Ella me quedó viendo, su mirada era de asombro.
–Hermione, vine con la esperanza de poder encontrarte y hablar… decirte lo que siempre quise decirte… algo que debí decirte aquella noche de luna llena – dije señalando con la cabeza el cuadro.
Ella estaba estática, con la boca ligeramente abierta.
–Vengo a decirte… Hermione, yo te amo – le dije tomando su manos entre las mías – Te amo y siempre lo hice. Te amo desde la primera vez que te vi, aquella vez en el vagón de Hogwarts, recuerdas?
Ella no decía nada, sólo me miraba.
–Pero ahora… ahora que estas a punto de comprometerte, me doy cuenta lo estúpido que he sido. Debí decírtelo hace muchísimo tiempo y no cuando me entero que te perderé para siempre. No me queda mas que desearte la mejor de las suertes. Espero que… ése… te haga feliz.
Ella me miraba, seguía callada. Pocos segundos después habló por fin.
–Aquella noche… – me dijo mirando su cuadro de la luna – lloré hasta quedarme dormida junto a la ventana de mi habitación. Desde ella pude ver esta imagen, la luna reflejada sobre el lago, aquella luna que me vio llorar. Sabes cuánto he esperado, Ronald? Por qué lo dices ahora?
–Ya te lo dije – contesté bajando la mirada – Soy un estúpido! Pero no te pido que dejes a Vicky… es decir, Krum… Seguro ahora lo quieres a él.
Al decir esto, no aguanté y varias lágrimas caían sobre el piso alfombrado.
–Quiero a Vicktor, es verdad – dijo mirándome fijamente – Pero no lo amo. Por qué crees que aún no le doy la respuesta? Porque sé que él me quiere y yo aún amo a alguien.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Tomó aire y continuó:
–Esa persona eres tú, Ronald – me dijo mientras las lágrimas salían de sus ojos – Siempre te he amado, y tú lo sabes.
Ella se volteó y fue hacia Krum. Vi que conversaban. Él palidecía mientras la escuchaba y su rostro se tornaba cada vez más triste. Ella le dio un beso en la mejilla y regresó hacia mi, mientras que Vicktor salía de la exposición.
–Hablé con Vicktor – me dijo con tristeza – Le expliqué que no puedo casarme con él, porque la persona a quien en verdad amo ha venido a verme.
Sentí como si estuviese renaciendo, después de todos mis errores, mis estupideces, ella estaba conmigo.
La abracé dulcemente y acaricié su esponjoso cabello. Ella levantó la mirada y nos dimos nuestro primer beso. Pudo haber durado segundos, minutos, días… pero fue demasiado especial, el beso que ambos esperamos por mucho tiempo.
Ya le había confesado mi amor, ahora necesitaba decirle otra cosa…
–Hermione… – le dije poniéndome de rodillas – Quieres ser mi esposa?
Ella me miró y las lágrimas invadieron sus hermosos ojos.
–No es necesario que lo preguntes – me dijo sonriendo.
Me levanté y la abracé. Salimos de la exposición en busca de un anillo de compromiso.
