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Capítulo II ¿Quién eres?

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Los rayos del sol inundaban la habitación, mmmm, que bien olía ... ¿ de dónde procedería ese olor ? Se incorporó y se sorprendió al ver un extraño ... ¿kimono? parecía ser, rojo, echado en el sofá junto a la ventana.

- ¿ Ya tan pronto empezarían el entrenamiento ? – pensó Selene, no obstante, confió en que ese debía ser su uniforme, por lo que se lo puso – vaya, es realmente cómodo y flexible – y bajó hacia el lugar donde Atros le dijo que le esperaría, tras un rápido desayuno de la bandeja que había en una mesa junto al sofá. Más adelante se encargaría de averiguar cómo conseguían que la comida desprendiera ese olor.

-Vaya, Selene, menuda carita llevas¿ algo bueno te pasó ? – se interesó Atros.

-No Atritos, es que me resulta extraño ver tan inmenso terreno flotando entre nubes, con sus jardines y pequeñas montañas, me fascina la verdad.

-Pues disfruta de tu estancia entonces. Ah , no me llames Atritos delante de los demás, no quiero que sospechen que te tengo un aprecio especial¿emm Selenita? – Selene le puso carita de pena, pero al instante le sonrió - Bueno, veo que estás preparada para la acción¡Sora¡Ya estás tardando en venir! – le indicó Atros a un grupo de jóvenes monjes allí cercanos.

Un tímido monje se acercó a ellos con una larga toga blanca atada con una cuerda negra a la cintura. Una vez allí se bajó la capucha de la toga para mostrar su rostro.

Ores no supo que hacer en cuanto miró a los ojos a Selene, no podía ser, no le habían dicho que era tan bella ... y no era sólo eso, ella desprendía una sensación de paz, de cariño con esa sonrisa ... Basta Ores, no te dejes engañar, ahora sabes que esa es su arma, quita esa cara de bobo y ¡espabila!.

-Encantado de conocerte, mi nombre es Sora – reaccionó Ores, nadie en Mídales debía conocer su verdadera identidad.

-Ho...hola, Selene – tartamudeó Selene, se había quedado bloqueada al ser observada con esos ojos tan profundos, tuvo hasta miedo, aunque el monje simulaba ser agradable algo malo se escondía tras sus palabras.

-Bueno Selene, sería estupendo poder ser yo quien te instruya, más no es mi tarea y debo encargarme de asuntos importantes – informó Atros con cara de interesante – Sora será el encargado de enseñarte a luchar, bueno, de enseñarte a mejorar tus técnicas – rectificó al ver la cara de enfado de Selene – por mi parte ya está todo dicho, os dejo con lo vuestro.

Y así se fue Atros, dejando a Selene anonadada, no le había mencionado que sería instruida por aquel ... hombre extraño, un seco "sígueme" por parte de Sora la sacó de sus pensamientos.

Después de atravesar varios recintos con grandes fuentes y jardines donde sabios y monjes estudiaban al aire libre, llegaron a un vasto campo con algunas elevaciones simulando montañas cubierto entero de arena.

-¿ Por qué tenemos que venir aquí , cuando hay mejores campos con inmensa vegetación ? – se interesó Selene.

-Primero porque este campo de entrenamiento es el que mejor simula a Ealamar, lugar donde aconteció la última guerra deberías saber – respondió serio Ores mientras Selene asentía con la cabeza – y segundo, porque no me puedo fiar del dominio de tus poderes y no apetece que congeles por despiste nuestra bien cuidada vegetación, así que limítate a obedecer.

-Eso lo veremos ... – murmuró Selene rabiosa por aquel último comentario.

-¿ Has dicho algo joven aprendiz ? – miró Ores desafiante a Selene, aunque le había escuchado a la perfección.

-No, no – contestó irónica – empecemos ya.

-Esta bien, empezaremos con ejercicios de puntería, colocaré pequeños y grandes objetos a través de todo el campo, me imagino que no fallarás ni uno, sino empezaré a dudar de tu fama – objetó sonriente Ores.

-Me estarás alabando al final de clase – aseguró Selene con una más maléfica sonrisa.

-Pues ahora date un paseito por los alrededores, o no pretenderás que encima te dé la ventaja de saber donde los colocaré.

Selene dio media vuelta y apretó los puños¿cómo podía ser un simple monje tan arrogante ¡arg! No le soportaba. En su caminata mientras esperaba pudo ver como grupos individuales de muchachas como ella invocaban sus poderes para defenderse de los ataques que los monjes le hacían con las bolas de fuego que salían de sus manos, es verdad Selene, antes que monjes son hombres, pensó mientras se sentaba cerca de ellos.

Nunca entenderé por qué tienen ... tenemos que renunciar los monjes a los poderes cuando logremos nombrarnos sabios, este poder que se nos dio al nacer es como ... nuestra fuerza, nos hace libres – dijo una sincera voz a sus espaldas, le pareció dulce esa confesión y a la vez una voz ¿conocida?.

Selene se giró y se topó con un Sora de sereno rostro, más no tardó en volverse áspero como de costumbre.

-Vamos ya con el entrenamiento¡no querrás estar todo el día mirando las musarañas !.

Jum, ya había vuelto el Sora de siempre, le había sorprendido bastante el radical cambio de antes en él, pero para evitar más reprimendas se dirigió y entró de nuevo en el campo de entrenamiento ...

-¿ Cómo ? – Selene solo pudo divisar minúsculos trozos de piedra o metal esparcidos a lo lejos - ¿ no decías que eran pequeños y "grandes" objetos ? – hizo énfasis Selene.

-Bueno, visto que eres muy ducha en tus poderes, me he saltado la parte fácil, adelante Selene, sorpréndeme, dispones de 6 minutos para acabar con todos los objetos.

Pero qué cara tenía Sora, no obstante, se enteraría de quien era ella, se colocó en el centro del principio del campo, extendió sus brazos y empezó a invocar a sus poderes ...

-Restum potère que duermes bajo el hielo, ven a mi con tus extensos glaciares, deja que domine todo con tu fría devastación – oró Selene, y así de sus manos empezaron a brotar largas llamas heladas con formas afiladas para convertirse en un gran fuego azul y blanco.

-Vaya, no está mal esa invocación, las demás torpes muchachas solo consiguen soplitos de fuego azul, veamos si sabes dirigirlo – objetó Ores.

Selene juntó sus manos, sabía que uniendo el fuego de ambas manos sería más poderoso el ataque e impulsándose hacia delante con toda su fuerza apuntó hacia el primer objeto. Miles de llamas heladas se dirigieron sin compasión hacia una roca, una vez alcanzada la rodearon como un manto.

-¿Ya está¿Sólo sabes vestir con un traje de fuego helado a la roquita? – se chantajeó Ores.

-Jeje, ahora viene lo mejor – sonrió desafiante Selene.

De repente una gran explosión se produjo justo donde había realizado el ataque, no quedó prácticamente nada de la antes robusta roca. Ores recogió un pequeño trozo de roca que casi les habia alcanzado en el estallido. El hielo había atravesado como si se tratara de miles de cuchillas todas las entrañas de la roca, estaba impresionado, más no le iba a dar el gusto a Selenita la magestic.

-Bah, aún te queda por aprender, tendrás que controlar la explosión a no ser que pretendas afectar todo lo que haya alrededor¿no? – había encontrado el punto débil de ese ataque, bien hecho Ores.

-Tienes razón, en la batalla podría herir a alguna compañera – dijo Selene, borrándosele la sonrisa de su cara, nunca había tenido eso en cuenta.

-Vamos, te quedan dos minutos y medio por culpa de tanto charloteo – le recordó Ores.

-¡Pero si has sido tú el que me has hablado! – se enfadó Selene, pero se dispuso corriendo a terminar con todos los demás objetos, logró eliminarlos todos incluso antes de tiempo, pero no pudo evitar de nuevo controlar las explosiones cayendo así trozos por doquier.

- Ya sabemos un defecto de tu técnica, no dudo que habrá mas, pero aquí estoy para corregirlos.

-Gracias por todo – dijo falsamente Selene, sabía que se las daba de listillo.

Después de múltiples repeticiones de ataques a lejanos objetos, Ores se encargó de que cada vez fuera más difícil colocándolos cada vez mas lejos y pequeños. A continuación le comentó que practicarían la defensa ...

-¿ Quién va a ser mi atacante ? – preguntó Selene.

-Yo, por supuesto¿ acaso lo dudabas ? – respondió serio Ores – colócate en el centro del campo, estate atenta, te aviso que soy rápido.

-Sorpréndeme Sora - dijo Selene arqueando la ceja.

Ores se colocó en frente de Selene una vez dentro del campo. Selene le oyó murmurar unas suaves palabras y de repente surgieron grandes bolas de intenso fuego rojo y amarillo. Sin pensarlo dos veces, las lanzó contra ella.

-¡Pero serás bruto! Dame tiempo a reaccionar – se enfureció Selene esquivando las bolas.

-Lo más importante en una lucha son los reflejos, así que muévete.

Rápidamente Selene se vio envuelta por sombras de Ores que se movían ágilmente de una esquina a otra atacándola, tras largo rato sólo una bola alcanzó el brazo de Selene, lo que hizo que se tambaleara, más no le dio tiempo a quejarse porque notó algo flotando encima suya, era ... ¿Sora?

-¿ Puedes volar Sora? – se impresionó Selene.

-No, pero si puedo elevarme unos pocos metros si mantengo una buena concentración, resulta muy útil si quieres dar saltos altos para evitar ataques – presumió Ores.

-¿ Me enseñarás ? .

-Este tipo de virtudes no se aprenden, se nace con ellas, sólo hay que descubrirlas, no obstante te ayudaré a encontrar la tuya Selene, pero por hoy mejor lo dejamos, te veo cansada.

-No es nada, sólo hemos estado 5 horas – quiso disimular Selene.

-He dicho que es todo por hoy, debo velar también por tu salud ... nos vemos mañana al amanecer en el jardín de Seleos, no te retrases – ordenó Ores.

¿ Por qué le había dicho semejante tontería ¿velar por su salud, desde cuando le importaba su bienestar y sobretodo, a él que le más le daba si ella podía desarrollar su virtud oculta, que se las apañase solita. Necesitaba despejarse para olvidar aquello, por eso se dirigió a la oscura cueva que habían preparado para su juguetón Leis. Sí, le alimentaría con algo de ganado y luego volaría un rato procurando no ser visto por nadie. En su camino hacia su destino una voz le paró.

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-¿ Resultó duro el primer día Ores ?.

-¡ Pero quién había osado a decir su nombre en público ! Se volteó y suspiró aliviado.

-Haz el favor de tener más discreción y no volver a llamarme por mi nombre Rottres, a partir de ahora soy Sora¿entiendes? – le aclaró Ores.

-Sólo quería asegurarme de que eras tú, espero que el haber procurado tu entrada secreta como infiltrado a Mídales no haya sido en vano, no me decepciones "Sora" – le recordó Rottres.

-Será coser y cantar – sonrió Ores y con esto marchó, no quería perder más tiempo, necesitaba volar junto a Leis.

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Después de haberse dado un paseo el jardín Seleos, quería saber donde se situaba para evitar pérdidas al día siguiente, ordenó que le llevasen la cena a la terraza de su cuarto, desde donde podía ver casi todo Mídales desde lo alto, le encantaba aquello, Selene empezó a poner sus ideas en orden.

No lo entendía, por qué era tan frío Sora con ella, no le conocía, pero sabía que debajo de esa coraza algo de ternura existiría, aunque fuera sólo un atisbo. Sería paciente con él, no le quedaba más remedio si le iba a tener que ver la cara durante dos meses, que ruina, bueno, sería divertido ponerle de los nervios o cabrearlo, a ver si así rebajaba la tanta superioridad que le definía, pensó juguetona Selene. Aquel chico era todo un misterio, tan distinto a todos los demás monjes, siempre tan áspero con ella¿ es que la odiaba por algún motivo que ella desconocía ?

-¿ Quién eres ? – preguntó Selene, como si le pudiese contestar Sora donde quiera que estuviese. No se iba a rendir tan fácilmente, costase lo que fuese iba a conseguir desvelar el enigma que ocultaba aquel hombre.