ACLARACION: Los personajes de esta historia NO me pertenecen
—Si…—Mascullo Inuyasha observándola fijamente, con algo de pesar libero a la Miko del agarre que tenia sobre sus caderas, mientras se ponía de espaldas frente a ella para que se subiera en su espalda, una vez que la Miko estuvo sobre él, se dirigió dando saltos hacia la casa de la anciana Kaede, para recuperar el arco de la muchacha, y así luego poder dirigirse rápidamente a la aldea vecina, en ayuda de sus amigos.
Una vez recuperado el arco de Kagome, iniciaron una veloz carrera en dirección a la aldea vecina, ninguno de los dos sabía con qué tipo de enemigo iban a encontrarse esta vez, pero algo en el interior de la Miko la alertaba sobre mantenerse cerca de Inuyasha, y tener mucho cuidado. No les tomo mucho tiempo estar en la aldea, no era muy diferente a la de Kaede, era pequeña y todos los aldeanos parecían ocupados en sus labores, a la distancia divisaron a sus amigos y se aproximaron rápidamente a ellos.
— ¡Muchachos! — Grito la Miko agitando su mano sobre su cabeza en forma de saludo, intentando captar la atención del grupo que parecía estar hablando sobre algo importante, Sango la observo y le sonrió, al mismo tiempo que el pequeño Shippo saltaba hacia los brazos de la joven y la saludaba con una sonrisa.
— ¿Qué sucede? —Interrogo el Hanyou al ver la expresión seria en el rostro del monje — ¿Lograron averiguar algo?
—Si…nos comentaron que el nombre de aquella presencia es Yashiro, es una presencia maligna que se alimenta de los anhelos y temores de sus víctimas, los aldeanos comentaron que es bastante poderosa, habían contratado monjes para que fueran a deshacerse de aquella presencia pero jamás regresaron, la gente está asustada ya que no saben que más hacer — Explico el monje observando a Inuyasha para luego desviar su mirada en dirección a donde se encontraba el refugio de aquella presencia.
—Entiendo…—Mascullo Inuyasha — ¿ustedes acaso pretenden ayudar a esta gente? — consulto mientras metía sus manos en su Haori y luego continuo hablando con una expresión de desgana en su rostro — La verdad es que a mí no me hace mucha ilusión que a cada aldea que vamos hay que hacer este tipo de pausas, no tenemos una sola pista del maldito de Naraku, y si seguimos perdiendo el tiempo en estas cosas…
—Entendemos tu posición Inuyasha, pero esta gente necesita ayuda, y si no vamos nosotros la situación podría ser peor —Interrumpió Sango— Además… esta aldea se encuentra muy cerca de la nuestra, yo creo que deberíamos ayudar
—Yo opino igual que tu, querida Sango —Hablo Miroku mientras miraba a la exterminadora y luego al hanyou
El Hanyou tomo una postura de resignación, con su mano masajeo sus sienes, mientras suspiraba, sus amigos se habían salido con la suya, además que más daba, después de todo aun seguían sin ninguna pista y dudaba que eso fuera a cambiar al menos ese día.
—Bien pues que remedio…—Gruño— Kagome ¿tú qué opinas? — Dirigió su ambarina mirada hacia su compañera quien parecía tener la mirada perdida en algún punto invisible — eh…Kagome ¿está todo bien? —Pregunto mientras ponía su mano sobre el hombro de la Miko, quien dio un respingo y lo miro un poco desconcertada
—eh si…Inuyasha…—Susurro la Miko — siento un fragmento de la perla en ese lugar, en aquella dirección — Menciono mientras apuntaba hacia el camino
—En esa dirección se encuentra el refugio de la presencia maligna Inuyasha — Afirmo Miroku
—Bueno, bueno. No se diga más, ahora sí que este lugar ha captado mi atención, vámonos ya. Súbete Kagome — Ordeno mientras se agachaba frente a la Miko, quien se subió en su espalda, una vez que la tuvo asegurada se volteo hacia sus amigos — No perdamos más el tiempo, quiero terminar con este asunto lo más pronto posible — Menciono el hanyou mientras sus compañeros se montaban sobre Kirara y comenzaban a dirigirse hacia aquel lugar desconocido.
Al irse acercando podían percibir como la energía maligna de aquel lugar se acrecentaba, la vegetación de aquel lugar se había secado, dándole un aspecto bastante lúgubre al bosque. Una vez más cerca del refugio, se percataron de una extraña cabaña que había en el lugar. Desde afuera se veía bastante maltratada, incluso tenía un aspecto antiguo.
Inuyasha dejo que Kagome se bajara de su espalda, pero él se puso delante de su compañera, así en caso de que alguien saliera de improviso ella no correría peligro, ante todo siempre estaría la seguridad de su mujer, sobre todo ahora. Él sería capaz de asesinar sin pensar a cualquiera que siquiera pensara en lastimar a la Miko.
Sango y Miroku se bajaron del lomo de Kirara, excepto Shippo, quien prefirió quedarse en el lomo de la gata demonio, así en caso de que algo saliera mal ella podía elevarse y dejarlos fuera de peligro.
—Algo anda mal Inuyasha…este lugar despide una gran maldad, aun cuando parece ser una cabaña común y corriente —Menciono el monje quien observaba a su alrededor.
— ¡Feh! — Bufo el peli plateado — ¡OyeYashiro…vinimos a buscarte, que esperas para salir de tu escondite, puedo sentirte, sé que estas aquí! —Grito el hanyou. Al principio, solo hubo silencio en aquel lugar. Sin embargo fue al cabo de unos minutos, cuando una risa comenzó a resonar alrededor de ellos, no parecía venir de algún punto fijo, fue como si los rodeara, podían sentir aquella estruendosa risa venir de todas partes, de pronto la risa ceso, para dar paso a una voz, que parecía prácticamente un lamento.
—Eres muy valiente hibrido…—Mascullo la voz a su alrededor — Incluso diría que un poco estúpido, ¿piensas acaso que yo, la gran Yashiro, tendría que esconderme de un medio demonio como tú, y un grupo de humanos? —Menciono en tono de burla
—Si fueras un poco más valiente ya te hubieras mostrado —Respondió el hanyou de forma desafiante
—Veo que te acompaña una Sacerdotisa…—Hablo la voz, ignorando las palabras de Inuyasha — oh…pero esta no es simplemente una Miko…no…es tú mujer… ¿no es verdad, hibrido?
— ¿s…su...Mujer? —Preguntaron Sango, Miroku y Shippo al Unísono, dirigiendo su mirada sorprendida hacia sus amigos. Las mejillas de Kagome se tiñeron de rojo, al mismo tiempo que desviaba la mirada de sus amigos, para ponerla sobre Inuyasha, quien se encontraba ya bastante cabreado por la expresión que tenía en su rostro.
—Eso no es de tu incumbencia maldita bruja entrometida…—Gruño Inuyasha ante su invisible oponente —Más te vale que dejes de hablar sobre cosas que no te importan, si no quieres que entre a esa cabaña a buscarte y te haga pedazos con mi colmillo de acero — Grito furioso, pero la presencia nuevamente comenzó a burlarse.
—Inuyasha…por favor contrólate, no sabemos qué tipo de oponente es este —Susurro Kagome para tratar de calmar a su compañero, no tenía un buen presentimiento de esta situación
—Espíritu ¿Qué es lo que te atormenta? —Pregunto el Monje con un tono serio — ¿Por qué descargas tu ira contra monjes y sacerdotisas? ¿Qué es lo que pretendes? —Termino por preguntar
—Haces muchas preguntas monje…—Mascullo la voz — y no tengo porque responder ninguna de ellas, pero la verdad es que una cosa si te diré… —hizo una pausa para luego reír de forma maquiavélica — cada vez que asesino a los monjes y sacerdotisas que vienen a tratar de destruirme, mi poder se incrementa…es por eso que no puedo dejar que se marchen de aquí…
Luego de decir aquello, el suelo bajo sus pies comenzó a ponerse blando, parecían ser arenas movedizas lo que los succionaba, mientras la presencia comenzaba a reírse de forma estruendosa. Inuyasha intento zafarse pero sus pies se encontraban atrapados, al igual que los de sus amigos, la desesperación de verse atrapados se apodero de todo el equipo. No pudieron evitar ser absorbidos por la tierra húmeda, de pronto todo quedo en silencio, y alrededor de la cabaña, ya no quedo nada, ni nadie.
Poco a poco la Miko fue recobrando el conocimiento, lo primero que se vino a su mente fue encontrar a Inuyasha, miro a su alrededor pero solamente se encontró con sus amigos tirados en el piso de lo que parecía ser el interior de la cabaña. No entendía como habían llegado ahí, todo se encontraba a obscuras. Se aproximo gateando hasta Sango y noto que la exterminadora se encontraba inconsciente, pero al menos respiraba. Seguramente estaba dormida. Lentamente se puso de pie, tratando de agudizar un poco su visión, era una habitación vacía, el olor a humedad se agolpo en su nariz, no sentía ninguna presencia extraña. Inuyasha…tengo que encontrar a Inuyasha…pensó mientras abría lentamente la puerta de la habitación, observo que había un pasillo largo frente a ella, todo se encontraba en penumbra, no recordaba que aquella casa se viera tan grande desde el exterior pero pensó que quizás debió haber estado protegida por algún hechizo. Comenzó a caminar tratando de no hacer ruido. Al final del pasillo comenzaba el bosque, de pronto un resplandor apareció entre los árboles, se sorprendió un poco al percatarse de lo que estaba viendo en la distancia. Una de las serpientes de Kikyo…pero… ¿Qué hace ella en este lugar?, ¿habrá venido por petición de la anciana Kaede…?, de pronto todo su cuerpo se paralizo, y sus pensamientos cambiaron, centrándose en solamente una cosa…Inuyasha, no…pensó mientras sus piernas comenzaron a moverse casi de forma mecánica, siguiendo aquella serpiente que deambulaba entre los árboles. Antes de poner un pie fuera del piso de madera, miro hacia atrás, en dirección a donde estaban sus amigos, luego devolvió su mirada hasta la serpiente que poco a poco se alejaba entre los árboles, no espero más tiempo y dio el primer paso, adentrándose en el bosque. Sintió una gran punzada en su corazón, temiendo lo que podría llegar a encontrar.
Mientras caminaba podía escuchar lo agitada que se hallaba su respiración, sus pensamientos se encontraban alterados en ese momento, y un terror indescriptible se apodero de ella. De pronto la serpiente se desvaneció, y a lo lejos pudo ver una figura roja y plata, era Inuyasha. No pudo evitar que su corazón diera un vuelco, al percatarse de que no se encontraba solo, más bien estaba abrazando a Kikyo, y ella también se aferraba a él como si su vida dependiera de ello.
Quiso gritar, quiso reclamarle que estuviera con ella después de lo que había pasado entre ellos, no podía creerlo, pero ahí estaba él, no había ninguna duda, trato de moverse pero su cuerpo se encontraba paralizado, su vista comenzó a nublarse por las lagrimas, su corazón dolió mucho más que las veces anteriores en la que los había sorprendido juntos. Si bien ella siempre estuvo enamorada de aquel Hanyou, esta vez de verdad se había ilusionado con que las cosas iban a cambiar, después de todo, inuyasha le había explicado la importancia de tener una compañera, pero en ese momento fue como si todo se hubiera desvanecido, sus sueños e ilusiones se estaban rompiendo, y no podía hacer nada para evitarlo. ¿Por qué Inuyasha…? ¿Por qué juegas conmigo de esta manera tan cruel?, pensó mientras llevaba una de sus manos hasta su boca, cubriéndola para evitar gritar de rabia. No quería seguir observando aquel espectáculo, quería irse, pero no entendía porque no podía moverse, de pronto su corazón se contrajo.
Inuyasha había tomado el rostro de Kikyo entre sus manos y la estaba observando directamente a los ojos, mientras otra de sus manos se posaba sobre la cintura de la Miko no-Muerta.
—Kikyo…—Susurro el Hanyou — No importa lo que haya sucedido con Kagome, tu siempre serás la primera mujer a la que yo he amado…—Hablaba mientras sus ojos color ámbar se perdían en los fríos ojos de la sacerdotisa que lo observaba atenta a sus palabras — No importa lo que depare el destino, yo siempre te voy a proteger…
—Inu…yasha…—Susurro la Miko mirándolo expectante
Lentamente el hanyou fue bajando su rostro hasta el de la sacerdotisa, ante la mirada horrorizaba de la joven Miko del futuro quien observaba aquel cruel espectáculo desde la distancia, una vez más.
—Inuyasha no…—Susurro Kagome en lo que parecían ser palabras ahogadas de su garganta — por favor, no lo hagas inuyasha…—Esta vez intento aumentar su tono de voz, pero este se quebraba producto del llanto de la Miko — Inuyasha…Inu… ¡Inuyasha! —Grito desesperada, perdiendo el control, mientras sentía su corazón romperse en mil pedazos
— ¡Kagome! —Escucho que alguien la llamaba a la distancia, mientras su cuerpo parecía alejarse de aquella escena que la estaba desgarrando por dentro. — ¡Kagome me oyes! —Volvió a sentir que la llamaban, mientras su cuerpo parecía flotar dirigiéndose de vuelta a la cabaña de la cual había salido — ¡Mierda Kagome…por favor Reacciona!
Abrió los ojos pesadamente, aun podía sentir aquella desesperación en su corazón y su alma, era como si la hubiera desgarrado por dentro. Una vez que logro enfocar su visión, se encontró con una ambarina mirada que la miraba preocupado, sintió nuevamente como sus ojos se humedecían…Inuyasha…Pensó mientras las lagrimas caían por sus mejillas.
— ¿Estás bien? ¿Esa maldita te hizo algo?, maldición, estaba tan preocupado Kagome — Menciono el Hanyou mientras levantaba el cuerpo de la Miko suavemente del suelo y la apoyaba en su regazo, para brindarle un cálido abrazo, pensó que moriría cuando despertó y la vio desmayada a su lado, casi no respiraba, estuvo mucho rato tratando de hacerla reaccionar, angustiándose aún más, cuando noto que estando inconsciente la expresión en la cara de la joven había cambiado a una de horror.
Cuando sintió que inuyasha la abrazo, se sujeto fuertemente de su Haori con sus manos, y no pudo evitar que un amargo llanto saliera desde lo más profundo de su alma, nunca antes tuvo tanto miedo de perderlo. Ahora que lo había sabido suyo, que habían compartido un momento tan mágico, sintió que si un día llegaba a perderlo ella simplemente moriría, no soportaría estar sin él, ahora que sabía lo que era sentir su amor.
El hanyou simplemente permaneció abrazándola, no quiso preguntar nada hasta que su mujer estuviera más tranquila, podía oler la desesperación en ella, y eso hacía que su corazón doliera, no sabía que le había pasado exactamente, pero podía sentir que había sido algo muy doloroso para ella, lo que hacía que explotara de rabia por dentro por no haberla podido proteger de aquel peligro.
— ¿Qué sucedió…? —Pregunto Kagome una vez que estuvo más recompuesta, al menos para poder hablar, aunque su corazón seguía doliendo — ¿Dónde estamos?
—Estamos al interior de la cabaña de esa maldita. Miroku y Sango fueron a buscarla, yo me quede contigo, estaba preocupado porque no abrías los ojos Kagome…yo…—Hizo una pausa — yo temí perderte… —Finalizo con una voz grave producto de la tristeza, mientras se aproximaba a ella y depositaba un suave beso en sus labios — Me alegra saber que estas bien
Kagome lo observo, intento esbozar una sonrisa, pero los recuerdos de Inuyasha y Kikyo besándose, la borraron de su rostro en menos de un segundo, quiso ponerse de pie, pero el hanyou se lo impidió.
—Inuyasha…puedo percibir el fragmento de la perla, está muy cerca de aquí — Mascullo la Miko, quien de pronto cambio la expresión en su rostro — ¿Donde está Shippo?
—Él y Kirara se fueron con Miroku y Sango —La tranquilizo el Hanyou mientras la observaba aun con preocupación, algo en ella era diferente, podía sentir como había perdido el brillo en sus ojos, ahora sus ojos eran tristes, llenos de nostalgia.
—Por favor Inuyasha, llévame hacia el fragmento —Pidió la Miko esta vez logrando ponerse de pie con la ayuda del Hanyou
—Está bien, pero luego nosotros dos vamos a hablar —Advirtió el hanyou
Luego de esto, ambos salieron en dirección hacia donde Kagome percibía el fragmento, llegaron hasta una gran sala, obscura que tenía una figura extraña en el centro, en la habitación se encontraban también sus amigos.
— ¡Kagome! —Chillo Shippo saltando hasta los brazos de la joven, quien lo recibió en un cálido abrazo
— ¿Señorita Kagome se siente usted mejor? —Pregunto Miroku, para quien no paso desapercibida la expresión preocupada de Inuyasha
Antes de que la Miko pudiera contestar, se sintió nuevamente la presencia de aquel ser malévolo, y la risa nuevamente los envolvió.
—Maldita bruja, que fue lo que le hiciste a Kagome…—Gruño Inuyasha indignado — Juro que te destruiré
—No me hagas reír hibrido — Respondió la voz de forma sarcástica — Oye…sacerdotisa, ¿te gusto lo que viste?...por tus emociones puedo notar que no…—Exclamo mientras soltaba una malvada risa
La muchacha mantuvo su mirada en el suelo, aun sentía tristeza por lo que había visto, se había sentido tan real, que no se percato de que estuvo soñando todo ese rato.
—Kagome…—Susurro inuyasha mientras observaba a su cabizbaja compañera — ¿Qué fue lo que le hiciste maldita…—Volvió a preguntar el hanyou a punto de perder los estribos
—Simplemente me apodere de parte de su alma, en el lugar donde se encuentran sus temores…así fue como me di cuenta de que anteriormente este era un amor no correspondido…¿o no hanyou? — Pregunto la voz
El cuerpo de inuyasha se tenso… ¿acaso esa maldita le había mostrado algo relacionado con Kikyo? Maldición….pensó el semi demonio, ahora entendía a que se debía la desesperación de su mujer, a pesar de que en su corazón ya no había ninguna duda sobre al lado de quien debía pertenecer, para su compañera siempre seria un tema duro de tratar, y el no podía culparla, de hecho, solamente él era el culpable de que fuera un tema que a ella le afectara tanto.
—ah…veo que lo captaste rápido hibrido — Se burlo la voz
—Malvada… ¿cómo pudiste hacerle esto a Kagome? —Gruño el hanyou fuertemente
—Yo no hice nada Hanyou…el daño lo has hecho tú…—Afirmo la voz sarcásticamente
Kagome ya estaba harta de aquella situación, se sentía triste, enojada y avergonzada. Nuevamente había dejado que alguien se apropiara de su alma, en aquel momento pensó en que debería volverse más fuerte para que aquello no volviera a suceder, en ese momento se percato de que el fragmento se encontraba justo en aquella figura extraña que estaba al medio de la habitación, por lo que rápidamente salió de su letargo.
—Inuyasha…—Llamo al hanyou captando su atención — El fragmento se encuentra en aquella figura, destrúyela
— ¡Maldita Miko! —Grito aquella voz que los había estado hostigando todo ese tiempo
—Lamentaras haberte metido con mi mujer, ¡maldita bruja! —Grito Inuyasha mientras desenfundaba a su espada, para luego agitarla mientras Gritaba — ¡Viento Cortante!
Aquella figura era grande, pero al recibir el impacto del poder del Inuyasha, poco a poco se desintegro, al mismo tiempo que el espíritu se hacía visible ante los ojos del grupo. Era un espectro, de cabello negro y pálida piel, llevaba una máscara con una sonrisa espeluznante dibujada en ella.
— ¡Ese es el espíritu excelencia! —Alerto Sango mientras el monje sacaba uno de sus pergaminos
— ¡Malditos sean todos ustedes, me descubrieron! —Gritaba el espectro tratando de escapar, justo antes de que uno de los pergaminos del monje impactara de lleno en su cuerpo deforme. Luego de esto el monje comenzó a decir unas palabras rápidamente que parecían oraciones, mientras el espectro poco a poco comenzaba a desaparecer entre gritos. Esfumándose al mismo tiempo que el monje terminaba con la frase "descansa en paz".
Todo quedo en silencio, la cabaña de pronto se ilumino. El mal se había extinguido por fin. Sango no pudo evitar mirar a Kagome, quien aun permanecía con su mirada llena de tristeza, Inuyasha también la estaba observando.
—Kagome… ¿Te encuentras bien? —Susurro el pequeño zorrito que aun permanecía en su regazo, la miko pareció salir de alguna especie de transe, sonriéndole cálidamente, intentando ocultar su tristeza.
—Eh… Shippo, estoy bien tranquilo — Respondió la Miko intentando tranquilizar al pequeño, al mismo tiempo que calmaba su propio corazón, dirigió su mirada hacia los restos de lo que había sido una figura momentos atrás, divisando el fragmento entre los escombros, se acerco lentamente y lo tomo con una de sus manos sin soltar al zorro que se sujetaba a ella — Bien…Conseguimos otro fragmento —Menciono ante la mirada de sus amigos, pero sobre todo la de Inuyasha.
—Sango…—Hablo el Hanyou observando a la exterminadora que estaba a pocos metros de él — ¿ustedes podrían adelantarse a la aldea por favor? —Le pidió ante la sorprendida mirada de sus compañeros
—Claro que si…no hay problema —Respondió la joven mientras ella y el monje comenzaban a dirigirse a la puerta, para salir de la cabaña
—Vamos Shippo —Ordeno de forma suave el monje mientras sostenía al pequeño en sus brazos. Una vez fuera de la cabaña todos se montaron sobre Kirara alejándose del lugar, para darles privacidad a sus amigos.
El silencio se hizo presente en la habitación, la Miko había evitado mirar al hanyou durante todo ese rato, pero era obvio que no podría escapar de él, ni de aquella conversación.
—Kagome…—Exclamo el hanyou rompiendo el incomodo silencio que se había formado en el ambiente — Tenemos que hablar.
CONTINUARA.
Ufff…este capítulo fue todo un desafío jaja espero que les guste, ¡no me odien!, quiero agradecer a cada uno de los lectores que le ha brindado una oportunidad a mi historia, estoy muy feliz porque ya alcanzo las 1000 lecturas, espero que poco a poco sigan aumentando.
Me despido, invitándolos cordialmente a comentar, recuerden que sus comentarios me sirven para saber si voy bien encaminada, me encantaría saber que les pareció el capitulo N°7, me despido con un enorme abrazo. SiliamMR
