Quiero aclarar que los personajes de esta historia NO me pertenecen.

Maldita sea Kagome… ¿Que me estás haciendo? — Gruño el Hanyou cerrando sus ojos y apoyando su cabeza contra el tronco del árbol, sin duda seria una larga noche para él, y aun debía pensar en lo que le diría a la Miko la próxima vez que la viera.

La luz del sol comenzó a incomodarle, por lo que se vio obligada a abrir los ojos. Muy por el contrario de lo que creyó, había dormido bastante bien esa noche. Es más, soñó con el Hanyou que la había dejado prácticamente sin aliento horas antes. Se sentó lentamente en la cama y se estiro para quitarse la pereza, de pronto los recuerdos de la noche anterior llegaron a su mente y una media sonrisa se dibujo en su cara. Es cierto, inuyasha y yo nos besamos, Pensó la Miko mientras dirigía su mirada achocolatada hacia la ventana.

Se levanto y salió en dirección a la escalera, la casa estaba callada, pero no era tan temprano como para que su familia siguiera dormida, recordó entonces que iban a salir. Al llegar al primer piso encontró una nota sobre la mesa en la cual reconoció la letra de su madre.

"Hija te veías tan tranquila dormida que no fui capaz de despertarte, lamentamos mucho dejarte sola pero sé que estarás bien, espero que nos veamos pronto. Con cariño, Mamá"

Luego de leer la nota de su madre, se dirigió a la cocina a prepararse algo para desayunar, tenía que alistar sus cosas si es que pensaba volver ese mismo día a la época feudal, aunque no pudo evitar tensarse un poco cuando recordó la situación que había vivido con el Hanyou. ¿Cómo iba a poder mirarlo sin sentir vergüenza?

Era un día soleado, hace unas cuantas horas se encontraba despierto, aun recostado sobre la rama del árbol que lo había cobijado durante la noche. No había estado muy cómodo pero no es como si fuera la primera vez que dormía así. Estuvo debatiendo toda la mañana sobre ir a buscar a la Miko, pero pensó que lo mejor sería esperar un poco, al menos hasta que fuera una hora prudente para verla.

Estaba nervioso, a pesar de que solo había sido un beso, no fue un beso cualquiera. Había sido uno lleno de sentimientos, de pasión. A pesar de que él tampoco tenía tanta experiencia en esos temas, no recordó jamás haber compartido una cercanía así con Kikyo por ejemplo, siempre sus encuentros fueron tímidos, casi con miedo de equivocarse, pero con Kagome… todo había sido tan rápido, tan espontaneo.

Le hubiera gustado saber en ese instante que estaría pensando la Miko al respecto. ¿Y si acaso se había arrepentido? Su interior se contrajo de solo pensar en aquella posibilidad, o si quizás creyó que él se había arrepentido y que por eso se había ido…Tal vez debió quedarse a esperarla para conversar. En la cabeza de Inuyasha comenzaron a formularse un montón de preguntas, aunque lamentablemente él nunca había sido bueno con las palabras, y no sabía cuál sería la mejor forma de aclarar sus dudas. Bueno, primero lo primero, Pensó. Lo mejor era atravesar el pozo para poder saber cuál sería la reacción de la Miko al verlo, la verdad es que no soportaría que Kagome lo rechazara, a pesar de que estaba en todo su derecho, después de todo el no era más que un hanyou, no pudo evitar que su puño se cerrara por la frustración ante la simple idea de que ella lo rechazara.

Ante este ultimo pensamiento, no resistió más la presión y su cuerpo se dirigió prácticamente de forma mecánica al pozo, necesitaba con urgencia saber cuál era la opinión de la chica respecto al tema, o quizás lo que necesitaba era volver a tenerla entre sus brazos. De cualquier forma, no tenia duda de que a quien necesitaba era a ella, pensó justo antes de sumergirse en el interior del pozo.

Ya había pasado un buen rato desde que había despertado, se sentía un poco sola en la casa, estaba incluso algo aburrida, acababa de desayunar y se dirigió de vuelta hasta su habitación. Al llegar ordeno su cama, y luego se sentó en su escritorio. Pensó que sería bueno aprovechar la soledad de la casa para estudiar, ya que eran bastante pocas las ocasiones en que su hogar se encontraba en esa calma. Sonrió al recordar que la mayoría de las veces era Inuyasha quien provocaba distracciones en ella.

— ¿Que estarás haciendo en este momento? — Susurro la Miko al mismo tiempo que apoyaba ambos brazos en el escritorio para poder descansar su cara sobre estos. Suspiró. Era increíble, ni siquiera tenía que estar cerca de ella para distraerla.

—Te ves ridícula hablando sola — Se oyó una voz bastante familiar detrás de ella

No pudo evitar que su cuerpo se irguiera por el susto que le provoco escucharlo, ¿En qué momento había llegado a su habitación? , se giro rápidamente a él y lo vio asomado por su ventana, observándola con una sonrisa burlona, que solo alguien como él podía brindarle.

—Inuyasha…—Susurro— me asustaste, ¿Qué estás haciendo allí? — Pregunto la Miko mirándolo mientras entraba en la habitación, mientras el nerviosismo comenzaba a apoderarse de ella, definitivamente no esperaba verlo aun.

— ¡Feh! — Mascullo el Hanyou mientras se acomodaba con las piernas y los brazos cruzados sobre la cama de la joven — ¿Acaso no es obvio?, ayer dijiste que volverías, así que vine a recordártelo — Respondió el hanyou usando su típico tono distante, tan característico y propio de él.

—Entiendo… ¿Viniste solo por eso? — Interrogo la Miko de forma curiosa, como esperando que el dijera algo relacionado a su beso de la noche anterior

— ¿Acaso debería haber otra razón? —Hablo el Hanyou intentando hacerse el desentendido sobre la situación, al mismo tiempo que un leve sonrojo aparecía en sus mejillas y lo obligaba a desviar la mirada ambarina de la Miko. Aun no se sentía preparado para hablar del tema

La joven dio un suspiro de resignación, había estado toda la mañana pensando en cómo sería su encuentro, para que ahora el actuara de esa manera. Inuyasha eres un… ¡Tonto! Pensó la Miko mientras lo fulminaba con la mirada.

Sintió como el aroma de la Miko cambio. Pudo oler el enojo en ella y su interior se contrajo, maldita sea, Pensó el hanyou, ¿Por qué tenía que ser tan equivoco con las palabras?, el era bueno en peleas, era bueno protegiendo, pero al momento de hablar de sentimientos, era un inútil y él lo sabía muy bien.

Con un semblante serio Kagome se puso de pie y camino hacia la puerta de la habitación a paso lento.

—Ka…Kagome — Se irguió el hanyou temiendo recibir algún osuwari como castigo a su insensatez, si bien el se enfrentaba contra temibles yökai en la era feudal, aquella muchacha frente a él era capaz de ponerlo de los nervios cuando lo miraba de esa manera — ¿a dónde vas…?

—Voy a alistar las cosas para que volvamos, espérame aquí — Ordeno la chica indignada, deteniendo su paso y mirándolo de forma fría

— ¿Necesitas…ayuda? —Consulto nervioso sabiendo que minutos antes había dicho algo que la había enfadado

— ¡No. Espera aquí! —Respondió en seco la Miko

— ¡Pero Kagome! — Mascullo el hanyou a regañadientes, perdiendo la poca paciencia que le quedaba, mientras se ponía de pie — ¿Ahora que hice?

— ¡Eres un tonto Inuyasha, tonto, tonto! — Le grito indignada la Miko, no podía creer que fuera tan inexpresivo, al menos con ella después de todo lo que habían compartido, se giro para darle la espalda, y dirigirse por fin hacia la puerta.

— Kagome…— Gruño el Hanyou perdiendo la paciencia — ¡Vuelve aquí! — La sostuvo por el brazo, impidiéndole que siguiera avanzando — Siempre estas escapándote de mí, ¡maldita sea! — Finalizo mirándola fijamente a los ojos con el ceño fruncido

— ¿Que yo me escapo de ti? —Pregunto incrédula— Tú eres el que nunca quiere hablar de nada, y tú fuiste el que se fue anoche, no yo. —Le grito sin pensar — ¡Ahora suéltame!

Movió su brazo tratando de aflojar el agarre que Inuyasha tenía sobre ella, pero él muy por el contrario la sostuvo con mayor firmeza. En un hábil movimiento avanzo hacia adelante haciendo que la Miko retrocediera y que su cuerpo quedara aprisionado entre él y la puerta de la habitación. La joven contuvo el aire un segundo, ya que no se esperaba esa reacción por parte del peli plateado. En menos de un segundo se percato de la situación, se encontraba acorralada por el Hanyou, quien la miraba directamente a los ojos con una profundidad y brillo en ellos que creyó jamás haber visto antes.

—Inuyasha…qué…—Susurro completamente perdida en esos ojos ambarinos que la hipnotizaban.

—Tonta…—Hablo el Hanyou aún molesto —Si me fui anoche fue por evitar problemas con tu madre, no porque hubiera temido enfrentar lo que paso —Le dijo tratando de convencerse a sí mismo de eso, pero recordando el nerviosismo que sintió al salir por la ventana de la habitación la noche anterior, sin contar además con el estado de excitación en el que se encontraba, si se hubiera quedado, seguramente no hubiera podido frenar sus instintos que habían estado a punto de dominarlo.

— ¿Por qué no volviste después? —Pregunto curiosa, observándolo

—Ya era tarde, además… ¿a que querías que volviera? —Pregunto con algo de nerviosismo, sorprendiéndose un poco cuando vio aparecer un leve sonrojo en las mejillas de la Miko

¿Es que acaso ella pensó en llegar más allá con él?, ¿Y él?...Si, definitivamente el también lo había pensado, pero creyó que la joven podría rechazarlo. De pronto fue consciente de la situación en la que se encontraban en ese momento, la tenia frente a él sin ninguna salida, y luego de aquellos pensamientos no pudo evitar que sus instintos comenzaran a reaccionar de una forma distinta.

Desde esa distancia podía sentir el calor de su cuerpo, dirigió su mirada dorada hacia los labios de la Miko y no pudo evitar sentir deseo de volver a probar su dulce sabor. La noche anterior había llegado a la conclusión de que nada se comparaba con el sabor de aquella mujer…y su aroma, era algo increíble, llenaba por completo sus sentidos y lo embriagaba. Esa mujer sería sin duda alguna su perdición, y la verdad todo podía irse al mismísimo demonio, porque si su destino era perderse en ella, lo haría gustoso.

Los ojos de Kagome se posaron sobre él, vio como su mirada cambio drásticamente, ahora era como si la observara con lujuria y deseo, no pudo evitar ponerse muy nerviosa ante la cercanía del Hanyou, y es que sentir su fornido cuerpo delante de ella, y tenerlo tan cerca era demasiada tentación, si acaso en un momento había estado enojada, ahora solo estaba deseando que se adueñara de sus labios y la dejara sin aliento.

En un suave movimiento, casi con miedo de lastimarla poso su mano sobre la mejilla de la joven, acariciando la pálida y suave piel que parecía erizarse ante el contacto, observo sus ojos, intentando encontrar algún sentimiento negativo en ellos que lo frenara, que lo hiciera retroceder, pero muy por el contrario parecía como si estuvieran saliendo chispas de aquellos hermosos ojos que los derretían cada vez que se perdía en ellos. De pronto no le quedo duda de que nunca antes había tenido tal necesidad por la mirada de alguien más, o por la calidez de su cuerpo, o el sabor de sus labios…Ante este ultimo pensamiento se estremeció, dirigió su dorada mirada ante los labios de Kagome, se encontraban entreabiertos casi como invitándolo a probar.

No pudo evitar morderse el labio inferior cuando vio la forma en que inuyasha la estaba mirando, sintió como él acaricio su mejilla y ella solamente se perdió en la sensación de aquella caricia, le hubiera encantado que el tiempo se detuviera en ese instante, con el hombre que por tanto tiempo le había robado suspiros, al que había prometido acompañar hasta el final, a pesar de que él estuviera interesado en otra mujer. En ese instante un escalofrió la recorrió, al mismo tiempo que una profunda tristeza crecía en su interior, al recordar todas las veces que él se había marchado para ir en busca de Kikyo. Notó como el semblante de Inuyasha cambio a uno de preocupación.

— ¿En qué tonterías estas pesando? — Hablo el hanyou con voz suave, como tratando de tranquilizar el corazón de la muchacha, y de pronto decidió que ya no podía seguir conteniendo aquellos sentimientos que lo embargaban, lentamente comenzó a descender hasta los labios de la Miko. Al principio fue un roce suave, temeroso, quería darle la oportunidad de alejarlo si lo encontraba pertinente. Sintió tranquilidad cuando los labios de la joven se movieron delicadamente contra los suyos, poco a poco la intensidad del beso comenzó a aumentar, esta vez dirigió la mano que tenia sobre la mejilla de la joven hasta su nuca, entrelazando sus dedos en los cabellos azabaches de la mujer y atrayéndola hacia él para que el contacto de sus labios fuera mejor.

Kagome comenzó a responder ante aquel beso, sintió como él la atraía hacia su cuerpo y en un impulso rodeo el cuello del Hanyou con sus brazos, sentía como si su corazón se fuera a salir de su pecho, no pudo evitar que un leve jadeo se escapara de sus labios al ser consciente de algo duro que se estaba presionando en su bajo vientre, arrancando un jadeo de ambos.

—Inu…yasha…—Susurro la joven contra sus labios, sin dejar se besarlo, poco a poco sentía como el más puro y ardiente deseo se iba adueñando de su cuerpo.

El hanyou se alejo unos centímetros de la joven para observarla, quedo embelesado por su belleza, tenia los labios levemente hinchados y un poco más rojos de lo normal, sus mejillas también se habían teñido de rojo, era una vista demasiado incitante, podía ver además como el pecho de la joven subía y bajaba agitadamente producto de la falta de aire. Sintió como sus sentidos se iban nublando producto del deseo de poseerla, sobre todo teniéndola frente a él de aquella forma tan sugerente.

—Kagome…yo…te…te necesito…—Gruño el Hanyou de una forma increíblemente sensual que hizo que la joven se estremeciera de pies a cabeza

— Y yo a ti…Inuyasha…quiero ser tuya…— Susurro Kagome perdiéndose en su mirada ambarina, simplemente ya no quería seguir resistiéndose a sus deseos, había esperado tanto tiempo a que llegara este momento, que al menos por una vez en su vida quería saberlo suyo, era feliz simplemente con saber que aquel deseo que estaba viendo en sus ojos en aquel momento, era provocado por ella, sus dudas de habían disipado momentos antes, ahora ya nada importaba, solamente eran él y ella.

No pudo evitar sorprenderse frente a aquella aclaración que termino por desaparecer el último resquicio de su cordura, en un hábil movimiento levanto a la Miko del suelo e hizo que su espalda quedara pegada a la puerta, ella simplemente lo abrazo por el cuello un poco turbada por aquel rápido movimiento, hubiera gritado de no ser porque los labios del Hanyou habían callado cualquier protesta que pudiera haber salido de su boca, devorándola con alevosía.

Rodeo la cadera del Hanyou con sus piernas para lograr una mayor fricción entre ambos, su cuerpo había comenzado a reaccionar casi por instinto, devorando los labios de su captor. La situación en la que ambos se encontraban era sumamente excitante. La posición en la que se encontraban hacia que sintiera claramente el roce de la dureza de inuyasha contra su propia intimidad, arrancándole suspiros y haciéndola temblar, sintió como la mano de Inuyasha comenzó a acariciar su pierna, levantando su falda lentamente y acariciando sus muslos, mientras leves gruñidos eran emitidos por el peli plateado.

Aprovechando que el Hanyou la tenia sujeta por la cintura, soltó su cuello para intentar quitarle su Haori, necesitaba sentir la piel del cuerpo masculino contra la suya con suma urgencia. Ante este movimiento una seductora sonrisa se dibujo en los labios de Inuyasha quien la presiono más contra la puerta, sujetándola por la cadera con una mano mientras con la otra la ayudaba a desvestirlo, finalmente se libero de su prenda y un fuerte gruñido escapo por su garganta cuando la miko descendió hasta su cuello para brindarle una sugerente mordida, seguida por lamidas que prácticamente lo estaban volviendo loco.

Manteniendo el agarre por la cadera que ejercía en la Miko, la alejo de la puerta. Caminó en dirección a la cama dejándose caer sobre ella sin llegar a aplastar a la muchacha con su cuerpo, la observo unos segundos y deposito un tierno beso en sus labios, con cautela le quito la blusa mientras ella lo miraba expectante, no pudo evitar que su deseo aumentara al observar sus perfectos pechos, enmarcados por aquella extraña prenda que obstruía el poder admirarlos por completo, sin hacerse esperar se deshizo de aquella molestia y tomo uno de los pechos de la muchacha, estrujándolo en su mano, observando como ella reaccionaba ante el contacto arqueándose contra él, con una sonrisa de satisfacción se acerco lentamente al otro pecho pero esta vez su boca, lamiéndolo y provocando que la joven llevara sus manos hasta la espalda masculina, clavando sus uñas en sus hombros, sin llegar a lastimarlo, ya que aquella sensación era realmente placentera para el hanyou, quien se encontraba perdido escuchándola gemir, y sintiéndola revolverse debajo de su cuerpo.

Se encontraba extasiado disfrutando de los sonidos que salían por la garganta de Kagome, pero sobre todo por el sabor de su cuerpo, era exquisito, en ese punto solamente podía querer más y más de ella. Comenzó a bajar por el cuerpo de la joven, trazando un camino de besos por su cuerpo, bajando por su abdomen plano, hasta llegar a su corta falda. Sin mucho problema la deslizo hacia abajo, al igual que su ropa interior, dejándola completamente desnuda y a su merced.

El placer que el hanyou le estaba brindando sin ninguna duda la estaba enloqueciendo, tenía sus ojos fuertemente cerrados, simplemente se había entregado a las caricias, se encontraba disfrutando en forma plena cada beso o sonido que su amado Inuyasha le estaba entregando. En lo que pareció ser un gran esfuerzo, logro abrir los ojos y se esforzó por alcanzar la cabeza del Hanyou que se encontraba peligrosamente cerca de su zona más sensible, jalándolo por el cabello de una manera no muy amable lo atrajo hacia ella, besándolo con desesperación, a lo que él respondió de la misma forma, parecía como si ambos estuvieran sedientos y se necesitaran con angustia.

Inuyasha se alejo unos centímetros de ella para observarla, era tan hermosa, tan perfecta y pronto seria su mujer, pensó mientras su pecho se llenaba de orgullo y felicidad, al mismo tiempo que acariciaba su rostro, retirando uno que otro cabello de la cara de Kagome, se acerco nuevamente y deposito un suave beso en su frente. No tenía dudas de que ella era la única mujer que el necesitaba, y esa noche se lo demostraría, haciéndola vibrar de placer entre sus brazos, pensaba demostrarle lo que un medio demonio como él podía brindarle, quería escucharla gritar su nombre, y que gimiera para él de esa forma tan sensual que lo hacía perder la cordura.

Kagome llevo sus manos hasta los pantalones del hanyou, intentando quitarlos, cosa que logro con la ayuda del mismo, se tenso por un momento al ver su tamaño, la verdad es que Inuyasha no era nada pequeño y el miedo de no poder recibirlo se apodero de ella, miedo que fue disipado con un tierno beso que inuyasha le brindo.

— ¿Estás bien? —Pregunto el hanyou algo curioso por la reacción de la Miko

—Si…lo que pasa es que no pensé que fueras tan…bueno…gra…grande —Tartamudeo Kagome nerviosa al mismo tiempo que sus mejillas se teñían de rojo

— ¡Feh! —Exclamo el Hanyou —Pues que esperabas tonta… —Le susurro el hanyou, quien a pesar de su voz calmada había sonado malditamente vanidoso — Todo estará bien, tranquila —Le dijo brindándole una pequeña sonrisa para tranquilizarla, pero que solo logro agitar más el corazón de la joven.

Inuyasha se aproximo lentamente a ella, volviendo a poseer aquellos labios que creía serian su perdición. La besaba con ímpetu, prácticamente queriendo dejar hasta su último aliento en aquel beso, la sentía estremecerse debajo de él, y eso lo tenía fascinado. Lentamente y sin dejar de besarla, una de sus manos fue bajando por el cuerpo de la Miko, trazando su curvilínea figura, hasta llegar por fin al ansiado y privado lugar de Kagome, quien intento protestar, pero el solo se dispuso a seguirla besando hasta hacerla perder la razón. Comenzó a acariciarla lentamente, teniendo especial cuidado en no lastimarla con sus garras, mientras la sentía retorcerse bajo el, entre jadeos y gemidos que parecían no dar tregua a la muchacha, se sintió satisfecho al percatarse de la humedad que provenía de la chica, y saber que eso era producto de él y de sus caricias, lo éxito aun más, haciendo que un gruñido saliera a través de su garganta.

—Inuyasha…porfavor…—Suplicaba la Miko en un intento desesperado por convencerlo de por fin tomarla, lo necesitaba con desesperación. De pronto se vio sumida en el más puro placer, pero se sorprendía ya que cada vez el hanyou le brindaba más y más, haciéndola jadear y retorcerse debajo de su cuerpo.

Al escucharla suplicar de esa manera, no pudo resistir más el deseo de poseerla, quería que aquella Miko se convirtiera por fin en su mujer, quería unirse con ella para toda su vida, quería disfrutar de ella una y otra vez sabiendo que tal vez nunca podría sentirse saciado de su cuerpo o de su esencia misma.

Se acomodo sobre ella, teniendo cuidado de no aplastarla con su propio cuerpo, y se detuvo un momento para mirarla a los ojos, encontrándose con su mirada llena de deseo, amor y seguridad.

—Avísame si te lastimo Kagome…—Ordeno Inuyasha casi en un gruñido, a lo que ella simplemente asintió, para luego besarlo, mientras el lentamente descendía adentrándose en ella.

Comenzó a entrar en la joven lentamente, y al encontrarse con lo que parecía ser un impedimento, embistió con un poco más de fuerza, logrando entrar por completo en su interior, se quedo muy quieto cuando sintió como el cuerpo de su, ahora mujer, se tensaba, mientras que a su nariz llegaba el olor del miedo y dolor de Kagome.

— ¿Estás bien?...Lo lamento si te lastime…—Le dijo preocupado, observando como ella tenía sus ojos fuertemente cerrados y el seño levemente fruncido.

—Tranquilo…es normal…—Susurro la joven que poco a poco dejaba de sentir ese incomodo ardor, siendo reemplazado con un placentero cosquilleo.

Una vez que la noto más tranquila, volvió a moverse dentro de ella lentamente al principio, escuchando como pequeños jadeos salían de los labios de la muchacha, mientras que el gruñía ante la placentera sensación. Poco a poco comenzó un vaivén que los estaba enloqueciendo a ambos, haciéndolos retorcerse y buscar un mayor contacto. Las embestidas del hanyou comenzaron a aumentar en velocidad y fuerza, mientras gruñía contra el cuello de su mujer, a la vez que ella levantaba su cadera contra él para darle un mayor acceso a ella.

Todo a su alrededor parecía haber dejado de existir, solamente existían ellos dos en ese momento, y aquel mar de sensaciones en las que se encontraba navegando, sentía que moriría en aquellos fuertes brazos, el calor que había comenzado a formarse en su bajo vientre parecía aumentar con cada embestida bestial que le proporcionaba el hanyou, haciéndola perderse en su propio placer, sentía que algo increíble estaba aproximándose, se aferro como un gato a la espalda de Inuyasha, entrelazando sus piernas en la cadera del mismo, mientras se arqueaba por última vez ante él, justo antes de adentrarse en el mismo cielo de las sensaciones, sintió como su interior se contrajo, mientras un fuerte grito salía de su garganta, todo su cuerpo se tenso para luego liberar lo que había parecido ser todo el placer acumulado que sentía su cuerpo, al mismo tiempo que el hanyou liberaba su esencia en su interior, soltando un gruñido bestial, y posteriormente cayendo recostado a su lado, ambos con la respiración agitada, parecía que luego de aquel momento sus almas regresaban a sus cuerpos, Inuyasha la atrajo a su cuerpo protectoramente, y beso su frente aperlada por el sudor, una sonrisa victoriosa se dibujo en su rostro mientras que kagome intentaba calmar su respiración.

—Inu…yasha…—hablo la Miko aun con la respiración algo agitada — Eso fue increíble…—Termino la frase con una sonrisa, se sentía completa y feliz, como nunca antes en su vida, la distrajo una suave caricia sobre su mejilla, era la mano de inuyasha que la acariciaba y la observaba con una mirada cautivadora y profunda, casi podía jurar que con ternura.

—Te amo Kagome…—Susurro de pronto el hanyou sorprendiéndola, ella lo observo perpleja, no podía creer que aquellas palabras estuvieran saliendo de él, aquellas palabras que pensó jamás llegaría a escuchar.

— ¿Q…que dijiste? —Tartamudeo la Miko aun sin poderlo creer

—Te amo —Volvió a decirle con una seductora sonrisa que derritió su corazón, Kagome se giro hacia él y lo abrazo mientras sentía las lagrimas agolparse en sus ojos chocolate por la emoción, aquel momento siempre iba a quedar guardado en su corazón, pensó la miko mientras depositaba un cálido y suave beso en sus labios.

—Yo también te amo…—Susurro la Miko mientras él la cobijaba en sus brazos, y luego de un momento ambos cayeron rendidos ante el cansancio, a pesar de que aun era temprano, no tenía nada de malo recuperar energías para regresar a su búsqueda, aunque esta vez de una manera distinta, con un fuerte lazo que esta vez los unía.

CONTINUARA.

Quiero dar mis más sinceros agradecimientos a "Serena Tsukino Chiba" y a "Aky9110" por sus comentarios respecto a la historia, además de las personas que la han seguido y agregado a favoritos, estoy contenta porque al principio tenía miedo de que no les gustara. Ya van casi 300 lecturas a la historia, quiero invitarlos a dejar sus comentarios ya que eso me ayuda a saber si voy por buen camino.

Dicho esto, aquí les dejo el capitulo n°4 de Desafiándonos, espero que lo disfruten. Se despide con un beso: Siliammr