Disclaimer: Nada me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la historia es de Shahula. Yo solo traduzco con su autorización.


Capítulo BETEADO por Yanina Barboza, beta de Élite fanfiction (www facebook com / grupos / .fanfiction elite)


Capítulo 7

"En cada crisis de nuestra vida, la salvación absoluta es tener un amigo compasivo, con quien puedas pensar en voz alta sin restricción o recelo." Woodrow Wilson

Edward vio como Bella observaba todo el espacio a su alrededor, con sus ojos oscuros revoloteando de un objeto a otro, volando sobre todo y aparentemente tomando nota. Se dio cuenta con una sonrisa irónica que ella parecía estar murmurando mientras hacía esto, tocando ligeramente los libros con los dedos mientras caminaba por la extensión de los estantes de la biblioteca.

Se sentía lleno de esperanza y anhelo mientras seguía sus movimientos, su amor por la literatura no se había perdido, si su actual fascinación con esta habitación en particular era alguna indicación.

Habían llegado a Camp David un par de horas antes, un tanto nervioso e inseguro, no solo por la situación actual. Edward estaba haciendo su mejor esfuerzo para contenerse de envolver a su esposa en sus brazos cada pocos minutos, y pudo ver claramente como ella estaba tratando de mantener la calma y la expresión amistosa en su cara, en lugar de la de miedo e inseguridad que él sabía que ella ocultaba.

Una vez que el Air Force One aterrizó, Emmett aseguró el carrito de golf oficial de la presidencia —el cual manejó emocionado para el presidente—, y condujo a su comandante en jefe y a la primera dama a Aspen Lodge, donde el presidente se quedaba durante sus visitas a Camp David. Edward planeó que Bella se quedara ahí hasta que los dos estuvieran cómodos con su traslado a la Casa Blanca.

Emmett los dejó en la puerta principal, dejándolos solos para guardar sus maletas y permitiéndoles recorrer la casa de campo en privado.

Edward señaló a la puerta principal, con una sonrisa.

—¿Deberíamos?

Bella asintió con la cabeza, dando un paso a través del umbral, y entrando al cuarto, sus ojos vagando sobre el espacio sagrado en asombro. Edward cuidadosamente la guio alrededor, su mente medio escuchándola, pues la otra mitad estaba recordando la primera vez que él y Bella entraron a su propia casa.

¡Oh Dios mío, Edward! —gritó Bella golpeándolo en repetidas ocasiones en el hombro con una mano mientras se aferraba a su cuello con la otra—. ¡Suéltame, quiero ver!

Está bien, está bien. Para de golpearme primero y lo haré. —Edward se rio entre dientes.

Bueno, si tú no hubieras insistido en llevarme, yo no estaría golpeándote.

¿Qué? ¿Y no cargar a mi novia por el umbral de nuestra casa? No lo creo —resopló.

¿Hablas en serio? —gritó Bella. El sonido fuerte y penetrante en el oído de Edward—. ¡¿Esto es nuestro?!

Sí, nena, bienvenida a casa. —Edward sonrió, dejando a Bella de pie, posando sus manos alrededor de sus caderas.

Gracias —murmuró Bella—. No puedo creer que lo conseguimos —suspiró, sus labios rozando los de Edward una y otra vez, un beso lento pero sensual, no lo suficiente para satisfacerlo, pero con una promesa de más, lo que permitió que Edward la dejara ir a regañadientes.

Con otro rápido beso, Bella estaba fuera de sus brazos, girando a través de cada habitación, su voz y su risa haciendo eco en las paredes vacías y el piso de madera mientras corría de un lugar a otro.

Y aquí será el estudio —dijo Bella parando en una habitación de la parte trasera de la acogedora casa—. Vamos a tener un gran y mullido sofá de dos plazas por ahí, el televisor puede estar por allí —señaló—. Y puedo colgar algunas impresiones del mercado de pulgas aquí también. Será perfecto.

Parece que ya tienes todo resuelto. Tú no me necesitas para nada —bromeó Edward, dando un paso detrás de Bella y envolviéndola en sus brazos.

Por favor, ¿quién más va a hacer el trabajo pesado? ¿Y pintar? Yo no lo haré —resopló Bella, haciendo reír a Edward, aunque trató de ocultarlo enterrando su boca en su cuello.

Creo que puedo hacerlo, ya que lo preguntas tan bien y todo eso.

Se abrazaron por un momento en silencio, Bella pasando sus manos a lo largo de los antebrazos de Edward, que estaban envueltos alrededor de ella, mientras él la abrazaba por la cintura, balanceándose para adelante y para atrás mientras miraban por el mirador hacia el patio trasero.

¿Crees que deberíamos conseguir un asador para la parte de atrás? ¿Tal vez algunos muebles de exterior?

¿Qué pasa con un columpio? ¿Un tobogán? —preguntó Edward, una de sus manos sobre el vientre plano de Bella.

Bella volteó en sus brazos, sus manos llegando hasta su cuello, rozando los cabellos cortos de la nuca.

¿En serio? ¿Quieres eso? —Sus ojos marrones esperanzados pero nerviosos.

Por supuesto que sí. Tú sabes que yo quiero que tengamos hijos —dijo Edward.

Lo sé, supongo que me refería a este momento. Pensé que íbamos a esperar más tiempo desde que nos casamos. Tal vez hasta que decidas si vas a lanzarte al senado o no. Eso sería mucho para manejar, nuevo matrimonio, nuevo trabajo, nuevo bebé.

Edward asintió, sacando el labio de Bella con el pulgar antes de rozar sus labios suavemente con los de ella.

Tienes razón, no puedo esperar para llegar a esa parte de nuestras vidas.

Yo tampoco. —Bella lo besó profundamente, dejando que su lengua se deslizara a lo largo de él, mordiendo su labio superior suavemente antes de susurrarle al oído seductoramente—: Pero podemos empezar a practicar si quieres. Tenemos una casa totalmente nueva, con un montón de habitaciones que podrían ser bautizadas.

Edward no dudó, deslizando sus manos bajo la blusa y tirando de ella hacia arriba rápidamente, amortiguando la risa de Bella ligeramente.

—Esto es increíble —dijo Bella, volviéndose hacia Edward con una sonrisa en su rostro, distrayéndolo de sus recuerdos.

—Me alegro de que te guste —respondió, con las manos en puños dentro de los bolsillos del pantalón para no atraerla a sus brazos. Edward no quería presionarla demasiado pronto, ya era consciente del gran salto de fe y la confianza que le había dado con solo venir con él, dejando lo poco que sabía del mundo atrás.

—Sin embargo, la biblioteca en casa es mucho más grande. —Edward se rio entre dientes, con una imagen revoloteando en su mente de Bella hojeando los libros.

—¿Casa? —preguntó Bella.

—Sí, la Casa Blanca.

—¡Oh!, sí, por supuesto —respondió Bella apresuradamente, sus mejillas tomando un suave color rosa. La vista emocionó a Edward, el color tan perfecto contra su piel bañada por el sol.

Él siempre había amado la piel de porcelana pálida de Bella, pero este color era tan tentador, la reacción ansiosa de su cuerpo era una clara indicación de eso.

Edward mostró a Bella el resto de la casa de campo, señalando varias habitaciones y datos curiosos sobre cada una, explicando la organización básica de Camp David que ningún civil conocía.

—Y ésta es mi… quiero decir tu habitación —explicó Edward, abriendo la puerta de la habitación principal.

Estaba bien amueblada, como era de esperar, con una cama king-size en un marco negro de acero, un armario oscuro y espejo contra una pared con una pequeña sala de estar en el lado opuesto; un chaise lounge y un escritorio organizador en un rincón. La habitación era cálida, ricos tonos tierra destacando en las paredes y telas, algunas fotos personales esparcidas.

—Tengo que hacer una llamada, ¿vas a estar bien aquí por algunos minutos? —preguntó Edward mirando como Bella avanzaba lentamente por el cuarto, pasando la mano a través de las sábanas color rojo oxidado de la cama.

—Oh, sí, en realidad eso me dará la oportunidad de hablar con mis… eh, amigos sobre mi traslado —le dijo Bella un poco incómoda.

Edward hizo todo lo posible paro no parecer afectado, asintiendo en acuerdo antes de dejarla, necesitando unos minutos para recomponerse.

Se le había ocurrido en los cuatro años desde su desaparición que Bella pudo haber desarrollado algún tipo de apego a otro hombre, posiblemente en una relación. Él solo oraba a Dios que eso no fuera verdad; la idea de alguien con su esposa era suficiente para ponerle la piel de gallina y que su mal humor se encendiera.

Edward decidió no centrarse en eso, y mejor hacer su camino hasta el patio trasero para tomar aire fresco, sacando su teléfono celular personal del bolsillo.

Oprimió "uno" en su marcación rápida, la mano libre alborotando sus cabellos mientras veía a la suave brisa levantar las hojas de los árboles, proporcionando un poco de alivio del calor de agosto mientras esperaba una respuesta.

¿Hola?

—Hola, bebé —Edward suspiró, sus hombros tensos relajándose con el sonido de su dulce voz.

¡Papi! Hola —exclamó Beth con un chillido agudo—. ¿Dónde estás? Se supone que tendríamos una fiesta de té ayer y te lo perdiste.

—Lo sé, bebé, y lo siento. Pero algo muy importante ocurrió y tuve que encargarme de eso —explicó Edward.

Oyó suspirar a Beth, su pequeña espiración de exasperación haciéndole sonreír.

Supongo que está bien. Pero tendas que hacer algo por mí, ¿está bien?

—Desde luego, princesa. ¿Qué puedo hacer?

Mmmm, creo que tal vez un nuevo perrito —dijo Beth con firmeza, Edward imaginó sus pequeños rizos bronce rebotando con su asentimiento de cabeza decidido y sus ojos marrones serios.

—¿Un nuevo perrito?, pero ¿qué pasa con Jake? ¿Todavía lo amas? —bromeó Edward, sabiendo que si un nuevo cachorro era lo que quería su hija, un nuevo cachorro es lo que iba a conseguir. Incluso si él o Alice serían los que terminarían cuidando de él.

Claro que todavía amo a Jake, papi —amonestó Beth—, pero es viejo y no me deja vestirlo. Mi nuevo perrito me dejará vestirlo, porque va a ser una niña.

Edward se rio, el viento llevándose el sonido.

—Está bien, papá va a ver lo que puede hacer. ¿Cómo ha estado tu día?

Bien, la tía Alice dice que podemos ir a nadar después del almuerzo.

—Eso será divertido. Recuerda usar tus flotadores y escuchar a la tía Alice —indicó Edward.

Claro, papi.

Aunque le gustaría poder hablar más tiempo, una mirada a su reloj le recordó a Edward que tenía que regresar y encontrar a Bella.

—Me tengo que ir ahora, Beth, pero sé buena con tía Alice y yo volveré pronto.

Está bien. Adiós, papi. ¡Te quiero! —cantó Beth en el teléfono.

—Yo también te quiero, cariño —murmuró Edward, aunque Beth ya había colgado. Él sonrió con tristeza por las payasadas de su hija, la niña alegre que amaba la vida, y la propietaria de gran parte de su corazón, siempre lo hacía sentirse mejor.

A Edward no le gustaba que estuvieran separados, aunque su trabajo a menudo lo exigía. Había sido una lucha después de la desaparición de Bella, Beth llorando toda la noche y todo el día, no dejando que nadie la consolara, excepto su padre, incluso cuando él estaba ausente. Las llamadas telefónicas eran lo más fácil, ya que no podía estar con Beth al visitar a dignatarios extranjeros, y ella todavía lo necesitaba para sentirse conectada a él. Ahora que era un poco mayor, un teléfono celular especial para Beth que llevaba con ella cuando Edward no estaba en casa hizo su separación un poco más soportable.

Edward se preguntó cómo manejaría Beth este cambio en su vida, su madre regresando después de tantos años de ausencia. Beth era amable y cariñosa con todos, igual que su madre, pero ella era precavida también. Ella perdió a una de las personas más importantes en su vida muy joven, y a pesar de que habían tenido la esperanza de encontrar a Bella antes, cuando todo inevitablemente terminaba mal, Beth estaba destrozada de nuevo.

Edward temía que podría no ser muy receptiva a su madre ahora, por la preocupación de perder a Bella de nuevo, manteniendo a Beth en guardia.

Solo el tiempo lo diría, Edward supuso.

—Lamento interrumpir, te vi aquí y pensé que podría ver si querías una bebida —dijo Bella tímidamente detrás de él.

Edward se dio la vuelta con una sonrisa, que se redujo ligeramente al ver la expresión reservada en el rostro de Bella.

—Eso sería genial —respondió él, tomando de su mano el vaso de limonada que le ofrecía.

Permanecieron en silencio durante varios minutos, los ojos de Bella mirando todo, excepto a Edward. Incapaz de soportar la tensión, él por fin habló.

—Creo que sería bueno para nosotros hablar más sobre lo que ha pasado. ¿Nos vemos dentro y empezamos?


Chaise longue: es un tipo de sofá con forma de silla que posee una prolongación lo suficientemente larga como para soportar las piernas. Es decir, una tumbona.


N/T. Aquí tienen el capítulo, perdón por no actualizar la semana pasada pero mi computadora se descompuso; lo bueno es que ya tengo una nueva y ahora no habrá problemas con las actu. Todo el amor a mi beta Yanina por ayudarme con la historia.

¿Qué les pareció? ¿No les encanta el modo paternal de Edward? Como siempre me gustaría saber si les gustó el cap.

Para hacer menos larga la espera de ésta historia, he decidido traducir otra que empezaré a publicar a partir de éste miércoles, se llama The Dress y la autora es Redtini; les dejo el summary y me dicen que les parece:

Edward Cullen: Exitoso, arrogante, dominante, mujeriego. Bella Swan: Segura, ambiciosa, seductora, adicta al trabajo. Dos ejecutivos con una sola meta: No detenerse ante nada para llegar a la cima. Incluso si eso significa llevar al límite a la otra persona. A/H. Rated M por Lemons, lenguaje y todo lo de en medio. Romance/Drama/Angustia y todo lo demás.