Leo la miraba sonriente mientras que ella tenía la mirada perdida en el cielo, pero no tenía la cara de preocupación o malestar que uno suele tener cuando piensa demasiado tiempo, muchas veces recordamos cosas feas en momentos tanto malos como buenos, a veces , para hacernos sentir que podría ser peor o para obligarnos a no ser tan felices. Pero la mirada de Reyna estaba iluminada, no por la luz de ese hermoso día de verano, ni la del foco de la lámpara que estaba adentro de la casa, tenía la clase de luz que alegraba a Leo en los peores momentos, y esta vez, haciéndolo sonreír tanto que era realmente extraño que no le doliese la cara.

Reyna tocó su barriga, sintiendo las pataditas de las dos niñas que estaban allí, sonrió pensando en el día que les dijeron que eran gemelas.

*Flashback*

-Quiero que sea un chico-dijo Aiden, era el hermano mayor, tenía seis años.

-No, que sea una nena, quiero poder jugar a las muñecas, contigo no se puede-dijo Maggie, lanzándole su peor mirada a su hermano, aunque se veía bastante tierna con todos esos rulitos alborotados que marcaban su cara y el ceño y los labios fruncidos, pero aun pareciendo dulce, con tan sólo cinco años podía lucir increíblemente amenazante para Aiden, esa chiquilla definitivamente sacó el carácter de su madre.

-Ya, chicos, no se peleen-dijo Leo, un poco asombrado por lo que le habían dicho en el hospital.

-Son buenas noticias para…-dijo Reyna, le gustaba ver a sus hijos con la mirada esperanzada.

-¡Dilo ya, mujer!-dijo Leo.

-Pero si tú ya lo sabes, Valdez-dijo ella.

-Sí ¿y qué?

-Dioses-se golpeó la frente con la palma de la mano-. Son niñas.

-¿Son?- preguntó Aiden, mientras que Maggie no paraba de dar brinquitos de felicidad, no iba a tener una hermanita con quien jugar ¡Iba a tener dos!

Aiden quería cortarse la cabeza con uno de esas espadas que tenían guardadas sus padres, su hermana estaba más allá de contenta, pero él iba a ser el que cuando fueran grandes tendría que alejar a los perros babosos de sus hermanas, el que las llevaría a comprar, el que golpearía a quien les hiciera daño. Os voy a asegurar que cuando sean mayores, el que va a tener que hacer todo eso iba a ser él.

*Fin del Flashback*

No es que no le gustara la idea de tener dos niñas, aunque la idea que tenían ambos era tener tres hijos y listo, pero las cosas no siempre suceden como uno quiere.

-¿Estas dos chiquillas ya comenzaron a molestar?-preguntó Leo, sentándose junto a ella y pasando uno de sus brazos sobre los hombros de su mujer.

-No, simplemente es algo extraño saber que tendré que sufrir otra vez dentro de unos meses-dijo ella, en el momento que te daban al bebé en brazos era una sensación hermosa y parecía que te olvidabas de todo lo que sufriste, pero mientras estás en labor de parto es como estar siendo torturada.

-Esta vez, te alejaré todas las cosas que tengas cerca-dije él, riéndose mientras pensaba cómo, en el segundo parto, ella le había arrojado cualquier cosa no tan filosa que estuviese a una relativa distancia de ella.

-Sí, deberías hacerlo y dejar de decir tantas idioteces.

-Lo primero lo haré, pero dudo mucho poder callarme, me pones nervioso.

-¡Yo soy la que tendría que ponerse nerviosa en ese momento!

-Sí y lo estás.

-Eso es obvio.

-¿Ya decidiste cómo se va a llamar?-preguntó, él había decidido el nombre de Aiden, los dos el de Maggie y ahora ella elegiría uno y sus hijos el otro, obviamente suponiendo que sea un nombre pasable.

-Creo que sí, pero para eso necesito tu afirmación-dijo ella y él asintió para que lo dijese-, quiero ponerle Esperanza, tú siempre hablabas cosas tan buenas sobre ella, lo buena persona que era y me encantaría que nuestra hija lleve el nombre de tan grandiosa y valiente mujer.

-A mí también me encantaría-dijo, besándola en los labios-. Sabes a chocolate.

-Es porque estoy comiendo helado de chocolate, tonto.

-Ahora tiene sentido.

Daré un último dato acerca de las gemelas, el día que Esperanza y Ada nacieron, Leo no fue lo suficientemente rápido alejándole las cosas a Reyna.

Al fin y al cabo, la vida no es tan mala.


Y aquí, el final. Gracias, pero muchísimas gracias por leer, espero haberlos hecho pasar un buen rato.

A pesar del hecho de que el Leyna no sea una de las parejas que la gente suele leer, seguramente seguiré escribiendo.

Con cada comentario o favorito que había yo me pongo en modo fangirl loca y tengo ganas de abrazar algo (mi perrito me odio por eso)

P.D: No sabía qué nombre ponerle al hijo, lo único que se me venía era el nombre de uno de mis compañeros que le llamaba: Alejandro "Dumbo" Valdez