Disclaimer: Nada me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la historia es de Shahula. Yo solo traduzco con su autorización.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Capítulo 9
"Los retos del cambio son siempre difíciles." Hillary Clinton
Bella suspiró, encontrando el separador, y presionándolo entre las hojas de su libro antes de colocarlo sobre la mesita de noche. No servía de nada, sin importar cuántas veces trataba de meterse en el mundo de los libros, los personajes y su drama no podían superar los problemas que Bella enfrentaba en su propia vida.
Habían pasado tres semanas desde que había descubierto su verdadera identidad, tres semanas desde que había conocido al presidente y voló a través del continente a su casa vacacional, todo con la esperanza de redescubrir lo que había perdido.
Su vida como esposa, como madre de su hija, y como la primera dama de los Estados Unidos.
Incluso ahora el título y las responsabilidades pesaban sobre sus hombros, y Bella apenas empezaba a ver la superficie de lo que pronto tendría que enfrentar.
Creerle al presidente no había sido fácil, a pesar de todas las imágenes una al lado de otra y las pruebas de ADN. Bella era testaruda para aceptarlo. Parecía demasiado loco, demasiado extraordinario para alguien tan simple y normal como ella pertenecer a ese impresionante y poderoso hombre.
Pero las fotos de Beth, la historia que le había dicho sobre su parto difícil, resonaron a través de Bella como una explosión de cañón, haciendo eco en cada fibra de su ser con exactitud. Ella sabía que no podía darle la espalda a ese sentimiento, ni a la pequeña niña que tenía sus ojos.
Así que aquí es donde ella ahora residía, en una cabaña aislada y segura en el bosque de Maryland, desconocida para el mundo exterior. No es que a Bella le importara la soledad, ella actualmente se encontraba muy tranquila. Sin nadie alrededor que la buscara, interrogara y presionara por cosas que no podía dar, Bella era capaz de procesar toda la información que le habían dado en tan poco tiempo.
Le tomó mucho entender que no solo estaba casada, sino que su marido era el líder del mundo libre.
Sacudiendo la cabeza, Bella se dio cuenta de lo surrealista que parecía su vida, lo diferente que era de la mujer de un pequeño pueblo de Alaska, ella no creía ser como antes.
Si Tanya solo pudiera verla ahora, reflexionó Bella.
Claro que Bella no sería capaz de decirle nada de esto a Tanya, así que era un punto discutible. Le molestó que tuviera que mentirle a Tanya, pero entendía el razonamiento de Edward aunque a ella no le gustara.
—Charlotte, entiendo que esto es repentino y probablemente aterrador para ti, pero no puedo volver sin ti. Por favor dime que vendrás de regreso a D. C. conmigo, así puedo ayudarte a recordar —declaró el Presidente.
Charlotte estaba preocupada pero la sincera, encantadora, y suplicante mirada en sus ojos verdes era más de lo que su resistencia y miedo podían manejar.
Asintiendo, ella accedió.
—Necesito buscar algunas cosas, tengo que decirle a mi socia y…
—Me temo que eso no es una buena idea, Sra. Byrd —la interrumpió el presidente. Ante su expresión de sorpresa, continuó—: No sería prudente hablar sobre esta situación a ninguna persona que no esté autorizada. Después de que lo resolvamos juntos, serás capaz de decirles a tus amigos quién eres, pero ahora mismo no es posible.
—¡No puedo solo desaparecer! Puede que no tenga muchos amigos, pero aquellos que tengo sabrán que algo me ha sucedido, señor presidente. Y tengo responsabilidades, no voy a dejarlos simplemente porque no soy quien pensé que era —espetó Charlotte, su ira anulando su timidez y modales.
Desconcertado por su tono de voz y la obstinación de sus rígidos labios, el presidente finalmente cedió con un asentimiento.
—Por supuesto, estuvo mal que yo insinuara lo contrario. Entiendo tus sentimientos, pero hay que entender que esto es un asunto de seguridad nacional, y yo solo estoy tratando de protegerte. ¿Hay alguna manera de que puedas irte sin que les expliques quién eres?
Ellos fueron capaces de llegar a un acuerdo, utilizando una historia falsa en la que a Charlotte le ofrecieron un lugar en un tratamiento privado con drogas experimentales para los pacientes con amnesia, pero tenía que salir de inmediato para participar. Era lo suficientemente convincente para Tanya y las pocas personas que conocía, sabiendo lo importante que era recuperar pistas de su pasado, además de que sus explicaciones resultaban demasiado vagas para salir del engaño intacta durante algún tiempo, hasta que Edward y Bella pudieran tomar una decisión sobre cómo proceder al anunciar al mundo quién era.
Bella se dio cuenta que aún había un problema con ese pensamiento, ¿ella aún sería la primera dama?
¿Podrían Edward y ella tener una relación, considerando todo lo que había pasado?
La verdad, Bella no estaba segura. No era que ella no lo encontrara atractivo, muy por el contrario. Una mujer ciega sería capaz de sentir la distinguida belleza que Edward poseía, el aura sexy que emanaba con solo respirar.
Bella no era inmune a sus largas pestañas, labios llenos, mandíbula fuerte y ojos cautivadores más que el resto de las mujeres estadounidenses. Era difícil de creer que pertenecían a su marido, es todo. Y que él querría seguir siendo su marido, teniendo en cuenta que ella no tenía ningún recuerdo de él o de su vida juntos.
Pero cada noche cuando llamaba, su voz suave y cálida a través de la distancia, transmitía entre líneas, tranquilizando un poco más a Bella, que Edward aún la quería.
O por lo menos era lo que él la hacía creer.
Y ese era otro obstáculo en su camino, ¿no?
¿Podía ser Bella Cullen, primera dama, en lugar de Charlotte Byrd, una vendedora de libros y panadera?
Ella aún no lo sabía. Esperaba que pudiera, o por lo menos que encontrara una combinación de las dos mujeres que todavía fuera agradable para Edward, porque tenía muchas ganas de complacerlo.
Los pensamientos de Bella del guapo hombre, deben haber puesto un zumbido en su oído porque pronto oyó el teléfono sonando, señalando la llamada nocturna de Edward.
Habían estado en comunicación constante desde que la había dejado semanas antes, textos y llamadas de teléfono cada vez que le era posible. Ella esperaba con interés cada ocasión que él la llamaba sobre todo al principio, cuando ella había estado tan insegura de su lugar en la vida de él.
Sí, ella era su esposa, pero al mismo tiempo, ya no lo era. Ella era una persona nueva, alguien que él solía conocer, pero si su risa alegre y la voz ansiosa cada vez que la llamaba indicaban algo, Edward parecía estar interesado en rectificar ese asunto.
Bella se mostraba satisfecha con la amistad que Edward y ella parecían estar construyendo, compartiendo sus pensamientos y actividades entre sí todas las noches. Mientras lo de ella mayormente consistía en la lectura o la exploración de los terrenos de Camp David, la vida de Edward era mucho más colorida, lo que no era tan inesperado, considerando su trabajo diario.
Con una respiración profunda para calmar su acelerado corazón, Bella tomó el teléfono y contestó.
—¿Hola?
—Buenas noches, Bella —cantó Edward en su oído, con voz sedosa.
—Buenas noches, Edward —respondió Bella con una sonrisa, acurrucándose en la cubierta de su cama, mientras su voz la relajaba—. ¿Cómo ha estado tu día?
Edward suspiró, con el cansancio claro en el sonido. Tirando de algo dentro de Bella, haciéndola desear que él estuviera cerca así podía abrazarlo, consolarlo de alguna manera. Esos pensamientos se habían vuelto casi comunes ahora, tan fáciles como respirar, aunque parecían demasiado pronto.
Bella no iba a negar lo que su corazón claramente deseaba, que era a este hombre.
—Cansado. Rosalie Hale es una matona testaruda que parece que no puede aceptar un no por respuesta —se quejó Edward.
Bella se rio, divertida por las travesuras infantiles que hasta las más grandes figuras políticas parecían propensos a sufrir. Le divertía oír cuán molesto e irritado Edward podía llegar a ser con aquellos que consideraba sus amigos en el gabinete, así como aquellos con los que se veía obligado a interactuar, como la secretaria de Estado.
—¿Sigue molesta por lo del viaje? —preguntó Bella, sabiendo que la incorregible Sra. Hale había estado exigiendo saber qué había causado que Edward viajara inesperadamente por cuatro días hace casi tres semanas.
—Sí, y no le diré nada a ella tampoco. Ella lo va a averiguar a su debido tiempo, pero no antes de Beth y el resto de nuestra familia, eso es malditamente seguro —dijo Edward con irritación—. Bueno, Jasper no está incluido porque él ya lo sabe, lo que significa que Alice sabe, pero es buena guardando secretos. No va a decir nada.
Bella jugó con el borde de la colcha, girándolo alrededor de su dedo antes de dejarlo ir.
—¿No crees que ya deberíamos decirle a alguien?
Edward no respondió inmediatamente, y Bella temía haberlo molestado. Ella comenzó a pedir disculpas cuando finalmente él habló.
—Sé que es frustrante, Bella, y no intento mantener esto, tú, como un secreto para siempre, pero ¿te sientes lista para hablar con las personas de tu pasado? Tendrán muchas preguntas para ti, no quiero que te abrumes —le explicó Edward cuidadosamente.
—Lo sé, y tienes razón. Yo solo… quiero verla —susurró Bella con anhelo.
—Yo quiero que la veas también —coincidió Edward en voz baja—. Te quiero aquí, con nosotros dos, honestamente.
Bella cerró los ojos, las lágrimas comenzando a picar en sus ojos. Ella comprendía por qué Edward no estaría de acuerdo en dejarla ver a Beth aún. Tan confusas como eran las cosas para ella, una niña de siete años, estaría menos preparada para manejar la repentina aparición de su madre, pero eso no impedía el dolor que Bella sentía en su corazón por volver a conectar con la niña.
—¿Te cuento algo? —dijo Edward—. Finalmente he conseguido que Jasper libere lo suficiente mi agenda para poder escaparme el fin de semana e ir a verte. Puedo llevar algunas fotos, y más cosas que te mostrarán como ha crecido Beth, si tú quieres.
—Sí, por favor —aceptó Bella con una pequeña sonrisa resurgiendo en sus labios—. ¿Así que vas a venir este fin de semana? —La emoción de Bella incrementándose de nuevo, no solo por un mejor vistazo a la vida de Beth, que solo los pocos elementos dispersos alrededor de la casa de campo le daban, sino también sabiendo que Edward y ella estarían juntos de nuevo.
—Si no te importa. —Edward se rio un poco—. He extrañado a mi esposa.
Bella se quedó en silencio, sus palabras removiendo sus preocupaciones anteriores. Se mordió el labio antes de obtener un poco de coraje para preguntarle sobre su pasado.
—¿Yo era… yo era una buena esposa… una buena madre?
Edward tarareaba mientras lo pensaba.
—Eras la mejor madre. Tú y Beth estaban tan profundamente conectadas, tan completamente… Todavía te extraña, incluso si no te recuerda perfectamente. Recuerda tu cabello oscuro, cómo la dejarías enrollarlo y atarlo con cintas y lazos.
—¿De verdad? —sollozó Bella, sus emociones abrumándola mientras Edward continuaba hablando.
—¡Oh, sí! A ella le encantaba jugar con tu pelo. Ella dice que el de Alice no es igual, ya que no es tan largo como el tuyo, o marrón.
—Pero mi cabello ya no es largo, ni marrón —se preocupó Bella.
—No importa, dulzura —le aseguró Edward—. Beth te ama por ti, no por tu cabello. Ella recuerda eso, pero también recuerda cómo la sostenías por la noche cuando estaba asustada por una tormenta, cómo fuiste tú quien le enseñó el alfabeto, y que le leías su libro favorito cada noche en la cama.
Sintiéndose animada y valiente, Bella le preguntó de nuevo:
—¿Qué hay de ti? ¿Era yo una buena esposa para ti?
—Oh, mi Bella —suspiró Edward, el anhelo y el amor sonando claro en su voz—. Tú eras la esposa perfecta. Ni siquiera puedo decirte lo mucho que tu amor me sostuvo a través de los años, tanto cuando estábamos juntos como después de que desapareciste. Tú estabas conmigo en cada paso de mi carrera, cada elección, y cada pérdida, consolándome, me guiabas, me presionabas para hacerlo mejor, a ser más, a hacer más.
»Me diste una vida, me diste un hogar, y tanta alegría. Me diste una hija que amo más que a la vida misma, pero lo mejor que me diste eres tú.
Bella sintió las lágrimas gotear por su rostro, las palabras de Edward hundiéndose en su alma, inundadas con su belleza y su amor. Casi podía sentir el suave toque de la mano de él sobre la suya otra vez, el calor de su toque quemaba pero era bienvenido. Desearía que estuviera allí con ella, para que pudiera ver las emociones de las que hablaba en sus expresivos ojos.
—Edward, yo… —suspiró Bella, sin saber qué podía decir. Sus palabras eran tan profundas, sentidas, y honestas, y mientras su corazón se sentía a punto de reventar, queriendo desesperadamente responder de la misma manera, su mente se negaba a dejarla, sabiendo que aún desconocía sobre su futuro y su pasado.
—Está bien, Bella —le dijo Edward—. Entiendo. No quiero que me digas nada, sin embargo solamente sé que nunca me he sentido con alguna persona de la manera en que me sentía, siento por ti. Yo nunca lo he hecho, y nunca amaré a nadie como te amo a ti, Isabella Cullen. Ni el tiempo, la distancia, o la falta de recuerdos cambiarán eso.
Hola, primero que nada perdón por no subir el capítulo antes pero salí de viaje con mi familia y me fue imposible hacerlo.
Gracias a mi beta Yanina por ayudarme un montón con el cap.
Bueno, yo ya hice mi parte, ahora les toca a ustedes ¿Reviews?
