Disclaimer: Nada me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la historia es de Shahula. Yo solo traduzco con su autorización.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
All The President's Men
Capítulo 4
"Al final de tu vida, nunca te arrepentirás de no haber pasado una prueba más, no ganar un veredicto o cerrar otro acuerdo. Vas a lamentar no pasar tiempo con un marido, un amigo, un hijo o un padre." Barbara Bush
Charlotte se dirigió a la tienda, la brisa fresca de agosto tirando de su pelo y bufanda. A pesar de que el clima no era tan extremadamente frío como un invierno en Kodiak, todavía penetró un poco en su piel. Sin embargo era algo que Charlotte soportaba, porque no se atrevía a salir de la pequeña ciudad de mar que había aprendido a amar.
Alojarse en Kodiak cerca del agua fue una de las pocas cosas que se sentían bien en su vida, hasta sus huesos. Esos sentimientos nunca eran ignorados por una mujer como ella.
Una mujer sin pasado, sin familia y sin raíces.
Por supuesto, eso era lo que pasaba cuando no podías recordar nada sobre ti, a excepción de los últimos cuatro años. Despertar sola y desorientada, sin ningún recuerdo de quién era ni cómo terminó en el hospital fue el primer recuerdo claro que tenía en su vida.
El sonido era fuerte y persistente, las luces brillantes del techo apuntaban directo a sus ojos. Atontada parpadeó y trató de protegerse los ojos, pero su mano se detuvo por el tirón de una aguja en su piel.
Su respiración comenzó a acelerarse mientras miraba alrededor, nerviosa por el entorno en el que se encontraba. Estaba acostada en una cama de hospital, conectada a un monitor que estaba saltando violentamente mientras trataba de seguir el ritmo de su corazón.
La puerta de su habitación se abrió momentos después y un enfermero con el pelo castaño se asomó. Él sonrió suavemente cuando vio que su paciente estaba despierta.
—Bueno, hola —saludó—. Yo soy Jack, tu enfermero. Es bueno verte despierta, ¿cómo te sientes?
Aclarando su garganta ella trató de hablar.
—Y-Yo… bien. —Jack sonrió amablemente, ofreciéndole un pequeño sorbo de agua mientras la revisaba rápidamente.
Una vez que ella sentía que su garganta no estaba hecha de papel de lija por más tiempo, preguntó:
—¿Dónde estoy? ¿Qué pasó?
Jack le dirigió una mirada cuidadosa y curiosa, y se acercó más a ella. Con una sonrisa amable, respondió:
—Bueno, tú llegaste hace unos cuatro días, bastante grave, cariño, pero no estoy seguro de por qué llegaste de esa manera. ¿No te acuerdas cómo te lastimaste?
Ella sacudió la cabeza.
—No. —Y Jack sonrió suavemente.
—Eso está bien, querida —trató de calmarla Jack—. No te preocupes, te ayudaremos a averiguar todo. Ahora antes de empezar a trabajar en eso necesito saber tu nombre.
Tragó grueso, tratando de escapar de la densa oscuridad que parecía revestir su mente. Todo era blanco, un vasto vacío de nada. Sus ojos se movieron rápidamente a Jack, asustada e insegura.
—No lo sé. Yo no pu-puedo recordar nada.
Charlotte había recorrido un largo camino desde aquella mañana de octubre, había superado muchos obstáculos y las probabilidades que se interponían en su camino. Fue un camino difícil, empezar desde cero, sin la menor idea de quién era antes.
La gente en el hospital le había ayudado de la mejor manera posible, ayudándola con la rehabilitación y la reconstrucción de su vida cuando parecía poco probable que sus recuerdos regresen. Ella siempre estaría agradecida por la atención y el apoyo que recibió de ellos.
Charlotte llegó a la panadería, abrió la puerta y se deslizó en el interior con rapidez para cubrirse del frío. El frío era su cosa menos favorita de Alaska, y a menudo se preguntaba si en su primera vida ella había vivido en un clima cálido y soleado; tal vez Florida.
Parecía poco probable teniendo en cuenta que despertó en un hospital de Kodiak. Aunque la pequeña ciudad y las islas circundantes tenían su parte de turismo, no era considerado como uno de los mayores lugares vacacionales de Alaska. Por lo que Charlotte podía decir, durante los meses de invierno, el único tráfico importante de la población se debía a las idas y venidas de los hombres y mujeres que servían en la base de la Guardia Costera.
Charlotte hizo esos pensamientos a un lado, pues siempre tenía un divertido cosquilleo en el fondo de su mente cuando pensaba en los hombres que trabajaban en la base. No podía entenderlo, pero algo tiraba de ella, como una sombra tratando de empujar hacia adelante su vida pasada. Si tan solo pudiera recordar algo antes del hospital.
Poniendo los ojos en blanco a ese viejo argumento y deseo, Charlotte guardó su abrigo y bolso, antes de pasar de nuevo al frente de la tienda para abrirla y prepararse para el día. Cuando fue dada de alta en el hospital, con una nueva identidad y sin una dirección clara de a dónde ir, decidió que se quedaría en Kodiak y trataría de hacer una vida para ella, con la esperanza de que podría toparse con alguien o algo para desencadenar los recuerdos. Por lo menos sería un buen lugar para llamar hogar, si el viejo nunca la encontraba.
Había encontrado un gran consuelo en los libros durante su estancia en el hospital, rara vez viendo el viejo y poco confiable televisor de la sala de recreación. En cambio ella se perdía en libros, tratando de ver si alguna de las historias y las vidas de los personajes podría provocar algún recuerdo de la suya.
A pesar de que no había tenido éxito en recordar algo, Charlotte se dio una ocupación: vendedora de libros. Le había tomado tiempo ser contratada en alguna parte, sin antecedentes o historial de trabajo. Pero al final encontró The Book Nook y fue contratada por la propietaria, Tanya Davenport, para trabajar los fines de semana. Ese trabajo de fin de semana se amplió para Charlotte, que se convirtió en gerente de la tienda, y trabajaba la mayoría de los días y algunas noches. Charlotte lo amaba. El horario flexible le permitió disfrutar de su otra pasión: la cocina.
A Charlotte le encantaba crear hermosos pasteles y dulces, a menudo llevándolos a la tienda para sus clientes favoritos. La demanda de sus productos horneados se había vuelto tan grande que Tanya la convenció para abrir su propia panadería, siendo ella un socio silencioso mientras Charlotte la necesitara. Estaba preocupada al principio, pero se arregló para superar sus miedos y empezar el pequeño negocio de panadería hace unos meses, utilizando la pequeña cafetería situada en The Book Nook para hornear y vender sus creaciones.
El manejo de ambos negocios la mantenía ocupada pero a Charlotte no le importaba, pues le impedía sentirse tan sola cuando sus pensamientos se desviaban al negro vacío de su vida anterior. Tanto como ella trataba de mantener esos pensamientos oscuros detrás y vivir la vida que ahora tenía, todavía se arremolinaban a su alrededor, erizando e instalándose en su piel todas las noches.
La campana sobre la puerta sonó, alertando a Charlotte sobre el primer cliente de la mañana. Puso su mejor sonrisa y salió de detrás del mostrador para saludarlos.
De pie justo en la entrada estaba un hombre alto en un traje oscuro, su abrigo negro desabrochado colgaba de sus impresionantes hombros. Charlotte se detuvo cuando lo vio, sorprendida por la impresionante vista. Él se dio la vuelta y sonrió ampliamente cuando la vio, sus dientes blancos y relucientes, así como las pocas arrugas en su rostro se distinguieron cuando profundizó su sonrisa.
—Buenos días —dijo con voz suave y cálida. Charlotte se tranquilizó y volvió a su cálida sonrisa, acercándose a él.
—Buenos días, Peter —saludó—. ¿Cómo estás hoy?
—Estoy muy bien, Char, simplemente genial. Me pareció verte caminando por la calle mientras yo estaba en la cafetería, así que decidí traerte una bebida para que te relajes y tengas una buena mañana —dijo Peter con una leve sonrisa en su rostro y sus ojos azules brillando.
Charlotte sintió un ligero rubor en sus mejillas por el gesto, sin saber muy bien acerca de los obvios coqueteos de Peter. Si bien era cierto que estaba sola, Charlotte parecía no estar de acuerdo en ir a una cita con Peter, a pesar de sus muchas dulces invitaciones. Ella podía no tener pareja en esta vida, pero en cuanto a su pasado, Charlotte no lo sabía.
—Gracias —dijo tomando la taza que le ofreció y bebiendo el líquido caliente lentamente. Amaba el café, eso era cierto—. Esto es delicioso —tarareó en agradecimiento.
—Me alegro de que te guste —dijo Peter sin dejar de sonreír—. Así que, escucha, sé que es un poco pronto, pero si no has hecho planes para ir con otra persona, me encantaría llevarte a la feria estatal y al rodeo.
—Oh, um —chilló Charlotte, sorprendida por su invitación. No sabía cómo rechazarlo gentilmente otra vez.
—Escucha, se acerca de tu… historia —dijo cuidadosamente Peter cuando ella siguió dudando—. Y lo entiendo, lo hago, pero han sido cuatro años, y tú no estás más cerca ahora que en ese entonces de recordar algo. Sé que suena duro, y no pretendo ofenderte, Charlotte, pero creo que podría ser el momento para que le abras las puertas a otras posibilidades —explicó Peter, un poco inquieto pero igualmente determinado.
Charlotte lo miró, y dejó a sus palabras hundirse. Era cierto que se encerraba en ella misma para no conocer realmente a alguien. No quería molestar a nadie si ella recuperaba de pronto sus recuerdos y dejaba esta vida. Ella odiaría hacer daño a alguien aquí con sus acciones, todos ellos habían sido tan amables y de tanto apoyo.
Pero mientras miraba a Peter, sus ojos amables y su sonrisa esperanzada, sus palabras se repetían en su mente y ella sabía que él tenía razón. Nadie había venido a buscarla, por lo que tuvo que preguntarse: ¿de verdad valía la pena volver a su otra vida?
Cerrando los ojos y tomando una respiración profunda, Charlotte tomó una decisión para seguir adelante. Cuando los abrió de nuevo, le dio a Peter una suave sonrisa y una pequeña inclinación de cabeza.
—Yo… yo creo que eso estaría bien —dijo ella—. Sí, me encantaría ir contigo a la feria.
Peter sonrió, toda su actitud iluminada con su aceptación.
—Oh, Charlotte, ¡eso es maravilloso!, estoy tan feliz de que aceptaras, vamos a pasarla muy bien.
Después de acordar hablar sobre eso más tarde, Peter se fue a cumplir con su jornada de trabajo, dejando a Charlotte reflexionando sobre su nueva decisión.
Pensó que estaba tomando la decisión correcta, pero el ligero dolor en su corazón era difícil de ignorar.
Y ahora sabemos un poco más sobre Charlotte/Bella
N.T. Sé que algunas se preguntan como no reconocieron a Bella como la Primera Dama, y les prometo que eso se abordara con el tiempo, aunque hay que recordar que cuando paso el accidente de Bella, Edward no era presidente aún (solo estaba con las campañas electorales). Además de que Bella no luce igual a cuando estaba con Edward.
Gracias por todos sus reviews, alertas y favoritos, y gracias a mi beta Yanina por hacer que el capitulo este presentable.
Si tienen alguna duda con respecto a la historia no duden en preguntarme por los rr.
