V. ¿Confusión?

Sesshoumaru llevaba varios años buscándolos, para matarlos y obligarlos a decirle dónde estaban los restos de su padre. En ese lapso, su soledad había acentuado a tal grado su crueldad y su odio hacia los humanos que, sin miramiento alguno, asesinaba a todo aquél que se cruzara en su camino. Y quiso el destino que en esta ocasión anduviera cerca de la aldea donde Inuyasha vivía con su madre, justo en el momento en el que el monje estaba fortaleciendo su campo de protección. Esto era un secreto para todos los de la aldea, solo él e Izayoi lo sabían, pues el padre de Inuyasha le hizo prometer que no lo diría.

Llegó a la cabaña en segundos. Se paró en la puerta y pudo darse cuenta inmediatamente de la indigencia en la que vivían.

Para Izayoi su peor pesadilla se había convertido en realidad, en medio de febriles delirios, vio aparecer a un youkai muy parecido a Inu no Taisho, pero más joven.

¡Inuyasha¡Corre¡Huye de aquí¡Ha venido a matarte! –gritó como loca de atar, con los ojos desorbitados y con su cuerpo paralizado por el miedo.

¿De qué hablas madre? Aquí no hay nadie, estás delirando –dijo muy preocupado el pequeño. Estaba con ella desde que el resplandor le alertó que algo le estaba pasando a su madre.

Veo que no eres más que un híbrido inútil¿tu olfato no te sirve de nada? –inquirió Sesshoumaru, haciendo notar su presencia.

Por mucho tiempo se había dedicado afanosamente a buscar este asqueroso ser para darle muerte, pero al verlo, se quedó de piedra. El color de su cabellera y sus ojos, idénticos a los suyos y a los de su padre, eran la prueba innegable de que llevaban la misma sangre. Algo en su interior hizo que al contemplar la escena, de una humana loca e indigente y un infante famélico, no pudiera matarlos tan cruelmente como se lo había propuesto. Si tan solo fuera una humana normal, podría torturarla hasta que le confesara dónde habían quedado los restos de su padre, pero en ese estado, no obtendría nada de ella. En cuanto a su repugnante medio hermano, pensó que lo mejor sería esperar a que creciera un poco más para matarlo, puesto que él no se conducía como el cobarde de su padre, quien asesinaba crías inocentes. Después de todo, Inuyasha es solo un hanyou.

¿Quién eres tú? –preguntó titubeante el pequeño Inuyasha. La imagen de ese ser le pareció verdaderamente deslumbrante, nunca había visto a alguien igual y pudo sentir una presencia verdaderamente imponente, la cual, le causó admiración y escalofríos a la vez.

¿Es que no sabes nada¡Eres un lerdo! Por esta única ocasión te dejaré vivir, pero la próxima vez no correrás con tanta suerte, híbrido –y se marchó con su característico paso.

Las personas de la aldea estaban frenéticas, por todo lo que había sucedido ese día en la casa de la mujer que se atrevió a parir a un hanyou. Primero, el resplandor, no les dio buena espina para nada y ahora, un youkai había entrado en la aldea. Por suerte, para ellos, el temor les hizo esconderse en sus casas y no salieron al encuentro del youkai, por que de haberse atravesado en su camino, hubieran perecido.

Inuyasha no sabía qué estaba sucediendo. Su madre seguía delirando, a pesar de haberse marchado el youkai, seguía gritando, totalmente desquiciada, que querían matar a su hijo. Él pensó que la falta de alimento y todas las penas que habían pasado, la estaban acabando. No atinaba qué hacer.

El pobre pequeño, de apenas cinco años, presa de la desesperación de ver morir a su madre ante sus ojos, salió corriendo de su casa y fue a pedir ayuda por toda la aldea. Olvidándose de que esas personas no lo querían y de que lo habían hecho objeto del más cruel escarnio desde que recordara, solicitó auxilio a los aldeanos. Todo fue en vano, a cada persona que acudía se negaba, cerrándole la puerta en la cara. Inuyasha, con lágrimas en los ojos, completamente abatido, regresó a su cabaña.

Izayoi ya no tenía fuerzas para seguir gritando, ahora solo fijaba la mirada en un punto y susurraba incoherencias. En la miseria más espantosa y con su hijo al lado, en medio de estertores, murió.

Inuyasha lloró como nunca. A su tierna edad le había tocado una vida más difícil que la de cualquiera. Como pudo, él solo, cavó una tumba para su madre, le puso unas rocas y flores.

Sesshoumaru contemplaba la escena a lo lejos.

Esa humana tuvo el final que se merecía. Ahora, hermanito, dentro de unos años yo mismo te mandaré al infierno –tales eran los pensamientos del poderoso youkai.

Inuyasha se sentía tan impotente, por no haber podido ayudar a su madre, tan lleno de frustración, que solo dejaba salir su dolor en forma de llanto. Nunca había entendido por qué no podía salir de la aldea, pero obedecía las órdenes de su madre. Ahora que ya no vivía y sin nada que lo atara a esa aldea de seres tan crueles, decidió abandonarla.

De esa manera, un pequeño hanyou de apenas cinco años, emprendió su viaje, con el alma llena de rencor y odio hacia los crueles humanos que le negaron ayuda a su madre, sólo por haber parido un híbrido.

Quisiera hacer un paréntesis para agradecerles sus comentarios, pues me animaron mucho, de verdad pensé que no le había gustado a nadie.

gabita19-91

Hola amiga, me alegra mucho que haya sido de tu agrado. Yo adoro a Sessoumaru por eso es que me imaginé cómo sería la historia de su vida y me da gusto ver que sí te agradó. Me das ánimos para continuar, gracias.

Sess Youkai

Mucas gracias por decírmelo, es que como nadie me dejaba un comentario pensé que no les había gustado. Que bueno que te parece que sí continué con la línea del personaje, por que me gusta mucho y no quisiera deformarlo. Espero que haya cumplido con tus expectativas de lo que les pasaría a Inuyasha y a su madre en este capítulo.

Ah y lo de la perseverancia, pues es algo que luego dice la gente que soy medio terca, pero pues es que así soy, gracias por animarme.

GRARCIAS POR SU APOYO Y BESOS!!!!!