IX. Tocando tu corazón.
Sesshoumaru regresó con Jaken, llevando consigo a un dragón de dos cabezas.
¿De dónde sacó ese dragón Sesshoumaru-sama? –preguntó Jaken- ¿Pero qué le pasó en su rostro? –asombrado, pues nunca le había visto ni siquiera una pequeña herida al gran youkai- ¿No me diga que se lo hizo este animal?
No digas estupideces, si se hubiera atrevido lo habría matado. Monta en él y sígueme –le ordenó.
Jaken no quiso preguntarle más, por miedo a que lo golpeara, pero se quedó con la duda. De buen grado, montó al dragón de dos cabezas y siguió a su amo.
Pasaron los años pero no conseguían dar con la tumba.
A sus oídos llegó el rumor de que un hombre mitad bestia, que coincidía con la descripción de Inuyasha, había sido sellado por una insulsa sacerdotisa que lo atacó a traición, aprovechándose de que se había enamorado de ella. Sesshoumaru pensó que su pronóstico había acertado, no duró mucho. Ese híbrido era tan estúpido, que se dejó engañar por una humana y terminó antes de que él lo matara.
El tiempo seguía avanzando impasible y a Sesshoumaru le dio curiosidad corroborar el rumor, aunque ya habían pasado cuarenta años desde que lo escuchara. Se fue solo al lugar que le habían dicho y ahí se encontró con su hermano, inmóvil por una flecha en su corazón, clavado en un árbol.
Hermano, no cabe duda de que eres un imbécil idéntico a nuestro padre, por permitir que una humana te robara el corazón has caído. Es una lástima, me hubiera gustado matarte con mis propias manos –le dijo Sesshoumaru, sabía que no obtendría respuesta, pero no podía dejar de decírselo, de remarcar que los humanos habían sido la causa de la decadencia tanto del padre como del hijo.
Caminó a los alrededores y se encontró con un pozo. Sesshoumaru era un youkai sumamente poderoso y muy cruel, pero también era muy refinado, pues fue criado en medio de la exquisitez. Por esa razón, sabía apreciar muy bien la belleza natural de todos los lugares a los que iba, siempre caminaba lentamente para poder disfrutar el paisaje, para no perderse detalles y admirar a plenitud el espectáculo de colores o de esencias que podía percibir.
En ese mismo lugar, justamente por donde él se paseaba, pero quinientos años después, una pequeña niña de unos cinco años, simpática e inocente corría por todas partes. Era primavera y una linda mariposa que acababa de salir de su capullo había dejado extasiada a la infanta, quien había contemplado todo. Cuando empezó a revolotear, después de secar sus alas por unos breves instantes, la chiquilla echó a correr tras ella. La mariposa, acosada, se introdujo en un templo, que estaba en medio del sitio. El interior de dicho templo, estaba todo oscuro, había unas escaleras que la niña no vio y rodó estrepitosamente por ellas, fue detenida por unos tablones, de donde se apoyó para incorporarse. Era tan vivaracha que a pesar de que se dio un buen porrazo, no lloró.
¡Ay, que buen golpe! Me duele un la cabeza –dijo- Nunca había entrado aquí. ¿Qué es esto? –asomándose por el pozo, pero se le atoró la falda en una de las tablas astilladas y al jalarla, cayó hacia el interior- ¡Ay! Puros golpes, mi mamá me va a regañar, ya estoy toda raspada de las rodillas. Ya me voy de aquí antes de que me empiecen a buscar, si me encuentran, seguro que me gritan –y empezó a trepar ágilmente por las paredes del pozo.
¿De quién será esta esencia tan deliciosa? –se preguntó Sesshoumaru.
Cuán grande sería su sorpresa al ver salir del pozo a una chiquilla, dueña de la fragancia que le gustó. Como la niña había estado revolcándose en la hierba fresca y además había juntado todos los pétalos caídos de los cerezos en flor, haciendo con ellos un gran montón y brincado en ellos hasta el cansancio, su aroma se había quedado impregnado en ella, el cual, aunado a su propia esencia, dio un resultado embriagador para el youkai.
¡OH¿Pero quién eres tú¿Y dónde estoy? Esta no es mi casa –exclamó la pequeña al verlo, asombrada ante la presencia de un extravagante ser y notando que estaba en un lugar muy distinto, que parecía un bosque.
Pero si eres una humana –dijo por toda respuesta el youkai- y tan sólo una chiquilla –susurró para sus adentros, algo desilusionado y bastante extrañado de que una de ellas pudiera llamar su atención.
Pues sí soy humana. ¿Qué tú no¡Eres hermoso! Me gustan tus ojos y tu cabello¡son tan bonitos¿Quieres jugar conmigo? –lo invitó cándidamente la pequeña y corrió hacia él.
Cualquier humano que hubiera presenciado la escena le habría alertado a la pequeña sobre el peligro. Pero no había ninguno, ese sitio era conocido como el bosque del temible Inuyasha y ningún humano se acercaba, salvo para echar los restos de youkais en el pozo por el que acababa de salir la niña.
Definitivamente la inocente no sabía que estuviera en peligro y sin más, tomó de la mano al gran youkai y le dirigió una sonrisa tan fascinante, que el irascible Sesshoumaru no se pudo resistir a su encanto.
¡Ven¡Vamos a jugar! –le insistió, jalándole el brazo.
¿Tú no sabes quién soy verdad? –le preguntó el youkai.
Extrañamente, no podía resistirse al contacto con esa pequeña humana, quizá fuera por que no le parecía que representara peligro, por su tierna edad.
¡Ay, perdón! Mi mamá me dijo que es de mala educación no presentarse. Mi nombre es Kagome¿y el tuyo? –inquirió ingenuamente, sin entender que el youkai se refería a su naturaleza distinta a la humana y no al hecho de no saber su nombre.
Soy Sesshoumaru –contestó secamente.
¡Qué bonito nombre! Sesshoumaru. Nunca lo había escuchado antes. ¿Quieres ser mi amigo¡Ven¡Corre¡Vamos a jugar! –seguía insistiendo la niña y ya estaba corriendo como trompo por todo el sitio, emocionada por haber encontrado a ese ser que a ella le pareció tan hermoso.
Nunca había sentido admiración por un hombre y a los cinco años difícilmente hubiera podido reconocer el sentimiento.
Como el youkai permanecía estático en su sitio, decidió volver a tomarlo de la mano para inducirlo a correr, pero las palabras de Sesshoumaru la detuvieron.
Si quieres permanecer a mi lado, tendrá que ser a mi modo. No es conveniente correr como desquiciado por todos lados –le dijo.
¿Por qué no¡Si es divertido! –dijo Kagome, dando saltitos.
Por varias razones –contestó.
¿Cómo cuáles? –preguntó la niña, quedándose quieta y prestando gran atención.
En primer lugar, por que podrías tropezar y caerte. Pero más importante que eso, es que si vas muy aprisa, te perderás de todas las cosas a tu alrededor –explicó con una paciencia que no se hubiera creído en él.
¡Ah! Entiendo –sentándose a su lado- lo mismo me dijo el abuelo, por eso me quedé viendo todo. ¿Quieres que te cuente lo que encontré? –hizo una pausa esperando la respuesta del youkai, pero pronto volvió a hablar- Vi como una mariposa salía de su capullo y era tan bonita, que en sus alas podían verse los colores de las flores de primavera.
Esa última frase caló hondo en el youkai. Él se había dado cuenta precisamente de eso cuando tenía tres años, poco después de la sentencia de su padre de que se convertiría en un guerrero. Cuando jugaba a escondidas por todos los jardines del palacio y se quedaba quieto al pasar su padre para que no lo descubriera. Durante esos momentos, fijaba su vista en los insectos que se posaban en las flores o en los que se arrastraban por el suelo. Gracias a esos juegos, se hizo de una gran paciencia y desarrolló una aguda observación. Pudo percatarse de que había insectos que reflejaban en sus cuerpos los bellos matices de las flores del jardín. De lo nunca se dio cuenta, incluso hasta hoy por que no se detenía pensar en ello, era que su padre poseía un gran sentido del olfato, aunque se escondiera, se daba cuenta de su presencia. Pero no le decía nada por que le remordía la conciencia que no pudiera ser un crío como cualquier otro y tuviera que seguir una vida tan estricta y fría solo por que le tocó ser su hijo.
Quizá fuera por el hecho de que nadie lo veía y no podrían juzgarlo o por que le pareció que hubo un sentimiento compartido con la nena, pero Sesshoumaru le permitió permanecer a su lado, aunque no habló mucho ni corrió con ella, como la niña hubiera querido. Pasaron juntos la tarde y el youkai se permitió entablar una conversación con ella, muy pueril obviamente, pero placentera. Su tema de plática fue la belleza que ambos admiraban en la naturaleza, cosa en la que coincidían asombrosamente.
De pronto, la niña recordó que no estaba en su casa y que la iban a regañar por meterse al templo a jugar.
¡Es tarde! Ya me tengo que ir amigo Sesshoumaru, por que si no, mi mamá me va a regañar. Pero mañana si me dan permiso, vengo otra vez o ve tú a mi casa. Así podríamos pasar todo el día en el jardín y te puedo enseñar los bonsái que tiene mi abuelo –lo invitó desinteresadamente.
No creo que sea posible que yo vaya a tu casa –dijo el youkai y pensó que por nada del mundo pondría un pie como invitado en una casa humana- Ni siquiera sé si sea buena idea que te vuelva a ver.
¿Pero qué no? Si somos amigos. Los amigos se quieren y se visitan, si no puedes ir a mi casa, yo vengo, de verdad –le prometió la niña.
Ya veremos, pero vete de una vez o tu madre te regañará –le dijo el youkai.
Lo malo es que no sé cómo irme –dijo ya casi llorando, pues no sabía cómo había ido a parar a ese sitio.
No vayas a llorar, no lo tolero. Además no seas tonta, vete por donde llegaste, seguramente hay un camino a tu casa, siempre que te pierdas, recuerda los sitios por los que anduviste –la reprendió.
¿Tú crees? Está bien, voy a intentar lo que me dices, pero si no encuentro el camino a mi casa¿tú me llevas? –preguntó nuevamente a punto de soltar el llanto.
No sé donde vives, pero está bien, no vayas a llorar –amenazándola, pues la pequeña reventaría en llanto en cualquier momento- Pero primero intenta irte por donde llegaste.
Bueno –dijo Kagome, pero al ver el pozo oscuro, le dio miedo- ¿Me ayudas? Es que a lo mejor me caigo –suplicó.
De acuerdo –y cargándola la aventó sin ninguna delicadeza al pozo.
Sesshoumaru pensaba que habría una especie de túnel que la llevaría a la aldea que se divisaba cerca de ahí, pero en lugar de escuchar el golpe de la niña con el suelo, un resplandor salió del pozo y la pequeña desapareció. Su agradable esencia se había perdido por completo.
Qué extraño. No debería darle importancia. Lo cierto es que esa humana tenía algo, pero era tan sólo una niña –inmediatamente se interrumpió a sí mismo en sus pensamientos, pues una mezcla de decepción con anhelo estaba empezando a sentir. Se recriminó a sí mismo por haberse permitido contacto con una humana y se marchó del lugar.
Mientras, en la casa de Kagome, su madre y su abuelo habían estado desesperados, buscándola por todas partes. Habían llamado incluso a la policía, pero les dijeron que tenían que pasar al menos veinticuatro horas para darla por desaparecida.
Cuando la niña apareció en la estancia, su madre corrió hacia ella y la abrazó, su abuelo hizo lo mismo e inmediatamente pasaron a interrogarla.
¿Dónde estabas¿Por qué te desapareciste? –preguntaron al unísono madre y abuelo.
Estaba con un muchacho muy simpático –contestó despreocupadamente.
¿Cómo que con un muchacho¿Qué muchacho¿Por qué no avisaste? –gritó histérica su madre.
No me regañes, es muy bueno, aunque es bien serio. ¡Y a él también le gustan las mariposas como a mí! –exclamó entusiasmada al recordar.
¿Pero dónde estabas con ese muchacho? Y por favor, no me vayas a decir una mentira –habló seriamente la madre, llena de temor.
Es que no sé dónde estaba. Yo me metí al templo y luego me caí en el pozo, pero cuando salí ya no estaba en la casa. Luego el muchacho me dijo que regresara por donde había llegado y como me daba miedo, él me aventó al pozo y ya salí otra vez –contestó cabizbaja.
La madre y el abuelo intercambiaron miradas.
Muy bien Kagome, ahora ve a darte un baño y desde hoy queda estrictamente prohibido entrar al templo, menos aún jugar cerca de ese pozo. ¿Entendiste? –sentenció duramente la madre.
Pero mamá, le prometí a mi amigo que lo iría a ver mañana –se quejó.
Ningún pero vale, no me desobedezcas –porfió su madre.
Pero entonces¿puede venir él¡Por favor! –juntando ambas manos en señal de súplica.
Ya veremos, ahora vete a bañar –dijo para librarse de ella.
¡Sí mamá! –contestó contenta y se fue.
Papá, tenemos que hacer algo. Cuando empezó a decir que estaba con un muchacho, me imaginé lo peor, pensé que había estado con un pervertido, pero es algo aún más grave, cruzó el pozo –dijo preocupada.
¿Qué te hace pensar que por el hecho de estar allá no es un pervertido? Quién sabe con qué clase de hombre haya estado, pero no podemos permitir que vuelva a verlo. Además quizá ni tenga que ver con su destino, es demasiado joven. Sellaré el pozo con pergaminos y la puerta del templo estará siempre cerrada de ahora en adelante –determinó el abuelo de Kagome.
Está bien papá, pero dime¿qué le contestaremos cuándo nos pida que venga ese muchacho a la casa? –preguntó todavía muy preocupada.
Esa es una buena pregunta. Como todavía es muy pequeña, no distingue bien la realidad de la fantasía. Le diremos que fue un sueño y por mucho que insista jamás le diremos la verdad –tal fue el acuerdo.
Al principio Kagome se negó a aceptar que fuese un sueño, pero después de un tiempo, como su madre y su abuelo no le prestaban atención, olvidó lo sucedido.
Quinientos años atrás se podía observar a un youkai más serio de lo habitual. Aunque Sesshoumaru se negara a pensar en ello, lo cierto era que había disfrutado pasar un tiempo con la niña. La impresión que causó en él, su dulce sonrisa, su actitud completamente desinteresada, sus delicados gestos y esas muestras de cariño y aceptación hacia él, sin cuestionar ni condicionarle nada, se quedarían grabadas para siempre en su memoria.
Se negaba a sí mismo el derecho de repasarlo en su mente, pero al día siguiente estaba en el mismo lugar, esperando la llegada de la niña. Estuvo toda la tarde, pero no llegó. No mostró enojo, ni inquietud alguna por que la pequeña hubiese roto su promesa de buscarlo, pues no pensaba en ello. Más bien, actuaba intuitivamente, como buscando esa simpatía, en lugar de pensar detenidamente lo que estaba haciendo. Nuevamente se presentó al día siguiente y el resultado fue el mismo. Seguía negándose a pensar al respecto, sin embargo, instintivamente iba todas las tardes al mismo lugar, durante un año entero. Hasta que olvidó el motivo por el que iba y dejó de acudir.
Agradeciendo sus amables comentarios:
Sess Youkai: Muchísimas gracias por recomendar el fic, eres bien linda, no me canso de decírtelo. Y pues acerca de que le da idea del poder que tiene a Inu, pues se me ocurrió por que en toda la serie bien, que mal se la pasa ayudándole, yo creo que en el fondo lo quiere, pero no lo dice. Híjole, espero que te ya hayas mejorado del todo de esa fractura que te hiciste por andar en bicicleta, gracias por contármelo. Y pues esta vez, como no me pude pasar antes, les dejo dos capítulos, para que los disfrutes el fin de semana. GRACIAS!!!
oOo BrEnDa JeT aImE oOo: Hola, pues bienvenida al fic y muchas gracias por tus comentarios, pues me animan a seguir. Ah no te preocupes, seguro que tus padres tiene una buena razón para que no pases toda la noche en la compu., jejeje. Como compensación, esta vez les dejo dos capítulos, espero que te sigan gustandon Y coincido contigo totalmente, Sesshoumaru tenía que ser el más grande de todos!!!!
Diva Hitachiin: Hola Diva, mucho gusto y bienvenida al fic, ya Sess me había contado que le había transmitido su gusto por Sesshoumaru a sus amigas y ahora amablemente también por el fic, para mí es todo un honor que lo leas, me alegra muchísimo. Ah con respecto al padre de los hermanos, no tienes mucho de que ponerte al corriente, pues solo sale al inicio de la película 3 y durante los primeros 5 minutos, claro que la película está genial, te la recomiendo ampliamente, a mí es la que más me gusta. Y claro que pongo el siguiente capítulo, como compensación a que no tuve oportunidad de entrar en la semana, les dejo dos capítulos. Espero que sigan siendo de su agrado. BESOS!!!
