Gracias a todos los que siguen y leen esta historia, no olviden dejar sus reviews, me motivan a seguir escribiendo n_n
- "Podrías ser el entrenador de Yuuri solo por mañana"-. Le había soltado repentinamente Viktor a su ex entrenador Yakov mientras se retiraban del recinto.
Para sorpresa de todos y aún sin que Yuri lo comprendiera, Yakov aceptó y recibió al japonés bajo su tutela, durante la competencia del programa libre mientras Viktor regresaba a Japón, a fin de encargarse de su perro, Makacchin, que estaba grave en el veterinario.
Y aunque todo lo que sucedió causó conmoción, Yuri Plisetsky no se detuvo mucho a pensar en eso, había quedado en tercer lugar con su programa corto, derrotado nuevamente por JJ y Yuri Katsuki lo único que rondaba por su mente era pensar en alguna estrategia para remontar su puntaje en el programa libre.
Esa noche la pasó ansioso en su habitación, no dejaba de dar vueltas en la cama, diciéndose a sí mismo una y otra vez que él podía dar más, de pronto su celular comenzó a sonar, cuando lo tomó para ver quien lo llamaba confirmó que se trataba de JJ, estaba debatiéndose entre contestar o no cuando alguien llamó a su puerta.
Silenció su móvil antes de levantarse, entonces caminó hacia la puerta y pegó el oído a esta, tratando de escuchar y descubrir quien estaba afuera, aunque se había prometido terminar con eso, se sentía tentado a abrir si era el canadiense.
- Yuri Plisetsky, puedo ver la sombra de tus pies bajo la puerta-. Dijo la voz estricta de una mujer afuera de la habitación.
- ¡Lilia!-. El chico se apresuró a abrir la puerta y encontrarse con la creadora de su coreografía del programa libre, para su sorpresa, también Yakov la acompañaba.
- Tu celular-. Dijo el hombre, pero fue Lilia quien extendió la mano para recibirlo.
- ¿Qué? ¡¿Por qué?!-. Protestó el muchacho sin ceder el aparato.
- Entrégamelo, esta noche debes descansar todo lo que puedas, ¿no es tu meta hacer historia en tu debut como sénior?-. Ordenó Lilia, al tiempo que jugaba con el propio orgullo del muchacho.
- Bien, pero no entiendo que tiene que ver mi celular con que yo no pueda descansar-. Apagó el teléfono y lo entregó.
- Viktor me comentó que quizá deberías tener más cuidado con tu forma de interactuar con otros competidores-. Informó Yakov rápidamente.
- ¡Ese imbé...-. Iba a soltarse diciendo contra Nikiforov, pero Lilia puso una mano frente a él y fue suficiente para que el rubio se contuviera.
- A lo que se refería es a que no debes caer en ninguna provocación, estamos casi en la recta final y sería muy tonto de tu parte si lo echaras todo a perder en el último momento, nadie puede decidir por ti, es tu turno de mostrar madurez y concéntrate en la verdadera meta-. Dijo Lilia, quien en los meses que había pasado a cargo del adolescente, había aprendido a manejar mejor su temperamento y usarlo como ventaja para convencerlo de hacer las cosas a las que antes se negaba.
Sin decirlo en voz alta, el menor aceptó que ambos tenían razón, ellos se retiraron dándole la instrucción de no salir de su habitación ni recibir visitas, a cambio, le dieron una buena noticia, su abuelo había confirmado que vendría el día siguiente, todos los arreglos ya se habían hecho, así que podría verlo antes del evento y estaría entre el público mientras él ejecutaba su rutina. Volvió a la cama más tranquilo, tanto que ni siquiera se dio cuenta cuando se quedó completamente dormido.
A la mañana siguiente, su abuelo estaba allí, fue grato verlo nuevamente, a su lado ya no sentía la presión que tenía que cargar día a día en soledad, aunque el mayor como buen patriarca del apellido Plisetsky, se negó a hablar sobre su salud cuando su nieto le preguntó acerca del tema, en su lugar le ordenó callar y comer los Pirozhkis que había preparado recientemente, Yuri obedeció y fue sumamente sorpresivo encontrar los ingredientes del Tazón de cerdo dentro del Pirozhki, y es que así era ese hombre, quizá no siempre se expresaba adecuadamente, ni tampoco podía estar siempre con su nieto, pero cada gesto, cada instante, cada acto estaba lleno de cariño, de forma magnífica compensaba todas las posibles flaquezas, y este rasgo lo había heredado el pequeño Yuri, de carácter fuerte y áspero en apariencia, pero capaz de todo por hacer felices a aquellos que significaban algo en su vida.
Horas más tarde, el evento comenzaba y a diferencia de otros días, Lilia y Yakov se mantuvieron más cerca y pendiente de él, lo cual el pequeño ruso no vio tan mal, pues tenía la ventaja de que cada que se topaba con Jean este no se le acercaba, aunque sus miradas se cruzaron muchas veces y en unas cuantas ocasiones Yuri lo observó tratando de seguirlo para encontrarse con él.
La competencia inició por lo que se mantuvo atento a las rutinas de Emil, Michelle y Seung Gil quienes se presentaban antes que él, en ningún momento llegó a toparse con Yuuri Katsuki, solo se acordó de él cuando Yakov se retiró a revisar que todo estuviera listo para cuándo llegará el turno del japonés, lo cual hizo con bastante rapidez, pues para cuando anunciaron su presentación, su entrenador ya estaba de regreso, y fue allí cuando le anunció que cambiaría el orden de sus saltos, si quería tener una oportunidad de ganar, debía arriesgar el todo por el todo, superándose a sí mismo y esforzándose aún más de lo que lo había hecho en Canadá. Su entrenador, aunque criticó su decisión, no la contradijo, sabía que su pupilo tenía las habilidades y la voluntad para dar mucho más.
Para cuando Yuri salió a la pista, su actitud era la de un competidor feroz, recordó el exceso de confianza que tuvo en Japón cuando compitió contra el otro Yuuri, y como este lo venció al ejecutar con más sentimiento su coreografía, también en Canadá le había sucedido, ejecutó su rutina a la perfección, pero JJ lo superó con una coreografía de más valor por ejecución técnica. Esta vez, no daría nada por hecho, el talento natural nunca era suficiente, había que esforzarse y no solo eso, tal como lo había aprendido de Lilia, "La belleza es una fuerza arrolladora, no tiene sentido ser fuerte sin belleza", había que enfocarse, mostrar no solo una rutina impecable, sino hacer que el público viera el arte impreso en esos movimientos, ganar el oro en su debut como sénior era su sueño, algo que ni el mismo Viktor Nikiforov había logrado, se mantuvo concentrado en eso, se exigió al máximo y una gran ovación de los asistentes al final de su presentación le indicó que había logrado un desempeño sublime. Cayó de rodillas debido al cansancio, el cuerpo le dolía y apenas podía respirar, pero su corazón se inflamaba de orgullo al saberse mejor que su yo pasado, estaba comenzando a evolucionar.
Cuando recibió su puntaje en el Kiss and Cry, se dio cuenta que estaba en primer lugar, Lilia lo felicitó y le confirmó que había asegurado un lugar en el Grand Prix Final, entonces, le gritó a Yuuri Katsuki para presumirle su logro.
- ¡¿Qué tal mi programa Katsudon?!-. Pero cuando sus ojos encontraron al pelinegro, este no lucía como de costumbre, no parecía estar nervioso, mostraba más bien un semblante melancólico, apático, desesperanzado.
La música empezó y Yuuri inició su rutina, pero esta no tenía el mismo sentimiento de antes, el entusiasmo se había ido, "Se fue con Viktor", pensó el rubio, durante unos instantes sintió lástima por esa persona que ahora ejecutaba mal una rutina que se supone ya tenía dominada, la había aprendido y conocía los pasos, ¿Porqué no podía hacerla entonces? Y fue cuando comprendió que aquello que hacía fuerte a Yuuri Katsuki, también lo hacía débil, Viktor era su motivación y la falta de este a su lado le había robado sus deseos de ganar.
Entonces, quiso decirle que no podía depender de alguien más, que debía seguir su sueño y ser capaz de conseguirlo por sí mismo.
- Gambatt...!-. Intentó gritar el ruso, pero fue interrumpido por el silbido de Jean Jacques.
- Yuri, estas muy amable ahora que aseguraste un puesto. Yo también espero tu apoyo-. Le dijo el moreno con una sonrisa alegre y un guiño, lo que hizo que el chico se enfureciera, ¿Por qué JJ se tomaba todo a la ligera?
- Yuri, vámonos-. Ordenó Lilia al ver que el chico nuevamente caía ante las provocaciones del canadiense.
El rubio se dio la vuelta y siguió a la ex bailarina, volteó una vez más a la pista y se dio cuenta que Yuuri estaba remontando, había recobrado sus ánimos, quizá no con la misma fuerza que muestra cuando Viktor esta apoyándolo, pero eso era algo que no lo vio hacer antes, el año pasado, mientras observaba la competencia de la categoría sénior, su atención fue atrapada por la secuencia de pasos del que quedó en último lugar en el Grand Prix, lastimosamente fallaba salto tras salto sin la capacidad de animarse a sí mismo y recuperarse. Quizá lo había juzgado mal, tal vez Viktor le hubiera dado la motivación, pero Katsuki la había interiorizado, ahora, esta formaba parte de él, no tuvo duda entonces que volverían a enfrentarse en la competencia final, esto, le hizo sonreír, deseaba ver de qué más era capaz el otro Yuuri.
La Copa Rostelecom terminó con una magnifica presentación de JJ, Yuri había conseguido superar al japonés, pero no a Jean Jacques, aunque tendría la oportunidad nuevamente durante el Grand Prix Final.
Concluidos los anuncios oficiales de la tabla de puntaje, la premiación y la confirmación de quienes irían a la final, se dispuso a retirarse del lugar, cuando el inconfundible escándalo de Michelle Crispino llamó su atención, y no solo la de él sino la de todos, aunque era normal que el italiano causara revuelo, pero lo que le sorprendió de sobremanera fue ver quien causaba esa reacción en el patinador, nada más y nada menos que Yuuri Katsuki, que lo abrazaba sin importarle nada, después, se lanzó tras Emil, que se había acercado a causa de los gritos de su amigo, sin ser suficiente, el japonés fue luego con el otro chico asiático, Seung Gil de Corea, lo abrazó sin darle tiempo al otro de reaccionar siquiera, solo lo soltó cuando el canadiense se acercó caminando por el pasillo rumbo a la salida, en su propio mundo como siempre, fue de repente silenciado por el abrazo sorpresivo de Yuuri, y como un zombi sus ojos se toparon luego con los verdes del ruso, que inmediatamente comprendió lo que iba a pasar y negado a mostrar afecto por nadie en público, corrió en dirección opuesta tan rápido como pudo, lo cual no mermó las intenciones del pelinegro que lo persiguió con ahínco.
- ¡No te me acerques!-. Le gritó Yuri, corriendo tan rápido como sus piernas se lo permitían, para su fortuna logró perderlo en una serie de complicadas vueltas y se reunió con el resto de los patinadores justo detrás de Katsuki, que seguía deambulando por los pasillos.
Después de ir a los vestidores pensó en el extraño comportamiento de Yuuri, era demasiado raro, pero a decir verdad, él conocía a alguien a quien le encantaba abrazar, por cualquier razón y por cualquier excusa, estando feliz o estando triste, Viktor Nikiforov no temía al contacto y a las muestras de afecto, el pequeño ruso había sufrido por esa manía desde que lo conoció, tanto él como Mila nunca respetaban su espacio personal, reacio a recibir afecto de cualquiera que no fuese su abuelo, Yuri tenía que estar apartándolos constantemente, escapando una y otra vez de esos brazos que lo sofocaban.
- Lo que buscabas era su abrazo ¿verdad?-. Dijo el adolescente para sí mismo frente a su casillero, comenzaba a ver porque Viktor y Yuuri se habían compenetrado tan bien, ambos se necesitaban y se complementaban a la perfección.
A diferencia de él, Yuuri Katsuki no estaba acostumbrado a estar solo, siempre había contado con el apoyo de su familia y amigos, luego, en cada competencia, Viktor estuvo con él. "Debe sentirse realmente fuera de lugar en estos momentos" pensó el menor y llevado por un sentimiento natural e inconsciente, deseó hacerlo sentir mejor, aunque no tenía idea de cómo lograrlo hasta que levanto la mirada y allí estaba: la bolsa con Piroshkis que su abuelo le había dado esa mañana, esa comida siempre lo hacía sentir bien a él, tal vez, podría funcionar también en el otro Yuuri.
Lo buscó por todos lados, creía que tal vez seguiría rondando por los pasillos repartiendo y buscando abrazos, que en nada nutrían su deseo de estar cerca y recibir el afecto de la persona ausente, pero fue hasta que salió del edificio que lo encontró, pensativo y melancólico, se apoyaba en una baranda a la orilla de la acera, siendo malo para iniciar conversaciones y cansado de la cara tristona que el otro mostraba lo pateó haciéndolo volar por los aires, quería decirle que no había razones para sentirse mal, que a pesar de la adversidad había logrado sobreponerse y admiraba lo mucho que había cambiado desde la primera vez que lo vio sobre la pista, él mismo había sido derrotado y aunque se sentía mal, no se rendiría, así que Yuuri debía hacer también su mejor esfuerzo, claro, todo eso estaba en su mente y corazón, pero su inexperiencia para comunicar sentimientos lo llevaron a emitir palabras bastante diferentes.
- ¿Qué creías que hacías? Dabas repelús ¿Y ese programa libre? Puedes excusarte diciendo que te fue mal porque no estaba Viktor, pero yo, que estaba en plena forma, conseguí una marca personal... ¡Y me derrotó JJ! Katsudon, no tienes derecho a sentirte peor que yo-. Le gritó y lo regaño antes de tirarle la bolsa de papel al regazo mientras yacía tirado sobre la nieve. – Toma, será tu cumpleaños ¿no?-. Dijo mostrando poco interés en el tema.
- ¿Piroshkis?-. Dijo extrañado el japonés al abrir la bolsa y ver el contenido.
- Come-. Ordenó el más joven.
- ¿Aquí?-.
- ¡Qué comas!-. Dijo en un tono más autoritario ante la duda del pelinegro, quien de inmediato obedeció dando un gran mordisco.
- Tiene arroz dentro.. cerdo y huevo..¡Es tazón de cerdo!-. Afirmó sorprendido mientras saboreaba la comida y por fin cambiaba su cara por una menos decaída.
- ¡Sí! Los hizo mi abuelo ¿No está rico?-. Confirmó Yurio, mostrando por primera vez una sonrisa autentica y feliz ante Yuuri.
- Si, ВКУСНО!-. Aseguró con la palabra rusa que conocía para decir "sabroso", por fin, el semblante del mayor reflejaba alegría mientras comía más.
Esa noche los dos Yuris caminaron juntos de regreso al hotel, hablaron durante un rato, sobre todo de su desempeño y el de los demás competidores, así como también de sus expectativas sobre el próximo viaje a España y la competencia final, esta vez se despidieron de una forma más amigable en el ascensor cuando Katsuki llegó a su piso, las puertas volvieron a abrirse un piso más arriba y Yuri salió al pasillo, caminó a su habitación y encontró al canadiense sentado afuera esperándolo.
- No entran llamadas a tu celular-. Dijo el de cabello oscuro cuando levantó la vista y se topó con el adolescente.
- Eso es intencional, no quería hablar contigo-. Yuri hizo un gesto de molestia.
- ¿Qué pasa? Pensé que nos divertíamos juntos, o es que ¿estás molesto porque volví a ganarte?-. Se puso de pie y se quedó frente a la puerta.
- Escucha, no creía que esto sería necesario pues en realidad tú y yo no somos nada, pero como parece que no entiendes las indirectas solo te lo diré: No quiero verte más JJ, nada de encuentros casuales, nada de mensajes, nada de llamadas, si no es en la pista para una competencia, no quiero estar cerca de ti-.
- No solo son encuentros casuales, te he dicho que me he enamorado de ti, no puedes hacerme esto-. Reclamó el mayor sujetándolo del brazo.
- Tú no estás enamorado, tú estás caliente que es diferente-. Se liberó del agarre retirando su brazo con fuerza.
- No es cierto, puedo quedarme aquí contigo y aunque no nos acostemos, disfrutaré esta noche-. Esta vez no había soberbia en sus palabras.
- No estoy interesado gracias, lo único que me atraía de ti era el sexo y como no pudiste mantener la boca cerrada y dejar de decir todas esas tonterías del amor pues se terminó-. Lo apartó del camino empujándolo a un lado, aunque sabía que JJ se había movido por voluntad propia.
- Esto no se ha acabado, contigo me siento libre, como jamás antes lo había experimentado, no voy a renunciar a eso fácilmente Yuri Plisetsky, volverás a ser mío, te lo prometo-. Le confirmó antes de dar la media vuelta e ir a su propio cuarto.
Yuri entró a su habitación y cerró la puerta con seguro, suspiró de alivio al saber que ese episodio tan volátil se había finiquitado con éxito, o al menos, eso era lo que él creía.
Unas semanas después se encontraba en Barcelona, España, viajó como siempre en compañía del equipo ruso y sus entrenadores, había recuperado su celular y estaba revisando las redes sociales mientras peleaba con su entrenador por el check in del hotel, le fastidiaban esas cosas y prefería dejar los trámites engorrosos a cargo de Yakov, en su lugar, saldría un rato a caminar y estirar las piernas, pero apenas la puerta del hotel se había abierto un grupo de chicas gritaban emocionadas al verlo.
- Son..-. Iba a soltar una palabrota al sentirse acosado por la multitud de fanáticas que lo seguían a todos lados y que no solían tener en consideración su espacio personal.
- Yuri Plisetsky, nada de palabras feas-. Lo cortó directamente la voz severa de Lilia a sus espaldas.
Al final tuvo que ceder, tomarse fotografías, repartir autógrafos y recibir unos cuantos toques indecentes y anónimos cortesía de sus fans más intrépidas. Las chicas le habían puesto unas orejas de gato con las que posó en decenas de fotos, se le colgaban de los brazos, lo apretujaban y lo obligaban a ir de un lugar a otro buscando la mejor toma. No era que las muchachas le desagradaran, si no que en multitud llegaban a ser en verdad atemorizantes, no tomaban en cuenta su opinión y terminaba sintiéndose un objeto bonito con el cual ellas podían jugar, apenas se le cruzó por la cabeza el pensamiento de que no podría ser peor cuando escuchó la voz de una mujer.
- Pero qué popular-. Sonaba sensual y provocadora, pero al mismo tiempo arrogante y sarcástica.
- Las Yuri Angels son famosas-. Dijo el hombre que la abrazaba, con una sonrisa segura y deslumbrante, tan característica de él.
- Pero las JJ Girls nos comportamos mejor y somos más lindas-. Reclamó la chica con una vocecilla cantarina.
- ¡No llames feas a mis admiradoras vieja bruja!-. Salió en su defensa Yuri inmediatamente, no solo porque eran las fans que siempre lo alentaban, sino también por la forma en que lo molestaban esos dos.
- ¡Qué miedo! Haz algo JJ-. Pidió la mujer con su tonito de chica consentida.
- Tranquila, solo envidia que mi prometida sea tan bella-. Dijo con una media sonrisa, como presumiendo a la mujer que abrazó más hacía él.
- Los que llevan lentes de sol sobre la cabeza son basura ¡Encuentra a alguien mejor, bruja!-. Tenía ganas de decirle que al menos merecía a alguien que no la engañara, pero ese no era asunto suyo.
- Vamos no seas tan pedante.. Oh, ¡Otabek!-. JJ se reía de la reacción de Yuri y estaba reclamándole cuando se desvió su atención a otro de los competidores, Otabek Altin, el kazajo al que los medios solían llamar "el héroe de Kazajistán". - ¿A dónde vas?-.
- A comer-. El aludido había volteado, quitándose los lentes oscuros respondió sin ninguna emoción ni expresión en su rostro.
- ¿Comerás solo? Tú nunca cambias ¿eh? ¿Nos acompañas a cenar?-. El mayor y más alto, se había acercado a Otabek y le habló con su mejor sonrisa.
- No, gracias-. Rechazó inmediatamente, de nuevo, sin ninguna expresión en su cara. Pero esta vez, sus ojos se posaron en Yuri.
- ¡Ah! ¿Qué te pasa?-. El chico sintió un escalofrío ante esa mirada oscura y penetrante ¿Acaso el kazajo estaba buscando pelea?, sus grandes y expresivos ojos verdes lo observaron desafiante, pero Otabek solo dio la media vuelta y se fue, dejando a Yuri confundido, ni siquiera sabía que pensar del otro, su cara de póker no le decía nada.
No volvieron a toparse hasta la práctica, aunque su atención estaba más enfocada en JJ que con su personalidad explosiva y socarrona lo hacía enfadar a cada segundo, por supuesto, esto no era difícil, teniendo en cuenta que el adolescente también tenía un carácter volátil y mal geniudo.
Al final de los ejercicios tenía la tarde libre y aunque su entrenador le recomendó descansar lo ignoró, después de todo no había podido salir a dar el paseo que necesitaba, quería despejarse y caminar le ayudaba, pero no había ni recorrido unas cuantas cuadras cuando se topó con su sequito de seguidoras, bulliciosas y tenaces lo persiguieron por toda la ciudad, aún cuando el ruso intentó escapar ellas lo superaban en número y eran unas chicas tremendamente eficaces a la hora de seguir su rastro, acorralado y aparentemente sin salida, Yuri estaba resignándose a una nueva sesión de convivencia larga, tediosa y aburrida, cuando el ruido de una motocicleta distrajo su atención, el conductor, enfundado en chamarra de cuero y sus ojos cubiertos por unos lentes oscuros sorprendió a Yuri, "Si que tiene estilo" pensó el rubio.
- Yuri, súbete-. Otabek Altin se quitó las gafas y buscó los brillantes ojos verdes del ruso.
- ¿Ah? Eres... -. Yuri aún dudaba ir con el chico, pero las Yuri Angels lo habían descubierto y ya venían hacia él.
- ¿Subirás o no?-. el kazajo le lanzó un casco, las opciones eran simples, sin diálogos rebuscados producto quizás del momento apremiante que los rodeaba, en donde una huida era la mejor opción.
El adolescente no se lo pensó más después de eso, simplemente huía con Otabek o se quedaba con las Yuri Angels y él ya sabía lo que era pasar horas y horas con las muchachas, por lo que creyó que el patinador era una mejor opción, sería más sencillo deshacerse de él después.
No pasaron ni dos minutos cuando el celular empezó a sonar en su bolsillo mientras iba sujeto de la cintura del moreno, las redes sociales ardían con fotos de ellos juntos en la motocicleta: "El héroe kazajo secuestrando al hada rusa" era el tema del momento.
Otabek condujo a toda velocidad por las calles de Barcelona hasta llegar al Parque Güell, callado y pensativo, ni siquiera Yuri se atrevió a hablarle, simplemente lo siguió cuando este se detuvo y subió por las escaleras hasta la terraza desde la cual la vista del paisaje era simplemente increíble.
Mientras observaban el atardecer, el mayor rompió el silencio, recordándole a Yuri Plisetsky que ellos ya se conocían, hace cinco años atrás habían entrenado juntos en el campamento de verano de Yakov.
- ¿En serio? No me acuerdo-. Expresó aun sorprendido.
- Estaba en mi primer año de la división junior, pero no pude con el ritmo de los juniors rusos, así que me pusieron en la clase de novatos y te conocí allí, Yuri Plisetsky, tus ojos eran inolvidables, tenías la mirada de un soldado-. Confesó Otabek repentinamente.
- ¿De un soldado?-. Yuri se sonrojó, no estaba seguro de que ese fuera un halago, pero lo sintió como tal, nunca nadie le había hablado de aquella forma tan directa y simple, pero sobre todo, de una forma con la que él se identificaba, siempre creyó que no existía persona en este mundo que comprendiera su alma guerrera, su voluntad férrea y su personalidad indomable, pero allí estaba, un hombre que con grandes acciones y pocas palabras estaba rompiendo sus paradigmas. – Yo... me había cambiado de mi pista de Moscú a San Petersburgo, estaba desesperado pero decidí no quejarme hasta mejorar lo suficiente-. Dijo Yuri, rememorando como se sentía en aquellos tiempos, cuando tuvo que decirle adiós a su abuelo y empezar a forjarse un camino por el mismo a tan tierna edad.
- Yo partí de Rusia a Estados Unidos y más tarde a Canadá, solo el año pasado pude regresar a mi pista en Almatý-. Le dijo Otabek, recordando también como había estado lejos de casa, entrenando y trabajando duro para conseguir su sueño. – Hoy más que nunca quiero ganar el torneo por Kazajistán-.
- Otabek ¿Por qué viniste a hablarme? ¿No somos rivales?-. Preguntó el menor, en vista de que ambos deseaban lo mismo, pero sus metas de ganar el oro y dar gloria a su país se contraponían completamente.
- Siempre he pensado que nos parecemos, eso es todo ¿Quieres que seamos amigos o no?-. El kazajo no creía que sus metas fueran totalmente contrarias, sus nacionalidades eran distintas y los dos buscaban la posición que estaba reservada solo para el mejor de los mejores, pero su rivalidad también podía ayudarlos a mejorar, a superarse mutuamente, a vivir con intensidad el verdadero fin del deporte y las competencias: la colaboración y la amistad entre personas y naciones.
Yuri sonrió y estrechó la mano del mayor, este encuentro aunque fuera de lo común se llevaba las palmas como lo mejor que le había sucedido en su carrera, nunca pensó en tener amigos o personas que siquiera le agradaran fuera de su círculo cercano, en este caso, el equipo ruso, aunque incluso con ellos era reservado y muy competitivo, pero había algo en Otabek que simplemente lo invitaba a confiar y dejarse llevar, ciertamente era algo irresistible para el hada rusa, aunque aún no era consciente del por qué.
Continuara...
