Melodía

.

Sus ojos marrones brillaron, con la luz de luna que se trasminaba entre las persianas ligeramente abiertas y le bañaba con franjas blancas que la hacían lucir más pálida de lo que en realidad era. Sus labios y sus brazos volvieron a tensarse, pero ya no tenía la voluntad para soplar y lentamente abandonó su postura.

¿Quién quiere escuchar un sonido a esas horas de la madrugada?

Nunca despegó la mirada de aquella luna, cuya intensidad reducía a las estrellas a pequeños seres envidiosos, que parecían morir lentamente al intentar luchar contra su descarado brillo. Parpadeó y, entonces, miró la partitura que se sabía de memoria y permaneció inalterable sobre la mesa, acostumbrada ya a no ser requerida.

Tayuya baja los brazos… sus manos aun aferrándose a su flauta traversa. Como siempre. Como nunca. Y observa las notas una vez más, acariciándolas con su mirada, saltando entre ellas con la familiaridad que los años otorgan y la facilidad adquirida con sus furtivas prácticas nocturnas.

… y, se convence, solo ella adora la música a esas horas.


Pequeñísima y última adición, espero que les guste.

Jueves, 24 de octubre de 2018.