Aclaración:

Ni Charmed ni ninguno de los personajes son mi propiedad (ojala y sí).
Gracias a Aaron Spelling por estos 8 años de Charmed.
Y gracias a todos los actores que lo hicieron posible.

Cursiva entre notas de la autora
En cursiva van los pensamientos

Subrayado las palabras de otras personas


¿Qué es el destino?

El destino… es, eso lo que mucha gente describe como irrenunciable. Que no es posible escapar a el, a sus caprichos.

¿Crees en el?

Si

¿Por qué?

Por que? …, porque simple y sencillamente el, es el encargado de regir tu vida, de trazar un sendero para tu andar.

Explícame…

Cuando llegamos a este mundo nuestro destino ya esta escrito, por ejemplo, si chocamos ya estaba decidido. Si en ese accidente conocemos a una persona, estaba escrito que así debía ser.

¿Quién decide por ti?

No lo se, creo un ser más poderoso de lo que mi imaginación pudiera imaginar.

Dime ¿Qué es el destino?

No te hartas de preguntar lo mismo?

No tendría por que

No te entiendo

Lo harás…

A que te refieres?

Si te diera la oportunidad de elegir, que destino elegirías...?

Uno donde siempre este con mis seres queridos… sin importar que…

De ese modo trazarías tu destino?

¿Por que haces tantas preguntas?

Por que te estoy dando lo posibilidad de elegir…


Capitulo 4.-

MISTERIOS (PARTE II)


Una gran cantidad de luces blancas y doradas comenzó arremolinarse, formaba la figura o mejor dicho silueta de un ser, un humano, claro esta. Las pequeñas luces al cabo de unos segundos tomaron la forma de un hombre canoso de unos aproximados 70 años. Sus arrugas en la frente y las canas la hacían tener un aire de sabiduría, sus ojos cansados pero radiantes al mismo tiempo reflejaba infinita calma. Llevaba puesta una túnica blanca con una franja dorada al frente de esta.

Estaba "custodiado" por detrás de unos 5 hombres, que vestían igual que él. Al frente tenía a un hombre de color y calva, que con mirada dura, aguardaba a que el anciano rompiera el sepulcral silencio que se apoderara del lugar. Antes de hablar el hombre de túnica miró con curiosidad y cierto interés a los seres detrás del primero, un par de personas le hacían compañía, eran dos mujeres, una joven y mujer ya mayor; ambas iban vestidas de negro con una gabardina y pantalones negros, que les llegaban hasta los tobillos.

Esta de acuerdo – inició el hombre de color. Que remedio el anciano no había querido romper el silencio. Como respuesta el hombre sabio asintió – Entonces que se selle este pacto – levantó las manos, el hombre de canas le imitaba. Acercaron sus palmas sin hacer contacto, una luz blanca comenzó a formarse en el espacio entre ellas. Un remolino de viento los envolvió. Las personas que los rodeaban mantenían las manos al frente como conteniendo todo aquel poder que amenazaba con liberarse.

Una explosión de luz cegó todo el lugar, segundos después todo volvía a la normalidad ambos hombres aún permanecían con las manos en el aire. Sus "soportes" permanecían inmóviles y expectantes ante la reacción de su respectivo líder.

El pacto esta hecho y sellado – habló primero el hombre mayor.

No hay marcha atrás – agregó el otro.

Por el… - inició.

… Bien… – añadió.

… Mayor – finalizaron los demás.

Los de túnica se marcharon de la misma manera en la que llegaron. Entre miles de pequeñas luces blancas y doradas.

Esas lucecillas, les dan una apariencia demasiado angelical – comentó el líder del otro grupo. Los tres se miraron entre sí. Sin decir una palabra al primer movimiento del hombre al frente se fueron casi de manera instantánea dejando un pequeño rastro de humo que se desvaneció casi al instante.

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Entonces ya pueden darlas de alta – con fingido asombro y verdadera alegría la menor de la descendencia Halliwell, celebraba las noticias de los médicos a cargo de sus hermanas.

Los médicos entre sorprendidos, aturdidos y un tanto altivos, por los resultados de las hermanas Halliwell. Acababan de firmar el documento que las daba de alta a partir de esa mañana. Con verdadero asombro se retiraron comentando entre ellos, ese hecho tan insólito, una resuperación de cirugía en tan solo un día era verdaderamente asombrosa – un milagro u obra de la magia – como era costumbre de escuchar comentar a las enfermeras de piso.

Phoebe miró con pícara sonrisa cómplice a su guía blanco – unió las palmas y apoyó la barbilla en ellas – y bien, que te parece si visitamos a la cráneo abierto! – caminó como cuando lo hacía de pequeña, balanceándose de un lado a otro.

Phoebe – reprendió el "ángel". Estaba contento, pero un tanto temeroso, estos últimos días, ningún demonio había movido mano y eso era para preocuparse. Pero quizás tendría más tiempo, hablaría con las chicas al volver a casa.

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Estaba despertando de un extraño sueño, cuando notó su habitación. No tenía que ser bruja para saber que estaba en un hospital, recuperándose de quien sabe que cosa, la verdad no recordaba mucho. Simplemente para ella el tiempo no había pasado.

Unos toques a la puerta, le hicieron volver a su cuerpo, trataba de concentrarse en su proyección astral, pero al parecer aún estaba débil. Quiso responder al llamado, pero no pudo, su cuerpo aún resentía tanta actividad. Escucho murmullos, entre los que reconoció la melodiosa voz de su hermanita y de Leo.

Seguro aún duerme – escucho decir al hombre.

Pero yo quiero… – protesto como niña de 6 años, peleando por que le comprarán algún juguetito. Sin esperar a que el guía volviera a abrir la boca, se introdujo en el cuarto.

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Apenas entró pudo verla despierta, aún recostada en la cama, pero ya sin todos aquellos aparatos. Los labios se movieron pero ningún sonido salió, sin embargo aquellas palabras tan molestas en otro tiempo, solo le impregnaron más ganas de abrazar a la mujer convaleciente.

Te he dicho mil veces que no me gusta que me digas así! – protestó al prácticamente tirarse sobre su hermana. Un quejido de dolor le hizo soltarla, levantando las manos de golpe y poniendo una sonrisa típica en ella de algo así como "lo siento".

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Phoeeebs! – susurró la bruja mayor.

Uuuuuuuyyy! – masculló la aludida – Leo!

El mencionado miraba divertido la escena. Un ruido les hizo voltear hacia la puerta. Parada junto al marco, con algunas vendas en la frente, miraba con ternura la escena, la mediana de las hermanas – Te quiero – pronunció cuando cruzaron miradas.

Te quiero – los labios de la mayor se movieron y esas palabras, fueron el detonante de gruesas lágrimas de alegría.

Que haces en pie – regañó la menor.

Phoebe!

Ya se, ya se – fingió indignación ante la derrota – anda ven!, que esperas – apuró – solo faltabas tu – le guiñó un ojo.

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Había llegado al hospital, para saber como habían amanecido las hermanas. Con calma y con los nervios de punta por temor a toparse con la menor, aspiró profundamente y exhaló con dificultad. El elevador indicó su llegada al piso. Se jugó las manos antes de decidirse a salir del elevador.

Caminó los pasillos con pesadez, el olor a hospital, jamás le había gustado, pero bueno. Llegó a la casilla de la enfermera de guardia y preguntó. Abrió los ojos de sorpresa al saber que las hermanas estaban dadas de alta desde hace un par de minutos.

Gracias – la enfermera sonrió y cerró la página de consulta del hospital. Continúo hacía los cuartos, no sabía por que, pero una sensación de vacío se formo en su estomago, era tan fuerte, que sintió nauseas. Pero prefirió calmarse, creyó que tal vez se debía a tanto estrés acumulado.

Volvió a aspirar aire y exhaló. De nuevo aquella sensación, iba a encaminarse cuando la escena frente a ella la mantuvo de pie inmóvil. Tan solo observando.

Phoebe!

Ya se, ya se anda ven!, que esperas solo faltabas tu

Esa voz – La figura que entraba a la habitación era de una mujer de mediana estatura de larga cabellera castaña, con bata, bata del hospital. Sería posible – Es Phoebe – reconoció al fin la voz – y esa debe ser Piper – se dio la vuelta – entonces la de la habitación es…

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Señorita? – la había visto antes, seguro. Era la mujer que había visto que las hermanas llegaran al hospital. Pensó en decirle que si así lo deseaba podía verlas. Milagrosamente ambas mujeres se habían recuperado de la noche a la mañana, literalmente.

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Señorita? – la voz de la enfermera la sorprendió un tanto – diga? – sonrió con naturalidad.

Sus hermanas ya están bien – habló la enfermera muy confianzuda – si desea verlas, este es el mejor momento – hizo un gesto con la mano, como diciendo "adelante".

Eh! – Abrió la boca – pues... si, imagínese! Perderme este momento – trató de no ser sarcástica, pero definitivamente eso estaba en sus genes – Gracias.

De nada – respondió extrañada la joven enfermera – felicidades, sus hermanas son muy afortunadas. Alguien allá arriba no las quiere aún.

Arqueó la ceja, ella ni se imaginaba que ese comentario parecería sarcástico, en otro momento. Pero por ahora permanecía a un pasillo de aquellas personas. Que haría, las enfrentaría o simplemente saldría corriendo como la vez anterior – No. Yo las enfrentaré. Paige Matthews, no es una cobarde! – Hizo una mueca – creo – comenzó a acercarse al cuarto.


Se te ha encomendado que vayas por ella – un hombre de traje negro inclinaba la cabeza al escuchar las órdenes.

La traeré pronto – sonrió, mientras desaparecía entre una columna de fuego.


La reconocerás cuando la veas, es una mujer muy joven – la voz del hombre parecía el susurrar del viento, solo perceptible para el muchacho que tenía enfrente.

Ella es una nueva guía blanco? – la pregunta del joven pareció incomodar al hombre.

Así es – se limitó a dar explicaciones – una muy especial – agregó.

Entonces no se preocupe yo la traeré a salvo – sonrió. Sabía a la perfección que cuando se encontraba a un futuro guía, los demonios siempre intentaban apoderarse de sus poderes y ni que hablar de los ángeles negros.

Te lo encargo mucho, por favor – una vez terminada la platica. El joven, que por cierto tenía ojos verdes, se desvaneció entre miles de pequeñas luces, típicas de seres como él.

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Y así fue como nosotros – miró a su cuñado – llegamos al hospital.

Extraño – concluyó igual que ellos – y aún no saben quién fue?

Ni idea – se encogió de hombros.

Ahora que están bien, puedo ir arriba y preguntar.

Esa es una buena idea – apoyó.

Tengan cuidado – las miró como un padre a su hijas.

Descuida cariño, estaremos bien – sonrió.

Habla por ti – protestó – yo tengo hambre.

Phoebe!

Que? Es la verdad.

Basta las dos – interrumpió – tu – la señalo – vete a desayunar! Y tú – señaló a la otra – ven conmigo.

Es una orden, por que si es una orden señorita… - amenazó

Que? – Retó con la mirada a la mediana – soy la mayor obedezcan!

OK, está bien – levanto las manos al aire, mientras balbuceaba.

Las dos mujeres comenzaron a reír, después de que la menor saliera. Insultándolas probablemente o repitiendo alguna de las frases que solían decirle.

Estoy más tranquila – golpeó suavemente el dorso de la mano de su hermana.

El poder de tres esta a salvo – sonrió – pero ustedes están bien y eso es más importante.

Más aún que poder de tres – añadió.

Piper, no digas eso – entrecerró los ojos.

Es la verdad Prue – se retiro un mechón de cabello – si no fuera por el dichoso poder de tres, tu no… – meditó – nosotras no estaríamos aquí – mostró el cuarto.

Pero entonces mucha gente inocente habría muerto, convertido en esclavo o demonio, y no se cuanta cosa más – intentó sentarse.

Si y Phoebe tampoco se habría convertido en una Banshee, ni yo en un wéndigo y tu jamás sabrías que se siente ser perro – comenzaba a dar vueltas y a mover las manos por los aires.

Ey! Tranquila – le llamó – pero aquí estamos.

Y si en todo este tiempo, algo sale mal – sus ojos se volvieron tristes – ya perdimos a mamá, no quiero perder a ninguna de ustedes.

Yo siempre las cuidaré.

Ves! Ese es el punto – señaló con el dedo.

Que? – frunció el ceño.

Tu te arriesgas!, no quiero que lo hagas – se sentó de nuevo – no quiero que termines como mamá.

Piper – tomó su rostro entre sus manos – eso no pasará – la otra trataba de voltear hacia otro lado – mírame – ordenó – no pasará – la seguridad en la forma de hablar de su hermana, reconfortó por momentos a su corazón, pero algo en su interior le decía que las cosas serían diferentes.

Si te perdiera – sus ojos amenazaban con dejar escapar un par de lágrimas – yo no sabría que hacer…

Jamás… lo juró - su promesa sonó tan distante, incluso para ella misma. De nuevo aquella sensación la hizo mirar hacia la puerta. Esa sensación que le advirtiera sobre Shax.

¿Que? Que ves… - sorprendida por la reacción, ella también volteó hacia la puerta – que…

Nada – sonrió – pensé… - miró la cara de confusión – nada, nada. Ven acá – la llamó con los brazos abiertos.

Mmmm, me gusta esto – sonrió mientras se acurrucaba en el pecho de la bruja.

No te acostumbres, mucho – cerró los ojos – no será siempre.

Oigan! Yo también quiero abrazó – hizo un puchero – no se vale excluirme! – protesto como niña.

Ven! – llamó, abriendo los brazos de nuevo.

Si!!! – saltó hacía el lado opuesto de donde se encontraba la otra y acomodó la cabeza en el cuello de su hermana, mientras con sus brazos cubría a la mediana – uyyyy que rico estar así.

No te acostumbres – repitió la mediana.

A no?

No, no será siempre – sonrió tocándole la nariz con el dedo índice.

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Iba completamente decidida a entrar al cuarto, cuando escuchó la conversación entre ellos.

Basta las dos, tu vete a desayunar!, Y tú ven conmigo.

Es una orden, por que si es una orden señorita…

Que? soy la mayor obedezcan!

Con solo escuchar el sonido de pasos de una de ellas, corrió a sentarse en las bancas que estaban a unos centímetros de ahí. Tomó como pudo una revista sobre la pequeña mesa que estaba cerca. Observó el momento en el que Phoebe salía del cuarto. Largo rato permaneció ahí fingiendo que miraba interesadamente la revista, aunque la verdad, aún si se hubiera interesado por la revista no sería esa, pues era de esas que mostraban los medicamentos que consumían algunos deportistas, tan solo un artículo en ella fue interesante y ese hablaba de un beisbolista que comenzaba a tomar fama.

Desvió ligeramente la mirada y vio como Phoebe volvía al cuarto. Aspiro profundo por enésima ocasión y se levantó dejando la revista en su lugar. Camino, cada paso que daba parecía que el pequeño tramo que la separaba de la verdad, se hacía cada vez más largo y difícil de caminar. Justo pensaba que debía quizá hacerlo en otra ocasión, era ya, demasiado tarde; se encontraba en la entrada del lugar y ya había tocado la puerta. Ahora las tres hermanas la miraban ahí parada como si fuera un bicho raro. Le llamó la atención encontrarlas abrazadas a las tres – cuanto me hubiera gustado tener un hermano o hermana – sacudió un poco la cabeza y de nuevo miró a las hermanas que seguían en la misma posición. A ella le pareció que el movimiento que hizo a continuación, la "mayor" según ella supuso, fue como protegiendo a las otras dos al levantarse y ante ponerse. Sonrió lo más tranquilamente posible.

Ho… holaa – saludo moviendo la palma de un lado a otro – ustedes no me conocen.

Algo que no sepamos – comentó la de melena larga y castaña. Tras esto recibió un leve golpe en el brazo de parte de la rubia, además de un gesto reprobatorio de la otra.

Lo siento – sonrió tontamente – soy Paige Matthews y... – los nervios le hacían sentir el temblor de sus piernas.

Y…. – la morena de cabello negro comenzaba a impacientarse.

Yo las traje aquí – rió con sarcasmo e hizo un gesto singular con la boca.

Las hermanas quedaron inmóviles, así que ella era, aquella persona.

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Lejos de ahí, en la enorme mansión. Aún permanecía con los cristales rotos y la madera a medio caer. La puerta del ático estaba cerrada y el libro permanecía en su lugar. Sin embargo algo en el comenzó a modificarse. El símbolo de la triqueta, el símbolo del poder de tres comenzó a brillar, primero dorado, luego naranja hasta convertirse en rojo fuego. Se abrió de golpe en la página donde estaba escrito el hechizo del poder de tres. Las letras de esta comenzaron a desaparecer, convirtiéndose en pequeñas luces azules que salían del libro. De golpe el libro volvió a cerrarse y el símbolo de las hechiceras se separó.

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Abajo en el recibidor, el candelabro comenzó a sacudirse suavemente hasta que su movimiento se volvió violento, una luz azul baño todo el lugar y así como comenzó terminó. Una pequeña luz blanca salió del candelabro y desapareció por la puerta.


Para comenzar quiero felicitar a todos por este año que comienza y que ojala este año puedan cumplir con todo lo que se proponen.

Y al fin pude terminar este capitulo. Se que son muy cortitos, pero prometo que los siguientes serán más extendidos.

Espero sigan dejando sus reviews, todos son importantes.