Capitulo 5

Hermione movía sus brazos junto al resto de la audiencia, con la mente nublada y los oídos zumbando. Había sido, sin lugar a dudas, la mejor presentación en vivo que había visto desde el Festival de Glastonbury. No se consideraba a sí misma la mayor fanática, pero se permitía asistir a algún show de vez en cuando, lo que la llevó a asistir a este concierto particular de Muse con sus amigos. Le sorprendía todavía el número de magos y brujas que escuchaban música muggle. Aunque, supuso que la música era una de las cosas que trascendía todos los límites.

Con eso en mente, Hermione caminó junto a sus amigos hacia las puertas de salida.

Aunque le prestó mucha atención al concierto y especialmente al delicioso Matt Bellamy, su pecho se contraía cuando pensaba en él, parado en el mismo lugar, escuchando la misma música, atrapado en la misma locura de lo que estaba pasando y lo que había pasado. Pensó en el pub, y cuan nerviosa había estado al ingresar. Para ser honesta, había llegado unos veinte minutos más tarde de lo que pretendía, pero eso se debía a que habían decenas de pubs en el área. Con gran esfuerzo pudo encontrar el que él había mencionado, después de haber esperado en el lugar equivocado por cerca de quince minutos. Fue todo un poco desorganizado, debía admitirlo.

Pero el rápido repiqueteo en su pecho no tenía que ver con eso.

Había localizado su cabeza de cabello rubio junto a la puerta. Vestido para la noche, con su atuendo consistente en una camisa negra, pantalones negros y abrigo negro, acompañado de botas de piel de dragón, hacía gran contraste con su tono de piel de alabastro y el cabello rubio blanquecino. Notó varias mujeres, y varios hombres, devorándolo con miradas mezcladas de deseo y determinación. Algo acerca de eso hizo que su piel se estremeciera. Supuso, a pesar de todo, que no debería sorprenderle. Incluso cuando era adolescente, él había sido bastante caliente. La mayoría de las brujas lo habían detestado con el calor de miles de soles, o habrían muerto por arrancar a jirones el uniforme de Quidditch de sus sólidos y atractivos músculos, y tomarlo justo allí en el piso.

Sus propios intereses estaban dentro de los primeros, por supuesto.

Aunque algunas veces, de forma muy aislada, los segundos se filtraron en el fondo de su mente; durante las clases de pociones, cuando exhibía un aparente talento en la materia y frecuentemente conseguía terminar sus pociones asignadas mucho antes de que ella llegara incluso a la mitad de las suyas. Por supuesto, era un espécimen atractivo, con dinero y etiqueta, pero ninguna de esas cosas superaba el hecho de que era un intelectual.

Y ahora, de adulto, él había aprendido a usar ese intelecto, y el impresionante vocabulario que éste le otorgaba, para algo más que bromas e insultos. Bueno, todavía bromeaba, pero de un modo diferente, de un modo que provocaba que la temperatura de Hermione se levantara en anticipación, en lugar de enojo o desprecio.

Aceptando eso, Hermione siguió abriéndose paso a través del gentío, viéndose empujada hacia adelante y atras, antes de que un hombre increíblemente ebrio se dedicara a empujarla directamente hacia el suelo. Con el ego machacado más que su trasero, maldijo al bufón y luego a sí misma al notar que el tacón de su zapato izquierdo se había roto, provocando que sus intentos de levantarse del pegajoso suelo resultaran sumamente cómicos.

-Merlín… - escuchó a alguien protestar, abriéndose paso a golpes a través de la gente - ¿Estás bien?

La morena cerró sus ojos con fuerza, reconociendo el tono de voz a la distancia.

Pasando un brazo bajo sus hombros, la ayudó a salir del lugar y, luego de colocar su abrigo en el bordillo de la calle, la sentó allí. Ella abrió su boca para protestar, ya que el pavimento estaba húmedo después de la lluvia de esa mañana y arruinaría el abrigo, pero él pareció no prestarle atención. En su lugar, le quitó el zapato de su pie izquierdo, al que por suerte le había hecho recientemente la pedicura, y con un vistazo sobre su hombro para asegurarse que nadie lo viera, realizó un pequeño hechizo sin varita para adherir el tacón roto a su lugar.

-Ahí está – dijo él, volviendo a deslizar el zapato por el delgado arco de su pie, antes de mirarla.

Ella soltó su labio inferior, al que había estado mordiendo con fuerza – Tú… no tenías que…

-Yo quería…

Su respuesta fue interrumpida cuando una inoportuna pelea comenzó al otro lado de la calle. Algo sobre ver a alguien del modo incorrecto. Era sábado por la noche, después de todo.

Hermione se giró hacia él – Bueno… eh, gracias.

-Ni lo menciones – dijo Malfoy, ayudándola a incorporarse, antes de secar su abrigo con magia y proceder a colocarlo sobre ella en un rápido movimiento.

Ante esto, ella arqueó una ceja - ¿No tienes frío?

-Para nada – dijo él, acomodándolo.

Hermione pensó en protestar, notando que la temperatura era similar al ártico, pero se detuvo cuando su esencia inundó sus fosas nasales. Era sutil, pero impregnada en la lana de su abrigo. Clásica, contemporánea y masculina, con notas de iris, ámbar y cuero, y al aspirarla más profundamente, notó un toque de almizcle. Su pecho se contrajo, y se obligó a concentrarse en otra cosa.

En cierto momento, él le ofreció su brazo y ella lo tomó.

El mago parecía imperturbable, pero viéndolo mejor, se veía casi contento.

-Bueno… - comenzó él - ¿disfrutaste el concierto?

Por un momento, ella no tuvo idea de lo que estaba hablando.

-Oh… eh… - Hermione pensó – Fue brillante. Amé la versión acústica de…

-¿Time Is Running Out?

Ella asintió, cuando en rápida sucesión los recuerdos invadieron su mente – Pocas cosas son mejores que Matt Bellamy cantando sobre sexo y el amor a ciegas.

-Estoy bastante seguro de que la canción trata sobre drogas – la contradijo Malfoy.

Hermione negó con la cabeza – No, no, no… - contestó – Claramente es sobre sexo.

-Bueno, ya sabes lo que dicen – razonó él, haciendo un gesto con su cabeza hacia ella – Busca… y encontrarás.

Ella lo miró severamente - ¿Estás insinuando que estoy sugestionada?

-Jamás… - se burló el rubio.

Hermione rodó sus ojos, sonriendo.

En los próximos minutos, ella lo siguió hacia un distrito desconocido de Londres. Los alrededores se veían costosos y glamorosos, y distintivamente Victorianos pero con un toque moderno, como si fuera casi anacrónico. Solo que no había nadie en las calles. Era siniestro, con las luces de la calle parpadeando, algo de niebla y distantes sonidos de cuervos.

-Eh… ¿dónde estamos? – preguntó Hermione, mirando a su alrededor, inconscientemente tomándolo de la mano.

Malfoy miró el gesto y luego a ella, con una ligera sonrisa en los labios – Serpent's Crossing.

Ella palideció – Serp… ¿El distrito sangrepura?

Él asintió, gesticulando con la cabeza hacia el otro lado de la calle – Justo allí es donde vivo.

Ella lo escrutó con la mirada - ¿Me trajiste a tu casa? – cuestionó la bruja – Eso es terriblemente pretencioso.

-Tú eres la pretenciosa – dijo él riendo, conduciéndola hacia adelante con una mano en su espalda baja, mientras ambos cruzaban la calle y ascendían las escaleras que llevaban a su puerta de entrada.

Las casas eran adosadas (*), de un color blanco hueso, con numeración negra, altas y delgadas puertas negras, barandillas de hierro forjado y el distintivo aura de lujo. Supuso que el costo de vivir aquí, en esta área, era demasiado, demasiado alto para su bolsillo.

Eh… - ella se detuvo, dando un paso atrás mientras él desbloqueaba la puerta - ¿Estás seguro de que no estallaré en llamas?

Malfoy rodó sus ojos y, sin mayor advertencia, la agarró por la cintura y la pegó a su cuerpo, para luego levantarla en brazos e ingresar hacia el recibidor con piso de marfil de su casa. Hermione chilló, con las mejillas encendidas, mientras él la bajaba. Dentro, su hogar estaba en penumbras, solo con la luz de la luna atravesando las ventanas. Ella giró rápidamente, cuando lo sintió cerrando la puerta, y sintió una oleada de incertidumbre.

-Si vas a amordazarme y arrojarme al calabozo, al menos me gustaría una advertencia – le dijo ella, bromeando a medias.

Detrás de ella, él rió entre dientes, iluminando el recibidor con su varita – Cuando eso ocurra, estarás deseándolo – bromeó él, asintiendo con su cabeza hacia adelante para que lo siguiera – Ven, tengo algo que te pertenece.

Hermione levantó una ceja, mirando por encima de su hombro, antes de trotar hasta alcanzarlo. Parecía que le gustaban los tonos en blanco y negro, dado que todo desde el piso hasta los muebles e incluso el arte en sus paredes compartía la gama de color. Nada malo, para un hombre soltero. Aunque siendo sincera, ella prefería los colores de su propio apartamento, que era una mezcla de elementos y colores de todo el mundo.

Ella lo siguió a través de un pasillo apenas iluminado hasta la habitación que estaba al final de él, la cual reconoció como una oficina cuando abrió la puerta. A comparación del resto de la casa, la oficina tenía los colores verde esmeralda y plateado de Slytherin, y estaba inundada con la esencia a pergamino fresco. Hermione inhaló profundamente, sintiendo la felicidad orgásmica que le causaba el conocimiento en su ser.

-Está por aquí, en alguna parte… - murmuró él, caminando junto a ella y comenzando a remover el contenido de su escritorio, en busca de Merlín sabe qué… - Echa un vistazo a tu alrededor. Solo tardaré un momento.

Antes de que las palabras terminaran de salir de su boca, ella caminó hacia la estantería más cercana y trazó con un dedo el lomo de los libros que encontró. Juzgando por la condición desgastada de su colección, parecía que leía bastante. Se tomó un momento para atesorar este hecho, antes de moverse hacia la siguiente estantería de libros, donde reconoció una primera edición de Ulises en lo que parecía ser una urna de vidrio encantada.

Sus ojos se abrieron ampliamente, y se giró hacia él – Cómo en la tierra… Dónde… Es imposible que seas tan rico.

Sin mirarla, él se encogió de hombros – Lo heredé de mi abuelo.

-¿Tu abuelo estaba interesado en la literatura muggle? – preguntó ella.

-Películas, música y arte también – añadió el hombre – No todos los sangrepura eran tan obtusos como el Señor Oscuro.

Hermione cerró su boca – Cierto… lo siento.

-No te preocupes – le aseguró él – Ah, aquí está. – Finalmente, después de tres minutos más o menos, se las arregló para localizar el elemento que buscaba, y sin más advertencias, se lo arrojó – Atrápalo.

Hermione tensó sus músculos. En cámara lenta, vió el elemento volar entre ellos, desde un extremo de la habitación hacia el otro, antes de extender ambas manos y sentir el frío y sedoso exterior rozar la punta de sus dedos y caer al piso.

-O no… - se burló Malfoy.

La castaña lo miró con el entrecejo fruncido, y luego hacia el piso. En un instante, la dureza desapareció de su mirada – Oh mi… - lo miró, avergonzada - ¿Lo guardaste?

Él se reclinó contra su escritorio, con las manos en los bolsillos – Por supuesto. Es el responsable de nuestro encuentro. Un souvenir, si lo quieres llamar así.

-Es… - su voz se agudizó – Es un vibrador usado.

Malfoy bajó la cabeza, con los hombros sacudiéndose de risa – Oh, Granger…

-Nada de "oh, Granger" – espetó ella, pisando fuerte hacia él y golpeándolo en el pecho con un dedo. Para su sorpresa, el pecho era bastante duro. De hecho, estaba segura de que golpearlo le dolía más a ella que a él, pero disimuló el pinchazo de dolor con profundo desdén - ¿De esto se trataba todo? Me pediste que nos encontráramos después del concierto con el único propósito de atraerme hacia aquí y humillarme?

Él le dedicó una mirada incrédula – Oh, vamos – bufó – Simplemente estoy regresando un objeto perdido.

Ella entrecerró sus ojos – Eres Draco Malfoy.

-¿Y?

-Y… - siguió ella – Te conozco lo suficiente como para saber que tus intenciones no son buenas.

Nuevamente, él la estudió con esos ojos profundos.

Era bastante difícil para ella mantener la compostura, cuando él la miraba así, con esas grises orbes rondándola, manteniéndola en su sitio, con mechas de su cabello cayendo sobre su frente en haces de color rubio blanquecino, los primeros botones de su camisa desprendidos brindándole una visión directa de sus esbeltos músculos del pecho, y la humedad de sus labios atrayéndola hacia adelante, cuando la punta de su lengua pasó entre ellos rápidamente, como si le estuviera enviando un mensaje.

Hermione tragó pesado, redirigiendo su atención – Toma – murmuró, empujando el vibrador contra el pecho de él – No lo quiero.

-¿Estás segura? – preguntó él, al instante en que ella le dio la espalda.

Sin molestarse en contestar, ella se encaminó hacia la puerta y estiró su mano en busca del picaporte. Apenas unos milisegundos después, escuchó pasos por detrás.

Se congeló en su sitio, con los ojos cerrados mientras Malfoy se acercaba a ella.

Él se detuvo unos centímetros por detrás. No estaba terriblemente cerca, ni siquiera tan cerca de como habían estado cuando ella lo encaró momentos atrás, pero lo suficientemente cerca como para que sintiera su respiración contra su cabello. – Lo siento – se disculpó, sonando bastante… sincero – No tenía intenciones de humillarte. Por favor, créeme, Hermione.

En casi dos décadas de conocerse mutuamente, él jamás se había dirigido a ella usando su nombre. Había sido siempre su apellido, o algo relacionado a su estatus de sangre. Sintió su pecho inflarse, al notarlo.

-Entiendo y respeto tu decisión de irte. Yo solo… quisiera decirte algo antes de eso – añadió.

Y ella escuchó.

XXX

Por alguna extraña razón, él creyó conveniente mostrarle que había guardado el vibrador esa vez que se encontraron en la tienda sexual. Granger tenía todo el derecho de sentirse avergonzada y realmente furiosa. Él estaba seguro de que ese encuentro no había sido tan grato para ella como lo había sido para él, y también había calculado mal el grado de confianza que tendrían para ese momento. En todo este desastre, había aprendido algo muy importante sobre ella.

No se sentía cómoda a su alrededor.

Podía reír con él, escuchar la misma música, leer los mismos libros y valorar el licor casi tanto como él, pero no se sentía ni remotamente cerca de cómoda.

Y no se había dado cuenta de eso.

Hasta ahora, por supuesto.

Draco esperó, parado algunos centímetros por detrás de ella, juntando lo que quedaba de su confianza y esperando que fuera suficiente para convencer a esta mujer de que no buscaba faltarle el respeto. De hecho, le aborrecía la idea de terminar la noche de tan mala manera. Por días, semanas realmente, se había imaginado el conocerla. El que ese sueño se convirtiera en realidad era más de lo que podía desear.

Pero cuanto más se demoraba, más lejos se iba ese sueño, segundo a segundo…

-Seré directo sobre esto – decidió, escuchando las palabras hacer eco, y enfocándose en los rizos de su cabello, mientras ella permanecía de espaldas a él – Sabía, antes de esta noche, que tú eras la persona al otro lado de la línea. Reconocí tu voz a menos de diez minutos de iniciar nuestra primera conversación, y decir que me sorprendió sería un eufemismo – explicó él, esperando que la información no se volviera en su contra - … pero más que eso, estaba emocionado por tener la oportunidad de aprender más de ti, con un comienzo limpio. Quería poder conocerte del mismo modo en que Weasley lo hace… o lo hacía. Me parecía imposible lograrlo bajo condiciones normales, así que tomé la oportunidad.

Frente a él, Granger se tensó - ¿Lo sabías? – preguntó con voz baja.

Era difícil descifrar su tono de voz, si estaba enojada, desilusionada o le resultaba indiferente.

-¿Sabías que era yo? – preguntó de nuevo, lentamente, esperando varios segundos antes de enfrentarlo.

Se giró lentamente sobre un zapato, el que él había reparado a la salida del concierto. Los recuerdos del incidente volvieron a su mente y lo dejaron embobado, antes de que su atención se reenfocara en ella.

Draco asintió, absorbiéndola con la mirada: los rizos de su cabello, el sonrojo de sus mejillas, el chocolate brillante de su mirada, la visión de su abrigo envuelto alrededor de los hombros de ella, en contraste con la desnudez de sus piernas, y el estrecho espacio entre sus labios, mientras respiraba suavemente, claramente procesando la información.

-Lo sabías…- dijo ella, una vez más, sin añadir el tono de pregunta a su oración - … y aún así quisiste encontrarte conmigo – la sorprendía, y él no sabía por qué - ¿Cómo es eso posible?

-¿Cómo?repitió Draco, aturdido y luego desorientado, y luego con determinación – Te mostraré cómo.

Al no escuchar la última parte de su declaración, la castaña jadeó, con los ojos abiertos, al ver que él se inclinaba hacia ella, primero lentamente y luego con rapidez. Ella, con su espalda contra la puerta, y él, con una mano en su cabello y la otra en su cintura, atrayéndola más cerca de su cuerpo. Draco la besó. Con intensidad y delirio, atrapándola en la cósmica entrega mutua, y les llevó varios segundos antes de que ambos pudieran darse cuenta de lo que estaba pasando.

En ese momento, él aflojó su agarre en ella, notando que su acercamiento era ligeramente agresivo. Al tiempo en que él se alejaba, ella se reclinó en su dirección, con las mejillas sonrojadas y la respiración pesada.

Draco tartamudeó – Yo… lo siento. No… no debería…

-Me besaste – la voz de ella se atoró en su garganta.

-Te besé – repitió él - … y tengo la ligera sospecha de que estás a punto de golpearme.

Granger se detuvo, arrojándole otra de sus miradas indescifrables, antes de que el mensaje le llegara claro.

Él sintió que su corazón saltaba en su pecho - ¿Sí?

Ella asintió una vez, mirándolo – Si no te molesta…

Con enorme control de sí mismo, Draco se abstuvo de abalanzarse sobre ella. Ocurrió lentamente esta vez. Fue suave, al moverse más cerca de ella, cepillando con dos o tres dedos su barbilla y levantándole la mirada para que se encontrara con la suya. Ella cerró los ojos. Él mantuvo los suyos abiertos por un momento más, tomándose un segundo extra para fijar a fuego la visión de ella, así, en lo más profundo de su subconsciente. Ni Merlín sabe si esto volverá a pasar alguna vez. Aceptando eso, se tomó su tiempo y luego de tres o cuatro segundos de simplemente absorberla con la mirada, cerró los ojos y rozó apenas sus labios con los de ella.

Ella se estremeció en respuesta, terminando con un ligero quejido reclamando por más. Le llegó a él como una sencilla vibración, el sentirla gemir suave e inconscientemente contra su boca. Draco se acercó más, volviendo a rozar sus labios, dejándola acalorada y anhelante, antes de profundizar el beso. Ella volvió a gemir, derritiéndose contra él, mientras él pasaba sus manos a lo largo de sus rizos y luego por sus costados. En algún momento, el abrigo que cubría los hombros de ella cayó al suelo con un sonido suave.

Draco cambió el ángulo de su cabeza de izquierda a derecha, armonizando con la de ella al tiempo que ella le devolvía el beso. Los movimientos de Hermione eran tentativos, tímidos al principio, como si no hubiera besado a nadie en meses… o más. No le suponía un problema a él. Se acomodó a sus lentos y abrasadores besos, destacándolos al dibujar círculos alrededor de su espalda baja, solo con la punta de sus dedos.

Se sorprendió al sentir la suave caricia de su lengua. En un instante él le reciprocó, abriendo su boca para ella, y acariciando su lengua con la punta de la de él en suaves y precisos movimientos. Ella se deshizo entre sus brazos, delicada sin volverse dócil.

-Más… - murmuró la bruja, directamente sobre sus labios.

Oh, sí que tenía más. Solo un toque de ella, un sonido, le recordaba cuánto más tenía para darle.

Ella envolvió sus brazos alrededor del cuello y hombros de él, tratando de estabilizar la debilidad de sus rodillas. Desde ahí, él apretó su agarre en ella, atrayéndola aún más cerca con sus manos en sus caderas. Sedientos por más, su beso cambió de suave y tentativo a frenético y devorador.

El deseo de Draco por ella era evidente, pero el de ella por él se reveló en olas destructivas dentro del beso. Granger arqueó su cuerpo contra el de él, inconscientemente presionando su pecho contra el de ella, haciendo que su sangre viajara con mayor velocidad hacia allí.

Momentos después, sus labios se separaron mientras ambos luchaban por recuperar el aliento y atraer oxígeno a sus cuerpos. En esos breves segundos, Draco notó el desorden del cabello de ella y el modo en que su vestido se había corrido ligeramente hacia la derecha. Algo acerca de eso hizo que sus músculos se tensaran y el animal rabioso que tenía en el pecho comenzara a golpear fuertemente dentro de los confines de su caja torácica. No quería esperar más.

Granger inclinó su cabeza hacia atrás, exhalando varias veces de forma corta y aguda, mientras Draco llevaba sus besos desde sus labios hacia la curva de su cuello, murmurándole cosas inentendibles entre cada toque. Los labios de ella temblaron al gemir por él, atrapada en el calor y en el penetrante deseo que sentía. Milisegundos después, ella se encontró levantando una pierna a su alrededor, ondulando su cuerpo contra el de él al tiempo que él la aferraba por el muslo y la acercaba incluso más.

El hombre intentó disimular lo mejor que pudo, pero no había modo en que ella no lo sintiera. –Juro que no tenía esto planeado – le susurró él, tratando de distraerla de la dureza en sus pantalones.

-Mentiroso – lo reprendió ella, con una leve sonrisa en los labios.

-Bueno, quizás estaba esperándolo solo un poco… - confesó él – Bien, lo esperaba demasiado.

El cuerpo de ella se sacudió con la risa, que se vio reemplazada rápidamente por una rápida inspiración de aire al sentir que él volvía a besarla. No mucho después, intercambiaron la mirada; la mirada que indicaba qué es lo que pasaría ahora, y de qué manera...

(*) Casas adosadas, también llamadas dúplex.


No hace falta decir nada más... nos vemos en el próximo capítulo, que será el último. Recuerden que es un minific.

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saludos, Pekis :)