XIV. Secreto.

Ahora que el gran Sesshoumaru había logrado dominar los secretos de los metales le era menester incorporarle los poderes sobrenaturales para que su espada fuera perfecta. El único inconveniente era que no tenía ni la más mínima idea de cómo lograrlo. Era un youkai poderoso, con habilidades natas para el combate y con gran intuición en el uso de las armas, pero no en su hechura. Si aprender a forjar las espadas le había llevado tanto tiempo, no sabía cuánto más le tomaría aprender esta nueva habilidad. Pero esto no lo desalentó, al contrario, pensó que ya había llegado a la mitad del camino, no se daría por vencido justo en el momento crucial.

Haciendo acopio de toda su paciencia e ingenio, se dispuso a probar diferentes maneras para conseguir su objetivo. Sobra decir que sus primeros intentos fueron totalmente fallidos y de lo más ridículos que se pueda imaginar. Claro que para hacerle justicia, hay que mencionar que de común y corriente, los aprendices tienen maestros, quienes los van guiando y les ahorran muchos trabajos innecesarios.

Persistió una y otra vez, hasta que al fin encontró una manera. Descubrió que si mezclaba la aleación del metal junto con una parte viva de un ser que poseyera poderes, obtenía una espada capaz de proyectar tales poderes. De esta manera, consiguió forjar excelentes espadas youkai. Sin embargo, su trabajo tenía un inconveniente: Después de cierto tiempo, las espadas perdían todo su poder. No importaba de qué manera lo intentara, el resultado al final era el mismo, las espadas se volvían ordinarias. Llegó a pensar que tal vez fuera debido a que estaba usando únicamente una parte de los youkais. Así que en su siguiente creación, fundiría a la criatura completa. Para tal fin, capturó a un imponente dragón y lo arrojó a la enorme fragua, modificada para tal evento, junto con el metal. El resultado fue una impresionante espada, con un jyaki lleno de rencor y con muchísimo poder. Pero el gusto le duró poco, en unas cuantas semanas, la fuerza sobrenatural de la espada se esfumó.

Nuevamente Sesshoumaru se sintió frustrado. Su ira creció a tal grado, que ni siquiera la pequeña Rin se salvó. Cuando la espada de dragón perdió su poder, a la infanta se le ocurrió animarlo, diciéndole que no se diera por vencido, que seguramente conseguiría lo que quería. Esa fue la gota que derramó el vaso de la paciencia del youkai. Le gritó que era una ignorante y que mejor se quedara callada o la usaría para una espada, al mismo tiempo le lanzó su látigo de veneno. Afortunadamente Jaken estaba ahí y arrojó a la niña, recibiendo él el golpe. Si no hubiera sido por eso, la hubiera matado. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, simplemente se dio la vuelta y se alejó convertido en una esfera blanca. Rin curó las heridas de Jaken hasta que se recuperó. Ambos sufrían mucho cuando su amo estaba de mal humor, pero lo comprendían y compartían sus penas en silencio.

Pasaron varias lunas sin que Sesshoumaru se apareciera. Había decidido caminar el solo para despejar su mente. Al principio se sintió mal por casi haber matado a la infanta, pero después pensó que le serviría de escarmiento para que no volviera a importunarlo. Estaba creciendo y tenía que aprender a quedarse callada a menos que él le hablara. Ese tiempo le sirvió para reflexionar no sólo sobre el motivo de que sus espadas perdieran su poder, sino también en su vida en general. Desde que descubriera, siendo apenas un infante, que era más poderoso y capaz que sus padres, nunca les volvió a consultar nada. Jamás había admitido que necesitaba ayuda, aunque a decir verdad nunca la requirió. Siempre pudo derrotar a quienes se los proponía. Pero ahora se enfrentaba a una situación que no podía controlar, que requería de habilidades de otro tipo, distintas a las que él dominaba. Por su mente cruzó la imagen de la espada tessaiga y por asociación su creador.

Quizá ha llegado el momento de consultar a un maestro –pensó y se puso en marcha.

Pronto llegó a un sitio donde el calor era abrasador y el humo de las rocas fundiéndose inundaba el ambiente. Un gran esqueleto estaba justo en medio de aquel infierno. Una voz senil que provenía de su interior, se escuchó.

Sabía que vendrías, adelante, Sesshoumaru –dijo la voz.

¿Cómo es que lo sabías Totosai? –inquirió mientras entraba.

Dado que me negué a forjarte una nueva espada, sabía que este momento llegaría tarde o temprano –respondió e hizo un ademán con la mano, invitando al youkai a sentarse.

Respóndeme entonces anciano Totosai, ¿cómo es que logras la fusión del jyaki con el metal? –inquirió sin ambages.

Siempre tan directo. La verdad es que me sorprendes. Pensé que me preguntarías cómo lograr que la espada tuviera poder, pero ya has llegado muy lejos –con los ojos muy abiertos y levantando las cejas.

Sabes que no me gusta perder el tiempo –dijo impaciente.

Para alguien como tú ya no debería ser un secreto. ¿Es que no puedes darte cuenta? –en un tono sarcástico, pero al ver la ira en los ojos del youkai, cambió su expresión- Es muy fácil que tú mismo te des cuenta, dime, ¿qué tienen en común todas las espadas que has creado hasta hoy? ¿Cómo has logrado su poder?

Sesshoumaru lo pensó por unos instantes y rápidamente lo descubrió. Abrió los ojos delatando su asombro, pero inmediatamente regresó a su habitual expresión.

Sin embargo Totosai, estoy seguro que aunque forjara una espada con el consentimiento de aquél de quien estoy tomando su poder, éste abandonaría la espada tarde o temprano, eso no haría una gran diferencia. Debe haber algo más –sentenció seriamente.

Tan brillante como siempre. No te pude entretener con eso –comentó riendo- Ahora piensa Sesshoumaru, ¿qué tienen en común tessaiga y tenseiga? –inquirió, ahora muy seriamente.

Ambas espadas fueron hechas con un colmillo de mi padre, obviamente tenías su consentimiento y las dos, las hiciste tú –haciendo énfasis en lo último.

Ahora no estás siendo nada inteligente, medita con calma Sesshoumaru, ¿qué teníamos en común tú padre y yo? ¿Qué estoy usando yo para hacer las espadas que tú no usas? –inquirió ya directamente el anciano.

Sesshoumaru se quedó callado, la verdad era que no sabía a qué estaba haciendo alusión el forjador.

Es lógico que para alguien como tú no sea tan sencillo de elucubrar. Después de todo eres muy poderoso y nunca has albergado sentimientos de bondad hacia otros seres. Pero te lo diré de todas formas. Tú padre tenía la intención de proteger a alguien cuando creó a esas espadas. Quería proteger a la madre de Inuyasha, quien estaba completamente indefensa por ser una humana y a su vez quería que esa espada pudiera manipularla el propio Inuyasha, quien estaría indefenso por su naturaleza. Una espada así, estaría destinada a proteger, a ayudar a quien lo requiera, no a asesinar a seres por placer o para demostrar poderío. Lógicamente yo simpaticé con ese noble sentimiento y puse parte de mi propia alma. Ese es el secreto, lo que a ti te falta Sesshoumaru. Te es menester encontrar un motivo para poner parte de tu alma en la espada que forjes. Si lo logras, si encuentras esa razón, el metal, el jyaki y tú alma, crearán una amalgama perfecta y el conjunto será una imponente espada que nunca perderá su poder.

El rostro del youkai se tornó más serio que nunca. Se incorporó y se dio la vuelta.

Estoy seguro que te rehusarías, pero si encuentras ese motivo, puedes venir conmigo y con gusto forjaré una nueva espada para ti –dijo el anciano.

Gracias Totosai. Tú pudiste negarte a revelar tu secreto. ¿Qué te impulsó a contármelo? –ya en la salida y de espaldas a él.

Por que has logrado superarte a ti mismo. Fuiste capaz de aceptar que necesitabas ayuda de este anciano y sólo eso ya es un gran avance –puntualizó.

Sin agregar nada más, terminó de marcharse. Las palabras del forjador eran muy atinadas. Sesshoumaru estaba madurando. Le estaba costando mucho trabajo y aún no lo lograba del todo, pero cada día progresaba un poco.

De regreso a su taller se detuvo en el camino para poder pensar mejor. Se sentó recargado en un gran cedro, el cual estaba situado en lo alto de un peñasco. Desde ahí podía dominar los alrededores con la vista. Claro que todo lo que le rodeaba era un espeso bosque y más adelante había un monte, coronado con las nieves perpetuas. Pero a él le gustaba que nada pudiera acercársele sin que pudiera verlo. Alzó un poco su rodilla derecha y recargó en ella su brazo. Empezó a cuestionarse si realmente tenía algún motivo tan fuerte para poner parte de su alma en una espada.

Lo que yo deseo es una espada que sea digna de mí, que sea una extensión de mi poderío, para sentirme completo –pensaba- ¿Pero para qué la usaría o contra quién? No hay nadie más poderoso que yo, sin embargo, siempre hay enemigos contra los cuales es menester empuñar un arma. Antes lo que yo anhelaba más que nada en el mundo, era convertirme el ser más poderoso, pero en realidad eso era por que quería superar a mi padre. Sería como seguir su ejemplo, pues él fue el más poderoso en su momento. Pero, ¿es eso lo que yo quiero? ¿Qué ganaré una vez que lo logre? ¿De qué me servirá?

Que yo me cuestione acerca de ello, quizá quiera decir que es el momento de perdonarte, padre –y precisamente cuando llegó a esa conclusión, sintió como si se hubiese liberado de una pesada carga, tal como si su corazón hubiese estado oprimido todo este tiempo y al fin encontrara libertad y descanso, esa nueva sensación le ayudó a pensar con más claridad- Cuánto tiempo ha tenido que pasar para que llegara este momento, cuántas cosas he tenido qué experimentar y de cuántas otras cosas me he perdido. Ahora entiendo mucho mejor todo.

Se levantó con gran decisión, como alguien que ya ha logrado comprender algo de suma importancia y echó a andar, con un paso más seguro y más firme que de costumbre.

Una vez que llegó a su taller llamó a Jaken y a Rin y al dragón de dos cabezas.

He logrado dilucidar aquello que me faltaba para forjar una espada perfecta, ¿quieren participar en mi nueva creación? –preguntó, dejando estupefactos a los tres, quienes primero no daban crédito a sus oídos, pero en cuanto comprendieron que su amo estaba esperando una respuesta, asintieron.

Sesshoumaru tomó una garra de la pata del dragón y de Jaken, pero no estaba seguro qué usar de Rin. Como viera dudoso a su amo, la pequeña sugirió su cabellera, la cual le había crecido hermosa durante el tiempo que llevaban en el taller, pues podía lavarlo a diario y cepillarlo meticulosamente. El youkai aceptó de buen grado su sacrificio. De esta manera, fundió al mismo tiempo la aleación del metal junto con los tres elementos de sus amigos. Al momento de introducirlos en la fragua, un resplandor azul, muy intenso, completamente diferente a todos los que había manado con fundiciones anteriores, inundó el taller. Cuando se disipó, Sesshoumaru trabajó el metal, durante tres días y tres noches continuas, sin descansar en ningún momento. Sus amigos no lo dejaban solo más que para lo más indispensable. Rin y Jaken se acurrucaban en el dragón de dos cabezas en un rincón del taller. La tercera noche, el youkai dejó la espada enfriándose en un tonel de arena.

Cuando estuvo lista, Sesshoumaru la extrajo de la arena. Era una espada reluciente, no sólo se veía resistente, sino verdaderamente hermosa, quizá debido a la parte que Rin aportó. Se notaba a leguas que era muy poderosa. Sin embargo, el pequeño youkai y la infanta se miraron, sin entender muy bien del todo un aspecto de la espada.

Sesshoumaru-sama –se animó a decir titubeante la pequeña.

Dime Rin –respondió gravemente el youkai.

Es que esa espada es muy pequeña para usted –dijo llena de temor, esperando no despertar la ira de su amo.

No seas tonta Rin, obviamente no forjé esta espada para mí –con una imperceptible sonrisa en los labios- ¡Jaken! –llamó al pequeño youkai.

¿Sí? ¿Amo? –respondió, desconfiado, pensando que quizá quisiera probar la espada en él.

Aunque ya tienes el báculo de dos caras, he querido hacerte esta espada. Así podrás cumplir mejor las tareas que te encomiende –sentenció.

¡Pero, amo! ¡Gracias! –inclinando la cabeza hasta el suelo- ¡Muchas gracias! –llorando- ¡Es una gran honor que haya invertido su valioso tiempo en forjarme esta espada! ¡Estaré siempre agradecido! –iba a continuar su perorata, pero su amo lo interrumpió.

¿Qué esperas Jaken? ¡Ve a probarla a afuera! –le ordenó, ya cansado de la dramatización de su sirviente.

¡Ah sí! ¡Claro amo! ¡Enseguida! –y salió corriendo.

Ya afuera el pequeño youkai demostró que no en balde había pasado tanto tiempo al lado de su señor. Si bien no logró elucubrar todas las técnicas que podía ejecutar con la espada a la primera, sí demostró una gran destreza al esgrimirla.

En cuanto pasó un poco la expectación por la nueva espada, Sesshoumaru prestó algo de atención a Rin, al mirarla con detenimiento, no pudo evitar soltar una risa franca. Jamás en toda su vida se había permitido reír. Obviamente, Rin y Jaken nunca lo habían visto ni siquiera sonreír, salvo Jaken una vez, pero fue muy diferente, su sonrisa le infundió miedo. A Rin, que no sabía de qué se reía su amo, le dieron ganar reír también, sólo por compartir su alegría.

¿Tú de qué te ríes Rin? –inquirió, dejando de reír, pero sin poder disimular que algo le seguía pareciendo cómico.

Me rió con usted amo –confesó inocentemente.

¿Así que te ríes sin saber el motivo? ¡Tonta! Tendrías que verte a ti misma para reírte todavía con más ganas –le dijo, ya regresando a su seriedad habitual.

Lo que había pasado es que como en eso días, el youkai había estado absorto en su trabajo, no había reparado en el aspecto de Rin, quien ya no estaba en su primera infancia, pero tampoco era una púber, estaba en esa edad indefinida. Con el cabello corto e hirsuto, pues no se había peinado ese tiempo, además tenía la cara sucia por haber dormido en el taller. Así que parecía un muchachito desaliñado, cosa que le pareció muy divertida al gran Sesshoumaru.

Apenas le dijo esas palabras su amo, Rin se llevó las manos a la cabeza y sus mejillas se tornaron carmesí, haciéndola lucir todavía más graciosa. Jaken salió de su asombro por haber visto reír a su amo, para tirarse al suelo, carcajeándose. Rin se indignó y se acercó para golpearlo, pero Jaken se paró y empezó a burlarse abiertamente, por lo que la niña lo correteó hasta que ambos se cansaron y regresaron con su amo.

Para que Jaken pudiera practicar un poco con su nueva arma. Hicieron un pequeño viaje en busca de youkais que fueran sus rivales. Con mucho éxito Jaken derrotó a muchos de rango inferior e inclusive a algunos que tenían cierto poder. Complacidos regresaron al taller.

Transcurrieron varias semanas y meses durante los cuales, los poderes de la espada no se desvanecieron. Jaken cada vez era más hábil para manejarla. Pronto se hizo evidente que la espada era de gran calidad y que no perdería su poder ni en cien años.

Sesshoumaru había querido hacer una prueba preliminar antes de forjarse una espada para él. El resultado obtenido lo había dejado muy satisfecho. Por fin estaba listo para forjar su propia arma. La cual estaría conectada a su alma y sería parte de ella.

Agradeciendo sus amables reviews:

Sess Youkai: No te disculpes por favor, yo te agradezco mucho el apoyo que me has brindado. Espero que te hayas divertido mucho y que ese trauma no sea duradero, piensa como Sesshoumaru y ¡supera tus miedos!

Me alegra que te gustara la parte de Sessh Kag, quería que quedara lindo y romántico. Con respecto a tu memoria, no te preocupes, sólo es cuestión de ejercitarla un poco y consumir mucho omega 3. jejeje.

Claro que se puso las pilas, tenía que ser él, sino puede convencer a Totosai, él mismo crea su propia espada! Espero que los siguientes capítulos sean de tu agrado.

Sólo queda este y el final. En el útlimo capítulo, lo editaré después de sus reviews para agradecerles como se debe, pues ya no habrá más capítulos, para dejarles mis agradecimientos.

DIVA Y SESS: Antes que nada gracias a Sess Youkai por ser la portavoz.

Espero que hayan disfrutado mucho su paseo por el bosque, me dan mucha envidia por que yo adoro el aire libre y el bosque es de mis favoritos. Espero se hayan divertido mucho.

Claro que continuo el fic. Bueno, sólo me restan dos capítulo, este mismo y el final, los cuales acabo de publicar.

El último capítulo lo editaré después de sus reviews para aclarar sus dudas, no dejaré de contestarles de ninguna manera, téngalo por seguro.

¡Mil gracias por todo su apoyo y espero que hayan disfrutado mucho este fic, yo lo gocé mucho escribiéndolo!