XII. Recuerdo.

La chica corrió rápidamente a ponerse al lado. La taijiya y el houshi estaban prestos para intervenir, Kirara se transformó y la anciana Kaede y Shipo se pusieron alerta, ninguno permitiría que Sesshoumaru matara a su amigo.

Sesshoumaru, por favor, te lo ruego. ¡No lo mates! –de rodillas frente al youkai.

Sesshoumaru se detuvo, liberando de su agarre a Inuyasha, quien seguía transformado. No sabía por qué lo hacía, pero cedió a los ruegos de la joven. La miró de reojo, pero en ese momento, su fragancia se mezcló con la sal, haciendo que esa jovialidad que lo cautivara antaño se tornara tristeza.

¡No intervengas Kagome! Sesshoumaru, no necesito tu piedad –habló con esfuerzo.

Parece ser que tu transformación te hace perder la razón Inuyasha –en un tono sarcástico, iba a seguir hablando, pero fue interrumpido.

No, no he perdido la razón hermano. ¿Quieres matarme? Apuesto a que ni siquiera sabes el motivo, todo lo que quieres es apoderarte de mi colmillo de acero. También entiendo esa obsesión tuya por tessaiga, ya que yo mismo tuve una obcecación equiparable, pero la por la shikon no tama –haciendo una pausa- Y sin darte cuenta hermano, me has ayudado a superarla –señaló el hanyou.

¿Qué dices? –deteniéndose a escuchar lo que iba a explicarle.

Mi intención era superar mis propios poderes usándola: Eso era por que no me aceptaba, por que repudiaba mi origen humano, pero ahora ya no me importa, me he aceptado como soy, con mi parte humana y mi parte youkai. Tampoco tengo por qué usar siempre a tessaiga, por eso decidí pelear contigo prescindiendo de ella, aunque eso significara que me dieras muerte –en ese punto calló por un momento.

Todos miraban expectantes a los hermanos. Kagome seguía en el piso, con los ojos llenos de lágrimas, comprendiendo lo que Inuyasha quería decir.

¡Así que ya no me importa nada! Sesshoumaru, si quieres matarme, adelante. ¡Hazlo de una vez! –gritó desafiante el hanyou.

Sesshoumaru estaba dispuesto a darle fin a su medio hermano, pero unas manos se posaron en su pecho, tratando de detenerlo.

¡Por favor! ¡No lo hagas! –ahogada en su propio llanto, suplicaba por la vida de Inuyasha, poniendo en riesgo la suya propia.

¡Kagome! –gritaron todos sus amigos, no podían hacer nada, pues el youkai era tan veloz, que al menor movimiento podría darle fin.

¡Kagome! –mustió a su vez Inuyasha.

¡Sesshoumaru! Es obvio que eres más fuerte que Inuyasha. No sé qué más quieres demostrar. Si es por la espada, seguro pueden hablar –le dijo la joven, apelando a la razón del youkai.

¡Tú! –dijo para sí mismo el youkai, permaneciendo estático por unos instantes- De acuerdo –exclamó- Hablaré contigo, con nadie más –y se dio la vuelta, alejándose y Kagome lo siguió sin dudar.

Todos se quedaron perplejos al ver que Kagome había logrado convencer a Sesshoumaru que no matara a Inuyasha, pues se veía muy dispuesto a terminar algo que desde hace años iba hacer.

¡Increíble! Cada vez me sorprenden más los poderes de Kagome, pudo disuadir a Sesshoumaru de no asesinar a Inuyasha –exclamó la anciana Kaede.

Kagome es así, es una suerte tenerla con nosotros –dijo Sango muy sonriente y todos asintieron.

Pero Inuyasha no quitaba la vista del lugar por donde habían desaparecido Kagome y su hermano. Sin embargo, no tardó en desmayarse. La verdad es que había hecho un esfuerzo excesivo al luchar con su hermano, por eso, al estar relajado, las fuerzas lo abandonaron y perdió el sentido. Todos corrieron a auxiliarlo, Sango hizo que sostuviera a colmillo de acero, por si se transformaba y no los reconocía. Miroku lo subió en Kirara, Shipo se fue con ellos hasta la aldea y ahí lo curaron.

Sesshoumaru caminaba sumido en sus pensamientos.

Ahora entiendo mejor. Inuyasha, tú no eres fuerte en realidad, lo eres gracias a tus amigos, siempre te ayudan cuando estás en problemas. En la batalla con Naraku no fuiste tú solo el que le dio fin, la exterminadora y el monje te ayudaron en momentos críticos y esta joven en particular, contribuyó mucho, con su aura purificadora, la cual se ha incrementado considerablemente –pensaba- Me duele reconocer que me gustaría contar con alguien así. Aunque, pensándolo bien no, eso es por que eres débil, por eso necesitas ayuda y hay quienes te apoyan. Después de todo, alguien como yo, tan poderoso, es quien debe ayudar a los débiles. Eso es lo que decía mi padre y ahora me doy cuenta del significado de sus palabras. ¡Maldición! ¿Por qué mi padre tiene que seguir influyendo en mi vida aun después de muerto? ¿Por qué tengo que sentir este malestar? ¿Por qué le dio su mejor arma a un ser inferior? –iba tan absorto, que se le había olvidado por completo que la humana lo venía siguiendo.

Sesshoumaru –musitó Kagome.

Ah, estás aquí –dijo con fastidio y siguió caminando.

Sesshoumaru, gracias por perdonarle la vida a Inuyasha. No sé por qué lo hiciste, pero…-inmediatamente fue interrumpida por el youkai, quien se detuvo al escuchar esas palabras.

¿Tú no lo recuerdas, cierto? –inquirió, girándose para mirar mejor su rostro.

¿Qué es lo que debería recordar? –extrañada.

Que Inuyasha siga con vida, te lo debe completamente a ti –dijo secamente.

¿Quieres decir que lo hiciste por mí? –cada vez más que extrañada- ¿Qué ha pasado Sesshoumaru, por qué me tienes consideración? Si he de serte sincera, pensé que me matarías por intervenir –habló, recordando su temor.

La actitud del youkai cambió, de ser siempre altiva y suspicaz, a una muy calmada, pero no menos seria. No sabía exactamente qué era lo que sucedía, sin embargo, con esta mujer era capaz de sosegarse.

Tú eras muy pequeña –empezó a decir- Ahora has crecido, pero sigues igual de escandalosa, aunque has logrado superar ciertos miedos. En aquella ocasión, saliste del pozo que está cerca del árbol donde sellaron a Inuyasha

Kagome lo escuchaba atentamente y en ese punto abrió los ojos desmesuradamente, delatando su asombro.

A mí me extrañó, pero inmediatamente gritaste, interrogándome acerca de quién era yo y dónde estabas. No tardaste nada en ponerte a correr como desquiciada por todos lados y querías que yo hiciera lo mismo. Al final te sentaste a mi lado y platicamos toda la tarde –hablando con su timbre de voz, grave y pausado.

¡No puede ser! –sin salir de su sorpresa- ¡Eras tú! Mi madre y mi abuelo me dijeron que todo había sido un sueño. Ya lo recuerdo todo. Ese día yo me adentré en el templo, por que iba siguiendo una mariposa, pero estaba muy oscuro y caí por el pozo. Cuando salí, tú estabas afuera y todo me pareció mágico. Recuerdo que al mirarte, me pareciste muy hermoso –y sus mejillas se tornaron carmesí, al recordar ese sentimiento y que ahora podía identificar perfectamente- También, platicamos mucho rato y yo te pedí que fueras mi amigo. Prometí regresar a visitarte al día siguiente, pero –haciendo una pausa- no me lo permitieron, diciéndome que lo había soñado. Ahora entiendo por qué estaba prohibido que me acercara al templo. ¡Ellos sabían que podía pasar a través del pozo!

Sesshoumaru la miraba fijamente a los ojos. No le guardaba el más mínimo rencor por haber roto su promesa de regresar a buscarlo. Después de todo era tan sólo una infanta y dependía de la voluntad de sus tutores. Además ahora lo recordaba. Kagome tomó la mano del youkai entre las suyas, brindándole su calidez, la misma de antaño y dedicándole una gran sonrisa. La joven Kagome, seguía poseyendo ese mismo encanto de la infancia, pero ahora estaba mezclado con el atractivo de una mujer. Su fragancia, siempre exquisita, había madurado.

Sesshoumaru, ¿por qué no me atacaste ese día cuando salí del pozo? Si tú odias a los humanos, ¿qué hizo que me respetaras? Más aún ¿qué hizo que fueras amable conmigo? –inquirió, expresando sus dudas.

Quizá Inuyasha tenga razón después de todo y algunos humanos sean valiosos –dijo.

Kagome quedó helada con la declaración del youkai, no hubiera esperado que al razonar con él fuera tan sincero, pues en pocas palabras, le dijo que ella era valiosa.

Espero no despertar tu ira o que cambies el concepto que tienes de mí, pero me gustaría saber cuál la razón de tu odio hacia él –con la voz un tanto titubeante.

No tienes idea de cuánto odio a ese repugnante híbrido. Lo odio por ser lo que es, el hijo ilegítimo de mi padre, producto del engaño que nos hizo a mi madre y a mí por una vulgar humana –su voz estaba cargada del más profundo reproche.

La joven supo que lo que iba a decirle a continuación, requería de todo su tacto y su habilidad para no herir la susceptibilidad del youkai.

Entiendo –comenzó- que sientas que tu padre no fue honesto y eso te haya hecho enfurecerte con él, pero –un breve silencio- Inuyasha no te hizo nada en realidad. Matándolo no borrarás la falta que tu padre cometió –dijo firmemente.

Tú no entiendes. Inu no Taisho era el youkai más fuerte de la región, también era cruel y despiadado con sus enemigos y con los seres que consideraba débiles –fue interrumpido por la joven.

Como los humanos –remató Kagome.

En especial con ellos, delante de mí los mataba con la mayor saña y brutalidad que puedas imaginarte. Siempre los consideró seres inferiores, lo más bajo de las criaturas. No sé si por eso les guardaba especial rencor. Siempre manifestaba que el más fuerte debía someter al más débil. Aunque su comportamiento era contradictorio, pues a veces protegía a otros seres que a mí me parecían más débiles que los mismos humanos. Pero un buen día, por indiscreción de su sirviente, nos enteramos que se había involucrado con una humana y que además ¡estaba preñada de él! –haciendo una pausa.

¿Ese sirviente, de casualidad, no era el anciano Myoga? –preguntó.

Sí, era él. A partir de ahí, se volvió cada vez más inepto para realizar sus tareas. A tal grado, que ya sabes que el espíritu dragón le ocasionó una herida de muerte. Como su sucesor, yo debía hacerme cargo de sus funciones. Pero el muy egoísta no sólo dejó dominar su corazón por pasiones vulgares, sino que se negó a entregarme sus espadas, otorgándole a Inuyasha la que me correspondería a mí –nuevamente su voz reflejaba un gran odio.

Cualquiera que hubiese presenciado esa escena, no sería capaz de creerla. El gran Sesshoumaru hablando abiertamente de lo que se había guardado para sí mismo durante tantos años, ahora se explayaba con una frágil humana, aparentemente inferior y más débil que él. El mismo youkai no sabía por qué estaba hablando tan naturalmente con la joven. Quizá fuera por esa necesidad de poder dejar salir su sentir o por que se sentía frustrado por no poseer a tessaiga o por que Kagome era, a final de cuentas, la dulce niña que hace años cautivara su corazón.

La joven no sabía qué decirle, qué palabras elegir para confortarlo aunque fuera un poco. No sabía de qué manera agradecerle que le tuviera tanta confianza. Así que lo único que se le ocurrió, fue abrazarlo y juntar su rostro al de él, en una suave caricia.

El efecto deseado por la chica fue el indicado, pues Sesshoumaru se sintió un tanto aliviado. Permanecieron así por unos momentos, sin decir nada, con los ojos cerrados, sintiendo la cercanía uno del otro, apoyándose.

Kagome recordó ese sentimiento que experimentara diez años atrás, cuando viera al youkai por primera vez, esa admiración que sintió. Tenía que reconocer que le había gustado mucho, aunque en esos momentos no hubiera sabido bien lo que eso significaba. En realidad, Sesshoumaru era todo un ejemplar masculino digno de contemplarse, por lo que levantó el rostro y abrió los ojos, para poder apreciarlo mejor.

Se encontró con esos ojos penetrantes, capaces de dominarla con tan sólo fijarse en los suyos.

El youkai se estaba entregando por completo a esa embriagadora sensación de aspirar tan de cerca la esencia de la joven, aunada a la suavidad de su abrazo. Al encontrarse con los expresivos ojos de Kagome, pudo ver a través ellos, la admiración que sentía por él. Esa demostración tan abierta de gustar de él le agradó y guiado por la cercanía de los rostros, buscó ávidamente sus labios.

Ambos se fundieron en la tierna caricia, que al inicio fue un acercamiento, para después convertirse en pasión. La sangre se agolpó en sus cabezas, haciéndolos presa de un inconmensurable torrente de emociones, en el cual, ambos se dejaron llevar. Poco a poco fueron abandonando sus cuerpos, para fundir sus almas en una sola.

Pasado un tiempo, ambos se volvieron a mirar fijamente a los ojos. Esa intimidad le dio confianza a la joven para aventurar una pregunta.

¿No crees que al final, tu padre decidió darle la tessaiga a Inuyasha, precisamente por ser más débil que tú? –dijo Kagome.

¿A qué te refieres? –sin entender muy bien a dónde quería llegar.

Pienso que tal vez, tu padre notó tu gran poder, superior al de tu hermano y sintió que debía proteger al más débil y que tú serías capaz de protegerte a ti mismo –señaló.

Eso no tiene sentido, de acuerdo con su forma de pensar, el más fuerte debería ser el que dominara –respondió.

Pero después cambió ¿cierto? Bueno, solo era una idea. Piénsalo. También sería bueno que pienses en perdonar a tu padre y a Inuyasha, pues el odio que sientes no te trae nada bueno –ya más en confianza.

¿Perdonar? –pensó y sintió como si sacudieran todo su ser, jamás había cruzado por su mente la idea de perdonar a ninguno de los dos.

Además –empezó a decir, insegura- si me puedes perdonar a mí también…-fue interrumpida por el youkai.

No necesitas decir nada, entiendo a qué te refieres. Escuché toda tu conversación con Inuyasha –dijo tranquilamente.

¿Escuchaste? ¿Estabas espiándonos? –extrañada.

Jamás haría algo tan vulgar. Yo iba a buscar a Inuyasha para arreglar nuestro combate, pero me di cuenta de que estaban hablando algo importante y no los quise interrumpir, no encontré momento para atacarlo hasta que llegaron a la aldea –declaró seriamente.

Sesshoumaru, ¿tanto es el cariño que sientes por mí? Gracias –abrazándolo- Ahora que ya soy dueña de mis actos ¿quieres ser mi amigo? –inquirió en un tono pueril, imitándose a sí misma.

Sesshoumaru no dijo absolutamente nada. Sin embargo, por primera vez, desde hacía muchísimos años, le dedicó una leve sonrisa a esa dulce mujer. El gran youkai, que había sido obligado, desde una tierna edad, a no mostrar ni rastro de debilidad, a ser frío e inexpresivo, además de cruel y calculador, se concedió a sí mismo la venia de sonreírle a su amiga.

Regresando a su absoluta gravedad, sin agregar nada más, con su andar lento y majestuoso, se marchó.

Kagome lo miró alejarse, había quedado extasiada con el youkai. Realmente, analizándolo con detenimiento, Sesshoumaru había sido su primer amor. Tomó aliento y se dirigió a la aldea, con sus amigos. Seguramente estarían todos preocupados, pues ya casi anochecía.

Cuando llegó a las afueras del lugar, el hanyou ya estaba esperándola. Con sólo percibir la esencia de Kagome, supo lo que ocurrió. Pero lejos de molestarse, sintió cierto alivio. Ahora él ya no sería la primera experiencia de la joven, su relación sí podía tener futuro. Sin decirle nada, simplemente la abrazó y juntos llegaron con sus amigos. Pero en su interior, una mezcolanza de emociones se sucedía. No era como cuando era un infante. Cuando era tan feliz por un simple plato de arroz y no había ningún otro sentimiento en su alma que lo confundiera, todo era felicidad, todo era alegría. O como en aquella ocasión cuando comprendió que Sesshoumaru lo odiaba, después de muerta su madre. En esos momentos se sentía desconsolado y todo su ser se sentía compungido, no experimentaba ningún otro sentimiento más que tristeza. Sin embargo, ahora era diferente, no sabía si estar feliz por que Kagome decidió quedarse con él o sentirse triste por lo que había pasado. Ahora su alma experimentaba una mezcla, no era completamente feliz, pero tampoco era completamente triste. Se sentía raro. El corazón de los adultos era mucho más complicado que el de los infantes, pero también, menos sensible. Quizá por que ya había tenido experiencias amargas y ahora ya no le parecían tanto.

Con el gran Sesshoumaru, una nueva vorágine de ideas rondaba su mente.

Ahora la batalla con su hermano había quedado decidida. Sin embargo, seguía sintiendo ese malestar que no lo había abandonado desde que se enterara que su padre había tenido un hijo ilegítimo y que se acentuó cuando supo que el heredero de tessaiga era justamente ese ser inferior. Pensaba si realmente sería cierto que le había dejado la espada al más débil para que se pudiera proteger. Pero aunque esas hubieran sido las verdaderas intenciones de su padre, no podía dejar de sentirse frustrado al no haber obtenido el colmillo de acero. Consideraba que no era posible para él vivir con esa mácula. El fracaso era algo simplemente inconcebible para un ser tan poderoso como él. Tenía que encontrar una pronta solución.

Con tales pensamientos, se reunió con Rin y Jaken, el dragón de dos cabezas bufó, saludándolo.

¡Sesshoumaru-sama! –lo saludó felizmente la pequeña.

Por toda respuesta, el gran youkai se situó a la cabeza de ellos y echó a andar.

Amo Sesshoumaru ¿a dónde vamos? –preguntó Jaken.

Sesshoumaru solamente lo miró despectivamente y siguió caminando, eso bastó para que el pequeño youkai no volviera a preguntar.

Así, insatisfecho y lleno de dudas, el gran youkai continuó su viaje. Aunque sin darse cuenta, ya no estaba solo.

Agradeciendo sus amables comentarios:

Sess Youkai: Hola amiga, me leíste el pensamiento, espero que este capítulo también te haya gustado, efectivamente no los puedo unir en la historia, pero tenía que haber por lo menos un desliz entre ellos. Con respecto a Rin, no adelanto nada, jejjee. Me alegra que sigas bien y espero que pronto te reestablezcas completamente. SALUDOS!!!!!!!!!!!!

Diva Hitachiin: ¡Ay que mala eres! Pobre Inuyasha, yo lo amo también, aunque después de Sesshoumaru obviamente. No podía dejar que lo matara, pobrecito y menos cuando le costó tanto trabajo dominar su propia sangre youkai. Espero que no te haya decepcionado el capítulo y que siga siendo de tu agrado. BESOS!!!!!!!!!!