CAPÍTULO II: SINGULAR PRINCESA

Todos los presentes, especialmente los extranjeros, habían quedado en silencio, sorprendidos por la interrupción de una muchacha que a primera vista parecía una labradora.

"¡Lamento el retraso!" Dijo la pelirroja, inclinándose con una leve reverencia a los recién llegados con una sonrisa en los labios.

"¡Por el amor de los Dioses, Sora!" Reprochó fuertemente la reina Tachikawa, al ver la escandalosa aparición de su hija; ni más ni menos que una princesa, mientras Mimi, se tapaba los ojos con una mano, en señal de desespero.

Mientras la reina lanzaba miradas de grave reproche a la recién llegada, los allí presentes se encontraban confusos sobre quién era exactamente esa muchacha, pues, al menos físicamente, no guardaba ningún parecido a sus majestades.

- Creo que ya conocen a nuestra otra… hija… Sora… - Titubeó el rey Tachikawa, intentando encubrir el bochorno de la situación - quién les ruega sus disculpas por haber irrumpido tan… estrepitosamente.- La joven pelirroja, con una sutil reverencia retrocedió y se situó junto a la servidumbre, quien observaba en silencio.

Y algunos sí que la recordaban.

Inicio Flashback

En el patio de armas del castillo gélido del Cenit se encontraban varios niños ataviados con pieles y espadas de madera, quienes, a pesar del frío y del hielo que se iba acumulando en el empedrado, se batían en duelo estruendosamente. Entre ellos, se distinguía una pequeña figura de cabellos rojizos que, a pesar de ser más pequeña que los demás, acababa de ganar uno de los duelos. Después de apartarse un mechón del rostro húmedo, se inclinó ofreciendo la mano al compañero que había acabado en el suelo.

- ¡Las niñas no pueden luchar!¡Haces trampa!- El pequeño perdedor le arrancó la espada de la mano de un brinco y se la lanzó al suelo- ¡Tú no eres un caballero, tendrías que haberte quedado dentro con las demás!

-¡Yo no hago trampas! – Se defendió la pequeña - Estás enfadado porque te he ganado y eres un mal perdedor… Ahora ya puedo enfrentarme con Yamato!- dirigiéndose a un chiquillo pálido que disimulaba su delgadez envuelto en pieles y que lucía el distintivo del Cenit en la solapa del chaleco, demostrando así la pertenencia a la casa de los señores del norte.

- Euu …Yo… bueno- el rostro del pequeño rubio se sonrojaba por el bochorno que le causaba que su compañera se le acercase con mirada reclamante- supongo que no pasa nada sí…

- No Yamato, no puede luchar más! ¡Tiene que quedarse dentro o mirar!- Gritó enfadado el otro niño. – ¡O nos castigarán a todos por su culpa!

- ¡Si estamos en guerra tendremos que ayudar todos!- Replicó.

- ¡Si entramos en guerra tú no lucharás, pesada! Te quedarás en el fuerte con todas las demás! Si tú no matarías ni a un mosquito…-

- ¡Te voy a …!- Dijo Sora alzando una mano con la intención de atizarle una buen capón. Pero en ese instante una mujer mayor, vestida con un casto atuendo que solamente dejaba al descubierto su pálido rostro, quién se había quedado atrás supervisando la escena, se posicionó entre ambos contendientes.

- ¡Mi señora.- Le agarró fuertemente de la mano con modales estrictos - Ya es suficiente.

-¡Pero! ...-Y sin admitir más réplica, el aya encargada del cuidado de la pequeña se la llevó del lugar, mientras ella miraba hacia atrás exasperada por lo que su pequeña conciencia creía que era una gran injusticia.

Fin Flashback

Sólo había cambiado físicamente. Había crecido y se había convertido en una joven que a pesar de no resultar tan vistosa como su hermana, resaltaba por su hermosura natural. Llevaba su largo pelo cobrizo trenzado en un semirecogido y a pesar de haber abandonado cualquier rasgo que recordase a la niñez, su rostro expresaba un alma combativa y gentil a la vez, la misma Sora defendiéndose en un mundo que le quedaba pequeño. La que ahora iba a ser su cuñada, pensó Yamato.

-Y ahora, si es de vuestra complacencia, nuestra servidumbre les acompañará hasta sus respectivas estancias, para que puedan descansar del largo viaje. Esperamos acudan al banquete que nos hemos permitido organizar para celebrar nuestro reencuentro y acabar de perfilar nuestro anhelado compromiso.- Anunció la reina. Dicho esto, la multitud, se dispersó, caballos y soldados hacia los establos mientras las familias y sus comitivas se adentraban en el castillo.

Pero Yamato Ishida no tenía el ánimo para celebraciones. En sus oídos aún retumbaba el galope incesante de los caballos durante el largo viaje y un nudo se iba formando en su garganta al imaginar que los pasillos que atravesaba en breve conformarían su nuevo hogar. El castillo de Garda, digno merecedor de la residencia real, impresionaba por su fastuosidad. A medida que avanzaban, Yamato divisó varias galerías ajardinadas y fosos, lujosas estancias que se contaban en más de doscientas

Al llegar a sus estancias, se encontró con un elegante baldaquín de roble cubierto por una colcha de terciopelo verde en la que había bordados de la rosa espinada de Garda y elaborados tapices con motivos bélicos colgados de las paredes. Tan ágilmente como pudo se deshizo de su espada y de la pesada cota de malla mientras se miraba en un antiguo espejo adyacente a su lecho. Pudo advertir cómo su rostro denotaba fatiga, pero también algo más, algo procedente de más adentro. Sus alas de juventud iban a ser arrancadas, atándose para siempre al cargo de un reino que no le brindaba esperanzas.

Estiró su cuerpo en el lecho e intentó dejarse mecer por el silencio para reposar del largo viaje... pero tras pocos minutos unas voces femeninas interrumpieron su descanso.

-Tenías que aparecer tú y llamar la atención, como siempre. ¿Lo hiciste adrede, verdad?- La voz de la princesa Mimi dirigiéndose a su hermana destilaba furia contenida.

-Mimi, lamento haberte ofendido, no creí que mereciera tanta importancia mi retraso… Se nos complicaron las cosas en el bosque y vine tan rápido como pude...- Respondió Sora, con pesar.

-¡Podrías haberte quedado allí! ¡Sabías que era un momento clave, la atención debía centrarse en mi... ¡Pero tuviste que interrumpir! ¡Tenían que fijarse más en ti! ¡Estoy harta! Tú y y tu falta de principios, tu indiferencia… no lo voy a soportar más!...- la heredera parecía estar a punto de estallar en un llanto de ira. – ¿¡Se puede saber qué hay tan importante en el bosque?!

-Mimi lo siento…- Dijo la pelirroja contrariada- Pero…No creo que debas enfadarte tanto – Sora soltó un suspiro de resignación - seguro que Yamato Ishida te recuerda intensamente…Toma, coge- dijo ofreciendo a Mimi una pequeña alforja repleta de frutos obtenidos del bosque.- A ti te encantan, no es cierto?- dijo, con la esperanza de poder apaciguar la ira de su hermana.

-¡Al diablo!- Gritó mientras agarró con fuerza la alforja de las manos de Sora y la lanzó contra el suelo de piedra, esparciendo un abundante líquido rojo alrededor- Te juro por los dioses que si esta noche te haces notar, o ocurre algo fuera de lo común haré que se tomen medidas, Sora… tenlo muy presente…- Mimí pisó los frutos con ira y se fue caminando altivamente por el amplio corredor.

Sora, resoplando de alivio, se arrodilló en el suelo intentando recoger el desastre con la ayuda de la falda de su túnica. Tras haber oído toda la escena tras la puerta, Yamato salió despacio de su habitación, para no asustar a la muchacha, que se encontraba arrodillada en el suelo de espaldas a él.

-¿De verdad sois una princesa?- Sora se giró con sorpresa, no sin sentirse avergonzada al imaginar que el propio Yamato Ishida había presenciado la escena. Al verle allí, no pudo evitar que por su cabeza asomaran recuerdos del pasado. El rubio había crecido considerablemente, ahora era casi dos cabezas más alto que ella y sus facciones se habían tornado adultas y más rudas. Su piel nívea y su cabello largo, dorado y rebelde reflejaban un hombre del norte, gélido a primera vista.

-¿De verdad sois el futuro rey?- Contestó ella con una sonrisa confidente. Yamato se arrodilló junto a ella, ensuciando también sus ropajes de líquido rojizo y sus ojos se encontraron con intensidad.

Inicio flashback

El pequeño Yamato resopló fatigado. No le molestaba la fuerte nevada que les estaba cayendo encima ni el rugir del viento que avecinaba tormenta. Pero si le molestaban los gritos de los demás niños que le exigían batirse en duelo con ellos, insistentes, tras varias rondas de derrotas. El pequeño Yamato era solitario, extremadamente tímido y ser el hijo del señor del lugar era un cargo que aborrecía absolutamente. A pesar que había heredado el don de la espada de su progenitor, a su corta edad detestaba los duelos por la atención que focalizaban sobre su persona, tanto la atenta mirada de su contrario, como la del público que gritaba y apostaba por el ganador. En cuanto pudo, lazó la espada de madera al suelo y se escabulló rápidamente hacia los establos, evitando ser visto.

Al fondo del pasillo que dividía las caballerizas, Yamato divisó a una niña subida en un banquillo y encaramada a una de las cuadras, acariciando el morro de un corcel viejo que parecía mirarla con paciencia paternal. Se acercó a ella lentamente.

-No es justo que no me dejen luchar…

En ese momento pensó en la primera vez que la había visto, unos días antes. Los señores del Cenit llevaban esperando la visita de sus majestades desde hacía días, pero las inclemencias del tiempo habían prolongado el tiempo del viaje. Tras oír el cuerno que anunciaba la llegada del séquito, Yamato a lo lejos divisó una fila de caballos que se acercaban en la nieve. En uno de los que iban primero, en un caballo tordo de gran envergadura, iba trotando el rey Tachikawa junto a lo que parecía un niño envuelto en pieles. Al acercarse y detenerse, primero desmontó el rey, para después coger a la pequeña figura en brazos y depositarla en el suelo. Al bajarse la capucha lanuda, Yamato vio que en realidad se trataba de una niña, una de las hijas del rey, pensó, pero llevaba el pelo incluso más corto que él. A medida que iban llegando los demás, de una de las carrozas salió la reina Tachikawa resguardándose del frío, acompañada de otra niña. La segunda pequeña, iba cubierta con un abrigo aterciopelado verde y pieles de visón blanco en el cuello.

- Bienvenidos al norte- Anunció su padre, Hiroaki Ishida, señor del Cenit, ofreciendo a la familia cobijo y protección.

En los establos, Yamato observó a su compañera cuidadosamente. Su pelo parecía haber sido cortado con poco esmero y llevaba un atuendo masculino, que al haberse mojado por la nevada, le daba un aspecto desaliñado.

-¿De verdad sois una princesa?-

La pelirroja se volteó a verle a los ojos con una expresión contrariada. Tenía los ojos de un color rojo rubí que tornaban su rostro en una calidez agradable para él.

- Yo sólo soy Sora.- La pequeña se bajó del banquillo en el que estaba subida y con una media sonrisa le tendió la mano, levemente sucia y repleta de pequeñas heridas, en señal de amistad. Yamato, tardando unos segundos en reaccionar, la observó de arriba abajo y con lentitud le devolvió el gesto- ¿Eres muy tímido, verdad? – el rostro rojizo de Yamato contestó a la pregunta- Sabes… Mi papá dice que pertenecemos a la casa de la rosa espinada de Garda… y es verdad que mi familia es delicada y elegante como la rosa…- la chiquilla volvió a desviar la mirada hacia el caballo - pero yo no lo soy… y por eso no encajo en ningún sitio.

- Si quieres luchar es porque te preocupas por los demás… - Intentó decir Yamato sin entrecortarse – Al fin y al cabo… a quién le importan unas flores tontas…

Sora sonrió aliviada por las palabras de su nuevo amigo. Observó que Yamato, a pesar de ser un niño pálido y delgaducho, sus ojos fríos destilaban una profundidad llena de matices.

- Tú en cambio sí que pareces de la casa del lobo. Aunque mi aya dice que los hay que matar a los lobos. Se comen el ganado y …

- ¡Los lobos protegen a su manada! – Protestó el rubio- Además, nos defienden de seres más peligrosos- Sora quedó callada con el pesar de haber podido decir algo ofensivo- ¿Te gustaría ver un lobo de verdad?

En un instante a la pequeña se le iluminaron los ojos de ilusión, cogiendo ambas manos del rubio y zarandeándolas - ¡Sí! ¡Un lobo del norte!

-Pero me tienes que prometer que no se lo dirás a nadie.

- ¡Te lo prometo!

- ¡Ni siquiera a tu familia! – Ordenó el chico, con un tono serio en la voz.

- Sí, te lo prometo. Mi familia no habla mucho conmigo… - Contestó Sora con cierta aflicción.

-¡Pues ponte la capucha!-Yamato agarró de nuevo la mano de su compañera y la condujo hacia la salida de los establos, para después guiarla hacia el exterior de la extensa muralla a través de una pequeña salida sin custodia. El tiempo no había mejorado y el viento silbaba con fuerza. Corriendo, los dos niños se alejaron de la fortificación del Cenit, adentrándose hacia una arboleda espesa donde siguieron hasta que el bosque se hizo más denso y oscuro.

-¿Está aquí escondido? – Preguntó la pelirroja, presa de los nervios. En su corta vida no había visto lobos más que en los libros.

- Quédate muy quieta, de acuerdo? ¿No gritarás ni te asustarás?- Sora, extrañada hizo que sí con la cabeza.- Bien…- Yamato dejó ir la mano de Sora y se alejó de ella unos metros, quedándose frente a frente.

- ¿Pero dónde?...

- He dicho que te quedes quieta, Sora!- Gritó el rubio. La niña entonces quedó inmóvil, sin entender las pretensiones de su compañero. Pero entonces vio que Yamato empezaba a susurrar unas palabras impronunciables y que de él entonces empezó a brotar una luz azul, que fue deviniendo más y más intensa.

- Yamato qué pa…- Gritó ella presa del pánico, pero al instante vio como el pequeño rubio se desfiguraba y su silueta ya no era más la de un niño. Poco a poco, deslumbrada por la luz azul, la nieve y el viento, vio cómo su compañero se convertía en una bestia que doblaba su tamaño, un lobo blanco y grisáceo, mucho más grande de lo que debía ser un lobo común, enseñando unos dientes enormes. Sora entonces quedó paralizada en una mezcla de maravilla y terror, observando a la criatura que a pesar de su fiereza, tenía los mismos ojos que Yamato, unos ojos azules rasgados.

- Es verdad… eres un lobo…- Y Sora, intentando superar su miedo y sin pensarlo mucho, levantó la mano para tratar de acariciar el hocico de aquel ser mágico. Pero el ser, doblegó sus patas delanteras enseñando a la pequeña el lomo cubierto de pelo grisáceo. Tras meditarlo unos instantes, Sora se dio impulso para subir a lomos del nuevo Yamato, cuyo largo pelaje le sirvió de agarre.

En ese instante, el ser mágico inició una vertiginosa carrera por la frondosidad del bosque sintiendo Sora como la adrenalina se apoderaba de sus venas. A gran velocidad se dirigieron hacia el norte, dónde, tras atravesar varios kilómetros de bosque llegaron a un paraje de tundra glacial que hizo estremecer los sentidos de la pequeña. Mientras Yamato parecía volar, a lo lejos se divisaban grandes cordilleras nevadas, lagos helados a su paso y un espacio infinito hacia dónde eran capaces de llegar sus ojos. Del cielo nublado se desprendían copos de nieve que lentamente caían meciéndose con el viento y que se reflejaban en las aguas glaciares, creando un efecto espejo que impedía diferenciar el límite entre el cielo y la tierra. A pesar del intenso frío que le congelaba los mechones de cabello y que le estaba empezando a hacer perder la sensibilidad en sus extremidades, de los ojos de Sora empezaron a brotar lágrimas como consecuencia del éxtasis generado por tanta belleza. Ya no importaba nada, sólo estaban ellos y la naturaleza salvaje y despiadada, el frío y los elementos, la magia en estado puro.

Tras un par de horas de galope, el animal recuperó el camino iniciado y volvió a la arboleda oscura desde dónde habían iniciado la travesía. Finalmente, al detenerse, jadeante de extenuación, Sora se lanzó al suelo, embriagada de sensaciones. Alzó la mano para depositarla en su hocico y finalmente darle una caricia amorosa, llegando a poder susurrar:

- Gracias… Yamato…

Fin Flashback

Tras haberse postrado de rodillas en el suelo, se encontró frente a frente con la pelirroja que recordaba.

-Os vais a ensuciar, alteza...- Dijo Sora con una sonrisa confidente.

-No me llaméis alteza, Sora… habéis aparecido de nuevo agrediendo todos los protocolos, creo que a estas alturas podemos obviar las cortesías.- Dijo Yamato encontrando los mismos ojos rubíes que recordaba, afectuosos y llenos de nobleza. –Y por lo que veo, vuestra hermana aún no os entiende…

- Vuestra futura esposa es algo estricta- Dijo la pelirroja soltando un bufido- Estricta, orgullosa, altanera, petulante, y… - Pero la joven se detuvo al ver que sus palabras habían causado un pesar en Yamato.

- Mi futura esposa… - Repitió Yamato con la mirada clavada en el piso. –No me imaginaba que esto acabaría siendo real… ser el rey. No estoy hecho para eso, Sora, yo no soy diplomático, ni tengo virtudes para el gobierno… no estoy preparado…No quiero…

- Eh…- Susurró Sora con dulzura…- Miradme- Ella depositó afectuosamente su mano al hombro del muchacho - El lobo cuida de su manada…¿recordáis?- Yamato alzó la mirada embelesado al pesnar cómo Sora había guardado sus propias palabras – Dispondréis de vuestro lado a decenas de consejeros, sois reflexivo, diestro con la espada… y sois una buena persona…

- Pero tengo que desposarme…

- A Mimi toda la vida le han exigido prepararse para esto… es normal que esté al borde de la histeria- Se detuvo un instante para pensar lo que quería decir- Y… en el fondo Mimi es una buena chica…

Esto último pareció desinflar todo el aliento que le empezaban a brindar las palabras de la pelirroja- Yamato, he tenido que aprender que por desgracia nosotros no podemos elegir nuestra posición, pues nos ha venido concedido al nacer. Pero debemos responder a la responsabilidad que se nos ha concedido luchando por lo que creemos justo, ayudando a quien nos necesita, derribando convenciones absurdas y privilegios indignos. Sois un lobo venido de una tierra de nobleza y lealtad, vos podéis combatir la corrupción que ha asolado nuestra casa desde hace generaciones, podéis defender a vuestro pueblo concediéndoles educación y cobijo, - Sora cogió aire - y sobretodo… podéis evitar muertes innecesarias por guerras de poder…

Las palabras de Sora arroparon a Yamato cómo lo harían los brazos de una madre, Sora, brava y maternal, guerrera y tierna. Miró fijamente la muchacha tan distinta a las que hasta entonces había conocido... delante de ella no valían las cortesías, ni los protocolos, era espontánea con Sora podía ser él mismo, podía deshacerse de ese manto de frialdad sin miedo a ser prejuzgado.

-Habláis como un rey- Susurró Yamato - ¿Por qué no sois vos la heredera, si sois mayor que vuestra hermana?

Sora dubitó durante unos segundos para después mirar a su alrededor, reír y alzar los hombros- ¡¿No es obvio, miseñor?!- Ambos rieron cómplices al contemplar sus atuendos manchados de rojo.

-Sois una princesa singular-

-Oh, vaya…- dijo, alzando una ceja y haciéndose la ofendida- Nunca me habían dicho nada parecido – rió, con sarcasmo evidente – Majestad, creo firmemente que nuestra responsabilidad como seres humanos está muy por encima de nuestros privilegios como nobles. No quiero obedecer unas normas absurdas ni quiero echar a perder los años de mi vida permaneciendo al resguardo del castillo tejiendo o alumbrando pequeños señores. Quiero poder disfrutar del sol, del viento y del agua, quiero poder luchar por las personas que quiero …- Sora cerró los ojos durante unos instantes- A veces… a veces sueño que me convierto en un gran ave que despliega sus majestuosas alas y vuela rompiendo las cadenas de mi destino. Y no temo la muerte mas temo vivir en una jaula de tradición y conformidad… ese sería mi cruel tormento...- La joven permaneció unos segundos en silencio asta que volvió a dirigirse a los ojos del rubio – Quizá Bien, estos son los motivos por los que mis padres consideraron conveniente ceder el derecho de sucesión a Mimi, mi hermana, prometiéndola con vos. Una reina no puede ser como yo, Yamato.- El tono de Sora dio un ligero cambio, pasando del delirio a la resignación - Lo elegante, educada y femenina que yo no soy, lo es la persona con la que os vais a esposar-.

-Es una lástima...- Susurró Yamato después de escucharla.

-¿Perdonad?

-No parece que os llevéis muy bien con la futura reina...- Dijo ayudando a levantar a Sora, tendiéndole una mano.

-Ya sabéis que somos muy diferentes...- Dejándose ayudar por Yamato.

-¿Asistiréis a la cena y al baile de esta noche?-

-Eso es algo que no os debería de importar- Suspiró Sora con una sonrisa delatora- Además de que… deberíais cambiaros de vestimenta, no creéis- Dijo guiñándole un ojo y desapareciendo por el corredor hacia sus aposentos.

-Tiene razón...- Se dijo a sí mismo, observando el lamentable estado de su camisa. Pero estaba misteriosamente aliviado. Sora no era tan bella ni distinguida como Mimi, pero la hermosura que destilaba su alma causaba en él unos efectos que aún no sabía, o le asustaba, interpretar.

Al volver a entrar en sus aposentos, una voz llamó su atención:

-¡Hey Mattie, pequeño lobezno, espera!- Taichi, con sus aires revueltos, se acercó ágilmente hacia Yamato y se dirigió junto a él a sus aposentos.

-¿Dónde se fueron tus cortesías?- Dijo el rubio alegremente.

-¡¿Qué le ha pasado a tu ropa?!– Aún no te ha dado tiempo a llegar y ya te has peleado con alguien?- Rió él sólo- ¿Ya hablaste con tu princesa?

- Me temo que sí- Afirmó risueño.

-¿Cómo que me temo que sí? ¿Y qué tal? ¿Preparado para la boda?

-No, no hablé con Mimi...- Taichi miró confundido.

-¿Y entonces?-

- He hablado con la otra princesa...-

- ¿Con la pelirroja? Debo de admitir que no parece una princesa...- Dijo escéptico.

-Es mucho más que eso, Tai... Deberías oírla.- Sonrió Yamato hacia su amigo.

- En la que me he fijado es en tu futura esposa, amigo. Es preciosa. - Dio un leve codazo a Yamato en el costado, sin darse cuenta que eso levemente lo entristeció.

- Ya tendré tiempo de verla y de hablar con ella, ¿no crees? La alegría del rubio se desvaneció lánguidamente.

-No creo que haga falta ni siquiera hablar con ella, compañero. Te basta sólo con mirarla y tendrás suficiente para el resto de tus días.-

- ¿Por qué no te desposas tú, ya que tanto te gusta?" Espetó Yamato cortante.

-¡Qué más quisiera yo! Deberías aprovechar tu suerte!- Exclamó Tai, intentando animar al desalentado Yamato.

- Llámalo suerte...- Susurró en un quejido.

Se formó un extraño silencio entre los dos. Taichi, siempre acostumbrado a estar a la sombra de otros caballeros, no lograba entender el desdén de Yamato, cómo no se sentía afortunado ni le atraía la idea de esposarse con alguien de la talla de Mimi Tachikawa, la flamante heredera de Garda.

-Bueno, Mattie... entiendo que son muchas cosas y estás cansado… ya te animarás en el banquete- Dicho esto, dio una amistosa palmada en la espalda a Yamato y se dio la vuelta para marchar.

- Una cosa más, Tai...- Dijo rápido, mientras el moreno se detenía. – Puedes llamarme alteza pero te prohibo que me llames Mattie - Sonrieron los dos, mientras se separaban.

En los establos del castillo se encontraba la princesa pelirroja, aún con su vestido sucio, cepillando la larga crin del caballo con el que llegó interrumpiendo el encuentro inicial -Tampoco hicimos tanto escándalo... ¿Verdad Ártemis?"- Susurró graciosa a su caballo, sin importarle que éste no pudiera responder. El lugar favorito del palacio de Garda para Sora eran sus establos, allí se relajaba con el olor dulce del heno y el calor de los animales y podía pasar las horas sin tener que reverenciar ante nadie.

Sora se encontraba dispersa evocando instantes anteriores junto al heredero del reino. Ya nada quedaba del chiquillo delgado que conoció años atrás, Yamato, el lobo de la tundra, ahora convertido en un apuesto caballero. Ella, la misma mujer que había rechazado a decenas de compromisos ante la desesperación de sus progenitores, silenciosamente sentía una devoción secreta por aquél muchacho de mirada gélida.

De repente, una voz femenina interrumpió sus ensoñaciones .

- ¡Princesa!

-¡Miyako, por los dioses!-

-¡Siento haberos asustado, princesa!- Una chica que rondaba los veinte años apareció por los establos, ataviada con un vestido de sirvienta y con una larga y vistosa melena violácea. Miyako radiaba alegría, su estado habitual- Princesa, lo de esta mañana ha sido increíble, sois tan extraordinaria... sois... yo os lo debo todo en esta vida…- Pero rápidamente fue interrumpida.

-¡Detente! Se supone que debes regalarle los oídos a Mimi, no a mi, Miyako - Rió la pelirroja- Además, todo el mundo coincide en lo contrario cuando se refiere a mí - Volvió a sonreír- Aunque me importa bien poco.

-Princesa, si no fuera por vos, quién sabe qué habría sido de mí, dónde estaría yo ahora, me recogisteis de la calle y me llevasteis a la corte, sin importar los regaños de vuestra madre, princesa Sora, sino hubiera sido por vos yo...-Miyako empezó a destilar lágrimas de emoción -Si vos necesitarais una dama de compañía o...- Y Sora la volvió a interrumpir.

-Me sobra y me basta con que seas mi amiga...- Dejó el cepilló del caballo mientras acariciaba su poderoso cuello. –No me gusta que seas sumisa, Miyako. Mereces tu trabajo sólo por el esfuerzo que le dedicas y no debes de pensar que estás por debajo de nadie.

Miyako se sorprendió por las palabras que le dirigía la princesa, aumentando aún más su admiración hacia ella. Miyako no estaba acostumbrada a la amabilidad en la corte, la habían educado para responder con silencio frente al abuso, ser siempre cortés y nunca olvidar cuál era su origen en el mundo. Pero en Sora había encontrado una confidente que había desafiado todos los rasgos de su clase social.

-Princesa Sora, me gustaría preguntar… ¿Qué opinión os merece el heredero? ¿Se conocieron de niños, verdad?- Sora se alarmó por el tenor de la pregunta temiendo poder llegar a descubrirse.

- … Convencional, un prepotente orgulloso de su espada, como todos- Mintió descaradamente- A Mimi le encantará.

Miyako pudo comprobar que Sora cambió leemente su tono al hablar del rubio heredero, intuyendo además de un ligerísimo rubor, unos lejanos y dispersos sentimientos.

-La princesa Mimi hoy no me necesita... Tiene a su disposición a tres criadas que la ayudaran a prepararse para la noche...

- Genial, entonces hoy podrás descansar- Afirmó la pelirroja, mientras montaba ágilmente sobre el caballo.

-Por favor princesa... ¿Podría encargarme yo de sus vestimentas para la cena? De peinarla y vestirla? Por favor... – La joven juntó sus manos, para intentar convencerla.

-Miyako, ya sabes que no necesito a nadie para vestirme...- Dijo ella agarrando las riendas a punto de emprender un nuevo galope.

-Por favor, princesa, por favor, por favor... -

-Con una condición.- Impuso Sora.

-Gracias princesa, gracias, lo haré lo mejor que sepa, estará radiante, incluso más que su…

-¡No me llames más princesa!- Gritó Sora, guiñándole un ojo y saliendo de los establos al galope mientras su pelo ondeaba al ritmo del viento, desando disfrutar una vez más de su preciada libertad.

To be continued...

NA. Y bien… después de casi dos años ya tengo reeditados la mayoría de los capítulos. No sin antes pediros perdón (que no lo merezco) y aseguraros que en breves publicaré el siguiente capítulo, os confieso que mi trabajo es muy absorbente y se me ha hecho realmente difícil continuar mi proyecto manteniendo la imaginación. Pero os prometo que esta vez no os dejaré sin final.

Nos vemos muy pronto!

Respuestas a los reviews:

SkuAg: Es para mi un privilegio que una autora de la que he leído y admirado tanto me de consejos! He corregido el tema de la introducción de diálogos y los signos de puntuación, espero que esté mínimamente correcto y que la lectura se haga agradable. Respecto a Mimi, necesitaba un rol villano para la historia (¡son mis favoritos!) y no será el único. Eso si, te aseguro que me encanta que mis personajes sean redondos y evolucionen junto a la historia, así que espero poder sorprender

No se si después de dos años el foro que me comentas estará aún activo, pero me haría mucha ilusión poder participar! Un abrazo fuerte!

Atori – chan: la gran Atori sempai, mi maestra, cuánta razón, ¡cuánto tiempo! Espero que hayas podido solventar problemillas laborales, aunque creo que con el enorme talento que tienes, deberías plantearte vivir de la escritura! Tengo que leer todos tus fics de nuevo, porque no sólo son tremendos sino que me sirven de inspiración! También te digo que estoy muy triste con Digimon Tri, podría haber sido una maravillosa oportunidad de dejar claro que el Sorato es una pareja canon y solo nos han dejado evidencias microscópicas… sniff… Seguro que tú lo mejoras!

Espero que puedas disfrutar de mi historia y de, esta vez sí, su final. Un abrazo guapísima.

GossipChii: Hola! Siéntete libre de criticar cuánto quieras, estoy aquí para mejorar! He cambiado las faltas que creo que habían, pero si crees que pueden haber más, dímelo sin problema! Deseo que te gusten estos dos capítulos tanto o más que la versión original y que me puedas seguir leyendo. Un abrazo!

The-Bigboss: Me siento muy halagada con tus palabras! No mentía cuando decía que tengo la cabeza (y el bloc de notas) lleno de proyectos, lo que pasa es que he tardado (mucho) más de la cuenta. Os prometo que seré disicplinada a la hora de subir nuevos capítulos y deseo que la lectura se haga agradable. Muchísimas gracias por dedicar tiempo a escribirme un review, un abrazo!

Invitado Stephh: Gracias por tu mensaje! Espero que la continuación del fic no te defraude! Un saludo