Disclaimer: Nada me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la historia es de Shahula. Yo solo traduzco con su autorización.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Capítulo 8
"Mis fracasos han sido errores de juicio, no de intención." Ulysses S. Grant
Bella tomó asiento en el afelpado sillón de gamuza marrón, su vaso de limonada comenzaba a sudar en la mesita, mientras ella se retorcía los dedos en su regazo.
Edward se acomodó en el asiento frente a ella, esperando que la pequeña distancia y la tranquila expresión que él llevaba la ayudaran a calmar sus nervios. Quería hacer mucho más por ella, como trazar su palma con sus dedos, pasar su mano suavemente por la longitud de su pelo, o frotar su nuca en círculos suaves con su pulgar. Su pasado con ella le enseñó que todas esas pequeñas cosas la harían calmarse, pero no sabía si sería bien recibido o incluso efectivo ahora.
Bella podría ser otra persona totalmente diferente. Ella lo había sido, hasta ayer.
Los acontecimientos que rodeaban la desaparición de Bella eran aún imprecisos y confusos para Edward. No podía dejar de preguntarse cómo había terminado donde lo hizo, por qué no pudo encontrarla más pronto, qué la llevó a cambiar tanto su apariencia.
Él sabía que la única manera de obtener respuestas era hacer preguntas, pero le preocupaba presionarla demasiado rápido. Sabía que había sido un poco duro en Kodiak cuando le dijo quién era ella. No quería asustarla ahora que estaba aquí, finalmente sentada frente a él; a solo unos pocos pies de distancia de su toque, sin embargo, un millón de millas parecía separarlos.
Él estaba dudoso de cómo acercarse.
Edward se puso los ojos en blanco internamente. Él era el presidente de los Estados Unidos por el amor de Dios; se encontró cara a cara con los dictadores, recuperó tropas en la guerra, salvó vidas en condiciones imposibles como buzo de rescate, y nunca dejó de actuar cuando era llamado durante su presidencia. Sin embargo, aquí estaba sentado, su pierna rebotando, sus dedos golpeando contra su muslo de los nervios por la hermosa mujer a su lado, actuando para todo el mundo como un chico de quince años, pidiéndole a la capitana de las animadoras una cita, asustado de cómo podría responder.
Suspirando, se armó de valor, y comenzó.
—Sé que discutimos algo de esto en Kodiak, pero ¿me puedes contar un poco más sobre lo que te hizo perder tus recuerdos?
Bella miró en su dirección, sus ojos oscuros conectando con el intenso verde, por lo que apartó la mirada, tomó un sorbo de su bebida antes de hablar.
—Ojalá lo supiera. No recuerdo nada antes de despertar en el hospital, en realidad. Nada, ni siquiera mi nombre o cumpleaños…
Edward cerró los ojos un instante, sintiendo la punzada de dolor profundo en su corazón cada vez que hablaba de la pérdida de su memoria. Dolió un poco más profundo con el tono indiferente de su voz, sabiendo que no sentía ninguna tristeza por no tener los recuerdos que compartieron juntos.
Era la cruz que soportar, la alegría de recordar para ellos.
—¿Cómo es para ti, cuando tratas de recordar? —preguntó Edward solemnemente.
—Es como si mis recuerdos estuvieran cubiertos de una niebla gris, demasiado pesada y gruesa para ver a través de ella. Sé que están ahí, esperando que los encuentre, pero no puedo ver a través de las nubes —explicó Bella, con la cabeza hacia abajo mientras hablaba mirando su regazo, recogiendo un hilo suelto de sus jeans—. He intentado tan duro como puedo recordar las cosas, y a veces creía que conseguiría algo, un sentimiento, o un cosquilleo de algo de memoria, pero nunca viene nada.
—¿Van a volver? —preguntó Edward, la angustia que sentía cerca arañando a su paso desde la garganta, aunque la mantuvo detrás de su voz.
Bella levantó la mirada, sus ojos tristes cuando se encogió de hombros, el gesto diciendo más de lo que ella jamás podría.
—No lo sé. Me gustaría pensar que así será, pero parece poco probable ya que no he recordado nada en los últimos cuatro años. Algunos pacientes de amnesia nunca recuperan sus recuerdos, mientras que otros lo hacen, es todo un juego de azar.
Edward se mordió la lengua, manteniendo palabras de demanda y orden, antes de que salieran, sabiendo que a pesar de todo su poder, no había nada que pudiera decir para que Bella recordara su vida con él.
—¿Cómo era? —preguntó tímidamente Bella, minutos más tarde, su voz tímida pero sus ojos teniendo curiosidad y necesidad.
Edward se recostó en su asiento, sus hombros relajados, sus ojos arrugándose en las esquinas en líneas de risa cuando pensó en su Bella.
—Eras radiante, hermosa. Vivaz. Llena de vida y curiosidad, pero tan fuerte y perspicaz también. Eras tan malditamente inteligente, Bella. Y amabas ayudar a las personas, siempre encontrando una causa u otra para involucrarte, para hacer algo por los demás incluso si eras la única a la que le importaba. Siempre has sido desinteresada, desde el día que te conocí.
Edward caminó lentamente a través del paseo marítimo, disfrutando de la sal en el aire y el sol en la cara. Su trabajo era bueno, las chicas eran lindas y estaba listo para lo que sea que la vida le lanzara.
Con la cabeza girada hacia las olas del Atlántico, no sabía qué tan pronto se haría realidad esa declaración, hasta que sintió el peso de otra persona estrellarse contra él.
—¡Oh, Jesús!, lo siento mucho, no te vi —dijo mientras la ayudaba a mantenerse en posición vertical.
—Mierda, quiero decir, demonios —gruñó una voz encantadora, sus manos dejando caer los papeles que llevaba cuando ella se sostuvo de los antebrazos de Edward.
La respiración de Edward se atoró en su garganta cuando vio su rostro, sus ojos oscuros capturándolo cuando conectaron con los de él, mientras ella se reía, sus labios se separaron en una sonrisa.
—Lo siento, usualmente no soy descoordinada, pero mi zapato se quedó atrapado en una tabla, y me tropecé. ¿Estás bien?
Edward asintió con la cabeza. Su lengua se sentía pesada en su boca, mientras miraba hacia abajo a la hermosa chica en sus brazos. No era propio de él estar tan abrumado por una chica, generalmente era suave como la seda cuando llegaba a coquetear.
—Estoy bien —logró decir finalmente Edward, devolviéndole la extensa sonrisa. Ella era demasiado bonita para no sonreír.
—Genial, bueno, si no te importa soltarme, yo como que necesito volver a pegar mis volantes —bromeó la chica.
—Joder, lo siento —dijo Edward soltando sus hombros que no se había dado cuenta que estaba sosteniendo. Entonces se dio cuenta de la sudadera de Princeton que llevaba, y se preguntó en qué año podría estar. Se veía un poco joven, pero la chispa en sus ojos mostraba una madurez y profundidad que rara vez veía en las mujeres.
—Que sucia boca la que tienes allí, marinero —bromeó agachándose para recoger la pila de volantes—. ¿Tú besas a las chicas con esa boca?
—No recientemente —admitió Edward, con ganas de golpearse a sí mismo casi tan pronto como eso salió. Afortunadamente la chica se echó a reír, y fue capaz de aliviar la vergüenza, ligeramente. Decidiendo que necesitaba encontrar sus bolas, Edward convirtió su desliz en una invitación—. ¿Quieres cambiar eso para mí? —Sonrió, una sonrisa torcida y totalmente peligrosa, como cualquier mujer de su pasado podría afirmar.
Esta chica parecía tan afectada, los ojos brillosos y sus labios haciendo pucheros mientras lo miraba. Sacudiendo la cabeza, ella le dio su sonrisa malvada, golpeándolo en el hombro ligeramente, antes de dar un paso atrás.
—Ni siquiera sé qué decir a eso… —replicó ella.
—No tienes que decir nada. Solo hacerlo —susurró Edward, cerrado la distancia que ella puso, los labios húmedos de ella obligándolo a seguir—. Te prometo que será divertido.
—Ya me estoy divirtiendo —bromeó ella, batiendo sus pestañas con coquetería.
—Entonces piensa en que será más divertido besándonos —respondió Edward con voz ronca acercándose ligeramente.
Ella se inclinó, mojando su labio inferior mientras sus ojos se centraban en su boca durante unos interminables segundos antes de que ella negara con la cabeza, retrocediendo de su señuelo rápidamente.
—Buen intento, Casanova, pero estoy bien. Gracias por atraparme, pero me tengo que ir, estos folletos no se pegarán solos.
—Espera, ¿ni siquiera conseguiré tu nombre? —gritó Edward nervioso una vez más por la belleza enigmática.
—Si tú lo deseas, encontrarás una manera de conseguirlo —cantó sobre su hombro con una mirada tímida, moviendo sus caderas mientras se abría paso en dirección opuesta al paseo marítimo, dejando a Edward con la boca un poco abierta, el corazón latiendo rápido, y su interés y necesidad por esta chica ni de lejos saciado.
Una vez que desapareció de su vista, Edward caminó hasta el banco donde había pegado un volante, el papel azul neón ondeando en el viento. Miró sobre la imagen de la gaviota y la información básica sobre su preservación.
Estaba escrita a mano, números y letras raras en la parte inferior de con quién contactar.
Bella Swan
No sería difícil encontrarla para ese beso, después de todo.
—Volviste mi mundo al revés esa tarde, y no he querido corregirlo desde entonces —le dijo Edward mirándola con un profundo cariño.
Edward se aclaró la garganta, dándose cuenta de que su viaje al pasado incomodó a Bella. Tomó un sorbo de su vaso medio lleno, el dulce y amargo de los limones y el azúcar deslizándose por su garganta fácilmente, a diferencia del silencio que se estableció entre ellos.
—¿Hay algo que te gustaría saber? —cuestionó Edward, esperando que ella estuviera más dispuesta a hablar si estaba a cargo de la conversación.
—Umm… —empezó Bella, poniéndose el cabello detrás de la oreja—. Tengo algunas preguntas, si no te importa contestarlas.
—Por supuesto —respondió Edward, moviendo su mano delante de él para que ella continuara.
—Me pregunto por qué no me buscaste antes. Si pensabas que yo estaba viva, ¿Qué te impidió buscarme? —preguntó Bella con seriedad.
—Esa es una pregunta complicada —contestó Edward, moviéndose en su silla—. Quería buscarte desde el principio. Demonios, incluso consideré renunciar a mi candidatura cuando desapareciste, pero era demasiado tarde en el proceso electoral. Era responsable por un montón de diferentes personas, probablemente habría ido a la cárcel por malversación de fondos. Aun así, estaba tan perdido y solo sin ti, estaba consumido por la pena, porque te fuiste, que no importaba, yo quería salirme.
»Mi jefe de campaña, Victor Rhodes, estaba presionando para que me quedara en la elección, estaba seguro que obtendría un enorme voto de simpatía por parte del público a causa de tu muerte. Me sentí tan mal por eso, pero la verdad era que nuestros padres me convencieron para quedarme en la elección. Me dijeron que si yo realmente quería encontrarte, la mejor manera de hacerlo sería crear un equipo para buscarte y, como presidente, tendría a los mejores hombres disponibles alrededor para formarlo. Así que eso es lo que hice.
—¿Pero te tomó cuatro años? —preguntó Bella confundida.
Edward suspiró, asintiendo.
—Yo no sabía que sería tan difícil encontrarte. Recé para que te encontráramos de forma rápida, y establecer los derechos de inmediato, pero los días y las semanas se convirtieron en meses y años. Todo había que hacerlo en secreto puesto que el mundo pensaba que estabas muerta. No me gustaba, pero la gente cuestionaría mi autoridad como presidente si pensaban que me estaba gastando el dinero en busca de una mujer que estaba muerta.
»Se realizaron búsquedas en todo Arizona, en todo el suroeste del país y nada. Tú estabas en Alaska todo el tiempo… —murmuró Edward, sacudiendo la cabeza con incredulidad—. Diablos, ni siquiera te pareces a ti misma ahora, no es de extrañar que nadie te encontrara.
Bella se mordió el labio, Edward captó la mirada confusa y dolida en sus ojos.
—Lo siento, no quería sonar tan duro. También eres hermosa ahora. Y sé que esto no fue tu culpa, Bella, pero todavía estoy tratando de entender algunas de estas cosas por mí mismo. Todo resultó diferente a como pensé que sería.
—Entiendo, Edward —contestó Bella. Se alisó las pocas arrugas en su blusa, pasando sus manos a través de su cabello—. Esto no debe ser fácil para ti.
Edward sonrió con ironía.
—Ahí lo tienes. Siendo generosa como siempre, perdonándome cuando no lo merezco. Puedes ser diferente en el exterior, no tener los recuerdos que tenías antes, pero por dentro… eres la misma Bella.
Edward esperaba que la chica dentro de ella se permitiera amarlo de nuevo algún día también.
Edward miró por la gran ventana, notando los rayos del sol poniente mientras pintaban el cielo en tonos naranja y rosa. Una mirada a su reloj le mostró lo que ya sabía, su tiempo con Bella se terminaba por esa tarde.
Deseó poder pasar más tiempo con ella, pero ya había estado lejos de D. C. por mucho tiempo, su agenda sería un desastre después de su improvisada ausencia, y lo último que necesitaba era que la prensa escuchara el rumor de su desaparición para realmente embarrar las cosas.
Suspirando, miró a Bella con una suave sonrisa, su corazón acelerándose, una vez más, por la vista de ella. La profundidad de la gratitud que sentía por tenerla de regreso en su vida, incluso con esta distancia y con los retos que vendrían, era insondable.
—Tengo que regresar a Washington esta noche —dijo Edward, poniéndose de pie. Bella se paró también, sus ojos sorprendidos pero sus labios forzaron una amable sonrisa.
—Oh, claro. Yo solo asumí...
—Lo sé, y odio tener que irme, pero tengo varias reuniones y conferencias que no me puedo perder. Me quedaría contigo si pudiera, pero eso no es posible justo ahora. Volveré una vez que pueda organizar eso en mi agenda —le dijo Edward con seriedad—. Y ahora tienes mi número de celular personal, así que llama cada vez que sientas la necesidad y dejaré cualquier cosa para atenderte.
Bella asintió, pero Edward podía decir que todavía estaba escéptica. Regresaron a la entrada, Edward sacando su chaqueta de nuevo antes de girarse a enfrentar a Bella para un último adiós.
Él se movió más cerca, tomando su mano en la suya, la sensación de su suave piel contra la suya como una descarga eléctrica, haciendo correr su corazón. Apretó sus dedos suavemente, mirando hacia sus ojos mientras hablaba.
—Prometo que volveré tan pronto como pueda. No quiero estar lejos de ti más de lo que tengo que hacerlo, Bella. Y quiero ayudarte a recordar tu vida, si puedo.
—Quiero eso también —contestó Bella en voz baja. Edward sonrió, sintiendo esperanza bullir en sus palabras. Sus labios dolieron por besar los de ella, pero se conformó con otro apretón a sus dedos antes de soltarla.
Con una sonrisa y una despedida con la mano, Edward dejó a Bella parada en la puerta, su corazón en las manos de ella mientras su cuerpo regresaba a su deber.
N/T: Gracias chicas por todos sus comentarios, alertas y favoritos.
Gracias a mi beta Yanina por betear y traducir parte del capítulo.
¡Nos leemos el próximo domingo!
