Nota de la autora: Muchas gracias por sus comentarios, en serio, me hacen feliz y me impulsan a seguir con esta historia. Espero que esta continuación sea de su agrado. Espero sus comentarios, criticas, felicitaciones y esas cosas. Un saludo cariñoso. :)
III Capítulo: Calor
Había cometido un acto estúpido. Ir a visitarla con Naruto de pasada al hospital, y al despedirse de improviso su lengua se movió demás y prometió ir a buscar Sakura al fin de su jornada laboral. "Pasaré por ti"
Estaba en shok consigo mismo, y Naruto igual, pero éste último había decidido mejor no decir nada al respecto por temor a que Sasuke pudiese retractarse de aquella decisión. Por eso cuando ya eran las seis de la tarde el Uchiha aún no podía asimilar lo que su boca, estúpida boca había logrado reproducir ante la pasada despedida con su compañera. El invierno aún seguía intacto en la aldea, y cada árbol, cada calle estaba nevada como nunca antes. ¿Qué harían con ese frío? Sólo podían ir a comer por allí, era su única opción, si fuera un paseo tanto ella como él terminarían entumidos...
Vaya. Sasuke pensando en las posibilidades de una supuesta cita. Se mordió la lengua como si ésta tuviese la culpa de todo, pero había una cosa que no podía negar. Aquel "te paso a buscar" no era un error del momento, quería hacerlo, quería verla y estar a solas con ella.
Entonces cuando llegó al hospital y la vio salir por las puertas, y la noche ya se había apoderado del cielo el corazón se le estancó. No logró escuchar un solo latido, y agradeció que la chica conservara aún su don de ser parlanchina, esto le ahorro a Sasuke el trabajo de esforzarse.
-¿Dónde iremos?- preguntó Sakura repentinamente, apartando toda conversación mundana de en medio, y a Sasuke esto le paralizó. No había pensado en algo parecido, sólo ir a comer.
-¿Dónde quieres ir?- inquirió el chico, fue ese el minuto en que ambos se detuvieron y le pudo mirar a los ojos. Esas orbes verdes le miraban fijamente, con un brillo especial, como si la chica estuviese pensando en algo maravilloso. Corrió la vista, avergonzado, queriendo ocultarse de aquellas demostraciones.
-Sólo quiero estar contigo.- murmuró Sakura, pero Sasuke pudo oírle a la perfección. Rayos, de nuevo esas ganas incontenibles de sonreír, y algo más. Algo nuevo, que pocas veces había sentido. Quería abrazarla, pero se contuvo aún en silencio.
-Estás conmigo, Sakura- respondió obviando, aún evitando su mirada.
-Sí, y eso me hace muy feliz Sasuke-kun.- el chico la miró, impactado por su honestidad. Entonces fue cuando una media sonrisa afloró de sus labios.
-Espero que no te moleste el frío- dijo él retomando el paseo.- mantente cerca de mí.
Sakura le siguió con un pequeño trote y sus brazos rozaron al caminar. Hacía frío, al menos un par de grados bajo cero pero jamás lo sintió, en cambio un calor en el estómago estremecía su cuerpo, entumido sólo por el roce del brazo de Sakura que chocaba al caminar con el suyo.
Diablos. Demonios. ¿Qué era esa sensación de calor? De inmenso calor, hasta en la yema de sus dedos podía sentirlo y cosquilleaba. A veces miraba a la chica de reojo. Cuando estaba hundido en sus deseos de venganza y odio jamás se le había pasado por la mente el llegar a percatarse, o contemplar las cosas de la manera en que hoy lo hacía. La pureza de la nieve, la manera en que las pestañas de Sakura revoloteaban al pestañear, el brillo en sus labios y los hoyuelos que adornaban las mejillas de la muchacha al sonreír.
Le había gustado Sakura antes de dejar la aldea, en ese entonces ya la encontraba linda. Pero ahora era diferente...
Un movimiento lo sacó de sus pensamientos, observó a Sakura tiritar a un costado suyo, y mierda, aun así la chica seguía sonriendo como boba, de esas sonrisas que a Sasuke le encantaba ver. No le miraba a él, parecía estar absorta pensando en algo, o imaginando algo. Sonrió para si mismo y estiró la capa con su brazo para rodear la espalda de su compañera, y le abrazó...
De nuevo pequeños copos de nieve comenzaron a descender, y ahí él junto a ella con el rostro oculto en su pecho, sin querer despegarse. Hundida en su olor. Él asfixiado de ese placentero aroma que desprendía el cabello de Sakura. La abrazó con ese brazo, con él único que tenía, y no deseó tenerlo de vuelta para aquella muestra de cariño, era del pasado de sus pecados, y junto a él la luz, su calor.
Fue de pronto cuando Sakura removió su cabeza de entre su pecho y le miró alzando la mirada, sin despegarse de su cuerpo. Vio el sonrojo en sus mejillas, la sonrisa intacta en sus labios, los hoyuelos, sus pestañas, el verde de sus ojos.
Mierda, le encantaba. No lo pensó, dejó de pensar. Quería hacerlo, y lo hizo.
Posó su mano en el cuello de la chica, le miró antes, fue una pausa, un segundo, y avanzó directamente a los labios de Sakura, sus labios con los de ella, reposando juntos donde debían estar. Abrió levemente la boca para adentrar su lengua y acariciarla, entonces ella le respondió. La sintió ponerse de puntitas para llegar mejor a su altura, la sintió ponerle los brazos al cuello, la sintió besándola. Se sintió besándola.
Se sintió feliz. Feliz en mucho tiempo.
