Disclaimer: Nada me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la historia es de Shahula. Yo solo traduzco con su autorización.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)


All The President's Men

Capítulo 5

"Tienes que aceptar todo lo que venga y lo único importante es que cumplas con valor y con lo mejor que puedas dar." Eleanor Roosevelt

El día de Charlotte continuó de manera normal, algunos amigos deteniéndose a saludar, así como a ojear las nuevas colecciones, tanto en libros como en productos horneados. Ella hizo algunas ventas, limpió y ordenó los estantes, y disfrutó del almuerzo en Katie´s, la cafetería local y punto caliente de los chismes de la comunidad.

Aunque Charlotte hizo todo lo posible por mantenerse al margen de los chismes, era inevitable que ella oyera algo eventualmente.

El cuento de hoy era uno de libros, según ella podía percibir.

—¿Has oído, Martin? —preguntó Margaret Evans con entusiasmo mientras caía en su asiento, que estaba detrás de la cabina de Charlotte—. Acabo de salir de la peluquería, y Jean dice que una docena de hombres en trajes negros, muy oficiales y gubernamentales, luciendo como de la CIA o del FBI, cree ella, aparecieron de la nada y bajaron a la ciudad ¡como una tormenta de nieve!, ¿qué crees que pasó? ¿Tal vez algo en la base necesita ser encubierto?

—No seas ridícula, querida —respondió su marido—. ¿Por qué la CIA estaría en Kodiak? Si algo pasó en la base, creo que todo el pueblo sería consciente de ello, de todos modos.

—¡A menos que sea un secreto nacional! ¿Te imaginas?

Charlotte se rio de los chismes de la mujer, sacudiendo la cabeza mientras dejaba caer un billete de veinte dólares sobre la mesa mientras se iba. Las locas ideas que estas personas podían inventar para entretenerse nunca dejaban de divertirla, incluso cuando los susurros habían sido sobre ella.

¿Has oído sobre la nueva residente que se hospeda en The Blue? La mujer fue encontrada vagando por la tundra, muerta de frío. Ahora ella no puede recordar su vida en absoluto, ni siquiera su nombre.

Pobrecilla, ha perdido sus recuerdos en un accidente de trineo. No tiene idea de quién es, ni de dónde venía.

Ellos piensan que debía estar en algo malo, por la paliza con la que llegó al hospital. Tal vez la mafia o algo, y alguien trató de deshacerse de ella. Y ahora está aquí, como un cascarón vacío.

Tal vez ella era de la realeza y alguien la secuestró para evitar que tomara el trono. Ella tiene un aspecto un poco familiar, ¿no te parece?

Charlotte hizo su camino de regreso a la librería, su mente clara y una pequeña sonrisa en sus labios. Cuando guardó su bolso, captó su reflejo en el espejo del mostrador. Sus raíces oscuras se estaban mostrando, una vez más, un rico marrón profundo, que resaltaba obviamente contra el rubio caramelo. Tal vez podría dejarlo crecer a su tono natural, solo para ver cómo luciría así. Había mantenido un estilo corto y rubio todos estos años, por la remota posibilidad de que alguien la reconociera, pues lo tenía de ese modo cuando se despertó. También era la razón por la que hizo algunos viajes a Sun Hut cada mes. Bueno, si era sincera consigo misma, Charlotte realmente disfrutaba el suave bronceado en su piel, que también era algo que había tenido desde que llegó al hospital.

Suspirando, Charlotte hizo una nota mental para reservar una cita con su estilista para conseguir el color de su cabello. Se dio la vuelta para volver al frente del mostrador, y ponerse al día con un poco de lectura ligera, dejando la decisión de qué color tendrá su cabello para después. Pero antes de que pudiera hacerlo, un hombre grande con un traje negro, con el cabello oscuro y músculos abultados, entró por la puerta.

Charlotte se quedó sin aliento, sorprendida y asustada por su repentina aparición. No llevaba ninguna expresión en el rostro, con lentes de sol oscuros que ocultaban sus ojos, aunque ella podía sentir su intensa mirada.

—¿Pu-puedo ayudarle? —preguntó ella, con un temblor audible en su voz. Charlotte no quería poner de inmediato a este hombre en la categoría de peligroso, pero la necesidad se hacía insoportable.

—¿Eres Charlotte Byrd? —preguntó con voz ronca. Charlotte asintió, con miedo de cómo se escucharía su voz si intentara usarla—. Necesito que venga conmigo, señora.

—Yo… ¿Quién es usted? ¿Qué quiere de mí? —replicó Charlotte, no estando dispuesta a seguir a este extraño a ninguna parte sin primero un conocimiento básico.

—Mi nombre es Emmett McCarty, señora, y soy el jefe de seguridad del presidente de los Estados Unidos. Necesito que venga conmigo ahora. —Emmett giró bruscamente sobre sus talones, sin darle la oportunidad de hablar más, ni de rechazarlo.

De mala gana Charlotte lo siguió. Realmente no tenía elección; era lo suficientemente grande para lanzarla sobre su hombro como una muñeca si se negaba. Pensó que al menos conservaría su dignidad si iba voluntariamente.

Después de un viaje en coche. Charlotte se encontró siendo llevada a una sala asegurada de la base. No le habían dado más información sobre lo que estaba pasando o por qué el jefe de seguridad la estaba obligando a seguirlo. Cuando se detuvieron fuera de la habitación privada, le dio a Emmett una mirada confundida, él simplemente le señaló la habitación, cerrando la puerta y haciendo guardia fuera de ella.

Charlotte saltó un poco cuando la puerta se cerró en su cara, pero trató de recobrar la compostura antes de darse la vuelta. Ella no sabía lo que le esperaba, pero su corazón ya latía violentamente, sintiendo como si fuera a salir de su pecho.

Un carraspeo detrás de ella, le indicó que tenía que dar la vuelta. Fue difícil pero Charlotte logró no dejar que el miedo la dominara por mucho tiempo. Ella no podía sentir miedo ahora, no cuando pasó por mucho para hacer frente al comienzo de su nueva vida.

Una vez que se dio la vuelta, Charlotte estuvo segura que estaba viendo cosas, no había manera que el hombre que estaba junto a la mesa era quien parecía ser. Simplemente no era posible.

Porque allí de pie, en un impresionante traje hecho a la medida y con corbata, estaba Edward Cullen.

El presidente de los Estados Unidos.

Charlotte parpadeó varias veces, pero, para su sorpresa, él nunca desapareció. Ella sabía que era él. Era fácilmente reconocible con sus ojos verdes y su cabello de color marrón rojizo, que solo comenzaba a ser gris alrededor de las sienes. Era más distinguido y apuesto con eso, y su todavía joven rostro era más impresionante en persona que en cualquier fotografía que había visto.

Y toda su atención estaba únicamente en ella, de manera intensa y aliviada.

Charlotte tragó saliva, de repente más nerviosa que nunca. Algo debía estar realmente mal si ella estaba siendo presentada al presidente. Ella no era nadie, una mujer sin poder y sin dinero. No tenía ni idea de lo que posiblemente podría desear de ella.

—Bel..., señora Byrd —habló el presidente, su voz áspera pero reconfortante para sus oídos—. Por favor tome asiento —le ofreció, señalando la silla frente a él en la mesa.

Charlotte cautelosamente se movió para sentarse, tocando el borde de la mesa, mientras miraba al impresionante hombre delante de ella.

—Lo si-siento, ¿he hecho algo malo? —preguntó ella débilmente, con la cara agachada y mirando a la mesa.

Charlotte era reservada y tímida en su día a día, pero esta situación era diferente a cualquier cosa que le hubiera pasado antes, dejándola sentirse ansiosa y tensa. Él era el líder del mundo libre, por el amor de Dios.

Cuando se aclaró la garganta, Charlotte levantó la vista de nuevo, capturó una mirada fugaz de añoranza y alegría ardiendo en los profundos ojos verdes. No estaba segura de qué se trataba.

—Señora Byrd, soy Edward Cullen —comenzó.

—Sé quién es usted, señor. Cada ciudadano conoce a su presidente —bromeó ella, sorprendida por su audacia. Un destello de dolor atravesó su rostro antes de que él lo ocultara de ella. Charlotte tenía curiosidad de lo que significaba, pero él siguió adelante con su interrogatorio, dejándola sin tiempo para reflexionar sobre eso.

—Sí, supongo que lo hace. Espero que no le importe, pero tengo que hacerle algunas preguntas.

Charlotte, aunque aún desconfiaba, movió la cabeza afirmativamente.

—¿Estoy en problemas? —preguntó ella.

—No, no. Nada de eso —comenzó, dándole una seria mirada.

—No quiero ser grosera, señor presidente, pero ¿por qué estoy aquí?

—Una pregunta válida, y le voy a dar la respuesta pronto. Solo debo saber un poco más de sus antecedentes antes de explicarlo. Por favor, ¿puede decirme lo que estaba haciendo en octubre de 2008?

Charlotte se removió inquieta en su siento, intranquila por la fecha que había elegido para preguntar.

—Bueno, yo… no lo recuerdo —le dijo ella, bajando la mirada hacia la mesa.

Una larga pausa siguió hasta que él se animó a seguir.

—Dígame lo que recuerda.

Tragando grueso, Charlotte levantó la vista, sus ojos reuniéndose con su mirada preocupada. La frente de él se arrugó, el ceño fruncido tirando de sus labios. Sin embargo sus ojos… sus ojos estaban llenos de preocupación, pena, y dolor, pero también de calidez, atención y otra emoción que no creía que fuera posible.

Incapaz de mirarlo a la cara, Charlotte lo vio flexionar los dedos sobre la mesa conforme le iba contando su historia.

Ella le explicó cómo se había despertado hace casi cuatro años sin ningún recuerdo de su vida. Le dijo que una enfermera que estaba en su descanso fumando un cigarrillo la encontró tirada afuera, muy golpeada y con hinchazón severa, con muchos hematomas en la cara y el cuerpo, completamente sola entre los arbustos. Nadie sabía lo que le había sucedido, o quién era, ya que nunca la habían visto en Kodiak antes de esa noche.

Una vez que despertó de un coma inducido, se enteró que no solo estaba cubierta de moretones y rasguños, tenía una pierna y tres costillas rotas y amnesia focal retrógrada. Los médicos fueron incapaces de decirle si sus recuerdos volverían.

El personal del hospital le ayudó en su recuperación, dándole la mejor atención que podían y poniéndola en contacto con algunas oficinas que podrían ayudarla. Le ofrecieron su casa y un trabajo a tiempo parcial hasta que pudo seguir adelante por su cuenta.

—Y eso es todo lo que sé sobre mí. No sé cómo alguien como yo puede interesarle a alguien como usted, señor. —Charlotte levantó los ojos y vio una expresión de agonía antes de que él la borrara por completo.

Tragando grueso, habló con voz tranquila pero autoritaria:

—Sé que esto es muy confuso para usted, y me disculpo. Pero tenía que saber que usted era… que algo no tenía…

Deteniéndose, el presidente negó con la cabeza por un momento antes de tomar una carpeta que Charlotte no había notado hasta entonces. Sacó unos papeles y fotografías, colocándolos frente a ella antes de hablar de nuevo.

—¿Sabe lo que le pasó a mi familia antes de ser electo? —preguntó, confundiéndola por un momento por el repentino cambio de tema.

Charlotte asintió.

—Sí, por supuesto, usted perdió a su esposa en un accidente aéreo. Es una historia muy trágica.

—¿Ha visto las noticias o leído los periódicos sobre el accidente en el momento en que pasó? —le preguntó con voz ronca y ojos penetrantes.

Una vez más, Charlotte negó con la cabeza.

—No, señor, yo estuve inconsciente en el hospital durante muchos días después de la primera vez que desperté, y cuando me encontraba despierta, estaba medicada y fuera de mí, por no hablar de la rehabilitación. Y bueno, señor, no quiero ser grosera, pero mi propia salud importaba más que algo, que aunque trágico, no me concernía.

El presidente cerró los ojos. Su mano acercándose a pellizcar el puente de su nariz. Charlotte se encontró sonriendo ante la reacción, encontrando la acción mundana y humana en éste poderoso hombre.

—Sí, bueno… —Él la miró, sosteniendo su mirada por un largo momento. Miles de palabras y emociones parecían llegar a ella desde las profundidades verdes, pero Charlotte no era capaz de entender ninguna de ellas—. Lo que voy a decirle, Bel... señora Byrd, podría ser discordante. Pero le aseguro que es la verdad. —Hizo una pausa, dejando que las palabras se hundieran por un momento—. Mi esposa, se informó que murió en un accidente aéreo hace cuatro años, sí, pero yo no lo creía. Podía sentir en mi corazón que ella no se había ido, y fue así que, una vez que fui elegido, creé un grupo de trabajo especial para investigar el accidente del avión. Lo que encontramos fue que no había evidencia de que mi esposa estuviera en el avión que se estrelló en el desierto de Arizona. Y desde entonces he tenido a un selecto equipo en busca de dónde podría estar. Ayer por la tarde, los de inteligencia me informaron que había sido encontrada, residiendo en Kodiak, Alaska, bajo una falsa identidad.

Charlotte respiró hondo, las piezas comenzaban a encajar en su lugar. Sus manos comenzaron a agitarse y temblar, y conforme él decía las siguientes palabras, la inmovilizaba con la mirada.

—Después de recolectar muestras de ADN y fotografías para ayudar a probar sus afirmaciones, y ahora después de haber escuchado su historia y verla en persona, no tengo dudas en cuanto a los resultados del equipo…

»Usted no es Charlotte Byrd. Tú eres mi esposa, Isabella Cullen.


Amnesia Focal Retrograda: Se presenta una afectación importante en la memoria retrograda (caracterizada por la incapacidad de recordar los eventos ocurridos antes de la lesión cerebral) y en la memoria anterógrada (la persona afectada no es capaz de recordar algo si deja de prestarle atención unos segundos).


¡Al fin se reencontraron! ¿Qué les pareció?

Gracias a todas por sus fav, follow, y rr.

Todo el amor a mi beta Yanina por ayudarme con capitulo.

¡Nos vemos la próxima semana!