VII. El hermano mayor
No me hagas perder la paciencia –dijo Sesshoumaru.
Inuyasha, tembloroso, salió de su escondite.
Gracias –habló titubeante, el hanyou.
¿Qué es lo que agradeces imbécil? –preguntó extrañado el imponente youkai.
Que hayas matado a los que me perseguían –respondió lleno de miedo.
No lo hice por ayudarte, solo maté a esos seres que se atrevieron a desafiarme. ¿Por qué querían asesinarte? –inquirió, pues le daba curiosidad que su pequeño e inútil medio hermano, se metiera tan rápido en problemas. Tenía pocas lunas de haber abandonado la aldea humana, con quienes evidentemente había tenido problemas y ahora también los youkais lo repudiaban, al grado de querer matarlo.
Desde hace algunas lunas dejé la aldea humana y como no tenía alimento, cacé un jabalí. Pero aparecieron ellos, diciendo que eran sus territorios, que yo no tenía derecho a cazar aquí y que se los entregara. Pero yo me negué y como ya lo estaba cocinando, me lo tragué todo antes de que me lo quitaran, por cierto, me está doliendo el estómago –agarrándose con una mano y haciendo señas de malestar- Eso los enfureció y uno de ellos me atacó, no supe cómo, pero lo maté, allí fue cuando todos se me echaron encima y dijeron que me matarían –contestó aún lleno de terror, se notaba que ese ser era mucho más fuerte que cualquiera de los que hace un momento le perseguían.
Eres un inútil, ¿no pudiste darte cuenta de su presencia antes de que te atacaran? Eres hijo del youkai perro más poderoso, usa tus malditos instintos –dijo al tiempo que iba alejándose. La verdad es que le sorprendió que a su tierna edad y siendo un hanyou, pudiera cazar él solo un jabalí y que además hubiera podido matar a un youkai, aunque se tratara de uno de clase inferior- Seguramente eso se debe a que la sangre de mi poderoso padre corre por sus venas, a pesar de que se mezcló con la de una sucia humana, le confiere cierto poder –pensó.
Espera, ¿cómo sabes que soy hijo de un poderoso youkai? ¿Quién eres tú? –preguntó lleno de desconcierto el pequeño hanyou, quien nunca había escuchado nada referente a su padre hasta ese momento.
Soy Sesshoumaru y tu padre era el mío también. Recuérdalo, por que yo mismo me encargaré de aniquilarte con mis propias manos –respondió con una voz grave y amenazadora, mientras se alejaba.
¿Su padre es el mismo que el mío? ¿Somos hermanos? ¿Y entonces por qué me quiere matar? –se preguntaba a sí mismo el infante.
Sesshoumaru ya se había alejado. Inuyasha no hizo más intentos por detenerlo, a pesar de que quería preguntarle muchas cosas. Pudo darse cuenta de que ese youkai, no obstante ser su hermano, no lo quería. Ante esa idea, cayó postrado, apretó su cabeza con ambas manos, sintiendo como la sangre se le subía a la cabeza, haciéndolo más sensible a todo. En ese momento, para liberarse de algo que lo ahogaba, dejó salir un gran llanto. Ahora que su madre había muerto, ese youkai era su única familia y no sólo no lo quería, parecía odiarlo e incluso lo amenazó con matarlo.
¿Qué es lo que voy a hacer? No importa a dónde vaya, nadie me quiere. Los humanos me odian, por ser hijo de un youkai y los youkais me odian por ser hijo de una humana. Mi madre ha muerto y mi hermano quiere matarme –lloraba de una manera desgarradora.
Su ser era presa de esa tristeza infinita y abrumadora que sólo un pequeño infante es capaz de sentir. Estaba lleno de ese sentimiento que únicamente las almas inocentes e inexpertas experimentan, es decir, no estaba confundido, sino plenamente convencido de que todo en ese momento era amargo, que todo era una catástrofe. Y esa abrumadora tristeza embargó su corazón, haciéndolo sufrir infinitamente, destrozando de dolor su pecho y provocándole ese llanto inmensurable. Perdió toda noción de su alrededor, sólo se entregaba a su tristeza.
En todo el bosque no se escuchaba un solo ruido, exclusivamente el llanto del pequeño hanyou se percibía. El mismo viento parecía haberse detenido, pues las copas de los árboles permanecían inmóviles, como comprendiendo su pena, compadeciéndolo. Siguió llorando, volcando en cada gota la pena que sentía, lloró hasta quedarse sin lágrimas.
No supo cuánto tiempo estuvo así, pero cuando ya no tuvo más lágrimas que verter, tomó una resolución. De ahora en adelante, sería más fuerte que todos. No dejaría que nunca, nadie más volviera a insultarlo, a agredirlo, ni mucho menos se dejaría matar, aunque tuviera que enfrentarse a su propio hermano.
Él dijo que soy hijo del youkai perro más poderoso, si eso es cierto, entonces quiere decir que yo también soy fuerte –pensó- Mencionó algo acerca de que usara mis instintos. Ahora que lo recuerdo, también el día que mi madre murió dijo algo sobre mi olfato. Pues bien, haré todo lo posible por ser el más fuerte de los perros, no me dejaré vencer nunca. A partir de hoy, jamás en la vida volveré a llorar ni a mostrarme débil ante nadie –con esa gran determinación, el pequeño hanyou dio inicio a su nueva forma de vida.
Mientras tanto, en otro lugar, no muy lejos de ahí, en la misma región de Musashi, el gran Sesshoumaru tenía la idea fija de conseguir la espada de su padre. No descansaría hasta tenerla en su mano. Caminaba por un sendero hecho por humanos. El camino estaba lleno de cientos de cadáveres de samuráis. Más adelante, una batalla se libraba, pero ésta, era sobrenatural.
Agradeciendo sus reviews:
Sess Youkai. Mil gracias por tus comentarios, siempre me levantan el ánimo. Pues trato de actualizar por lo menos dos veces a la semana, ya tengo bastante avanzado el fic, pero no puedo ir diario al ciber. Me encanta haberte logrado transmitir la idea de poder que debió tener Sesshoumaru de niño. Mil gracias por compartir la historia con tus amigas y dales también las gracias de mi parte por leerla, es más que suficiente para mí. ¡Te mando un gran abrazo y un enorme beso!
