II. El inicio.

El palacio era una construcción colosal. Comprendía un terreno de alrededor de cien hectáreas y hacía derroche de toda clase de lujos, visibles en cada uno de los detalles de la arquitectura. Para ingresar por la puerta principal, que era por donde había llegado el hijo del general perro, se tenía que recorrer un pasillo larguísimo, a modo de túnel, llamado taruto. Estos tarutos, eran algo realmente siniestro para todo aquél que los cruzara por primera vez, había quienes incluso se desmayaban, pues estaban completamente oscuros y eran tan extensos, que parecían no tener fin. Pero no solo se trataba de una construcción para atemorizar a los visitantes ajenos, también estaba infestada de un potente shouki, ante el cual, incluso los monstruos sucumbían y ni qué decir sobre un humano, cualquiera que entrara, moriría al instante. A la salida de los tarutos había estatuas de roca, figuras que emulaban formas en la naturaleza, algunas eran delicadas flores de loto, otras cabezas de dragones o incluso, había árboles esculpidos tan exquisitamente que cualquiera se sorprendía al mirarlos. Un hermoso río artificial circundaba el palacio, así que unos puentes de madera se habían hecho para cruzarlo, aunque más bien estaban de adorno, pues obviamente los youkais podrían saltarlos sin problemas o atravesarlos volando, pero se perdería elegancia. Este río de agua cristalina, era la guarida de monstruos acuáticos, los cuales, atacarían a cualquier ser que hubiese sobrevivido al paso por el taruto. La entrada principal, era gigante, una puerta de madera, con detalles tallados en el marco, era coronada por un doble tejado, el cual se sostenía por enormes columnas de madera asentadas en pilares de roca sólida.

Las cuatro alas del palacio tenían cada una su jardín particular, donde se habían sembrado árboles que poseían su máximo esplendor en cada una de las estaciones del año, de tal suerte, que en el jardín del ala norte, la primavera lucía en su esplendor. El jardín del este destacaba en el verano, mientras que el del sur poseía los más bellos colores del otoño y finalmente, en el correspondiente al oeste, los bambúes adornaban la estación de la nieve. Sin embargo, las cuatro alas compartían el jardín central, el cual tenía una armoniosa combinación de todas las flores que alternaban su belleza en las cuatro estaciones del año. Poseía un lago artificial con sacras flores de loto y en su orilla, al centro del espléndido jardín, un enorme sauce, el cual le daba un toque de tranquilidad y serenidad al sitio. Este jardín era visible desde cualquier punto de las cuatro alas del palacio.

Estaba amaneciendo y el primer rayo de sol se filtró por la ventana, iluminando el rostro de su madre, que apareció frente a él. Ninguno de los dos dijo nada, para ambos resultaba incomprensible la conducta de Inu no Taisho. Ella sabía que para su hijo era mucho más difícil de aceptar la situación que para ella, por contradictorio que esto pudiera parecer.

En estos momentos, su padre ya estaría muerto. Su madre lo miró inquisitiva. Ahora que el señor de las tierras del oeste había perecido, le correspondía a él hacerse cargo de todo. Pero ¿por qué obedecer el mandato de alguien corrompido por deseos impuros? Ni siquiera fue capaz de seguir protegiendo sus dominios. Solo selló al enorme espíritu dragón y había más enemigos interesados por sus territorios. Todo lo dejó de lado por esa repugnante humana que además estaba preñada de él.

Tenía que decidir. No articuló palabra alguna. Simplemente pasó frente a su madre sin siquiera dedicarle una mirada y salió por la misma puerta que pasara hace unos minutos. ¿Por qué habría de seguir el camino de su padre? Si no era coherente con sus acciones, si toda su vida había dicho una cosa y al final terminó actuando muy diferente.

Ya había dejado el palacio atrás desde hacía varios minutos, pero volteó por última vez. Mirando hacia atrás, contempló el lugar en donde había crecido. Hasta ahora su vida iba de lo mejor, nunca le había salido nada mal, pero a su corta edad y sin haber emprendido ninguna tarea gigante, ¿qué podría haber hecho mal?