Aclaración de puntos:

1. -Las acotaciones son estas

"Lo que el personaje piensa"

Hablando el personaje

(Cuando yo interfiero)

ooooooo Cambio de escenario oooooooo

2. – Ningún personaje de Beyblade ni la idea original es mío, todo es de su creador Takao Aoki, excepto la trama de este fic

3.- Este va a ser un fic clasificación R, no sé si vaya a poner algo de lemon pero mejor prevenir, si veo que no le pongo nada lo bajo de clasificación, además no me gustaría alguna demanda por alguien que no aguantó, así que si lo leen es bajo su propio riesgo, y no me manden reporte, se siente bien feo que te eliminen tu fic

4.- Aquí hay yaoi, escucharon bien, es yaoi (¬¬ como si Beyblade no lo fuera siempre)

Dicho lo que se tenía que decir y aclarando los puntos que tenían que ser aclarados, aquí yo doy comienzo y rienda suelta a mi imaginación

EL COMIENZO

Se sentía muy avergonzado, nunca le había gustado ser el centro de atención y ahora vaya que lo era. A su alrededor, muchos chicos y chicas se amontonaban preguntándole cosas como ¿Cuántos años tienes? ¿Por qué tienes el cabello tan largo? ¿Con qué te lo lavas? ¿Dónde vives? ¿Me das tu teléfono? ¿Me das un beso? ¿De dónde eres exactamente? ¿Son tus ojos e color natural? ¿No te lastiman tus colmillos? ¿Quieres estar en mi equipo? ¿Quieres estudiar conmigo? ¿Quieres salir conmigo? ¿Quieres acostarte conmigo?

No sabía si eran hombres o mujeres quienes le preguntaban, pero eso en realidad no tenía importancia en esos instantes, y en realidad el interrogatorio hubiera seguido todo el día de no haber sido por algo, o mejor dicho, por alguien que detuvo tal algarabía.

¿? - ¡CALLADOS! – Gritó a todo pulmón y todos voltearon a verla – Este no es un mercado como parar estar gritando de esa forma, uno a uno irá preguntando y será sólo una pregunta, después seguirá otro.

La persona que había gritado era la misma a la que Boris le habíA mandado su mirada asesina, una chica de ojos y cabello color café, piel un poco blanca, delgada, con una falda plisada color azul fuerte, camisa blanca y chaleco del color de la falta. Por el orden que impuso era claro que se trataba de la delegada del grupo: Hilary Tachibana

Hilary – Muy bien, entonces, por ser la delegada tengo derecho de preguntar primero – dijo viendo de frente a todos sus compañeros y dándole la espalda al chino – Ahora, Ray… - Sus palabras murieron en su garganta debido a que el aludido, ya se había retirado del aquél lugar

oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Corría a todo lo que sus piernas le daban, sus ojos captaban con gran agudeza todo lo de su alrededor para evitar el tropezar con alguien, el lugar estaba en silencio y lo único que se podía escuchar era el resonar de sus pasos. Pronto la divisó, su destino, así que apresuró lo más que pudo su carrera y, al estar en frente, se detuvo en seco

Su respiración era agitada, pero con un par de hondas bocanadas de aire se repuso, tomó otro par más de bocanadas y se armó del valor suficiente, alzó una mano y la colocó en la manija y, de una sola vez, abrió la puerta para ingresar a su destino… el mismísimo infierno.

Había cerrado los ojos para no ver la cara de aquél que le haría imposible el resto de su existencia, sin embargo, en lugar del silencio sepulcral acostumbrado, sus oídos captaron el estruendo que se generaba en el lugar, abrió sus ojos para satisfacer su curiosidad y lo único que encontró fue a todos sus compañeros de clase armando un desorden total; y de aquél que DEBERÍA estar ahí ni sus luces

Se encaminó a su lugar con los ojos como platos ante lo imposible, tal vez había entrado a la dimensión desconocida y ahora se encontraba en un mundo paralelo donde su maestro era un pan de Dios y no el diablo en persona. Cuando al fin llegó a su lugar, se dejó caer como si fuera plomo, todavía no se recuperaba cuando frente a sí se paró un chico con los ojos azules como el hielo y el cabello de color rojo como el fuego. Lo veía sin verlo en realidad y tardó unos instantes para recuperar su aplomo.

¿? - ¿Qué… está pasando aquí?

Tala – Vaya, eso de llegar tarde es de herencia ¿no?

¿? – ¡Tala! ¿Qué sucede aquí?

Tala – Pues, ya ves. No tenemos clase

¿? - ¿Y dónde está Boris?

Tala – Se fue, tal vez en este momento esté maquilando alguna tarea imposible de hacer en menos de dos días o siendo atropellado por algún automóvil

¿? – No, no tenemos tanta suerte. Pero bueno ¿Eso quiere decir que nos dio la hora libre?

Tala – Pues no exactamente pero ese fue el resultado

¿? - ¿Y eso fue por…?

Tala – Porque somos tan buenos y amables y además somos sus alumnos favoritos y quiso recompensarnos con un poco de tiempo libre – respondió como si nada con los brazos cruzados sobre su pecho

¿? – Aja, si claro, ahora cuéntame una de vaqueros

Tala – Lo siento, no me sé ninguna – puso ahora sus manos en su cadera y volteó la mirada restándole aún más, la importancia que tenía para su interlocutor

¿? – No, ya en serio, ¿Qué pasa?

Tala – Y ¿quién dijo que yo bromeaba?

¿? – Yuriy – le dijo en un tono de advertencia

Tala – Ya bueno – Dejó su juego, en vista de que cuando le llamaban de aquella forma ya sabía que era en serio – Agh, ustedes los Hiwatari no tienen sentido del humor, de hecho dudo que tengan algún tipo de sentido– exclamó con fastidio y una cara de exasperado - ¿Sabes? El que te parezcas físicamente a Kai no quiere decir que debas de tener su mismo humor de los mil diablos, Aiko - Y es que frente a si estaba el espejo de su "amigo", con aquellos mismos ojos color rojo carmesí que cuando estaban enfadados simulaban el mismo fuego, su piel igual de blanca y con el cabello de dos tonalidades de azul, la única diferencia era que los colores eran inversos, y que era una chica. Tenía una falda plisada de color azul fuerte de unos cinco centímetros cada tablón y que le llegaba unos diez centímetros arriba de la rodilla, una camisa blanca de mangas largas, y sobre ella un saco que llegaba unos diez centímetros antes de terminar la falda. Los botones eran de un color oro, unas calcetas debajo de la rodilla de color azul fuerte y zapatos negros

Aiko – Pues si, pero por ser gemelos muchas ocasiones los estados de ánimo se transmiten

Tala – Eso es un fastidio, en lugar de tener a uno, tengo a dos Hiwatari enojados, jodiendo y sin poder divertirme

Aiko – Yo por otro lado lo encuentro muy divertido, deberías de verle retorcerse de dolor cuando tengo cólicos – dio una risa divertida – Y a todo esto – volvió a ponerse seria - ¿Dónde está Kai?

Tala – No tengo idea ¿Acaso me veo como su niñera?

Aiko – Pues como siempre estás pegado a él, creí que eras su sombra ¬¬

Tala – Estúpida

Aiko – Imbécil

Tala – Idiota

Aiko – Tarado – se miraron los dos de forma retadora durante unos segundos y después se aburrieron – Entonces, ¿no sabes dónde está?

Tala – Hace ya rato que salió de aquí muy enojado

Aiko – Y con una jaqueca que no tienes idea – dijo sobándose la sien - ¿No sabes por qué?

Tala – Como si me contara todo lo que le sucede – respondió algo sentido – Llegó un chico nuevo al salón, y parece que ya se habían topado y no le calló nada bien a Kai, ni a Boris

Aiko – No es por nada, pero a mi hermano no le cae bien nadie, lo que no entiendo es ¿Qué tiene que ver Boris en esto?

Tala – Lo que sucedió fue que el director vino personalmente a presentarlo y nos dio el resto de su clase para "conocerlo mejor" – dijo lo último con una mueca de fastidio en su cara

Aiko – Nos la va a cobrar mañana VV – dio un suspiro cansado – pero lo bueno es que no tengo ni falta ni castigo

En ese instante, la puerta del salón se abrió de golpe provocando que todos se callaran inmediatamente, sin embargo, al reconocer de quién se trataba, siguieron con lo suyo y fingieron no haber visto a nadie por su propio bien. Una figura imponente ingresó al lugar, pasos seguros y firmes se adentraron hasta el final de aquél salón, y cuando estuvo frente a los dos chicos que no habían detenido su plática, a pesar de su presencia.

Tala – Y ¿qué te pasó? ¿Acaso fue su día oficial de "lleguemos tarde para hacerles la vida imposible al resto del mundo logrando que Boris se encabrone y nos deje tarea para el resto del semestre y que se entregue en una semana"?

Aiko – Pues verás… - sus palabras murieron en su boca al ver a alguien junto a ellos - ¿Qué haces aquí?

¿? – Huy pero si solamente vine a saludarlos

Aiko – Aja, si claro, y yo soy la reina de Inglaterra. Desembuche buche

¿? – Me ofendes – Dijo con cara de afligido - ¿Qué no puede venir tu querido primo a visitarlos nada más por qué si?

Aiko – No.

Tala - ¿A qué demonios viniste, Kutnetzov? – Frente a ellos se encontraba un chico alto con el cabello y los ojos color lavanda. Estaba vestido con el mismo uniforme de los chicos de aquella escuela, pantalón azul fuerte y camisa blanca de manga larga por fuera del pantalón y su chaleco estaba desabrochado, lo cual le daba un aspecto rebelde

Bryan – Vine de paseo

Aiko – ¿Qué no deberías estar en clase?

Bryan – Debería ¿verdad?

Aiko - ¬¬ Te saliste

Bryan – No, solamente me di un descanso merecido

Aiko – Si claro, como no. Mejor di ya ¿a qué viniste?

Bryan – Hmpf, ya bueno. Estaba aburrido y no tenía nada más que hacer, así que decidí verlos sufrir en su clase, pero por lo visto Boris ya se ablandó

Aiko – Sinvergüenza

Bryan – Gracias

Aiko – No fue un halago

Bryan – Lo sé

Tala – Imbécil

Bryan – Veo que andas de buenas, con razón te llevas tan bien con el idiota de mi "primito"

Tala – Muérete

Bryan – Lo haría con mucho gusto, pero entonces el mundo sufriría una pérdida irreparable

Aiko - ¬¬ Qué modesto

Bryan – Ya sabes – Se encogió en hombros denotando indiferencia - ¿Y por qué no está ese idiota?

Tala – Kai no es ningún idiota – Afirmó encarándolo

Bryan - ¿Y quién dijo que me refería a él? – Mostró una mueca de gusto

Tala – Si serás… - siseó como advertencia

Bryan – Aunque, me alegra que hayas reconocido que lo es

Tala - Será mejor que no me provoques

Bryan – ¿O si no qué?

Tala – O si no sabrás de lo que soy capaz… Boris

El silencio se hizo de nuevo presente de forma inmediata. Todos conocían a aquél ser conocido como Bryan Kutnetzov, un chico atlético, grande, de cabello y ojos lavanda y piel blanca que se compara con la nieve, debido a su nacionalidad rusa, al igual que aquellos dos con los que mantenía su plática. También se sabía que tenía un genio de los mil diablos - como todos los rusos supusieron en vista de lo obvio - y con una mirada tan gélida como dagas que te atravesaba

Sin embargo, si no le hacías nada no estabas en su lista negra - en la cual obviamente no te convenía estar a menos que quisieras adelantar tu funeral – y podías llevar una vida escolar en paz. Y por sobre todo, no debías llamarle por su nombre "Boris". Ese era su verdadero nombre, pero, desde la primera vez que se escuchó de él, ya se le conocía por Bryan.

Los rumores decían que odiaba aquel nombre porque se llamaba igual que el único maestro que se le ha puesto al "tu por tu" en toda su vida, otros porque decían que estaba envuelto en enredos con la mafia, y que así le conocían ellos, y el único verdadero, que solamente conocían los más cercanos a él, era el hecho de que su "abuelo" – si se le podía llamar así – era el que se había empecinado en llamarle de aquella forma, que por que era un nombre que proclamaba dureza y poder, y él solamente por darle la contra y hacerle la vida de cuadritos, siempre se había dado a conocer por Bryan, tan simple y sencillo como eso. En aquél momento nadie quería estar en los zapatos del ojiártico.

Lo que hizo Bryan ocurrió en un abrir y cerrar de ojos, sujetó con las dos manos al pelirrojo del cuello de la camisa y lo golpeó con la pared más cercana que encontró, entonces lo levantó alrededor de unos treinta centímetros del suelo. En un ágil movimiento sujetó el cuello del chico con una mano y con el antebrazo de la otra le presionaba la garganta haciéndole casi imposible respirar, sin embargo este seguía desafiándole con la mirada

Bryan – Será mejor que cuides lo que dices, Ivanov, si no quieres que aquí termine tu vida

Tala – Y crees… que… te tengo… miedo – Dijo con gran dificultad

Aiko – Déjalo en paz Kutnetzov – Sujetó de un brazo al pelilavanda intentando quitar la presión del cuello el oji-ártico, quien ya comenzaba a ponerse pálido ante la falta de oxígeno aunque sus mejillas se tornaran rosas

Bryan – Oblígame – le retó

Aiko – Bien – se retiró un poco del ojilavanda y se quitó el chaleco – Tu me obligaste – dijo al tiempo de subirse las mangas de su camisa, sin embargo una mano en su hombro le detuvo

¿? – Ya deja a Tala en paz, Bryan

Bryan – Y ¿por qué debería?

¿? – Por que si lo matas tu abuelo vendrá a reclamarte el desorden que has hecho y tendrás que soportarlo por lo mínimo una hora hablándote

Bryan – Hmpf

Bryan soltó al pelirrojo de forma brusca y este calló sentado en el suelo, sobándose en cuello tratando de aminorar el dolor que sentía y tosiendo tratando de recuperar el aire que había perdido. La bicolor acudió a su lado ayudándole a incorporarse y lo llevó a su lugar, muy a regañadientes del ojiártico, puesto que no quería nada de ayuda. Una vez ahí, volteó a ver a aquél que había "interrumpido su discusión"

Era un chico alto, un poco más bajo que Bryan, con el cabello de un color castaño, ojos color azul celeste como el cielo, con una tez blanca pero más colorida que la de los rusos, labios sonrosados y apetecibles, además de cuerpo delgado pero con forma atlética, sin estar tan bien formado como el pelilavanda

Aiko – Gracias, Kyouya-sempai – dijo con las mejillas un poco sonrojadas una vez que regresó junto a ellos

Kyouya – De nada, Aiko – Todos los estudiantes detuvieron la huída repentina que se habían dispuesto a efectuar en vista de la furia del ruso pelilavanda y regresaron a sus lugares con mucha precaución

Kyouya - ¿Qué sucedió?

Bryan – Nada fuera de lo usual – respondió sin darle importancia al asunto

Aiko – Si lo usual es andar matando a los compañeros de mi clase… si, no ocurrió nada fuera de lo normal ¬¬

Bryan – Oh, vamos, no se pierde gran cosa

Aiko – Eso lo dices ¿para convencerme a mi, o a ti?

Bryan – Te lo advierto niña… - siseo con las mejillas ligeramente sonrojadas

Aiko – O si no ¿qué? Recuérdalo, somos iguales, no puedes contra mí – le encaró

Kyouya – Deja a tu prima en paz Bryan, ¿Qué te sucede hoy? Quieres matar a todo mundo, creo que andas de malas

Tala – Ya vez, te dije que era herencia de familia – decía al tiempo que se acercaba a ellos de nueva cuenta, aún sobándose el cuello

Aiko – Tal vez sea cierto

Kyouya - ¿Por qué dices eso?

Tala – Por que aquí mis ojos – señaló con la mirada a la ojirubí, la cual hizo la señal de la paz con sus dedos y sonrió – y su hermano están igual

Kyouya – Considerando los factores, puede que tengas razón

Aiko - ¡Yo no estoy de mal humor!

Tala – Si claro, lo que tu digas – dijo rodando sus ojos

Kyouya – Y ¿dónde está Kai?

Aiko – Pues verás él…

Por n-ésima vez, la puerta se abrió, dándole la entrada a otra persona, cuando reconocieron de quién se trataba, decidieron no hacer caso y mejor siguieron en sus propios asuntos, ya habían tenido demasiadas amenazas por un solo día. Sin embargo, aquél grupo situado al fondo del salón, sí que le habían prestado atención al entrar. Lo que para la mayoría era su caminar regular, para ellos denotaba que había pasado algo.

Lentamente se encaminó a su asiento con un aura de mal humor rodeándole, sin prestar atención a un par de miradas curiosas y preocupadas, una llena de indiferencia, y otra pues no tenía nada que decir. Cuando al fin hubo llegado a su destino, simplemente se dejó caer como lo hubiera hecho la bicolor cuando llegó y soltó un hondo suspiro de frustración dejando a sus compatriotas con una cara de "¿what?"

Bryan – Hablando del diablo – sintió un codazo en su costado proporcionado cordialmente por un chico pelirrojo – Ya verás… - Le amenazó

ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Salió apresurado de aquel lugar, no sabía el por qué pero esa disculpa y esa sonrisa le había producido una mezcla de sensaciones y emociones que no supo descifrar, era como un hueco en el estómago y a la vez nauseas y ganas de matarlo, muy extraño.

Su paso era regular, pero decidido, por donde pasaba las chicas suspiraban de emoción,… y algunos chicos también; su ente divagaba en aquél chico, deseaba algo, pero no sabía con exactitud el qué, tal vez solamente era el hecho de su enojo por el haberle tirado y que tenía ganas de vengase y matarle y torturarle hasta que se cansara

Comenzó a subir unas escaleras hasta que llegó a la azotea, por ser horas de clase no había nadie ahí, así que buscó una sombra y se acomodó a descansar, sin embargo ni cinco minutos habían pasado cuando escuchó la puerta abrirse nuevamente, así que molesto se dispuso a ahuyentar a aquel intruso, pero al abrir la boca, su reclamo murió ahí al ver ahí al motivo de todo su… ¿enojo? ¿Molestia? ¿Mal humor?, bueno, lo que fuera que trajera.

Le vio caminar hasta la orilla de la azotea y sujetarse de la malla que rodeaba todo el lugar, había una suave pero deliciosa brisa de aire que hacía que su cabello ondeara siguiendo el ritmo del viento. No se había movido para nada desde que le vio, había estado clavado en aquél sitio por cinco minutos, no podía decir nada ni dejar de mirarlo.

¿Qué demonios le estaba pasando? Tal vez el golpe de la mañana le había vuelto un completo idiota y… y volvíamos al inicio, porque él era el que tenía la culpa. Eso era estresante, y ya estaba cansándose de su propio comportamiento por demás imbécil, sintió de nuevo aquella ira crecer dentro de sí, tuvo que contenerse mucho para no matarlo.

En definitiva ese no era su día, y parecía que no tenía la intención de terminar su mala suerte. Se rascó la cabeza con una mano en forma desesperada y sin saber soltó un suspiro que había estado reteniendo de forma inconsciente, logrando alertar al pelinegro de que no estaba solo, y le vio voltearse a encararlo.

Oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Bien, eso había sido extraño, nunca imaginó que sería la sensación del momento, le molestaba y a la vez le halagaba en hecho de que estuvieran todos tan interesados en él. Caminó sin rumbo fijo, aún no sabía dónde estaba cada lugar, y decirle a la delegada del grupo no sonaba muy alentador, especialmente por lo sucedido hacía unos minutos, así que decidió conocerlo solo.

Aunque pensándolo bien, esa tampoco era muy buena idea ya que, quién lo veía, se quedaba embelezado con él, tanto chicos como chicas. En verdad que aquella escuela era única, las instalaciones eran de lo mejor, se impartían materias que no las podrías ver hasta la universidad y algunas nunca las podrías ver.

Tenía toda clase de alumnado, de todas clases sociales, religión y razas, eso sí, lo que los caracterizaba a todos era su promedio. Pero, y bien ¿qué hacía ahí un chico de un pequeño pueblo como él metido en la más prestigiada escuela de todo Japón? Tal vez cometiendo un suicidio, o aparentar el algo que no era.

Él era alguien común y corriente, nacido y creado en su pequeño pueblo natal de Hong Kong, sin nada excepcional en él, excepto quizás su intelecto, y esto era lo que lo había metido en aquella situación. El director Dickenson era una persona muy amable, fundó aquella escuela para que todos los chicos con un intelecto por arriba del promedio pudieran formarse de la mejor manera posible, sin importar si eran pobres o ricos, todos tendrían la misma oportunidad, claro, después de haber aprobado un pequeño examen que él mismo les aplicaba.

Y era precisamente aquél intelecto que él tenía lo que había traído al director Dickenson a él, después de demostrarle sus habilidades, le había conseguido una beca entera que consistía en alojamiento, comida, ropa y gastos, y él nada más tendría que dedicarse a estudiar. Eso le incomodaba un poco, ya que siempre había trabajado para pagarse todo lo que necesitaba y ahora tenía mucho tiempo libre.

De hecho ya había leído todos los libros de la escuela que le habían dicho que llevaría en aquél periodo escolar y eso que apenas era su primer día, aunque era verdad que ya hacía una semana que había llegado ahí. Sin saber el cómo exactamente, ya había llegado al último piso de la escuela, y sin ningún otro lugar al cual ir, ni tampoco ánimos, decidió que salir a la azotea un rato, sería muy agradable.

Apenas y abrió la puerta, sintió una suave brisa acariciarle la cara, logrando que se relajara. Lentamente fue caminando hasta la orilla de aquél lugar y agarró la malla con sus manos y se quedó ahí, sujetándola y disfrutando de aquella caricia y del sol que le llenaba de vida. El viento jugaba con su cabello levantándolo y ondeándolo a su ritmo. Al fin se sentía tranquilo, relajado y con más ánimos de cuando llego; sin embargo, un suspiro captó su atención y se volteó para ver de quién se trataba, más cuál no sería su sorpresa al reconocer al intruso.

Ray – Hola – saludó tímidamente – Yo… este… verás…

Las palabras se negaban a salir de su boca, así que mejor se quedó callado, sin embargo, el otro no hizo nada más que una cara de fastidio por la forma en que estaban pasando todas las cosas así que mejor se dio media vuelta y se dispuso a retirarse de aquél lugar y dejar solo al pelinegro, sin embargo al casi llegar a la puerta algo se interpuso entre él y su objetivo

Ray – Espera por favor – vio al otro levantar una ceja en forma de cuestión y dándole una última oportunidad de decir lo que sea que quisiera decir – Yo… este… - otra vez las palabras se atoraron en su garganta y el otro hizo un ademán de ira y le sacó la vuelta para retirarse del lugar – No, por favor – otra vez se interpuso en su camino

Kai - ¿Qué demonios quieres? – respondió de mal humor y ya fastidiado

Ray – Yo, en verdad me disculpo por lo de esta mañana, no fue mi intención…

Kai – Quítate de mi camino – le empujó a un lado retirándolo de dónde se encontraba

Ray – Por favor, déjame explicarte

Kai - ¿Crees que me interesa lo que tengas que decir?

Ray – Es que yo… - dijo algo cohibido – verás… - tomó un poco de valor y al fin se animó a hablar – Yo quiero pedirte disculpas – hizo una reverencia ante él algo pronunciada – Ya iba muy tarde esta mañana, y tenía una cita con el director, sé que no es excusa suficiente y debí quedarme a ayudarte, pero… pero… - su mirada se volvió triste – en verdad lo lamento

Kai – Me da igual – siguió su camino

Ray – Yo… - le sujetó del chaleco impidiéndole irse – Yo quiero comenzar de nuevo contigo, quiero que seamos amigos – le sonrió

Kai - ¿Y por qué crees que me interese tener alguna amistad contigo? – le miró desafiante

Ray – Tienes razón – le soltó – simplemente, yo creí… bueno no importa, simplemente te pido disculpas nuevamente, y gracias – decidió alejarse de ahí a paso lento

Kai – No me importa lo que hagas, simplemente no me molestes y no interfieras en mis asuntos, por lo demás puedes hacer lo que te de la gana, no es de mi incumbencia – dicho esto se introdujo de nuevo al edificio y se perdió de la vista del pelinegro

Ray – Muchas gracias – le contestó más animado, y él se quedó ahí un rato más

Ok, ¿Qué demonios le había hecho decir tal estupidez? ¿Qué no quería no volver a hablar con él nunca más? Además ¿qué no quería hace cinco minutos atraparlo, atarlo, meterlo en una licuadora, hacerlo cachitos y luego lanzar sus pedacitos al mar para que los peces se lo comieran? Entonces ¿por qué le había dicho que no le importaba lo que hiciera?

No sabía el porqué pero la mirada triste de aquél chico le había hecho sentir… extraño, por eso dijo lo que dijo, y el volver a escuchar su voz alegre le reconfortó, ahora esperaba no arrepentirse de sus palabras. Sus pasos le llevaron de vuelta a su salón, y al abrir la puerta todos se callaron, pero conociendo su humor, decidieron seguir en su plática y no prestarle la mínima atención.

Sin importarle lo que pensaran o dijeran de él, ya que algunas de sus compañeras tiraban baba por donde él estaba pasando, caminó en silencio a su lugar, con muchos pensamientos rondando en su cabeza sobre lo acontecido hacía unos segundos, y cuando llegó ahí, se dejó caer de forma pesada como si fuera plomo y soltó un suspiro de frustración. Notó las miradas de sus compatriotas y los ignoró olímpicamente. Escuchó unos pasos acercarse y no les prestó atención hasta que ya estuvieron junto a él.

Aiko - ¿Onii… chan? – le interrogó, sin embargo este le contestó con una mirada de querer matarla – No… nada U, olvídalo – soltó una risa nerviosa

Ninguno entendía el por qué de pronto la actitud del bicolor, pero tan acostumbrados a su humor tampoco le tomaron mucha importancia. El semestre apenas había comenzado hacía una semana, y ya tenía esa clase de problemas, o sí, este semestre no iba a ser nada fácil.

NOTAS DE LA AUTORA

Wiiiiiiiiiii, reviví, ya sé no tengo excusa, hace años que no actualizo este fic. Bueno primero lo primero, no sé si alguien volvió a leer el capítulo uno, pero está un poco modificado, casi nada, esto es por que decidí cambiar por completo la idea que tenía de lo que iba a hacer más que nada porque no me terminaba de gustar lo que escribía, ahora me surgió esta idea, está muy relacionada con la vida común que todos llevamos en la escuela, sin beyblades, sin nada fuera de lo común. Ahora, estos son los personajes con los que voy a trabajar principalmente, no sé si vaya a incluir a alguno más, o tal vez haga solamente la mención de que estudian ahí, igual que a Hilary, o tal vez tengan relevancia, en realidad no lo sé.

Supongo que ya se habrán dado cuenta de cómo va más o menos la cosa, pero es que quería una historia sencilla. Tal vez me tarde en actualizar, porque tengo otro fic que ya quiero terminar y no más ya se me secaron las ideas, pero si ya lo empecé ahora lo termino. Espero no haber olvidado nada, ahora me despido, se agradecen los reviews, comentarios, felicitaciones, halagos y críticas constructivas, tomatazos y todo, excepto virus o algo que afecte mi compu, porque créanme, ya no puede estar peor. Ahora si, nos vemos a la próxima y espero que les haya gustado mi fic.

Dewa Matta