CAPITULO 3- Reencuentros

Draco observaba cada gota que resbalaba por su ventana.

Y hoy no estas

Y ayer brillabas como el sol

Que se escondió una tarde

Y se hizo tarde

Y no volvió

Y en mi ventana vi el dolor

Tu rostro en cada gota.

Te extraño Gin, Te extraño mi amor…

En ese momento el timbre sonó interrumpiéndole los pensamientos. Otra vez pensó quien podría ser. Y salió de su habitación para luego bajar las escaleras. Fue hasta la puerta. La abrió. Y allí la vio. Toda mojada, tan linda, esos ojitos azules, esas pequitas y sobre todo esa mirada que solo ella sabia dar, que le trasmitían toda la dulzura y el amor del mundo. Era ella, si, Ginny… Su Ginny. Había regresado. No sufriría más. No podía creerlo… No le salían las palabras. Pero entonces ella habló:

Draco, me quemo sin ti. Por favor no me rechaces. Me equivoqué. No debí irme. Pero ahora lo único que quiero que sepas es que te amo. Te extraño y te necesito, Draco.

Y comenzó a llorar mientras lo miraba con arrepentimiento.

Perdona si no creí en ti.

Entonces Draco la abrazó y la besó en la frente dulcemente y le dijo:

Gin, no tienes porque llorar. Yo te amo y claro que no te rechazaré, nunca lo haría. Ahora estamos juntos, y eso es lo que importa. Nadie nos separará.

Y ella lo besó tan apasionadamente como si se desquitara de todos los besos que hubiese querido darle en ese tiempo que estuvieron separados…

Draco y Ginny estaban abrazados y sentados sobre un árbol del bosque de los Malfoys.

Ginny lo mira. Mira esos ojitos grises, que alguna vez fueron fríos, pero ahora eran calidos.

Draco, te amo.

Y lo besó en la nariz.

¿Si? ¿Pero sabes una cosa pequeña Ginny? En eso no me ganas. YO TE AMO MUCHISIMO MAS.

Y mientras ella soltaba una pequeña y traviesa risita el la rodeaba con sus fuertes brazos, mientras, juntitos, observaban la luna, que tantas veces los había unido.

Pero ahora había una pequeña diferencia: No hacía falta que la luna los uniera. ¿Saben porque? Porque ahora había algo mas que los uniría: el amor.

FIN