Cosas del autor: Digamos que se acabó el fic y tengo que agradecer por sus reviews y el tiempo que invirtieron en lugar mis tonterías. Esto me sirve como ejercicio, para no oxidarme y seguir escribiendo. Es grandioso cuando ves que a la gente le importa y aunque sólo fuera de un lector, hubiera seguido adelante.

Mientras tanto, les invito a leer mi otro fic igual basado en Osomatsu-san, se llama "Katramatsu", es IchiKara, y será más suave, no todo porno como este xD. El otro tratará más de sentimientos y de esas cosas.

Espero seguir contando con su apoyo n_n


Capítulo VII: Te va a doler y a mí me va gustar

El turno de Ichimatsu llegó, no por ser el último perdía el "ánimo" de estar con Karamatsu. Al levantarse del suelo, le pisó la cara a Oso que seguía en coma por el cenicero estampado en su frente patrocinado por Jyshimatsu.

A Ichi le pasaron varias ideas por la mente. Ninguna sería cumplida y sus fantasías seguirán a la deriva de sus ansias, pero buscaría la forma de llevar unas cuantas a cabo esta noche. Tendría que improvisar.

Sin embargo, pensó que unos nudos en las articulaciones de Karamatsu le evitarían moverse. Oh sí, el arte sagrado del bondage que servía para poner en vergüenza al enemigo. Karamatsu con las cuerdas pasando por su pecho, por la entrepierna, ajustándole las rodillas o separándolas de acuerdo a lo que se necesite. Sobre todo, deseó frenarle el habla, evitar las incoherencias de sus razonamientos y sólo ocuparse en el auxilio que pedían los ojos sin estar cubiertos por sus gafas oscuras. También imaginó velas, sería una delicia quemarle su amplia espalda con la cera, o meterla por el ano, aprovechando la dilatación: la entrada húmeda, dispuesta a recibir, qué interesante sería empujarla, hasta donde lo caliente le causase una sensación de peligro a su hermano mayor. Ichi se mordió los labios.

Su sombra ocultó a Karamatsu. Est lo veía con cierto terror, no podía descifrar lo que el amante de los gatos maquilaba con cierta excitación. La esperanza se fugó entre sus dedos como agua.

—Je— Ichi distorsionó su sonrisa, y tomó a Karamatsu por el trasero, apretándole las carnes para dejar la marca de sus dedos.

Que sucia sensación obtuvo cuando sus dedos se toparon con la piel sudada. No sintió asco, aquello le agitó la respiración. Karamatsu clavó sus uñas en la cama y trató por sus medios de huir. Que puto terror le causaba Ichimatsu, pero no se movió ni un poco, estaba adolorido de todas las partes del cuerpo por culpa de Jyushi; parecía que todo estuvo planeado para dejarlo indefenso en las manos del maniático.

—Brotha, oi, ¿qué haces?... N-No.

Ichi se mantuvo callado. Con la mirada delineó la curvatura de esos glúteos que le resultaron apetecibles. La marca de semen de sus hermanos tampoco le causó incordio, los fluídos se combinaban cerca de la entrada de Karamatsu y otros más se resbalaban por su nívea espalda como si pertenecieran allí. "Motivado", lo alzó más y hundió el rostro entre sus carnes. Pasó la lengua de los testículos hasta el ano, probando el sabor de todos fusionados al de la víctima.

El pecado.

El vicio.

El incesto.

La necesidad sexual.

Todo.

Absolutamente todo sazonaba a Karamatsu y lo volvía un platillo para repetir a diario y a cualquier hora.

La lengua de Ichi provocó que Karamatsu gimiera de forma vergonzosa, más para alguien con voz grave como la suya. Jyushi festejó el logro. Oso continuó muerto. Karamatsu arqueó las cejas y uso los brazos para taparse el rostro. No estaba permitido comportarse así, menos con el emo de su hermano; sería correcto con el resto ¿qué diablos? ¡Con ninguno! Sus sonrojos debían ser para la hermosa de Totoko-chan, musa del pescado y el mar.

Ichimatsu lo supuso, la sensibilidad de su hermano estaba al límite, todo lo que le hiciera tendría un efecto favorecedor. Le introdujo la lengua, dejando que Kara se confiara por aquel acto. De improviso, le mordió las nalgas, el gato en celo comenzaba a dominar a la hembra. La dejaba sumisa, y le obligaba a que no se moviera mientras el placer se manifestaba sólo en uno.

—Te va a doler, pero a mí me va a gustar...— proclamó Ichimatsu al dejarle la carne roja y en un futuro con moretones que no le permitirían sentarse.

—Arg... No... ¡Detente!— Las cejas pobladas de Kara se enjutaron. El dolor le recorrió todo el cuerpo.

Hablar, suplicar o imitar cualquier sonido eran nulos si se trataba de Ichimatsu. No lo escuchaba por la costumbre a sus rincones y a hacerla de observador en los comportamientos de sus hermanos. Pocas veces se unía a las pláticas y sólo parecía estar animado cuando todos se turnaban en golpear a Karamatsu.

La violencia era su motor. Su forma de expresarse.

Ichimatsu se detuvo exactamente en el inicio de su espalda, para pensar en su próxima movida. Los ojos del chico brillaron en plena oscuridad. Karamatsu vio aquel destello y la vida que aún le quedaba se le redució por miedo a su hermano.

Ichi se lamió los caninos y los molares. Saboreaba de antemano la espalda de Karamatsu y para comprobar que su sabor resultaría exquisito, le mordió una a una las vértebras. Sus dientes fueron una cordillera dolorosa y un tatuaje temporal que le duraría unos cuantos días a Karamatsu. Este apretaba los dientes, se aguantaba las lágrimas y suplicaba por que lo dejara en paz. Ichimatsu lo ignoró, toda su concentración radicaba en dejarle heridas y aspirar el olor a sexo que despedía por los poros.

Más y más mordidas marcaron ese cuerpo, hasta llegar a los hombros y dejar que corriesen con la misma suerte. Ichi se encimó a su hermano y le metió los dedos en la boca para que no siguiera quejándose. Eran unos sonidos que le dejaban más duro el miembro, pero no quería que todo terminase así. Osomatsu tenía razón, se puede ser espectador y participante al mismo tiempo, se disfrutaba más.

—Te va doler...— Ichimatsu le susurró al oído.

Karamatsu quiso gritar, pero la saliva se le escurrió por la boca. Los malditos dedos contribuían a que la humillación se hiciera más fuerte.

De pronto, la cama se empezó a mover. Karamatsu lloró por el gran insulto de ser penetrado sin previo aviso. Sus espasmos de llanto eran truncados porque su boca estaba llena y húmeda. Ichimatsu empujó más su miembro y le mordió la oreja, el cuello y le jugueteó la boca como si estuviera decidido a hacerlo vomitar.

Cada mordida era hecha cada vez con más fuerza. Era un gran placer el quererlo devorar.

Karamatsu balbuceó.

Ichimatsu le sonrió de lo más siniestro pegándole el rostro a la mejilla. Las embestidas se aceleraron inflamando las nalgas por la fricción. Karamatsu tosía y se ahogaba a la vez por el dolor en su trasero. Un dolor por todo: la penetración ruda, los golpes y las mordidas. El sudor al meterse entre sus heridas, le causó ardor.

—I-Ichimatsu...— Karamatsu gimió. —Please... Al menos, bésame...— un poco de amor, sólo un poco. Las humillaciones podían pasar a segundo a plano por algo de cariño.

Ichimatsu lo volteó sin salirse y se le acercó a los labios.

—Suplicame...

Karamatsu cerró los ojos, su dignidad llevaba tiempo sin estar presente. —Kiss me, please... Brotha...— lo que escuchó fue directo a su ego de chico cool: la voz lastimosa y sus lágrimas empapando las mejillas.

Ichimatsu le puso una mano en el cuello y lo ahorcó. Lo penetró más fuerte, más rítmico: la tonada del diablo al cogerse a sus enemigos. Karamatsu le golpeó el brazo pero sus fuerzas ya no existían. Ichi lo soltó segundos después y lo beso, le metió la lengua para llegar a lo más profundo de su garganta y proclamar su alma como suya. Un alma para mirar fijamente y maldecir.

Jyushimatsu ni se percataba de la tortura, con un marcador negro, que sólo él sabe de dónde lo sacó, pintaba la cara de Osomatsu que roncaba como si nada en el mundo importase excepto él. De fondo se escuchaban los quejidos de Karamatsu y su respiración empapada de miedo y resignación.

Ichimatsu lo abofeteó por puro gusto. Karamatsu se puso una mano en la mejilla y se quedó sin nada en el interior. Se dejó manipular, transformándose en la muñeca inflable de su hermano loco. Las lágrimas se le hicieron más espesas, y su cuerpo se movió al ritmo de quien se lo cogía sin nada de tacto.

Ichimatsu lo volvió a besar.

Kara cerró los ojos para imaginar que tenía algo de romance en su vida. Lo hubo por unos segundos cuando Ichimatsu lo abrazó, pero fue sólo para correrse. Ichimatsu fue el único que se terminó dentro. Fue su privilegio por ser el último en el acto. Al terminar se acostó a un lado de Karamatsu y cerró los ojos. Jyushi corrió a acomodarse en la cama y se abrazó a Ichi. Ambos se durmieron enseguida. Karamatsu usó una almohada para acallar su llanto. De nuevo lo olvidaban. De nuevo... De nuevo...


El primero en abrir los ojos fue Osomatsu, el dolor de cabeza era intenso, no por la resaca, sino por el golpe que aún se mantenía en su frente. Vio la hora, era pasado el mediodía. Se asustó, no por el tiempo, sino por lo que les saldría el cuarto por las horas usadas.

—¡Ustedes!— a cada uno de sus hermanos les metió un bofetón.

Jyushi se restregó los ojos. Ichi se sentó en la cama sin saber dónde diablos se había metido. Karamatsu no reaccionó, estaba tan cansado que no sintió el golpe.

—¡Nos hemos quedado sin dinero!— Osomatsu fue el primero en salir de ese motel barato. Detrás de él estaba Jyushi con Karamatsu en la espalda y más atrás, Ichimatsu en su andar lento y desmotivante.

—¿Dónde están los demás? ¡Ustedes dos no me sirven!— La voz de Totoko se filtró en el oído de los tres hermanos, pero no fue del todo potente porque Karamatsu siguió dormido.

—Totoko-chan, no te pongas así...— Choromatsu venía detrás de ella, cargando su traje de idol para su presentación de la tarde.

Totty jugaba con su celular y se reía de los mensajes que le llegaban.

—¿Cómo quieres que me ponga? ¡No están todos! ¡Más que nada los necesito para hacer bulto en mi concierto!— la chica gritó más fuerte.

Choromatsu parpadeó al ver a sus hermanos, ninguno traía buena pinta.

—¿Dónde han estado?— Choro preguntó alarmado. —¿Qué tienes en la cara, Osomatsu nii-san? ¿Qué le pasa a Karamatsu? ¿Qué les pasa a todos?— Choro alzó la vista y reconoció el lugar: El motel de anoche. —No me digan... Entraron— el chico se tapó la mitad del rostro con una mano y negó. Era de esperarse, sus hermanos eran en sí, muy estúpidos.

—¿Se robaron la virginidad de alguno?— Totty preguntó de broma.

Osomatsu, Jyushi e Ichi se miraron entre ellos y asintieron.

—La de él— dijeron en coro al señalar a Karamatsu.

Totty se llevó una mano a la boca y se comenzó a reír.

—Cómo si eso fuera posible— respondió el menor de los hermanos a punto de morirse de risa.