Disclaimer: Nada me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la historia es de Shahula. Yo solo traduzco con su autorización.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Capítulo 6
"El matrimonio no es el cielo ni el infierno, es simplemente el purgatorio." Abraham Lincoln
Fue difícil para Edward sacar sus ojos de ella, su necesidad de tener a Bella en su punto de visión y saber que ella era real, que estaba a salvo, era abrumadora.
Podía decir que su atenta mirada la estaba incomodando, todos los pequeños gestos que ella hacía se lo decían, como morderse el labio, juntar y retorcer sus dedos nerviosamente y resoplar cuando el flequillo caía en sus ojos.
Deseaba acercarse y alejarlo de sus ojos, tomar sus manos crispadas y sostenerlas, ofreciéndole la comodidad y seguridad de que las cosas estarían bien, pero sabía que eso solo empeoraría la situación.
Le había costado un gran esfuerzo que accediera a ir con él, dar el salto de fe y creer que todo lo que él había dicho era verdad. Estaba claro que mientras estaban sentados en la pequeña habitación en Kodiak ella pensó que estaba loco, o estaba tratando de conseguir algo de ella, incluso si era el presidente de los Estados Unidos.
Toda la evidencia fotográfica y pruebas de ADN que sacó junto a una taza de café, no la convencieron. La tentación de averiguar quién había sido, por estar rodeada de los que conocía, tampoco era suficiente. Lo que finalmente inclinó la balanza a favor era una imagen que mostraba claramente a Bella y Edward envueltos en una sábana y sonriendo feliz a la cámara mientras su niña, Beth, jugaba con los extremos del cabello largo y castaño de Bella.
Esa había sido la prueba que Bella había necesitado, la conexión de la cicatriz en su estómago encajaba con la historia que Edward le había contado, de cómo Beth llegó, por una cesárea de emergencia debido a complicaciones durante el parto. Sabiendo que tenía una hija, que había estado creciendo sin ella, junto con todas las pruebas que podía ver a su alrededor, convenció a Bella para ir con él.
Él estaba más agradecido que nunca por su hermosa niña. No estaba seguro de cómo iba a explicarle esto; cómo su madre, a quien todo mundo creía muerta, de repente aparece viva, pero no la recuerda.
Sería difícil para cualquier persona aceptarlo, pero aún más para alguien tan pequeño como Beth. Y por supuesto, estaba Bella que perdida y confundida, se metía a un rol maternal, y no sería justo ni útil, por no mencionar que sería el centro de atención de toda la nación.
Edward necesitaba un plan, alguna manera de hacer la transición de Bella y Beth lo más fácil posible. Y estaba desesperado por hacer que Bella lo recuerde también.
Teniéndola a solo unos pasos de él mientras volaban en el Air Force One, pero sin poder tocarla, incluso solo poner su mano sobre la de ella, era devastador. Le había tomado un control increíble, y mucho esfuerzo para no atraerla a sus brazos cuando entró a la sala de interrogatorios antes, y esa necesidad solo estaba creciendo mientras la miraba.
Pero Bella no estaba lista, ella no lo conocía como algo más que el líder del mundo libre.
Era un extraño, y aunque ella le estaba permitiendo ayudarla a recuperar sus recuerdos, no había garantía de que lo hiciera, o que lo quisiera si lo hacía, o peor… que no lo quisiera con o sin sus recuerdos.
Tenía que encontrar una manera de hacer que ella lo recuerde; que recuerde la vida y el amor que compartían.
—Disculpa, ¡estaba leyendo eso! —se quejó Bella, resoplando cuando Edward le arrancó el libro de las manos, lo arrojó sobre su hombro sonriendo cuando aterrizó con un ruidoso plaf.
—Sí, bueno, yo tengo algo que puedes leer justo aquí —respondió Edward seductoramente, cerniéndose sobre su cuerpo mientras yacía en el sofá, bajó la cara a su cuello, acariciándola levemente allí por un momento, inhalando su aroma a manzana de caramelo, antes de presionar sus labios contra su piel y succionarla suavemente.
—Edward —lo regañó Bella, aunque a los oídos de Edward el sonido era mucho más parecido a un gemido—. Det-Detente, tengo que estudiar.
Edward ignoró sus súplicas poco entusiastas, sin dejar de cubrir su garganta con besos, lamiendo su piel con la punta de la lengua mientras se movía para mordisquear el lóbulo de su oreja.
—¿Qué estás estudiando? ¿Tal vez te pueda ayudar? —susurró Edward—. Soy bastante bueno en anatomía.
Bella se rio, fuerte. Levantó la mano, enredando sus dedos en el cabello desordenado de Edward y tiró de él hacia abajo para que apoye su peso en ella. Suspiró con satisfacción mientras los labios de Edward rozaban su piel. Por mucho que ella quisiera perderse en el momento, detuvo su sexy ataque.
—Cariño, ya sabes lo mucho que amo tus lecciones de anatomía, pero realmente no puedo en este momento —explicó Bella, dejando pequeños besos en la boca de Edward cuando él se apartó para mirarla con un puchero—. ¡Oh no, pon esos ojos y esa boca lejos de mí! Tú sabías que tenía que estudiar cuando acepté venir aquí —se defendió Bella.
Edward gruñó, su cabeza encontrando el espacio entre el cuello y el hombro, donde murmuró con decepción:
—Estúpida escuela, arruinando toda mi diversión.
Bella se rio, el sonido iluminando el corazón de Edward como ninguna otra cosa podía. Le encantaba su risa, su sonrisa, la forma en que sus ojos se arrugaban cuando ella estaba tan feliz que apenas podía ver porque entrecerraba los ojos. En realidad solo amaba a la chica. Lo sabía y esperaba que ella también lo hiciera.
Tendría que decirle pronto.
Pero por ahora, se decidió a ayudarle a estudiar. Rodó hacia un lado, deslizándose detrás de Bella en el sofá, y se estiró para agarrar el desagradable libro. Al dárselo, vio el título: La telaraña de Charlotte.
Él se rio en voz alta.
—¿Esto es lo que estás estudiando? No creo que esto sea parte de tu lectura requerida para Literatura inglesa —bromeó, sosteniendo el libro fuera del alcance de Bella.
Bella resopló, sus mejillas coloreándose por un poco de vergüenza.
—No lo es —admitió a regañadientes—. Solo que de verdad me gusta, ¿de acuerdo? Ahora devuélvemelo —le exigió tratando de agarrar el libro una vez más.
—No, no hasta que me des algo primero —dijo Edward con una astuta sonrisa de satisfacción. Bella se giró, encarándolo, dejó que sus dedos jugaran con el cuello de su camisa, rozando la caliente piel de su clavícula.
—¿Qué quieres por él? —le preguntó.
Edward respiró, embelesado por la suave luz en su cara, el ligero aroma de su perfume rodeándolo y el calor de su cuerpo presionando contra el suyo. Su pequeña nariz respingona y sus llenos y tentadores labios rosas.
—Solo tú —murmuró en voz baja, su mano ahuecando su mejilla—. Solo te quiero a ti para siempre.
Bella sonrió, cálida y feliz. Ella se inclinó hacia delante, susurrando contra sus labios:
—Ya me tienes para siempre.
—Señor presidente, nos estamos acercando a D.C. Deberíamos estar llegando al campamento en veinte minutos —dijo Emmett sacando a Edward de sus recuerdos.
—Bien, sí, gracias —respondió. Edward echó un vistazo al avión, sus ojos buscando y encontrando a Bella inmediatamente.
Se levantó y fue a sentarse a su lado, sonriendo suavemente cuando sus ojos marrones se clavaron en él.
—Pensé que te gustaría hablar un momento, repasar lo que va a suceder una vez que aterricemos, en caso de que tengas alguna pregunta.
Bella se mordió el labio, frunció el ceño por un segundo, antes de que hablara tímidamente.
—Sí, por favor, hagámoslo.
Sonriendo amablemente, Edward giró su cuerpo para verla mejor, el borde de sus pantalones rozándose por su proximidad.
—El tiempo no me permitió alertar a mi personal sobre lo que estaba sucediendo, por lo que solo un puñado de mis consejeros más cercanos saben lo que está pasando. Jasper, mi jefe de personal…
—Él es tu hermano, ¿verdad? —preguntó Bella, sorprendiendo a los dos al hablar. Se sonrojó, avergonzada por haber hablado sobre el presidente, pero él se rio entre dientes, rozando ligeramente su mano antes de retroceder.
—Sí, él también es mi hermano. Nos pareció que podía ser… más fácil para ti no arrojarte inmediatamente a ser el centro de atención, por lo que te llevaremos a Camp David en lugar de la Casa Blanca, hasta que podamos encontrar otra solución.
—¿Qué voy a hacer allí? —preguntó Bella en voz alta.
—Puedes hacer lo que quieras. Hay piscinas, canchas de tenis, un jacuzzi, una pequeña biblioteca, una sala de proyección de películas, e incluso una sala de juegos gracias a George W. —Edward se rio.
—Y tú volverás, ¿verdad? —cuestionó Bella, mirándolo tan tímida como una niña de escuela, a pesar de sus experiencias en la vida.
Edward la miró, su corazón latiendo más rápido cuando observó su inocencia, y una pizca de miedo en sus oscuros ojos. Trató de calmarla lo más que pudo.
—Sí, voy a volver tan pronto como pueda. Yo te ayudaré a recuperar tus recuerdos, Bel... Charlotte. —Edward tropezó con el nombre. Sabía que no era cómodo decirle Bella todavía, pero llamarla por el otro nombre era todo un reto para él.
Bella retorció sus dedos, nerviosa, una vez más, pero cuando lo miró a los ojos un momento después parecía decidida.
—Puedes llamarme Bella, es quien soy después de todo, y podría acostumbrarme a eso.
Edward estaba impresionado por su coraje y por la fuerza que estaba mostrando, teniendo en cuenta todos los cambios repentinos en su vida.
Era otro rasgo que celebraba de la Bella que amaba y él apreciaba que se revelara, dándole más esperanza que eventualmente regresaría a él.
Ella era diferente en cierto modo, sí, pero en el fondo, sabía que su Bella todavía estaba allí. Y si ella estaba allí, entonces el amor que compartían también lo estaría, tenía que ser así.
Edward sabía que un amor como el suyo solo pasaba una vez en la vida, y él haría todo para recuperarlo.
Camp David: Naval Support Facility Thurmont, comúnmente conocido como Camp David, es un campo destinado a ser una de las residencias del presidente de los Estados Unidos.
Espero que les haya gustado el capítulo, no se olviden de dejarme sus opiniones.
¡Gracias a todas por sus rr, alertas y favoritos!
Nos leemos el domingo :)
