Mis esperanzas se desvanecieron. Se veía muy feliz al igual que él. Una periodista se le acercó con un fotógrafo.

-Srta. Granger – dijo la periodista – Su exposición es todo un éxito. Cómo se siente?

-Estoy muy contenta, no pensé que todo saldría tan bien! – dijo Hermione con una sonrisa en los labios.

-Srta. Granger, ese joven que la acompaña es su prometido? – preguntó la periodista, la cual no estaba muy lejos de mi.

–No quisiera hablar de mi vida privada, pero quizás se convierta en eso – contestó Hermione, un poco cortante.

Sentí como si un baldazo de agua helado cayese desde el techo, empapando mi ser desde la cabeza hasta los pies. No podía creerlo! Mis esperanzas de confesarle lo que sentía se derrumbaron, ahora me sentía menos que un ratón, la había perdido.

Nuestros ojos se encontraron, ella los abrió ligeramente al igual que su boca. Yo bajé la cabeza, metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón y caminé hacia el cuadro más cercano, éste tenía un lago profundo que reflejaba la luna llena y el cielo de un hermoso color azul. Lo contemplé por un rato mientras las lágrimas mojaban mis mejillas.

Sumergido en ese profundo dolor, sentí que alguien tocaba mi hombro izquierdo. Era ella.

–Ron… – dijo como si no lo creyese, tenía un leve brillo en los ojos – Qué haces aquí?

No contesté, volví a ver aquel hermoso cuadro, tenía la impresión que esa luna la había visto antes, pero era absurdo, he visto muchas lunas.

–Me enteré de tu exposición… y pues como no nos vemos desde… desde hace mucho… pues pasé a saludar – Mentí.

–Oh, que… que bueno – dijo, parecía algo decepcionada – Recibiste mi…

–Carta? Sí, la recibí. Te… te felicito – dije tristemente.

–Gracias, pero aun no le he dado la respuesta – dijo sin ánimos, bajando la mirada.

Mi esperanza empezó a renacer. No tenía idea de qué hablarle. Krum nos miraba de lejos, en su cara se reflejaba miedo, pero no podía venir hacia nosotros porque la periodista lo estaba entrevistando.

–Bonito cuadro – dije volteando a ver el de la luna reflejada en el lago profundo y azul.

–Gracias – dijo ella con una leve sonrisa – Me inspiré en una noche que nunca olvidaré. Aquella noche en que yo te dije…

Se quedó callada y bajó la mirada. Me sentí miserable. Tenía que decirle… no habría otra oportunidad… además, no había ido a Francia a ver cómo perdía a la mujer de mi vida.

–Hermione, la verdad es que no vine por tu exposición… – le dije, poniéndome un poco rojo de la vergüenza.

–Lo supuse – dijo riendo un poco – Nunca te han gustado estas cosas, no Ronald?

–Bueno… no. Pero el motivo que me trae es otro – dijo mirando al suelo – Vine porque… tenía que decirte lo que sentí al leer tu carta.