VI. Un encuentro incidental.
Sesshoumaru se sentía irritado consigo mismo. En su momento declinó matar a su padre, pues estaba débil. En esta ocasión tampoco dio muerte a la humana y a su cría, eran débiles también. Necesitaba medir su poder, demostrar su grandiosidad, pero ¿con quién? Evidentemente gastar su fuerza con esa humana y el híbrido sería pérdida de tiempo. En realidad solo los necesitaba para saber dónde estaban los restos de su padre. Todo lo quería era a tessaiga, la espada capaz de matar a más de cien espíritus de un solo golpe. Si tuviera esa espada en sus manos, podría incluso superar a su propio padre en el manejo del poder, pues física y mentalmente ya lo había hecho desde mucho antes.
Hacía tiempo, cuando apenas tenía siete años, su superioridad sobre sus progenitores, se hizo evidente, durante el entrenamiento que su padre le había dado. Lo primero que hizo fue enseñarle a combatir en su forma humana, con sus garras y empleando toda su fuerza. Como Sesshoumaru aprendía de una manera muy rápida, pasó a enseñarle la pelea mediante su verdadera forma. Siempre le especificó que como youkai, solo la utilizara cuando tuviera frente a sí a un oponente, al cual no hubiera podido derrotar en su forma humana, entonces requeriría de toda su fuerza y poder y ése sería el momento perfecto. La transformación, así como el manejo de su fuerza y poder también los aprendió ágilmente.
Como las formas de pelea básica las dominó muy pronto, pasó a enseñarle cómo utilizar sus instintos y dominarlos. Para tal efecto, empleó youkais, que él mismo cazaba, los hería y después los dejaba libres.
Sesshoumaru, pon mucha atención, he dejado libres a tres presas, cada una tomó su propio camino. Tú tarea es hallarlas y darles muerte, no dispones de mucho tiempo, pues huirán velozmente para poner a salvo sus vidas –dijo su padre.
¿Eso es todo? –contestó.
No bien había terminado de hablar, cuando salió a toda velocidad y asestó el primer golpe. Hasta los pies de Inu no Taisho cayó un mapache, muerto. Ni un minuto había transcurrido y pronto se escuchó el segundo ataque, casi enseguida el tercer golpe anunció el término de la tarea de Sesshoumaru. Las tres presas, un mapache, un zorro y una ardilla, habían caído a los pies del youkai.
Aquí tienes completada mi tarea, ¿no tienes algo más difícil? –habló lleno de presunción el autor de esa hazaña.
Muy bien, veo que alcanzar presas heridas no es ningún desafío para ti. Por lo tanto, mañana me acompañarás en una misión. Se me ha informado que una horda de jabalíes, está haciendo destrozos en la parte más norte de mis territorios. Allí tendrás oportunidad de poner a prueba tus habilidades- respondió, guardando para sí su sorpresa por la rapidez con que su hijo había dado fin a las presas. Ni él mismo, a esa edad hubiera podido hacerlo tan bien. Había pensado que con eso se entretendría unos momentos. Sesshoumaru realmente poseía un agudo sentido del olfato, el cual le sirvió a la perfección para detectar el olor a sangre de las presas y dar con ellas rápidamente.
A la mañana siguiente emprendió el viaje con su padre. Al medio día, ya habían llegado al sitio donde estaba el problema. Era un bosque, en el cual se veían, desde arriba, huellas visibles de los disturbios. Había zonas completas con árboles derribados y cientos de animales muertos.
El responsable de estas masacres debe ser castigado, no voy a permitir la crueldad en mis territorios –habló visiblemente irritado.
¿Por qué padre? ¿Acaso nos importan esos seres inferiores? –inquirió extrañado el todavía pequeño Sesshoumaru.
Cada uno de estos seres son importantes, cada uno tiene su papel en este mundo y no es conveniente cortarles la vida antes de que lo completen, aquél que se atreva, deberá enfrentar las consecuencias –respondió enfurecido.
Más adelante, dieron con la horda de jabalíes, no sumaban más de diez. Su cabecilla era un youkai el cual estaba manipulándolos. Inu no Taisho le indicó con la mirada a su Sesshoumaru que bajaran. Una vez que estuvo frente a frente con el youkai, le hizo señas con la mano para que se mantuviera al margen, pues podía sentir una presencia poderosa y no quería que su preciado hijo saliera lastimado.
¿Quién eres tú? –le preguntó el youkai.
Eso es lo que yo te preguntó a ti, estos son mis territorios y tú has estado causando estragos en él y matado a cuanto ser se atraviesa en tu camino. ¡Di tus últimas palabras, pues de mis manos recibirás el castigo que mereces! –exclamó Inu no Taisho.
¿Qué tú me vas a castigar a mí? ¡No me hagas reír! Jamás podrás igualar mi poder. ¡Te enseñaré a no meterte con el poderoso Takeshi! –y se transformó en un enorme tigre blanco.
Pronto los dos gigantes empezaron a combatir, pues el padre de Sesshoumaru también se transformó para poder luchar. Pero Takeshi no era un enemigo honorable. Ordenó a los jabalíes que estaba manipulando, a los cuales les había conferido un poder sobrenatural, atacar a Inu no Taisho. Varios le hicieron algunas heridas, pues aunque no eran poderosos, sí eran un número suficiente para distraerlo. Sesshoumaru no resistió más y dejó de ser un observador. Raudamente le dio fin a uno por uno de los jabalíes que habían atacado a su padre a traición. La batalla se prolongó y el tigre logró sacarle ventaja al perro, llegando a un punto en el cual, lo tuvo completamente sometido, estaba por asestarle el golpe final, cuando Sesshoumaru intervino. El pequeño de siete años, haciendo un despliegue de gran fuerza y destreza, pescó del cuello al tigre con su mano derecha y estrujándolo, le inyectó su poderoso veneno, debilitándolo visiblemente.
¡Suelta a mi padre, basura! –dijo al mismo tiempo que lo arrojó lejos y con un golpe de su látigo lo remató. Sus ojos estaban rojos, llenos de ira. No se había transformado, simplemente estaba colérico, ante la idea de que semejante criatura fuera a ganarle a su padre.
Inu no Taisho se quedó atónito, no podía creer que su hijo poseyera tal fuerza y ¡a esa edad! A él le costó mucho trabajo luchar contra ese enemigo y de repente llegó su hijo y lo salvó. Ambos se tomaron unos momentos para tranquilizarse y después emprendieron el viaje de regreso, en absoluto silencio.
Ya en el palacio, en la noche le comentó lo sucedido a su esposa.
¡Sorprendente! Nuestra unión dio como resultado al ser más poderoso –comentó anonadada la madre de Sesshoumaru.
De eso me acabo de dar cuenta, el problema ahora es cómo vamos a guiarlo, cómo le vamos a enseñar a usar poderes que ni siquiera nosotros poseemos –comentó, evidenciando su desorientación.
Pues primero no halagándolo, por que de lo contrario se confiará y puede que algún enemigo llegue a hacerle daño –apuntó la madre.
Sin embargo, esta conversación no pasó desapercibida para Sesshoumaru, quien escuchó perfectamente todo, por mero accidente, ya que se dirigía con su padre para preguntarle un asunto nimio.
Así que es verdad, soy el ser más poderoso, incluso más que mi propio padre –pensó, orgulloso de sí mismo.
A partir de ese día, la situación en el palacio fue muy tensa. Los padres no podían controlar a su hijo, pues no había manera de hacerlo entender, todo el tiempo quería hacer su voluntad. Lo único que hicieron, fue, su madre consentirlo y su padre imponer su autoridad de una manera despótica.
Para Sesshoumaru la cosa no era sencilla, pues por un lado le resultaba evidente la incompetencia de sus padres, pero por la otra, muy cómoda la actitud de su madre, la de consentirlo. Para colmo, como su fuerza y poder crecían junto con él, cada vez tuvo más responsabilidades dentro de los territorios de su padre.
El viento le trajo una esencia, ya muy conocida para él, la cual inundó sus sentidos, sacándolo de sus recuerdos. Pero su olfato le indicaba que ese ser no estaba solo, había más y lo estaban persiguiendo. Pronto llegó frente a él. El pequeño hanyou iba corriendo a todo lo que daban sus piernitas, tras él, venían varios youkais inferiores.
Inuyasha se detuvo por un lapso muy breve al tener frente a sí al youkai que lo amenazara con matarlo en el lecho de muerte de su madre. Sin embargo, la situación era apremiante, pues también los que venían persiguiéndolo querían darle muerte. No tenía camino hacia donde correr, así que como finalmente el rostro de ese ser se le hizo conocido, corrió hacia él y lo pasó de largo. Unos metros más adelante, había un peñasco, por lo cual se tuvo que detener.
¿Quién demonios eres tú? –le preguntó uno de los youkais que venían persiguiendo a Inuyasha, pero no recibió respuesta- No me interesa quién seas, pero éste, es nuestro territorio, así que apártate del camino o te destrozaremos, tenemos que matar a ese asqueroso híbrido.
Qué desagradable –dijo el youkai y con un solo ataque se deshizo de varios de ellos, unos de los que quedaron huyeron y otros, un poco más persistentes, corrieron en dirección hacia donde estaba Inuyasha.
El pequeño hanyou, al verlos, corrió despavorido y se tiró al peñasco. Los youkais creyeron que se había matado con la caída y como pudieron darse cuenta de que Sesshoumaru era un oponente muy peligroso, decidieron huir.
Sin embargo, al sensible olfato del gran youkai, nada pasaba desapercibido, pudo darse cuenta de que el hanyou se había escondido entre unas rocas y no que se había tirado al peñasco, como les hizo creer a sus agresores.
Sé que estás ahí, puedo olerte, así que será mejor que salgas de tu escondite –sentenció el youkai.
Inuyasha estaba verdaderamente aterrado, ese ser había amenazado con matarlo la próxima vez que se lo encontrara.
Agradeciendo sus comentarios:
Sess Youkai: Muchas gracias por lo que me dices, la verdad es que pongo mucho empeño en la historia y me da gusto ver que sigue siendo de tu agrado. Coincido contigo completamente en lo de que sessh es un cuerazo y además se comporta a la altura. Prometo seguir esforzándome para que siga siendo de tu agrado: GRACIAS.
