Él observó su bello rostro, bañado en lágrimas, sonrió a eso, porque no eran de tristeza, todo lo contrario, eran lágrimas de felicidad. Obviamente que estaría llorando, aunque no le gustase, era el día de su boda.
-Una vez me dijeron que Afrodita era la mujer más hermosa del mundo, pero puedo jurarte, que comparada contigo, no te llega ni a los tobillos-le susurró Leo a Reyna en el oído una vez que ella había llegando al altar, ésta se sonrojó, llevaban años saliendo y aún no se acostumbraba a que él dijese esas cosas, se veían muy tiernos.
Junto a ellos estaban situados sus mejores amigos y enfrente suyo varios campistas, amigos, conocidos, lo que venga, la mayoría había estado ahí cuando él se lo propuso.
*Flashback*
-Sé que no te gustan las cursilerías, que esto seguramente te parezca idiota, pero es que sí, soy un idiota enamorado de la chica que tengo frente a mí-dijo Leo poniéndose sobre sus rodillas, literalmente había salido de la nada, Reyna se encontraba dando una vuelta Nueva Roma antes de volver al departamento que ambos compartían desde hace dos años y él apareció en un abrir y cerrar de ojos-. También sé que somos jóvenes, que aún somos bastante imprudentes y esto es algo raro, pero estuve intentando pensar, pensar en un mundo en el que no te haya conocido y lo único que se viene a mi mente es nada, porque no puedo imaginar otra historia, no sin ti. Por eso te estoy pidiendo esto Reyna ¿me concederías el honor de ser tu esposo?
-¿Eso siquiera se pregunta?-responde ella en modo de afirmación, sin pensarlo mucho se tira a sus brazos dándole un beso en los labios- ¿Sabes que se dice "me concederías el honor de ser mi esposa"?
-Sí, lo sé, pero creo que sería un privilegio para mí salir con tan bella dama-dice el con una sonrisa y vuelve a besarla.
*Fin del Flashback*
No pasaron dos segundos desde que se escucharon las palabras "Los declaro marido y mujer" siquiera escucharon el "puede besar a la novia" que ya estaban besándose con una sonrisa pegada en sus rostros.
La casa era hermosa, pero eso ahora no importa, la cosa era que a la mañana siguiente tendrían que terminar de desempacar y aún lo único que hicieron era sacar la ropa y acomodar la cama, ahora se encontraban tirados en ella.
-Aún no termino de creer que ya estamos casados-dice él tomando a Reyna por la cintura y tirándola encima suyo.
-Yo sí lo hago, estoy demasiado feliz como para decir que es por otra cosa-responde Reyna besándolo en los labios, la sonrisa tonta de enamorada no salía de su cara-. Serías un idiota si no cayeras en que ya pasó.
-El amor nos vuelve idiotas.
-Aunque a ti el amor no te hacía tanta falta para ser un bobo-dice ella riéndose-, pero no me importa, porque me siento igual de idiota.
Sí, lo sé, demasiada espera para un capítulo tan corto y malo, pero bueno, lo lamento. Gracias por leer si puedes dejar un comentario o algo me harías muy feliz.
Ahora que estoy en vacaciones voy a aprovechar para escribir un poco más.
P.D: Al fin tengo mi computadora de vuelta. Voy a morir de emoción.
