Capítulo 6
Hermione lo siguió hacia el primer piso. Había comenzado a llover afuera, ligero y pesado al mismo tiempo, coincidiendo con el golpeteo que sentía en el pecho ante la situación. Notó la mano que presionaba su espalda baja, y al hombre que la manipulaba. Era difícil enfocarse en algo más. Una vez que abrió la puerta, ella entró a la habitación principal. Parecida a la oficina, ésta estaba decorada en tonos esmeraldas y plata, con oscuros muebles de madera y ventanales grandes, desde donde podía observar las calles adoquinadas.
Estaba tan oscuro adentro como afuera.
Detrás de ella, él se acercó. – ¿Te gustaría beber algo? – preguntó, caminando hacia la mesa a su derecha. Era de madera, con rueditas en la base: un pequeño carrito de bar. Por encima contenía numerosas botellas de vino y whiskey, así como un par de botellas de Quintin Black, unas que ella no había visto en mucho tiempo.
La castaña lo miró con sorna – Tus intentos de embriagarme son tiernos.
-Qué es lo que… - respondió él con voz aguda – No estoy intentando…
-Relájate – rió Hermione, pasando junto a él, y caminando hacia el carrito, donde descorchó una botella y sirvió dos copas, pasándole una a él antes de beber un sorbo – Mmm… ¿cuál es éste?
Él estaba tan enfocado en sus labios que le llevó un momento darse cuenta de la pregunta – Superior Red – respondió, con ligera sorpresa - ¿No lo conocías?
-Huh… - respondió ella – Nunca escuché de él.
-Mira, aquí – indicó él, sosteniendo la botella entre los dos, y pasando un dedo por encima de la etiqueta.
-Malf… - sorprendida, ella volcó su atención hacia él – No tenía idea de que tu familia manufacturaba vino.
Él rió - ¿De dónde crees que viene todo el dinero?
Hermione se encogió de hombros, contemplando su rostro – Ya sabes, lo de siempre: lavado de dinero, extorsión, malversación de fondos… todo es lo mismo, en realidad.
-Ja, ja – bufó él, sin sonar ofendido en lo más mínimo – Acabas de perderte tu botella de regalo.
-¿Mandas a todas tus citas a casa con una botella de regalo? – le preguntó ella, bromeando - ¿O solo a las que no planeas ver de nuevo?
Malfoy arqueó una ceja, con una leve sonrisa en los labios – No tenía idea de que esto era una cita – respondió con tacto.
Las mejillas de ella se colorearon – Sabes a lo que me refiero.
-Quizás no – insistió él – No tengo muchas citas. Jamás estuve en una verdadera relación.
-¿Qué me dices de Pansy? – preguntó ella casualmente.
Él se carcajeó – Eso nunca fue importante.
-Seguro se veía como algo importante cuando íbamos al colegio – comentó Hermione, haciéndole ojitos – Me arriesgaría incluso a decir que tú eras su asignatura preferida.
-Precisamente – coincidió él – no era algo mutuo.
-Ajá – murmuró ella.
Malfoy la miró, sonriendo - ¿Qué me dices de tú y Weasley? Amaría saber qué fue lo que sucedió ahí.
Ella respondió a su sarcasmo con una mirada perezosa – Mejor dicho lo que no pasó.
-¿El Rey Weasley le tenía demasiado miedo al compromiso?
-Bingo – confirmó ella, en medio de un sorbo.
Malfoy asintió pensativo – Me lo imaginé.
Hermione tragó con fuerza - ¿Porque la idea de casarse conmigo es intolerable? – preguntó ella, bromeando.
-No querrías saberlo – le respondió él, lanzándole un guiño discreto mientras caminaba hacia la ventana, y se recostaba contra ella con una mano en el bolsillo y la otra alrededor de su copa, girándola antes de cada sorbo.
Ella se tomó un momento dándole la espalda en un intento de esconder el vívido color rojo de sus mejillas.
Era demasiado pronto… demasiado pronto como para empezar a hablar de esos temas.
Pero el rubor permaneció.
Hermione se obligó a tragar el calor que sentía y caminó hacia la ventana, junto a él. Ocurrió en una lenta sucesión de eventos. Sintió los ojos de él detenerse en sus piernas, una de las cuales había estado envuelta firmemente alrededor de su cintura unos momentos atrás. Y ahí volvía el ardiente calor. Al borde de la desesperación, se terminó el resto del vino de su copa en un solo trago. Su piel ardía con los recuerdos de la boca de él sobre su cuello y sus manos en su cintura.
Pero nada ardía más que la sensación de presionarse contra él, contra su excitación. Como respuesta, sintió sus músculos tensarse. Merlín… él es delicioso.
-¿Verdad o reto? – le preguntó él, como si hubiera esperado toda la noche para ello.
Ella lo miró, con las mejillas coloreadas. La respuesta era clara. – Reto.
XXX
Era clara como el día.
Draco la observó con atención por un momento. Era difícil no hacerlo. Estaba allí, junto a él, en su casa, en su habitación, fácilmente alcanzable. Si tan solo se movía un centímetro a la derecha, sus cuerpos se tocarían y, por muy tentador que eso fuera, no podía. Después de besarla en su oficina, debía esperar que el siguiente movimiento naciera de ella. Estaba claro que ella lo deseaba, de alguna forma, pero no quería arriesgarse sin saberlo con certeza.
Con eso en mente, formuló su respuesta.
-Te reto a hacer exactamente lo que tienes en mente – enunció él, notando el color en las mejillas de ella, el ritmo de su pecho, el brillo en su mirad ay la forma en que su cuerpo reaccionaba al de ella.
Ocurrió lentamente, en varios segundos. Minutos…
Granger no dijo nada.
Se limitó a enfocarse en el reto, en levantar la copa de vino que tenía él en sus manos, dejarla en el piso junto a la de ella, separarse de la ventana, girar su cuerpo hacia el de él, acercarse más, acariciar inconscientemente la piel de él con las puntas de su cabello al inclinarse hacia adelante, y a envolver sus brazos gentilmente alrededor de su cuello y hombros, balanceando ambas piernas a cada lado de las de él, provocando que sus pantalones se tensaran.
-No tan rápido… - le advirtió ella, corriéndole las manos antes de que Draco las llevara a su cadera – Este es mi reto.
Draco abrió su boca para protestar, pero se vio interrumpido. Granger lo silenció colocando su dedo índice contra sus labios y presionando su regazo, observando el modo en que su rostro pasaba del calor a un ardiente e incontrolable fuego. Era casi sádico. Pero él no tenía problema en someterse a esta mujer. Incluso lo ansiaba.
Totalmente inmerso en la sensación de tener a Hermione Granger firmemente apoyada en su regazo, donde pertenecía, apenas notó cuando ella se inclinó hacia delante y pasó sus labios por el lóbulo de su oreja.
-Escúchame – le susurró ella, colaborando con la dureza de sus pantalones con nada más que con palabras – En cinco segundos voy a borrar tu sonrisa burlona a besos… y tú, Draco Malfoy, vas a aguantarlo.
Con inmenso autocontrol, consiguió evitar arrancarle el vestido a jirones y enterrar su lengua en su intimidad. Por Merlín, las cosas que deseaba hacerle, el placer que deseaba darle a esta bruja… solo el sonido de su voz lo volvía loco de ansias. Si seguía tocándolo y jugando así, él no tendría más opción que enseñarle una importante lección con su lengua entre sus piernas.
Granger lo reprimió nuevamente con una sola mirada penetrante y luego, lentamente, le puso la acción a sus palabras. Lo besó, en un modo que le indicaba que él no podía devolverle el beso hasta que ella se lo permitiera. Era suave pero duro, y lo quemaba desde adentro hacia afuera. A diferencia de los besos anteriores, ahora ella movía sus labios con confianza y convicción. Era claro que tenía algo en mente, que quería transformarlo en un desastre caliente y deseoso. Entre sus labios succionó los de él, soltándolos con un húmedo pop y luego profundizando el beso, explorando su boca con la lengua. Le tomó cada gramo de autocontrol no corresponderle el beso. Particularmente cuando ella bajó sus labios, para succionar y morder la carne de su cuello, a lo largo de su garganta.
En ese momento, luego de que él decidiera que no podía contenerse más, la castaña se separó de su cuello y le susurró tres palabras.
Únete a mí.
Delirando por los juegos previos, Draco siguió su orden y enterró sus manos en el cabello de ella, atrayendo su rostro para unirlo al de él, para la unión de labios y lenguas. Ella se tensó y luego relajó, gimiendo en el beso con el pecho agitado. Era, quizás, el beso más erótico que él había experimentado en su vida. Y juzgando por su reacción, era lo mismo para Granger… para Hermione. La devoró con los labios, moldeándolos y tirando de ellos, atrapando suavemente su labio inferior entre sus dientes.
Ella volvió a gemir, más duro – Oh, Draco…
El simple sonido de su nombre en su lengua hizo que sus músculos se endurecieran en anticipación.
-He… deseado esto… te he deseado a ti… por tanto tiempo… - logró decirle él, entre besos, mientras seguía con sus labios el pulso de su cuello, y lo mordía suavemente – Por tanto tiempo…
Entre sus brazos la sintió ablandarse, tirando su cabeza hacia atrás – También yo…
Él aseguró un brazo alrededor de la cintura de ella, manteniéndola cerca al tiempo que acariciaba su cuerpo con solo su boca. Primero su cuello, luego sus hombros, y luego más abajo, alcanzando el cuello de su vestido. Hermione se estremeció contra él, contra su toque. Lentamente, a un ritmo en que ella habría podido detenerlo si lo hubiera querido, sus manos empujaron la chaqueta de sus hombros y luego viajaron a la espalda de su vestido, buscando el cierre. Ella no protestó. Por lo contrario, se reclinó contra el hueco de su cuello y lo besó allí, mientras él bajaba el cierre a lo largo de su espalda.
Una vez hecho esto, estiró sus manos hacia el dobladillo inferior del vestido, deslizándolas por debajo y acariciándola hacia arriba, completamente esclavizado por el abrasante calor que sentía desde la piel desnuda de ella. Varios temblores la recorrieron, al igual que a él. En ese momento quedaba claro qué es lo que ella quería, y lo que él planeaba darle.
Minutos después de esto, de las manos de él explorando su espalda y costados, ella levantó sus brazos. Con las mejillas ardiendo, sintió como él levantaba el vestido de su cuerpo, removiéndolo en un suave movimiento. Draco arrojó el material al suelo, y admiró la vista frente a él. Sentada sobre su regazo vestida con nada más que encaje: bragas blancas en conjunto con el sostén, que dejaba observar la leve sombra rosada de sus pezones bajo éste. Sus ojos ardieron con caliente y pesado deseo. Sin contenerse, la atrajo para otro beso. Esta vez, a lo largo del hueso de su clavícula, donde succionó vigorosamente, sacándole otro gemido entre sus labios entreabiertos.
-Dios… - gimió ella – Cómo es que… como puedo…
Parecía que la mente de ella estaba maquinando los mismos pensamientos, las mismas preguntas.
Draco disipó esas preguntas con sus siguientes palabras.
-Soy tuyo.
Ella sintió su pecho contraerse - ¿Mío?
-Tuyo – le confirmó él, moviéndose hacia sus labios – Solo si quieres tenerme, por supuesto.
Ella se estremeció una vez más, impotente ante sus propios deseos y el modo en que reaccionaba alrededor de él. Segundos después, sus manos acunaron sus pechos, directamente sobre el sostén, y los acarició en lentos círculos, mientras regresaba a sus hambrientos e indecentes besos sobre ella. Como cuerdas en un arpa, ambos jugaron con los sentidos del otro con determinación: Draco al deshacerse de su sostén y luego inclinarse hacia delante, pasando su lengua por sus pezones y capturando uno después del otro con caliente humedad, y Hermione al presionarse contra él, contra su dureza, estimulándolo con los movimientos de su cadera.
Algo retumbó en lo profundo de su pecho, y él gimió. Quizás era hora de enseñarle una lección.
Draco aseguró ambos brazos alrededor de la cintura de ella y la levantó de su regazo. Ella jadeó suavemente, sorprendida pero no renuente. Esta bruja estaba ansiosa por más, y él amaba eso de ella. Aunque no tanto como amaba el modo en que ella lo miraba, mientras él la cargaba a lo largo de la habitación y la dejaba a los pies de la cama. Ella lo devoró con una mirada, reclinándose hacia atrás con los pechos desnudos, observándolo quitarse la camisa por encima de la cabeza y arrojándola a la pila de ropa en el suelo.
Su mirada cayó a su amplio y musculoso pecho.
-Oh… - suspiró ella, embebiéndose en la famosa "v" que enmarcaba su abdomen.
Draco mantuvo su posición por un momento extra, con la más leve sonrisa en sus labios. Era agradable sentirse admirado por alguien como Hermione Granger. Más que agradable. Pero incluso ese sentimiento no podía superar el que no paraba de crecer en lo profundo de su ser, desde donde se sentía llamado por el espacio entre las piernas de ella. Se acercó a la cama, consciente del color que danzaba en sus mejillas y el calor simultaneo en su mirada. Desde allí cayó de rodillas, quedando casi a su nivel debido a la diferencia de altura, y con una mano enterrándose en el cabello de ella, la besó.
Ella le devolvió el beso, frenética por el modo en que sus labios se buscaban.
Separándose, él bajó por su cuerpo lentamente.
Hermione tembló en respuesta. Era la primera vez en mucho tiempo que alguien hacia esto por ella. Draco era, por supuesto, un candidato más que feliz y dispuesto en hacerlo. Noche tras noche, él soñaba con el modo en que ella se sentiría contra su lengua, soñaba con su sabor y con los sonidos que este acto inspiraría. En su segunda noche él se lo describió; qué es lo que le habría hecho si la hubiera tenido a su lado para besarla y tocarla.
Pero ya no se trataba de palabras.
Con eso claro, su lengua bajó a lo largo de su torso y encontró el borde de sus bragas. Hermione esperó, con los ojos brillantes y ansiosos, sedienta por él mientras él deslizaba sus labios por el blanco encaje, donde su cuerpo había respondido a cada una de sus caricias.
Joder – pensó él, con los músculos adoloridos por lo mucho que la deseaba – Está gloriosamente húmeda por mí.
Presintiendo su monólogo interior, la castaña se sonrojó furiosamente. Draco no lo notó, ya que en ese momento, y sin perder más tiempo, siguió con su tarea. Enganchó sus dedos en sus bragas y se las quitó, bajándolas por sus piernas y arrojándolas a la pila de ropa. Frente a él, se encontraba su desnudez. Vulnerable a su ardiente mirada, ella movió una mano para cubrir el espacio entre sus piernas, donde él notó un pequeño y bien cuidado triangulo de vello oscuro.
Estaba encantado de comprobar que tenía casi tanto frizz como el que se encontraba en lo alto de su cabeza.
-Cierra la boca… - lo reprendió ella, avergonzada por la sonrisa que bailaba entre sus labios.
El hombre la miró entonces, notando que fruncía el ceño – Hermione – le dijo suavemente, sosteniendo sus manos y entrelazando sus dedos, para llevar sus muñecas a su boca, donde las besó sobre la línea del pulso – Si me lo permites, no hay nada que me gustaría más que besar cada centímetro de tu cuerpo.
Ella se tensó - ¿Te refieres a…?
Draco asintió, bajando la mirada hacia el tesoro aún no descubierto entre esas piernas. No lo creyó posible, pero ella realmente era hermosa en todas partes. Por instinto, se lamió los labios. Ella lo observó, decidida a guardar silencio, pero tentada con la mirada en sus ojos.
Ocurrió lentamente.
Hermione se abrió para él, respirando pesadamente cuando lo sintió acercarse. Apenas unos centímetros más cerca, y él ya podía captar la esencia de su excitación. Draco trató de calmar el golpeteo de su pecho, llevando sus latidos cardíacos a un ritmo más tranquilo, antes de bajar su cabeza y pasar sus brazos bajo las piernas de ella y alrededor de su trasero, al mismo momento en que tomaba la primer probada.
Con los ojos cerrados y las mejillas coloradas, ella sintió su cuerpo sacudirse – Oh… oh, mi Dios…
Se sentía increíble saber que él era responsable de inspirar esos sonidos. Ella arqueó su cadera hacia él, con sus manos en su cabello y una mirada casi poseída. Draco continuó con lo suyo, derribando sus barreras con la punta de su lengua. Ella sabía más dulce de lo que esperaba. Comenzó lentamente, para luego acelerar el ritmo con el que adoraba su centro. Besándola, lamiéndola, chupándola y mordisqueándola. Solo unos segundos le tomó encontrar la combinación perfecta; una mezcla entre lamidos con la lengua casi dura, y luego caricias suaves. La volvía loca, de un modo en que se sentía obligado a seguir haciéndolo, y no tenía intenciones de detenerse.
-Draco… - suspiró ella, de nuevo – Oh, joder…
El sonido de esa palabra entre sus gemidos fue más de lo que su cuerpo pudo tolerar.
Desesperado por liberar algo de la presión acumulada, desabotonó rápidamente sus pantalones y bajó el cierre. No ayudó demasiado, pero sí un poco. Los mantuvo puestos, pero se las arregló para deslizarlos ligeramente hacia abajo, mientras su lengua seguía trabajando sobre el clítoris de Hermione.
Estremeciéndose contra él , ella lo empujó más profundo entre sus piernas. Draco tomó esto como su señal para subir la apuesta. Con sus pulgares abrió sus labios íntimos y sopló con su boca sobre ellos. La sentía convulsionar bajo su toque, pero aún no había terminado. El sangrepura continuó, delineando con su dedo índice su entrada y capturando su clítoris en un lujurioso beso.
-Oh mi… oh dioses… - ella se quedó sin aliento en el instante en que él introdujo un dedo en su calor.
Por dentro, dobló su dedo y la presionó lo mejor que pudo. Merlín, es increíblemente estrecha. No le sorprendió en lo absoluto. No había estado con nadie en bastante tiempo. Pero el hecho de que no pudiera meter más que un dedo en su húmedo canal lo sacaba de quicio.
Draco aumentó sus esfuerzos, imitando los eventos que vendrían luego con un rápido trabajo de su dedo, y frotando ese apretado nudo con la punta de su lengua, como deletreando unas disculpas por los años previos de tormento. Pensó en eso por un micro segundo, antes de que el estallido de placer de Hermione rompiera su concentración.
La sintió apretarse a su alrededor, con los músculos tensos y rígidos, atravesando el clímax con una sensación incomparable, hasta que se relajó, cayendo a la cama con la respiración acelerada.
Él la observó con los ojos húmedos y maravillados.
Él le había hecho eso. Él la había arrastrado a ese eufórico y dulce estado. No una vez. No dos veces. Tres veces, aunque la primera y la segunda le importaban poco. Todo lo que importaba era este momento. Todo lo que importaba era esta noche.
Ella exhaló, mirando hacia el cielo – Eso fue…
-¿Menos de lo esperado? – preguntó él, trepándose a la cama y recostándose a su lado.
Hermione se giró hacia él, elevando sus cejas. - ¿Estás loco? Yo… yo nunca… - sintió sus mejillas arder – No importa…
Draco la estudió, mirándola de reojo. Eran claros, los pensamientos que le recorrían la mente. Si debía ser honesto, los mismos pensamientos cruzaban su propia cabeza. Solo que él sabía la verdad.
-Gr…Hermione – se corrigió suavemente – hablaba en serio con lo que dije antes, sobre ser tuyo.
-¿Si? – preguntó ella tratando de sonar casual, pero fallando miserablemente.
-Sí – confirmó él – Lo soy.
La castaña se tensó un poco – No tienes que…
-Lo sé – la interrumpió él, sintiéndolo antes de que ella dijera las palabras – Sé que no tengo que serlo, pero quiero serlo. Lo deseo hace mucho tiempo. ¿Y tú?
Las facciones de ella se relajaron – Sí – respondió ella, con un susurro – También lo quiero.
Lentamente él estiró su mano buscando la de ella, quien lo aceptó. Era un gesto extrañamente afectivo, dado que hubo un momento en sus vidas en el que ninguno podía soportar estar cerca del otro. Desde entonces, su dinámica había cambiado mucho. Draco no podía ni imaginar la idea de volver a ser enemigos… o peor, desconocidos. Por un motivo que no llegaba a definir, el mero pensamiento de no volver a verla le dejaba un hueco inconsolable en el pecho que no dejaba de crecer cuanto más pensaba en él.
-¿En qué piensas? – le preguntó Hermione, notando el cambio en su expresión.
Su convicción en el tema no se ablandó – En nosotros.
Ella lo estudió por un largo momento – Si te interesa, hay una función de cine al aire libre de "Un tranvía llamado Deseo" en el parque frente a mi apartamento. Es mañana a la medianoche. Se supone que iría con Ginny pero me canceló… lo que me deja con un ticket extra.
Draco la miró, sorprendido - ¿Estás invitándome a una cita?
Ella palideció – Yo… tú…
Él rió a sus expensas – Oh, Granger. No seas tonta. Por supuesto que iré contigo.
Ella se relajó, lanzándole una mirada reprobatoria, pero sonriendo a pesar de ello.
Particularmente cuando él llevó una de sus manos a sus labios y, luego de besarla y hacerle un guiño, dijo – Querido diario… hoy Hermione Jean Granger me invitó a una cita.
-¿Sabes mi segundo nombre? – preguntó la castaña, tomada por sorpresa.
-Oh, hay muchas cosas que sé sobre ti.
-¿Cómo ser?
-Como ser… - comenzó él – el hecho de que estás más excitada por esa primera edición de Ulises que por mí.
Hermione rompió en carcajadas – Oh, créeme. Nadie está más excitado por ti que tú mismo.
Ante esto, sus labios se crisparon con diversión. Draco se quebró, inclinando su cabeza hacia atrás, llenando el espacio entre ellos con carcajadas como nunca habían salido de él. Nunca en un millón de años, hubiera anticipado que la noche sería tan… tranquila. Hubo, por supuesto, una falla momentánea cuando estuvieron en su oficina, pero se alegraba de que hubieran podido abordar esos asuntos antes de que pasaran a esta situación.
-Por cierto… - añadió la castaña, atrayendo su atención al verla rodar sobre su costado, enfrentándolo con una mirada indescifrable en esos brillantes y oscuros ojos – Estás equivocado.
Draco la miró, acallando lo que quedaba de su risa - ¿A qué te refieres?
Hermione cerró sus ojos, y cuando volvió a abrirlos, estaban llenos de ternura; una mezcla de recuerdos entre el pasado y el presente. Ella trazó con uno de sus dedos su antebrazo, donde la piel de él parecía arder bajo su toque, encendida por su conexión.
-Creo que nunca he deseado algo…a alguien… tanto como te deseo a ti – le confesó – No podía concentrarme durante el concierto. Debo… haberme perdido tres o cuatro canciones, solo pensando en todo lo que me dijiste durante nuestras llamadas. No podía creer que fueras tú… y para ser honesta, aún no lo creo.
Él parpadeó – Quizás pueda ayudarte con eso…
Ella sonrió, pensativa – Creo que ya hiciste demasiado para convencerme. Ahora es mi turno.
Draco la miró sorprendido, mientras ella se incorporaba antes de colocarse encima de él, frotándose contra él mientras balanceaba su peso en ambas rodillas. Luego se inclinó hacia abajo, para besarlo. Pero sus intenciones para devolverle el beso fueron interrumpidas, cuando ella se alejó de su boca, y bajó por su cuerpo. Le llevó un largo y asombroso segundo comprender lo que estaba a punto de ocurrir.
Ella pasó a lo largo de sus pectorales, hacia su abdomen. Draco la observó, consciente del pesado y lujurioso velo que cubría su mirada. Ella alcanzó sus pantalones, dándose un momento para mirarlo a los ojos, antes de enganchar sus dedos alrededor de la cintura de éstos y arrastrarlos hacia abajo.
Sintió la garganta cerrada.
Cerró los ojos.
Los sueños se transformaron en realidad en el instante en que su mano acarició su longitud.
XXX
Dios…
En el fondo de su mente, ella escuchó la letra de "I Wanna Be Yours" con la voz de Alex Turner.
Hermione lo observó, envuelto en la bruma de su satisfacción, mientras su miembro crecía ante sus ojos. Incapaz de hacer nada más, envolvió sus dedos alrededor de él. Solo su tamaño era capaz de despertar los más diabólicos pensamientos en su mente, pero nada comparado a lo que sentía en lo profundo de su centro, al momento en que lo acarició y deslizó su piel por él.
Amado y dulce señor… pensó por dentro… su pene es magnífico.
Blanquecino como el resto de su cuerpo, pero inflamado por el calor de la excitación, se elevaba en unos 23 centímetros, con suficiente diámetro como para hacer palpitar su centro con anhelo. Humedeció sus labios con su lengua, consciente de que los ojos de él estaban en ella y bajó su boca sobre él.
Él tensó sus músculos, uno tras otro – Oh, que me jodan…
Con un denso lamido, humedeció la cabeza con su saliva, mientras sentía su excitación en su lengua. Sin contenerse, él enredó su mano en su cabello, entrelazando sus dedos entre sus rizos, cuidando de no elevarse demasiado de la cama o de ahogarla con su longitud. Ella lo lamió hacia arriba, embebiendo su lujuriosa y masculina esencia. Por increíble que sonara, él sabía mejor ahí abajo que boca a boca, aunque quizás era su excitación hablando.
Hermione lo soltó con un húmedo pop y se acercó más, acomodándose directamente entre ambas piernas, usando una mano para acariciarlo de abajo hacia arriba, y la otra haciendo masajes con presión en la base de su erección, y más abajo. Sorprendido por ese movimiento él se tensó, pero no con alarma, sino con excitación. Ella volvió a envolverlo con su boca, tomando todo lo que le era posible, apenas rozando su piel con sus dientes, lo suficiente como para hacerle retorcer los dedos de los pies y rodar los ojos hacia atrás por el placer, al ritmo de las caricias que ella le propiciaba desde todos los ángulos posibles.
Una y otra vez, su lengua lo barrió y lo acaricio. Nunca en su vida se había sentido tan excitada solo con darle placer a otra persona. Con otros hombres esto se sentía laborioso y exhaustivo, y le hacía doler la boca y la mandíbula, pero con él era electrizante. Lo succionó con fuerza, consciente de sus gemidos entrecortados, de sus súplicas y de la variedad de maldiciones que escapaban de su boca por el placer. Nada se sentía mejor que el poder convertirlo en el mismo ardiente desastre en el que él la convertía.
Había pasado innumerables noches preguntándose si este hombre podía poner en acción sus palabras. Descubrió esa noche que de hecho sí podía, y que era capaz de despertar algo nuevo en ella, su leona interna, traída a la vida por esta traviesa serpiente.
Susurrándole entre suspiros lo mucho que lo estaba disfrutando, Draco se tensó una vez más, y ella lo sintió en su boca tanto como en el resto del cuerpo. Continuó con sus caricias, bombeando rápido y duro, adorando el modo en que su cuerpo respondía, y pasando su lengua desde la base hasta la cabeza, donde envolvió su glande en la succión más intensa que él experimentó en su vida.
-Detente – le pidió, desconcentrándola del movimiento con el que ella esperaba hacerlo acabar.
Hermione lo miró, sonrojada y avergonzada, pensando en que lo había lastimado o hecho algo mal, hasta que él actuó. Se lanzó hacia ella, levantándola con ambos brazos y presionándola contra el cabecero de la cama, con el rostro a escasos centímetros del de ella.
Para ese momento, el corazón de ella latía desaforadamente.
Ella abrió la boca - ¿Qué estás…
Draco la interrumpió, suavemente y sin compasión, presionando sus labios contra los de ella con urgencia y transmitiéndole sus pensamientos solo con ese beso, antes de separarse. Jadeando y mareado, mantuvo sus labios apenas por encima de los de ella – Te necesito ahora – le confesó, con la voz bañada en excitación – Necesito tomarte ahora, Hermione.
Apenas unos segundos después, sucedió.
La canción que sonaba en el fondo de su mente llegó a su final, reemplazada con su propia voz, al momento en que abrió sus piernas y sintió la cabeza del suculento miembro de Draco Malfoy frotarse contra sus labios íntimos. Con el pecho agitado, Hermione se aferró a sus hombros, mordiendo su labio inferior y soltando un gemido fragmentado al sentir como él la penetraba. Jadeó, abrumada al sentir cada centímetro pulsando cada vez más profundo, tan profundo que empezaba a sentirse mareada.
-Te sientes tan bien… tan estrecha… - murmuró él, contra sus labios.
Para entonces, las palabras de ella estaban tan perdidas detrás de la bruma en su mente que le resultó imposible encontrarlas. En su lugar, apretó su agarre sobre los hombros de él, con su espalda firmemente presionada contra el cabecero de la cama, jadeando por la sensación de ser llenada hasta lo más profundo de su ser. Se estiró para acomodarse a él, envolviendo su longitud con la humedad y estrechez de su centro, mientras él seguía moviéndose hacia dentro y fuera.
Hermione gimoteó contra él – Por favor… más…
Él cepilló su cabello fuera de su rostro y la besó, sintiendo sus gemidos vibrar contra su boca y llegar hasta su miembro, mientras no dejaba de llenarla. Ella tiró su cabeza hacia atrás, agradeciendo la mano de él que impidió que se golpeara de lleno con la madera del cabezal. Notando su necesidad de moverse contra él, la bajó hasta apoyarla contra el colchón, donde ella pudo levantar una pierna sobre su hombro y encontrar sus lentas y profundas embestidas.
Ella pensó que no podría sentirse mejor.
Pero Draco le probó lo contrario, al mover sus labios hacia su cuello y lamer su garganta, con el mismo enloquecedor ritmo que con sus caderas. Ella estaba prendida fuego. Cada pulgada de su cuerpo. Hermione se esforzó por murmurar una especie de alabanza para él, algo para transmitir lo glorioso que se sentía y lo mucho que lo necesitaba, pero no pudo. En cambio, arrastró sus uñas por la piel de su espalda, sin duda marcándolo. No pareció molestarlo. De hecho, su respuesta fue más bien opuesta.
Él aumentó la velocidad con cada embestida, llenándola con sus 23 centímetros de pura masculinidad.
Si alguien le hubiera dicho hace unos años que algún día rogaría ser follada por Draco Malfoy, lo habría mandado derecho a San Mungo… pero ahora, el mero pensamiento de estar con alguien que no fuera él la hacía enloquecer. Nunca más podría soñar, en lo que le quedaba de vida, estar con alguien con la misma habilidad y sensualidad que el hombre cuyo cuerpo estaba ahora mismo suspendido sobre el de ella. Y no se trataba de su apariencia o riqueza. Era más que eso. Era el modo en que él la conocía, a pesar de ser él mismo y a pesar de todo lo que había pasado en sus años como rivales.
Hermione podía pensar en solo una persona más que la conociera tan bien como él, además de su familia, y ese era Harry. Aunque sus sentimientos por su mejor amigo no estaban ni cercanos a lo que sentía por este hombre.
Ella decidió actuar después.
Enlazó una pierna alrededor de su torso y consiguió darlos vuelta en la cama, quedando ella por encima. Draco se sorprendió por el movimiento, con las mejillas rojas y el corazón latiéndole con fuerza. Abrió la boca como para preguntar por qué había hecho eso, pero se silenció al cabo de segundos, cuando Hermione se acomodó y descendió sobre él.
Cerró los ojos con fuerza. La aferró por las caderas, y desde sus labios surgió un gemido gutural de aprobación. Casi cercano a un gruñido, pero modulando una sola palabra.
Bruja.
Hermione habría sonreído, pero sus labios eran incapaces de hacer nada más que gemir. Adoraba saber que estar arriba se sentía igual de sensacional para él como para ella. Sus ojos procuraban mantenerse abiertos, pero cuanto más duro bajaba sobre él, y cuanto más rápido él la encontraba en sus movimientos, más difícil se volvía concentrarse en algo más que no fuera el creciente nudo en su centro. Centímetro tas centímetro su miembro buscaba desatar ese nudo, pero ella se negaba a dejarse ir antes de él. No de nuevo.
Se sentía tan, tan insoportablemente enorme dentro suyo. Le tomó cada gota de autocontrol rebotar sobre él una vez, dos veces, tres veces y no colapsar en otro estado de felicidad orgásmica. Si ella hubiera sabido que Draco Malfoy era tan ardiente en la cama, habría puesto en práctica sus fantasías de colegiala y lo habría follado hasta el mismo centro de la tierra, con su uniforme de Quidditch Slytherin todavía puesto.
Pero sus pensamientos pronto se vieron alejados de la fantasía, ya que sentir a Draco junto a ella era mucho mejor, sobretodo cuando utilizó la fuerza de sus abdominales para incorporarse y quedar sentado. En esta posición la mantuvo junto a su pecho, con ambos corazones latiendo con fuerza a meros centímetros de distancia.
Hermione se perdió en él, desarmándose contra su cuerpo, mientras él la embestía con ella en su regazo. Con los brazos ahora enredados alrededor de su cuello, ella le siguió los movimientos, captando ola tras ola de placer. Muy pronto sus movimientos se volvieron frenéticos y rápidos, ambos compitiendo para hacer acabar al otro primero. Ella, con los atrayentes picos de sus pechos y la estrechez de su vagina, y él con el abrumador tamaño de su miembro y el modo en que sabía exactamente cómo embestirla y cuándo.
No duraron mucho después de eso.
Esclavos de la incandescencia del empezar teniendo sexo y acabar haciendo el amor, Hermione llegó al orgasmo primero, apretándose alrededor de Draco, y obligándolo a seguirle los pasos en su abrasadora y húmeda locura. Ella jadeó su nombre, con la voz rasposa por los inacabables gemidos, con el corazón galopando en su pecho, la adrenalina brotando de cada poro de su cuerpo y luego… el éxtasis… Mejor que cualquier droga o bebida que alguna vez hubiera probado era el dejarse caer sin barreras desde las alturas del cielo orgásmico. La atravesó por completo, al mismo momento en que lo atravesó a él.
Un minuto, o quizás un poco más tarde, y finalmente ambos cuerpos colapsaron en la cama en un suave movimiento.
En algún momento Draco se las arregló, en medio de su cansancio, para arrojar las mantas sobre ambos y disfrutar así las secuelas del apasionado encuentro.
XXX
Al día siguiente, por la medianoche…
En medio de una fría ventisca y remolinos de hojas otoñales, las valientes almas que eligieron aguantar el frio esa noche habían encontrado sus sitios en el parque. No era uno enorme como el de Serpent's Crossing, pero Draco decidió que le gustaba bastante la simplicidad de los parques muggles, casi tanto como la simplicidad del teatro muggle. Hasta donde sabía, "Un Tranvía llamado Deseo" era originalmente una obra de teatro, presentada por el afamado Tennessee Williams.
Pero esa noche, las cincuenta y pico personas que se habían reunido aquí afuera iban a mirar la exitosa y sumamente publicitada adaptación cinematográfica, protagonizada por Vivien Leigh y Marlon Brando. Era una película vieja, estrenada en algún momento de los años 50, lo que significaba imágenes en blanco y negro. Sus favoritas. Había algo acerca de la granulada textura de las primeras películas que transformaba las historias y los diálogos en algo más profundo.
Atrapado en sus pensamientos, Draco no se percató de cierta castaña que se aproximaba al sitio que él había reservado para ambos, con una pila de mantas y almohadones y algunos comestibles para pasar la película.
-No puede ser… - dijo ella, vestida con un sobretodo, con las manos en la cadera y su cabello cayendo en espirales desde sus codos - ¿Acaso eres Draco Malfoy?
Draco se giró, enfrentando a la castaña; con una leve sonrisa en los labios – Depende… - contestó pícaramente, llevándose uno de los dulces de Honeyduke's a la boca - ¿Quién pregunta?
Ella se acercó a él, mostrando las partes expuestas de sus piernas como armas letales – creo que yo pregunto…
Por un momento simplemente observó a esta mujer, embebiéndose de sus brillantes ojos color chocolate hasta que nada más a su alrededor existió. Tomando esto como señal, ella se movió más cerca y se dejó caer en la manta. Tenían un sitio ni muy cerca ni muy lejos de la pantalla. La película aún no comenzaba, pero parecía que ambos deseaban detener la producción por un momento más… quizás dos.
Draco inhaló, captando la esencia de su delicado perfume cuando ella se acercó. Tan cerca estaban ahora, que podía contar cada una de las pecas que marcaban sus mejillas y nariz.
Pero cuando ella se inclinó hacia él, con los ojos cerrándose y los labios a centímetros de los suyos, él se alejó.
-Lo siento – se disculpó, dejando que su mueca burlona característica se convirtiera en una amplia sonrisa – Tengo novia.
-¿Ah, sí? – preguntó ella.
Incapaz de detenerse, acomodó uno de sus rizos detrás de su oreja – Eso espero. Es decir… hice todo este camino para preguntarle si quiere hacer nuestra relación oficial… pero está retrasada, ya ves.
-Bueno… - vocalizó la castaña, absorbida por su caricia – Estoy segura de que está por aquí, en algún lado.
Draco asintió suavemente, inclinándose hacia ella – Quizás tu puedes darme compañía hasta que ella llegue… - sugirió, hablando suavemente, en susurros, con los labios a milímetros de los de ella - ¿Qué te parece?
-Perfecto – susurró ella en respuesta – Porque yo también tengo novio…
Él sintió su corazón latir con fuerza – Bueno, que me maten si no se trata del hombre más afortunado del planeta.
-Oh, estoy segura de que la fortuna no tiene que ver con esto – aseguró la mujer, pasando sus dedos a lo largo del cuello de él, antes de aferrarlo por la chaqueta y, con una leve sonrisa, acercarlo a ella.
Esta vez, él no opuso resistencia.
FIN
Y con éste último capítulo, damos por finalizado este minific. Espero que les haya gustado tanto como a mí! Gracias por darle una oportunidad, y por haber llegado hasta aquí. Gracias también por recibirme tan amablemente después de mi ausencia. Se siente su cariño.
No olviden dejar su comentario, los leo todo el tiempo y me hacen muy feliz!
Ojalá hayan pasado una hermosa Navidad, llena de alegría, armonía y amor..
Con este capítulo también me despido por el 2018, y nos volveremos a encontrar el año que viene. Ojo que no es tanto tiempo! Apenas una semanita ;) Tengo muchas historias para acercarles!
Nos leemos pronto, Feliz Año Nuevo!
Pekis :) 26/12/2018
