¡Los personajes de esta historia NO me pertenecen!
— Inu…yasha… Mascullo la nerviosa chica en un susurro casi inaudible para el oído común, pero que él había escuchado perfectamente, mientras que casi sin querer sus ojos eran atraídos en dirección a la boca del Hanyou que estaba a escasos centímetros.
Devolvió su mirada hacia los ojos ambarinos del semi demonio que se encontraba expectante frente a ella, una corriente eléctrica los recorrió a ambos solamente de pensar en la situación en la que se encontraban, luego de eso le pareció que el tiempo comenzó a transcurrir demasiado lento.
No supo cómo había llegado a esa situación, solamente sabía que el comentario de la Miko lo había indignado y que sintió deseos de ir a reclamarle. Sin tomar en cuenta lo que provocaba en él tenerla así de cerca. Sintió unos deseos enormes de acortar la distancia que quedaba entre ellos, pero solo se quedo muy quieto disfrutando de su aroma y escuchando su respiración, había entrado en una especie de transe del que no quería salir.
Reunió valor. No sabía si una oportunidad así volvería a presentarse entre ellos, por lo que lentamente se acerco a él, uniendo sus labios como si de una suave caricia se tratara. Movió sus labios tímidamente sobre los del Hanyou, como con miedo a ser rechazada, a que se alejara y se escabullera por su ventana, poco a poco sintió como los labios de Inuyasha comenzaron a moverse tan tímidos como los de ella, pero al fin y al cabo estaba respondiendo a su beso.
Se encontraba en el cielo, a pesar de que parecía estar un poco aturdido, llevo una de sus manos hasta la nuca de la joven atrayéndola hacia él para que el contacto fuera mejor, comenzó a mover sus labios contra los de ella mientras sentía como Kagome pasaba sus brazos por alrededor de su cuello aumentando la intensidad del beso, de la nada parecía como si una sed feroz hubiera despertado en ellos, y que solo podrían saciar besándose.
Kagome separó un poco sus labios y ambas lenguas se encontraron, al principio fue un roce tímido pero que fue aumentando. Inuyasha mordió el labio inferior de la Miko cuidadosamente y esta no pudo evitar que un pequeño gemido escapara de sus labios.
La chica comenzó a buscar un mayor contacto con el hanyou, aun se encontraba sentada en la silla, Inuyasha se había arrodillado para quedar frente a ella. La muchacha se movió hacia adelante haciendo que el hanyou perdiera el equilibrio y cayera sentado, con la espalda apoyada en la cama de Kagome, ella había caído con él, sin soltarse de su cuello, lo que provoco que quedara con ambas piernas al costado de las caderas del hanyou quien mantuvo una mano sobre su nuca y bajo la otra hacia la cintura de la muchacha.
La falta de oxigeno comenzó a sofocarlos, por lo que tuvieron que alejarse unos centímetros, solo lo suficiente para poder respirar. Inuyasha pego su cabeza con la de la joven, juntando ambos flequillos y aspiro su aroma mientras ambos intentaban calmar sus respiraciones agitadas.
—Inu…yasha...— Susurro Kagome manteniendo los ojos cerrados, el hanyou como respuesta la atrajo más a su cuerpo, forzando el agarre de su cintura.
—Kagome…yo…— Habló el hanyou en lo que pareció prácticamente un gruñido, su voz era más ronca de lo normal, aún trataba de calmar su respiración y los latidos de su corazón que parecía querer escapar de su pecho
Esta vez fue el hanyou quien acorto las distancias, devorando los labios de Kagome con un hambre voraz, arrancándole leves jadeos a la muchacha que seguía sujeta a su cuello, haciendo presión sobre este con sus brazos. Ninguno de los dos quería detenerse, mucho tiempo habían estado esperando para un momento así.
Las orejas del Hanyou se movieron al escuchar un ruido proveniente de la escalera, alguien venia subiendo rápidamente. Casi en un parpadeo Kagome se encontraba sentada en el suelo, con los labios levemente hinchados, y las mejillas teñidas de rojo. Inuyasha había salido por la ventana y se encontraba en el techo de la habitación de Kagome.
Se escucharon tres sonidos en la puerta, alguien estaba pidiendo permiso para entrar.
—A…adelante — Logro decir Kagome quien se había puesto de pie rápidamente, tratando de disimular su estado de extremo nerviosismo
— ¿Hija todo está bien? — Pregunto la Sra. Higurashi mientras abría la puerta y entraba en la habitación observando a su hija de pie mirándola — Oí un ruido y pensé que te había pasado algo
—Oh…todo está bien mamá — Respondió Kagome brindándole una nerviosa sonrisa, haciendo lo posible por tratar de permanecer serena a pesar de que sentía que su corazón estaba a punto de salir corriendo por la misma ventana por donde había salido Inuyasha unos segundos atrás
— ¿Inuyasha se fue? — Consultó la Mamá de Kagome al notar la ausencia del Hanyou
—S…si…Pero vendrá mañana temprano para que volvamos a la época Feudal — Mascullo la Miko sonriéndole a su madre — Pensé que sería mejor regresar ya que ustedes no estarán
—Ah bueno hija, mejor así no estás sola — Respondió la Sra. devolviéndole la sonrisa — Bueno solo venia a despedirme de ti querida. Dulces sueños — le dijo cálidamente a su hija
—Buenas noches…Que tengan un buen viaje mamá — Se despidió la miko justo antes de que su madre saliera por la habitación
Automáticamente llevo sus dedos hasta sus labios, palpándolos, aun estaba la sensación del tacto de los labios de Inuyasha sobre ellos, se sentó en su cama mirando hacia la ventana, mientras un fuerte sonrojo se aparecía en sus mejillas. ¿Qué fue eso?, pensó la joven recordando lo que apenas minutos antes había pasado entre ellos. Se puso de pie rápidamente y camino hasta la ventana, asomo su cabeza hacia afuera y miro hacia arriba.
— ¿Inuyasha? — Consulto la Miko esperando ver aparecer al peli plateado desde el techo.
Nada sucedió, seguramente por el miedo o la vergüenza había decidido volver a la época feudal, quizás era lo mejor, ya que no sabía cómo podría mirar nuevamente a la cara al Hanyou después de esto, ni siquiera sabía que le diría la próxima vez que lo viera.
Cerró la ventana y se dispuso a cambiarse de ropa, necesitaba ponerse su pijama para intentar descansar, así lo hizo. Cuando estuvo lista se recostó sobre su cama mirando en dirección a la silla de su escritorio, recordando la calidez de la boca del Hanyou sobre la suya, y de la sensación que se apodero de ella al sentirlo rodeando su cintura en un fuerte pero cálido abrazo, maldición, sería una larga noche para ella, de antemano lo sabía.
Del otro lado del pozo se encontraba un alterado Hanyou, se había apoyado en el borde de aquel objeto que conectaba su época con la de la Miko que minutos atrás se encontraba jadeando entre sus brazos. ¿Cómo fue que habían llegado a eso?, en ese momento todo parecía confuso, solo sabía que tenía el aroma de Kagome impregnado en él, y que aun podía sentir el sabor de sus labios y la calidez de su cuerpo. Por un momento deseo regresar pero se contuvo, no sabía si su madre seguía en la habitación, y de todas formas si volviera no sabría que decirle a la Miko, casi podía escuchar el millón de Osuwaris que le gritaría.
De un hábil salto se encontró sobre una de las ramas de un gran árbol, pretendía quedarse ahí hasta el amanecer, ya que no podía volver donde Kagome al menos de momento, y tampoco quería llegar a la aldea para que sus amigos comenzaran a interrogarlo sobre lo que había pasado después del encuentro con el maldito lobo.
Se quedaría allí, ya lo había decidido, haber si de esa manera podía ordenar sus pensamientos, y calmar un poco sus instintos. Con este ultimo pensamiento dirigió su mirada hacia sus pantalones…"Mierda..." pensó cuando fue consciente de la erección que se había formado en sus pantalones.
—Maldita sea Kagome… ¿Que me estás haciendo? — Gruño el Hanyou cerrando sus ojos y apoyando su cabeza contra el tronco del árbol, sin duda seria una larga noche para él, y aun debía pensar en lo que le diría a la Miko la próxima vez que la viera.
CONTINUARA…
¡Sorpresa!, espero que les guste el tercer capítulo de "Desafiandonos", por favor déjenme sus comentarios ya que son muy importantes para saber si la historia va por buen camino. Estaré atenta. ¡besos!
