Reto de Proyecto 1-8, para NievesJS. Por el aniversario del primer año del Topic Sorato, el Mejor Topic de Parejas.
El tercero en concordia
Para Nieves, ¡dulce!
Esta cita va saliendo excelente. Están hablando y sonriéndose, y aunque desde aquí no los veo con detalles, creo que ambos están sonrojados. Yo, además, me he dado el gusto de elegirles las bebidas. A Sora le llevo un capuchino con mucha crema y caramelo, dulce como ella… y si se mancha el bigote con crema, tal vez Yamato pueda quitárselo y pasarán un momento íntimo.
A mi hermano le llevo un chocolate caliente con muchos malvaviscos con forma de corazón, para que Sora piense que él también es dulce, y además porque quiero verlo disimular su cara de desagrado.
Para mí me llevo un café negro, ya que soy una persona seria.
―Aquí está mi elección para ti, Sora ―dije―. Un capuchino con extra de crema y con extra de caramelo encima.
―¡Un capuchino! Oh, en mi casa nunca tomamos café, ¡muchas gracias!
―¿Pero te gusta? ―preguntó mi hermano, preocupado―. Podemos pedir otra cosa.
―¡Claro que me gusta! ―dijo, mientras le agregaba azúcar―. Solo comentaba que en casa nunca lo bebo, y que por eso creo que Takeru hizo una excelente elección.
―Y para ti, hermano, tu preferido: chocolate caliente, con azúcar y extra de malvaviscos. ¡Y mira, vienen con forma de corazón!
Ah, tal vez Sora no lo notó porque está oscuro, pero yo conozco a mi hermano y pagaría por ver ese sonrojo más seguido. ¡Esta salida será un éxito!
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―Gracias ―dije, asintiendo con la cabeza. A cada segundo que pasa me doy cuenta de que para Takeru esto fue una broma. ¡Y caí como el mejor!―. No sé si diría que es mi preferido, pero…
―Yamato ―murmuró Sora, a mi lado―. Takeru tal vez no eligió lo que piensa que te gusta más, sino lo que cree que es mejor para ti ―sonrió―. Una bebida bien dulce y calórica, para que soportes mejor el frío.
Que atenta es Sora. Pensó que mi hermano, este pequeño demonio, se sentiría apenado por mi comentario y se apresuró a arreglarlo. Es muy linda, y eso para mí es muy peligroso, porque me indica que no puede ver la maldad que se esconde tras la aparente simpatía de su nuevo cuñado.
―Tienes razón, lo lamento, hermano ―sonreí, falsamente―. Con esto no solo disfrutaré la velada sino que esta noche, cuando lleguemos a casa, estaré tan cansado y pesado por esta riquísima y potente bebida, que deberás ayudarme con la mesa, la comida, los platos… tal vez, incluso, deberás hacer todo solo. Pero no te importa, ¿no? ―sonreí.
¿Takeru quiere jugar?
Noté una mirada de reconocimiento en el fondo de sus ojos, a pesar de la oscuridad creciente.
―¿No invitarás a Sora a cenar, entonces? ―preguntó, fingiendo sorpresa. ¡Maldición!―. Y yo que había comprado todo para que le prepararas tu famoso Okonomiyaki… ―dijo, aparentando una tristeza inexistente en su cuerpecito de duende enano.
―Takeru, que tierno eres. ―Sora soltó mi mano y le acarició a él los cabellos―. Esta noche me gustaría cenar con mi madre, porque así se lo dije. Ya habrán otras oportunidades para que Yamato me cocine… ¿cierto?
Sora es dulce, tierna y atenta, pero le falta sinceridad, o tal vez seguridad, para expresar lo que siente o lo que realmente quiere. Su miedo a equivocarse, ofender o molestar es mucho mayor que su necesidad de satisfacer sus deseos, y por eso hay que observarla mucho para saber si está incómoda o molesta. Porque cuando no aguanta más, no estalla en escenas o enojos, como ya ha hecho varias veces por motivos a veces insignificantes. Cuando Sora no aguanta más, se encierra.
Y cuando me preguntó si habría otras oportunidades para que le cocine ―que las habrán, por favor, ¡una vida de ellas!―, me observó casi temerosa de haberse dejado llevar por un deseo que podría, a mí, ponerme en un aprieto.
Por eso me apresuré a recuperar la mano que Takeru me había arrebatado y, sonriéndole, le aseguré que sí.
―Claro, Sora, todas las veces que quieras. ―Le corrí un mechón de cabello tras la oreja y no me molestó que estuviera Takeru presente, porque en este momento Sora era muchísimo más importante―. Y todos los platos que quieras, por cierto, como… ¿huevos con salsa?
―Debo ir al baño ―dijo Takeru, y desapareció.
―¿Se encuentra bien? ―Sora se giró a buscarlo, preocupada―. ¡Se fue tan rápido!
―Claro que se encuentra bien, Sora ―dije. Me molestó que interrumpiera mi momento, a pesar de que sé que lo hizo para dejarnos solos. Tal vez no debería haber sido tan brusco, ahora Sora está preocupada y ha olvidado lo que dije.
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Me sorprende que Yamato recuerde algo tan tonto como mi gusto por los huevos con salsa, ¡entre todas las ideas absurdas que se dijeron ese día! Estoy seguro de que nadie ha olvidado los huevos con soya fermentada de Mimí, o la indignación de Jyou al darse cuenta de que no "respetamos" a los huevos tal cual son y los llenamos de condimentos y acompañamientos.
Pero Yamato recuerda mis huevos con salsa… y yo recuerdo los suyos con mayonesa.
Por un momento no supe como retomar la conversación donde la habíamos dejado. Takeru partió muy apresurado y me preocupa que algo le haya caído mal, aunque Yamato diga lo contrario.
Y entonces me decidí por el ataque directo.
―¿Aún comes los huevos con mayonesa?
―Sí. Me sorprende que lo recuerdes.
―Lo mismo digo. ―Me acarició la mano y me sentí muy bien. Muy cómoda―. ¿Estás seguro de que Takeru se encuentra bien? ¿Qué almorzaron hoy?
―Sora. ―Yamato se giró en su silla para poder mirarme de frente. Mi cartera se hallaba entre los dos y recién en ese momento noté que era bastante inconveniente, por lo que la corrí hacia el otro lado. Apoyó su otra mano sobre la mía y me miró―. No le ha caído mal la comida, tan solo quiso darnos un momento a solas, por eso nos dejó.
Me sonrojé, pero no estuve segura de creerle. Takeru es muy niño aún, tiene once años. Por más maduro que sea y por muchas aventuras que haya vivido, aún no tiene las experiencias ni los conocimientos necesarios como para entender las necesidades de una pareja reciente. Pero no se lo dije, ya que él ve a Takeru de una forma mucho más idealizada, por supuesto.
Con cuidado, y con mi mano libre, probé mi capuchino.
―¡Que rico!
―¿Te gusta el café, a pesar de no tomarlo en casa? ―Yamato revolvía sin interés su chocolate caliente. Creo que le gusta más frío… o tal vez quería formar formas con los malvaviscos.
―Me gusta tomar un café de vez en cuando, como ahora. Pero en casa solo tenemos para las visitas y más seguido que otra cosa debemos tirarlo porque se vence. Creo… creo que siento que el té se toma en la casa, en el desayuno o durante el día, y el café es un alimento un poco más… un poco menos de casa. Creo que es eso lo que quiero decir ―reí, avergonzada pero divertida con mis titubeos―. ¿Me entiendes? ―Yamato asintió, sonriendo.
―Yo tomo café en casa. ¿Eso te molesta?
―¡Para nada! ―me limpié la boca con la servilleta―. No quiero decir que me molesta, tan solo que no acostumbro. ―Yamato no paraba de sonreírme, y comencé a creer que me estaba perdiendo de algo―. ¿Qué pasa? ¿Por qué lo preguntas?
―Tan solo me preguntaba sí te molestaría que, de vez en cuando, te bese luego de haber tomado café.
Creo que me van a explotar los cachetes.
