Cosas de autor: Leí que era el lemon más largo que habían leído xD. Lo siento (?). También escribo cosas que no son porno xD empecé un nuevo fic que espero que vaya por tintes más decentes, igual de Osomatsu-san xD. A ver que tal va. Mientras tanto, gracias por leerme.
Capítulo VI: Hustle, hustle, muscle, muscle
Era el turno de Jyushimatsu y todos dentro de esa habitación, esperaban a que Karamatsu no volviera a caminar. En la mente de Oso, pasó la idea de cambiarle el nombre a "Profesor X", además de que era más bonito que Karamatsu. Un momento, quien se podría llamar como ellos.
—¡Nii-san!— Jyushimatsu se pasó por encima del hombro a Karamatsu, quien gimió adolorido por los recientes tratos de Osomatsu. Estaba pasándose de ingenuo si creyó que su hermanito lo iba a tratar mejor que el anterior. Tembló. Sintió la ráfaga oscura de Ichimatsu que lo observaba como carroña. El verdadero peligro era el amante de los gatos, no el fanático del béisbol.
Mientras Jyushimatsu lo llevaba a la cama, pudo sentir toda la vibra de Ichi posarse en su columna vertebral. La sensación era tan fría que calaba, era como sentir sus manos apropiarse de cada vertebra.
El suplicio tomó unos segundos de descanso, Karamatsu rebotó sobre el colchón y el corazón se le atoró en la garganta. El trato estaba siendo demasiado amable para ser de Jyushimatsu. Tragó saliva, respiró hondo y un escalofrío le recorrió la entrepierna cuando su hermano le lamió los muslos.
Karamatsu buscó a tientas una de las almohadas y se la llevó a la cara para que no vieran sus reacciones cargadas de vergüenza. Sabía que tanta calma traería una gran tempestad, más bien, era como encontrarse en el ojo del huracán, donde por unos cuantos minutos parece que todo ha terminado, entonces, gira al contrario de su eje y la destrucción aumenta en categoría.
Osomatsu vio sus ceniceros en el suelo, no quiso volver a tomarlos, el cansancio lo obligaba a ser perezoso. Ichimatsu no quitaba los ojos de la cama, sus instintos felinos le incitaban a pelear por la hembra.
Karamatsu mientras tanto temblaba en su sitio, aturdido por la lengua de su hermano que ocupaba lugares que no creyó que alguien llegaría a encontrar. Jyushimatsu le humedeció los testículos y el ano, le separó las piernas. Era como ver a un experto en el tema del sexo y otros fundamentos.
—¡Karamatsu nii-san, yo te voy a tratar bien, ella me enseñó a cómo hacerlo!— Jyushi lo besó en los labios. Karamatsu perdió el aliento ante el primer beso lleno de cariño que le daban en toda la noche, pero lo que más sorpresa le causó fueron los argumentos recién expuestos.
Oso empezó a toser. Ichimatsu abrió por completo los ojos y apretó los puños.
—Brotha… acaso… ¿tú…?— Karamatsu le dio con la almohada.
Ichimatsu estuvo a punto de sujetar a Osomatsu y lanzárselo a Jyushi, pero era mucho esfuerzo y él no era de quienes se tomaban tan en serio las cosas. Osomatsu arrastró los dientes.
El maldito había hecho algo más que tonterías con Homura. Lo odiaron. Jyushimatsu ni se daba por enterado de lo que acababa de provocar, era feliz de poder compartir algo tan íntimo con uno de sus hermanos, que el incesto no parecía un pecado, sino, algo para aumentar la fraternidad y el amor en la familia.
—¡JYUSHIMATSU!— Osomatsu cogió uno de los ceniceros y lo lanzó en la dirección de su hermano. Olvidándose de los reflejos de quien atacaba. Jyushi le respondió el ataque. Oso terminó quedando en coma por un cenicero atorado en el centro de su frente.
—Perdón por dejarte abandonado, Nii-san— Jyushi se disculpó.
Las mejillas de Karamatsu se colorearon. Ichimatsu resopló con cierto recelo.
Jyushi se comportó como todo un caballero. Retomó sus actos con cándidos besos en el cuello, recordando todo lo aprendido con Homura. Por ella aprendió a ser dócil y más temple. No iba a abrirla de piernas y darle como si fuera un burro en celo. Karamatsu no podía dejar de mirarlo, creía que si cerraba los ojos, Jyushi regresaría a su estado normal y lo partiría en dos.
Los besos llegaron hasta las clavículas y bajaron hasta los pezones. Jyushi demostró maestría al atenderlos: los hundía con la punta de la lengua, con la gran diferencia que no podía apretarlos, no eran como los senos de Homura que cabían en su mano y por su suavidad podía un placer inexplicable. Karamatsu dejaba que todos los sonidos se atorasen en su garganta; lentamente, el buen trato le permitía concentrarse en el goce.
A Kara le separaron las piernas y volvieron a besarle los labios. Jyushi era el único que pensaba en el placer de su hermano mayor.
—Nii-san, ¿te gusta?— le hablaba cerca de los labios, regalándole una enorme sonrisa contaminada de su ingenuidad. Karamatsu tragaba saliva, ¿desde cuándo Jyushi era tan lindo?
Fue el primero tomarle el miembro a Kara y mastubarlo. Los gemidos avisaban que se concentraba en esa sensación, que lo fue penetrando suave, hasta que introdujo por completo el pene. Karamatsu se estremeció, sus manos arrugaron las sábanas. Era placentero, nada que ver con el bruto de Osomatsu que se dedicó a satisfacerse. Jyushi se movía lento, sin ninguna clase de torpeza. No era la primera vez que lo hacía, ni mucho menos parecía un desesperado. Pero entonces, recordó lo de hace rato, él debió de ser el primero, ¿por qué mentiría?
Karamatsu se le acercó al oído derecho y le susurró —:¿Por qué dijiste que no sabías que hacer…?— le preguntó entre cortado, debido a que Jyushi le marcaba hasta el ritmo de la respiración que le nublaba el juicio.
Jyushi le respondió en voz baja —quería que Osomatsu-nii fuera el primero.
Karamatsu no esperó esa confesión, pero sin duda, era algo que Jyushi haría sin pensar.
Jyushimatsu no se detuvo, los besos volvieron a aparecer y empezó a esparcir caricias por la espalda de su hermano. Los vaivenes presionaban el punto de Karamatsu, que perdía la razón, sin saber que si el motivo era la amabilidad de su hermano o el modo en que se movía dentro suyo. Era una confusión que tardaría en responder, tanto, que se había olvidado de la presencia tóxica de Ichimatsu y la falta de conciencia de Oso.
Sin embargo, cantó victoria muy pronto al confiar en Jyushi.
En un tris cambiaba la postura, volteándolo, dándole con un ritmo más acelerado. Luego, lo ponía sobre cuatro y otra vez a darle. Aparecía la energía infinita de Jyushimatsu, esa característica de huracán en nivel cinco.
—Brotha… Espe….— ni tiempo tenía Karamatsu de hablar. Sus rodillas quedaban tan cerca de su rostro que se asustaba por esa flexibilidad que le obligaban a tener.
El cuerpo le dolía, la cama se movía demasiado que el dosel chocaba contra la pared. Tuvo miedo que se rompiera la base, otra deuda más, y no tenían tanto dinero. Sin saber qué hacer, mordió la almohada para controlar los gemidos. No quería aceptar que desde lo último que pasó con Oso, su cuerpo ya reaccionaba de diferente forma al sexo.
Los cambios de postura no dejaron de desfilar. Jyushi aplicaba el kamasutra de derecho al revés con nuevas poses que no sabía que existían ¡Sobre todo porque las recitaba como si fuera ley el tener que hacerlo!
"La araña"
"El ascensor"
"La niñera"
"La X"
"El trono del rey"
Cada una de las cavidades de Karamatsu era ocupada, sobre todo la boca que pareció ser del total agrado de Jyushi.
—¡Me rompes!— Kara trató de comprender la posición de su cuerpo. No entendía donde comenzaba sus piernas, o donde estaban sus manos. Eran un enredo.
—No te preocupes, nii-san, ya me falta poco.
Y así, fue… Luego de unas cuatro poses más, fue cuando Jyushi se corrió. Pero no parecía que estuviese cansado.
—No me vine dentro— le avisó a Ichimatsu y se hizo a un lado. Para él todo era demasiado normal que no parecía darse cuenta de las circunstancias.
Karamatsu estaba sin aire y con la cara en el colchón y el trasero al aire. Era una muñeca de trapo que dejaron caer al suelo y se quedó en la posición más lastimosa que pudiera existir. Para Ichi, fue la mejor… La humillación apenas iniciaba.
Pues sólo falta Ichimatsu y murió el fic xD.
