordenó con su autoridad de hermano mayor, y le mordió el cuello.
Ichimatsu se erizó como gato, Oso ocupaba su territorio. Jyushi siguió siendo parte del ecosistema.
—Si hay...— Osomatsu respiró profundo, le faltaba poco para venirse. — algo que quieras hacer... hazlo...— se refirió a Ichimatsu y sujetándo de la mejilla a Karamatsu, le expuso la parte sobrante del cuello que todavía era casta.
—¿S-Si hay algo que no quiera... lo dejarán de hacer...?— Karamatsu preguntó y tensó la mandíbula cuando Oso le siguió besando el cuello y usaba sus piernas para alcanzar una zona bastante sensible de su interior. —Oh, my god...— Karamatsu se tapó la boca.
Osomatsu se la destapó. —Repite eso, hermanito— dijo al repetir el mismo movimiento.
Karamatsu se mordió los labios y negó moviendo la cara con cierta violencia.
—Repitelo— Osomatsu aceleró el ritmo, sólo esperaba no venirse sin lograr que su hermano no abriese la boca.
Jyushimatsu tenía las manos en la cara, estaba emocionado por la reacción de su nii-san. Ichimatsu veía con hambre aquel cuello que brillaba en sudor.
—¡Q-Qué lo hagas!— a Osomatsu le tembló el habla. Estaba a unos cuantos segundos de terminar. Sin embargo, no iba a ceder tan fácil, concentraría lo último de su energía en escucharlo de nuevo.
Osomatsu le apretó las piernas y le besó del cuello a la oreja. Hubo un momento donde el único ruido era el de su pene al chocar contra ese trasero. Que sensación tan dulce al rozar la piel húmeda.
—God...— a Karamatsu se le escapó la palabra. Osomatsu aprovechó la oportunidad para darle con más ganas. —God... God...— ya no pudo hacer silencio, tenía que hablar al ritmo de las embestidas de su hermano. —God, god, god, godgodgod.
—No te vengas dentro... Faltamos nosotros...— Ichimatsu torció la boca y le rasguñó el cuello a su hermano. El gato en celo empezaba a marcar a su hembra.
—¡A mí no me importa mientras la pueda meter!— Jyushimatsu movió las manos bastante emocionado.
—I-Idiotas...— Osomatsu dio un par de embestidas más.
Karamatsu sólo jadeaba y sus manos se aferraban a la alfombra, mientras su pecho se inflaba. Sentía a sus pulmones reventar.
—Arg...— Oso se descargó sobre la barriga de su hermano, llenándole la sudadera azul de semen. —Je, me pasé un poco— Se dejó caer para atrás, sentándose sobre su trasero. Lentamente, apoyó la espalda al suelo.
—Te veniste rápido— Jyshimatsu parpadeó.
—Es virgen...— dijo Ichimatsu.
Osomatsu pateó al hermano más cercano, siendo Jyushimatsu quien recibiera toda la violencia.
—¡Tú también lo eres!— le dijo Osomatsu a Ichimatsu.
Ichimatsu se encogió de hombros sin importarle mucho aquel comentario.
—Al menos un beso... O un café... No me dejen olvidado...— habló Karamatsu en un susurro.
—¡Te daré muchos besos ya que me toca!— Jyushimatsu se puso de pie de un salto.
Karamatsu pasó un enorme trago de saliva. Tuvo miedo.
Juro que el capítulo era más largo xD pero cuando le doy revisión termino por cortar muchas cosas xD.
