Reto de Proyecto 1-8, para NievesJS. Por el aniversario del primer año del Topic Sorato, el Mejor Topic de Parejas.


El tercero en concordia

Para Nieves, ¡dulce!


Obligué a Yamato a cambiarse de ropa y a perfumarse.

―Sora me ve todos los días con el uniforme escolar, a ella no le importan estas cosas ―dijo.

―Hermano, es tu primera cita. Hazla sentir especial, vístete bien, arréglate… ella tiene que darse cuenta inmediatamente de que no será otra salida más con Yamato, su amigo, y Takeru, su otro amigo… es la primera salida familiar que tendrán.

Mi hermano se sonrojó.

A veces es un tierno.

―¿Familiar? No exageres. ¡Y no se te ocurra decirle eso, o la asustarás!

―Por favor, Yamato. Sora será tu mujer. Eso lo sabes tú, lo sé yo y, lo más importante, lo sabe ella.

Me dio la espalda mientras rebuscaba en sus cajones un perfume que no fuera el de todos los días. Se había puesto un suéter negro, pero lo obligué a cambiarlo por uno azul oscuro, algo que resaltara con sus ojos y que lo hiciera ver distinto, ya que vestirse de negro es lo más fácil. Y debo decir que Yamato se veía mucho mejor así que con su elección de ropa, creo que debería empezar a sacarlo de compras, ya que yo tengo un mejor gusto que él, presiento.

Aunque puedo felicitarlo por el gusto en la elección de novia, ¡impecable!

―Takeru, por favor no le digas eso ―me pidió, una vez que salimos para encontrarla―. Recuerda que nuestra relación es muy incipiente y no quiero… asustarla o… molestarla… aún. Me gustaría que funcionásemos.

Me sorprendió que me lo dijera, ya que él es muy reservado con sus sentimientos. Y Sora lo es mucho más, y diciéndomelo, me di cuenta de que él en realidad me lo estaba pidiendo por Sora, y no por él mismo.

Yo estaba dispuesto a molestarlo durante toda la cita y lograr que se dieran un beso, pero pensándolo bien, tal vez puedo simplemente ayudarlos a pasarla bien, a estar tranquilos, a reencontrarse en esta nueva situación que están viviendo…

¡O tal vez, no!

.

Sora llegó antes que nosotros. Yo no soy impuntual, creo, pero Takeru quiso comprarle flores. Quiso que yo le comprara flores.

¡A punto estuve de comprarle un cactus! Pero él me aconsejó comprarle un crisantemo amarillo, ya que dice que es el color preferido de Sora.

―O al menos uno que le sienta muy bien.

―¿Cómo sabes esas cosas? ―pregunté. He pasado mucho tiempo observando a Sora, y básicamente relaciono dos colores con ella: el celeste de su casco y de su nombre, el rojo de sus ojos y sus cabellos.

―Tengo un excelente sentido de la estética ―me dijo―. Y cuando más adelante mamá me deje comprarme ropa solo, seré reconocido por ello. ¡Ya verás!

Que aparato es mi hermano.

Sora tenía el tapado celeste de invierno que usaba el día de navidad, otro motivo por el cual la relaciono con él. Se había puesto un gorro de lana de color blanco y unos pequeños tacones bajo sus pantalones de jean. Tenía un poco de maquillaje y la encontré muy linda, aunque no más que de costumbre. Me gusta mi novia al natural.

―Hola ―saludó. Y mientras yo dudaba en si darle un beso, la mano o la flor, Takeru se abalanzó hacia ella.

―¡Sora, al fin eres parte de mi familia! ―gritó―. ¡He soñado con este momento desde que estábamos en el digimundo!

¡Que enano desgraciado! ¡¿Cueva de la oscuridad, no será este un buen momento para volver a atraparme?!

―Gracias, Takeru ―rio, aunque se sonrojó. Sora es muy educada. Le desordenó los cabellos―. Hola, Yamato. ¿Es para mí? ―preguntó, observando la flor que, sonrojado, le entregué―. Es uno de mis colores preferidos ―dijo.

Y así empezaría el resto de la tarde: odiando y queriendo a mi hermano por turnos, el enano que se creía un genio de la estética.

.

―¿A dónde quieren ir hoy? ―pregunté―. Takeru, me dijo tu hermano que estabas aburrido. ¿Quieres ir a los videojuegos?

―¿Por qué no vamos a tomar algo?

―¿A tomar algo? ―me sorprendió su pedido ya que, de haber sido eso lo que querían, podrían haberlo hecho en casa de Yamato… tal vez él ni siquiera se lo había preguntado, pobre Takeru.

―Sí. A un lugar que me gusta, por aquí cerca ―dijo.

―¿Te parece bien, Yamato? ―pregunté. Apreté contra mi pecho la flor que me había regalado, kiku, la flor de la realeza japonesa. Seguramente, Yamato ni siquiera lo sabe, pero ha sido una hermosa elección.

―Sí ―contestó, sin añadir nada más.

Y cuando Takeru salió disparado delante nuestro, dispuesto a mostrarnos el camino, Yamato hizo algo a lo que de a poco me iba acostumbrando y que cada vez necesitaba más: pasó su brazo por mis hombros, me acercó hacia él y, suavemente, me indicó el camino.

Sé que le cuesta tener estos pequeños actos de cariño conmigo y no puedo agradecérselo lo suficiente, porque a mí me cuesta muchísimo más. Si Yamato no me abrazara, yo no me animaría a tocarlo… esperaría a que estuviésemos solos, tal vez en su casa, o en la mía, y le rozaría los dedos mientras le acerco una taza de té.

Si por mí fuera, esta relación no avanzaría, apenas iría.

Que suerte que la otra mitad es Yamato, y que él no tiene tanto miedo como yo.

Notas (nuevas): Me dijo Koukacs que regalar un cactus tiene connotaciones sexuales, ¡y yo lo usé en otro fanfic! Pero, en este, me salvé. ¡Gracias por sus reviews!