Capítulo 4

Tenía que admitirlo. A pesar de idearlo a último momento, su atuendo se veía bastante bien.

Normalmente, para salir por la noche, Hermione optaba por algo casual (camisetas de alguna banda, jeans, botas y definitivamente nada de maquillaje). Pero esta noche era diferente, ya que no se estaba arreglando solo para el concierto de Muse. Con un último vistazo al espejo, se deshizo del moño en su cabello y desordenó un poco sus rizos, dejando que cayeran libres hasta sus codos como espirales de chocolate. No quería verse demasiado arreglada. Solo lo suficiente como para demostrar que algo se interesaba por su imagen, y no quedar como que había salido apresurada a hacer compras después del trabajo y había gastado una incómoda cantidad de dinero en algo nuevo. A pesar de todo, estaba contenta con el resultado: un pequeño vestido negro, combinado con una chaqueta de cuero y un par de tacones para terminar el conjunto.

Pensándolo mejor, quizás el vestido era demasiado…

Hermione frunció el ceño, considerando nuevamente su atuendo hasta que recordó todo el dinero gastado.

No, el vestido y los tacones se quedarían. Si sus compañeros de trabajo se animaban a comentar sobre ello, simplemente tendría que evadir el tema y esperar que ninguno de ellos se sintiera particularmente curioso. Esos eran las personas con quien asistiría al concierto. Solo unos cuantos amigos del departamento. Como habían acordado, se encontrarían dentro del lugar, treinta minutos antes de que comenzaran a tocar, lo que dejaba cerca de una hora para enfrentarse a la situación.

Satisfecha finalmente con su atuendo, y menos nerviosa gracias a un trago de licor y algo de música relajante, tomó su bolso y salió de su apartamento.

XXX

Era incomodo esperar.

Los ojos de Draco volaban continuamente hacia el reloj en su muñeca. Nueve y media. Había estado esperando allí por una hora, solo, habiendo bebido dos copas ya, y con el pecho lleno de nervios. Probablemente habría sido útil acordar un horario de encuentro, pero no había estado completamente cuerdo al momento de la llamada y ella tampoco había vuelto a contactarse desde entonces. Hasta donde él sabía, quizás ella ni siquiera tenía intenciones de encontrarse con él, y solo había accedido a hacerlo por sentirse obligada o por sentir pena por él.

Y su vida, aunque diferente, no era nada por lo que apenarse.

Con su herencia pudo comprar una enorme casa en el distrito más costoso del Londres mágico, y acciones en prometedoras empresas, al igual que una importante colección de arte que hacía palidecer en comparación al Musée d'Orsay. Por encima de todo ello, era el jefe ejecutivo de Malfoy Apothecary, la vinería familiar, en la que había trabajado con uñas y dientes para salvarla después de que el rol que su familia había cumplido durante la guerra fue revelado al público.

Con todo eso aclarado, estaba de más decir que tenía elevados ingresos y había aprendido a trabajar duro de la forma más dura.

Pero nada de eso se comparaba a su más reciente aventura.

Se llamaba "La Caricia de Dos Partes" y era un emprendimiento que poseía y manejaba con su mejor amigo, Blaise Zabini, con quien había llegado a la idea una noche de fiesta en Kiev. Para ellos era más un hobby que un trabajo, pero el negocio estaba creciendo y por ese motivo, se volvía cada vez más demandante. Ser el Jefe Ejecutivo de algo tan importante como Malfoy Apothecary y el Jefe de finanzas de su aventura con Blaise le dejaba muy poco tiempo libre.

Solo por las noches lograba tener algo de tiempo para respirar y organizarse. Pero incluso en esas horas debía dedicarse al nuevo negocio. Al principio, tanto él como Blaise creyeron conveniente trabajar como operadores, pero el negocio ya no estaba en su etapa de crecimiento. Durante los últimos meses había experimentado un crecimiento exponencial, que los había llevado a extenderse hacia Europa del Este e incluso a América. A raíz de eso, Blaise les propuso dejar sus funciones de operadores y enfocarse en la parte de los negocios.

Y por obvias razones, Draco lo encontraba difícil de dejar.

Blaise no tenía idea de que su amigo seguía trabajando como un operador, y aunque Draco se sentía mal ocultándole la información a su compañero de negocios, no quería dar explicaciones de nada.

Había solo una regla, una regla grabada en la mente de cada uno de los trabajadores en línea bajo su mando. No intercambiar información personal con los clientes. Para todas las partes involucradas, esta era la mejor política de acción, y aunque Draco vivió bajo esa regla por meses, obviamente la había roto la noche en que habló por primera vez con ella. Con Granger.

No fue evidente, al principio, pero lo supo apenas un minuto después de comenzar su conversación. No había forma de equivocarse. Era ella. Era ella la mujer al otro lado de la llamada. Era claro para él, particularmente cuando ella lo había regañado por preguntarle su posición sexual favorita. Él conocía ese tono de voz. Él había inspirado ese tono – ese enojo – todos los días durante su tiempo en Hogwarts, lo suficiente como para reconocerlo en cualquier parte.

Solo por esa razón, es que se sintió ligeramente ofendido de que ella no hubiera reconocido su burlesco y sarcástico tono de voz. ¿Acaso tantos años habían pasado? ¿Acaso eran tan viejos ya? O lo peor de todo… ¿acaso ella ya lo había olvidado?

No, no era cierto.

Uno, porque ella terminó esa primera llamada apenas segundos después de su confesión. Lo que significaba que obviamente recordaba su nombre, lo suficiente como para unir los puntos entre eso y las iniciales que le había dado.

Dos, porque ella no se había mostrado solo impactada y avergonzada de verlo en la tienda de Rhiannon. No, estaba completamente mortificada pero nada decepcionada cuando se permitió observarlo más de lo necesario.

Había pasado rápido pero él había reconocido esa mirada. Él había reconocido la alarma y la chispa de intriga que había seguido.

Y en ese momento, había escapado de la tienda sin decir ni una palabra.

Eso era de esperarse.

Pero lo que él no había esperado era que volviera a llamarlo, y su negación. De alguna manera, ella se había auto convencido de que él no era el hombre con quien había compartido el primer encuentro. Por suerte, a él no le importó. Verla en la tienda de artículos sexuales le hizo restaurar su convicción, lo suficiente como para que pudiera admitir en privado que se sentía atraído por ella.

Más que atraído. Quizás un poco absorbido… ¿obsesionado? No, no obsesionado. No realmente.

De cualquier modo, lo que pasó esa noche durante su segunda conversación lo tomó por sorpresa. Al iniciarla, él no tenía intenciones de hacerle tantos cumplidos o dejar caer tantas pistas sobre él. Parte de él se sentía insultado de que ella negara la realidad. Pero otra parte se aprovechaba de ese hecho, y fue lo que lo llevó a pedirle que se encontraran antes del concierto.

Con eso en mente, permaneció sentado en medio del tumulto de gente, la mayoría de los cuales se permitía una copa antes del concierto. Era cerca de las diez menos cuarto, cuando volvió a ojear su reloj, tomando sorbos medidos para no embriagarse demasiado. No, debía mantener su ingenio al cien por ciento. Su ingenio era la única razón por la que la bruja había aceptado conocerlo. O… ¿era su talento para hablarle sucio?

No podía decidirse.

Al margen de eso, no tuvo tiempo de decidirlo.

Draco observó que varios hombres dedicaban su atención a la entrada del pub. Curioso por saber qué es lo que pasaba, siguió sus miradas atentas y voraces y sintió su pecho contraerse. Estaba pasando. Ella estaba ahí, y maldita sea, sí que sabía hacer una entrada. Con mucho esfuerzo consiguió mantener la boca cerrada, pero eso no evitó que su mirada vagase por su cuerpo, tomándola desde los pies a la cabeza.

Su ropa y cabello ya no estaban empapadas por la lluvia, como lo habían estado ese día en la tienda. No, no era un desastre, aunque siendo honesto, a él le gustaba de cualquier modo.

Para esa noche, ella había acomodado su cabello en ondas naturales y se había maquillado ligeramente. Estaba vestida con un atrayente vestidito negro, cuya falda terminaba unos cuantos centímetros por encima de sus rodillas, balanceándose mientras ella se giraba, buscándolo entre la multitud. El vestido por sí solo era bastante elegante como para un concierto, pero lo había convertido en algo más informal con una chaqueta de motociclista y un poco de joyería. De hecho, las únicas piezas de joyería que notó en ella eran un par de aretes, unos que reconoció de cuando eran adolescentes. Alto valor sentimental, supuso. Segundo después, notó sus tacones y el modo en que alargaban sus piernas, puntuando cada paso que ella daba con un ligero click.

Sintiéndose mareado, respiró profundo mirándola a una distancia segura. Ella le daba la espalda ahora, y de alguna manera falló en notar la única cabeza con cabello rubio claro en la cercanía. Con eso en mente, una pequeña sonrisa se estiró en sus labios y sin perder más tiempo, se levantó de su sitio y lentamente caminó hacia la barra.

Ella estaba ahí, acunando entre sus manos lo que se veía como un Martini extra sucio.

Era como una película de cine negro, si se ponía a pensar en ello. Menos la parte del crimen, por supuesto. Aunque supuso que era algo ciertamente criminal el dejarla esperando. Con la mente y el nivel de ansiedad que ella debía tener, lo que bordeaba casi el desorden obsesivo compulsivo, seguro estaba a punto de perder la compostura. No se creyó su postura calmada ni por un segundo. Él conocía ese repiqueteo con su pie, y ese tironeo de cabello. Había estado alrededor de ella lo suficiente en el pasado como para identificar su reacción ante una situación estresante.

Nuevamente sonrió, pensando en todas las veces en que se había sentado cerca de ella durante los exámenes. En esa época era una táctica para copiarse, pero a partir de ello, pudo aprender a reconocer sus manías. Parecía que había desarrollado otras, en sus años como adulta, como ser el beber su Martini en tiempos de tres y cinco segundos, alternativamente, para simular normalidad.

Merlín, realmente está nerviosa…

Draco se mantuvo a cierta distancia detrás de ella hasta que la voz que supuso era su conciencia, lo convenció de cortar con toda esta mierda y ser el caballero que su madre educó.

A la distancia, escuchó Blue Veins, de The Raconteurs. Llenaba sus oídos con las notas de piano y el consecuente sonido del bajo, a ritmo con el lento latir en su pecho, mientras pasaba una mano por su rostro y caminaba hacia adelante.

-Gin and tonic – ordenó él, haciendo un breve contacto visual con el chico de la barra – Salud, amigo.

Con el trago en la mano, se acomodó en una de las banquetas completamente consciente de que apenas unos sitios al lado estaba la mujer vestida de negro.

Sucedió lentamente al principio. Y luego todo fue rápido.

Los ojos de ella giraron en su dirección, al momento en que sintió alguien cerca. Vagamente viró su atención hacia la derecha, donde estaba él, y luego la regresó a su bebida, imperturbablemente, hasta que la imagen de esa cabeza rubia taladró un hueco en su conciencia. Con el corazón galopando en su pecho y los músculos tensos, volteó nuevamente en su dirección y se congeló en su sitio.

Draco la observó a través de su vista periférica, manteniéndose tranquilo externamente a pesar del martilleo de su pecho.

Fue en ese momento cuando la canción alcanzó el coro, cambiando la escena a blanco y negro, bajo la sombra del pesado ritmo del blues.

En los segundos que siguieron, sintió la fuerza de su mirada viajando por la superficie de su piel hasta lo más profundo de sus venas. Solo entonces, hizo lo que ella estuvo esperando que hiciera desde el principio. Draco tomó un trago más de su gin and tonic, en silencio y con tranquilidad, dejando que el alcohol calmara sus nervios y ralentizara el repiqueteo de su pecho.

La buscó con la mirada, y la fijó… no en sus apetecibles piernas, una cruzada sobre la otra, no en el escote que escapaba debajo del cuello de su vestido, no. No en esos sitios. En ese momento, reservó su atención al sitio más vulnerable.

Sus ojos.

Marrones brillantes, completamente llenos de asombro, inseguridad y aprehensión, y eventualmente… la serena quietud de la aceptación, antes de que los cerrara con suavidad… y para cuando los volvió a abrir, él se había acercado.

Con una bebida en la mano, él se había sentado en el sitio a su lado, a medio metro de distancia, suficientemente lejos de ella como para no abrumarla, pero suficientemente lejos como para apreciar su perfume. Era delicado y algo diferente a la esencia floral que recordaba de cuando era una adolescente, pero estaba determinado a que ella no supiera que le prestaba tanta atención en esa época.

Granger inspiró profundamente, levantando el pecho, pero no soltó el aire.

Ella lo miró, a su desordenado cabello cayendo sobre sus tormentosos ojos grises, a su ropa negra y a sus manos, mientras él trazaba el reborde de su bebida con un dedo. Se concentró en ese movimiento, con un ligero sonrojo invadiendo su cuello y mejillas. Luego sus ojos vagaron hacia sus labios, y en ese preciso segundo, un pequeño estremecimiento le recorrió el cuerpo por completo.

Si a él le tocaba adivinar, podía afirmar con seguridad de que ella acababa de pensar en lo que él le había dicho antes, sobre besarla, sobre pasar sus dedos a lo largo de su cabello y sobre hacerle el amor solo con sus labios.

Y solo entonces, ella exhaló.

-¿Ansiosa por Muse? – preguntó él, consciente de que el sonrojo se había intensificado, al momento en que ella escuchó su voz.

Granger parpadeó – OH… cierto – Acomodó un mechón de su cabello detrás de su oreja – El concierto.

Por alguna razón inexplicable, él quería que ella supiera que también estaba nervioso. Pero permaneció en silencio, optando en cambio por beber de su Gin and Tonic, esperando de que esa acción lograra desenredar el nudo que tenía en el pecho.

-No puedo esperar a oir "Undisclosed Desires" – dijo Granger, comentándole su canción favorita - ¿Y tú?

Draco la miró entonces, bajando su atención de sus ojos a sus labios, y subiéndola nuevamente – No lo sé – respondió – Creo que podría esperar un poco más para ello.

Aunque fue rápido, notó el calor que invadió el rostro de ella.

Volvió a acomodar su cabello, con las mejillas ardiendo y la mirada sobre su bebida. De ella tomó el adorno, que consistía en una aceituna, y se la llevó a la boca. Aunque, se detuvo antes para lamer una gota de líquido que caía desde ella. Draco la observó de reojo, deseando que él tuviera un adorno en su bebida, con el que él la habría seducido. Pero todo lo que tenía era el nudo en el pecho, y la bebida para desarmarlo. Conformándose con eso, se llevó la copa a la boca – demasiado rápido – y al hacerlo, algo de su bebida cayó por su barbilla. Sorprendido, atrapó el hilo de líquido con su nudillo izquierdo.

Granger rió en respuesta – Buena atrapada.

Él hizo una pausa, esperando un momento antes de sonreír – Si hubiera sabido que derramar mi bebida sobre mí rompería el hielo, lo habría hecho antes.

-Romper el hielo… - repitió ella, parpadeando - … ¿para qué?

Antes de que pudiera responder con un comentario igual de sarcástico, el mesero se les acercó y les dejó una segunda ronda de bebidas. Hasta ese momento, Draco no había notado que ya había terminado la que tenía en la mano. Quizás estaba más nervioso de lo que pensaba. No había razones para estarlo, en realidad. Granger no parecía decepcionada. Sorprendida, sí. Quizás un poco avergonzada, también. Pero no decepcionada.

Con eso en mente, bebió de su whiskey puro lentamente, como tratando de mantener la compostura. Granger lo imitó. Él tenía el presentimiento de que ambos estaban pensando lo mismo. No faltaba mucho tiempo para el concierto, lo que los dejaba igual que al principio.

-Será mejor que me marche al concierto – dijo ella, notando la hora en el reloj de su muñeca – Les dije a mis amigos que los encontraría allí hace diez minutos.

Draco asintió, habiendo perdido noción del tiempo – Sí, también yo.

Era un final incómodo para su "primer" encuentro, pero no había más que pudieran hacer al respecto. Draco pagó la cuenta de ambas rondas de bebidas y mantuvo la puerta abierta para Granger, mientras ambos salían del pub. Ella parecía sorprendida por el gesto.

Hacía frío afuera, y estaba seco y ventoso. Draco metió las manos en sus bolsillos mientras cruzaban la calle, preguntándose cómo hacían las mujeres para caminar, y mucho menos correr, con zapatos de taco alto. Y por sobre todo, ¿cómo lo lograba Granger? La última vez que la vio, seguía siendo igual de torpe que en el colegio.

Los recuerdos del sex shop vinieron a su mente, y trató de no reírse, pero el haberla visto allí, mortificada, con su vibrador frotándose contra el piso de madera entre ellos, quedaría por siempre anclado a su memoria. Sin importar a dónde los llevara esta noche, siempre se quedaría con esa imagen.

Segundos después, llegaron.

Granger se giró hacia él, al alcanzar las puertas – Eh…

-¿Te veré… después del show? – le preguntó Draco.

Ella exhaló, con las mejillas rosas por el frío. – Sí. Eso… me gustaría.

Si el mundo fuera perfecto, él le habría sugerido que vieran el show juntos, pero no estaba seguro de cuán cómoda ella estaría al ser vista con él – sobretodo alrededor de sus amigos. Así que por ello no se arriesgó y optó por separarse de ella una vez que atravesaran las puertas.

Sin antes atravesar un incómodo momento de "te veo luego".

Había una innumerable cantidad de personas dentro, moviéndose, conversando, bebiendo, ansiosa por ver a Muse y por comenzar la noche. Draco miró hacia su izquierda, donde Granger estaba parada, y notó lo pequeña que era. Incluso con los tacones, no llegaba mucho más arriba que sus hombros. No ayudaba que él estuviera en el lado de los altos. Se giró hacia ella, alejándola de un par de idiotas ebrios, maldiciendo al verse empujado contra ella.

-Lo siento – murmuró, corriéndose a un lado, para evitar golpearla.

Los ojos de ella se abrieron ampliamente para luego relajarse, una vez que se dio cuenta de lo que estaba sucediendo – No te preocupes – susurró.

La música resonaba con fuerza. No era Muse. Era la banda de la apertura.

Draco echó un vistazo a su alrededor y encontró las cabezas de sus amigos siguiendo el ritmo de la música, cerca del escenario. Sin duda se estarían preguntando dónde estaba él. Volvió a mirar a Granger, y abrió su boca para decir algo, pero nada salió de él. Había demasiado ruido como para comunicarse a tanta distancia. En su lugar, se inclinó hacia delante contra su oído, lo suficientemente lento como para darle tiempo a ella de alejarse si lo quisiera, pero no lo hizo.

-Te esperaré aquí – le dijo al oído, habiendo aprendido de su error por no planear las cosas de antemano – Una vez que termine el show.

Granger se paró en puntillas de pies para responderle. Las puntas de sus dedos rozaron su antebrazo, mientras intentaba mantener el equilibrio – Oh… lo siento, yo…

-No pasa nada – la interrumpió Draco rápidamente, ayudándola a balancearse, con sus manos ligeramente apretándola por la cintura. En un instante la soltó – Yo… te veré pronto, supongo.

-Sí – asintió ella, mirando rápidamente hacia atrás, donde él supuso que estarían sus amigos. – Eh… deberíamos...?

-Si tu quieres…

-Solo si tu…

-Sí quiero – contestó él, de corazón - ¿Tú?

Granger abrió su boca y luego la cerró, justo cuando otro idiota se tambaleaba al pasar a su lado. Esta vez Draco no había prestado tanta atención como para detener la colisión, pero sí tenía buenos reflejos y por eso se las arregló para atraparla antes de que ella se precipitara hacia el suelo. Granger jadeó, mirando primero al idiota y luego a él, con las mejillas encendidas al notar como sus brazos volvían a rodearla por la cintura, esta vez con más fuerza.

Sin quererlo, el deseo que ambos compartían se había hecho realidad. Si bien no era el abrazo que él había imaginado, estar cerca de ella se sentía bien. En esta posición, estaba lo suficientemente cerca de ella como para notar las pecas desparramadas a lo largo de sus mejillas y nariz, y la curva natural de sus pestañas. Merlín… pensó para sí mismo, realmente es hermosa.

-¿Hmm? – contestó Granger – Lo siento, no te entendí.

Él sintió su pulso acelerarse, una vez que se dio cuenta de que había hablado en voz alta – Eh… - la soltó suavemente – No tiene importancia.

Ella entrecerró sus ojos un momento, algo escéptica, antes de volver a mirar a sus amigos – Debería… probablemente debería ir con ellos antes de que manden una partida de búsqueda por mí…

-Oh… es cierto – asintió él, ligeramente cabizbajo – Que tengas una buena noche.

-También tú – sonrió ella.

Desde ahí se separaron. Él se fue hacia delante donde sus amigos estaban junto al escenario, y ella hacia un costado, donde los suyos se habían acomodado para escuchar sin ser arrollados. Lo dejó tranquilo el saber que no volvería a ser golpeada por otro idiota borracho. Realmente era muy pequeña…

Antes de que se diera cuenta, antes de que tuviera la oportunidad de volver a verla, las luces se apagaron y el público se animó a su alrededor, rompiendo en una serie de gritos y aplausos, mientras Muse salía al escenario.


Undisclosed desires: la canción que menciona Hermione significaría algo así como deseos ocultos, deseos no revelados.

Nuevo capítulo, comentarios al respecto? No dejen de contarme qué les pareció!

Gracias por seguir por aquí, nos leemos.

Pekis :)