¡Hola, hola

¡Hola, hola! Nyaaaa, ¡Gracias, Elena, por avisarme que el chap no se veía! N sé que le pasaba a este condenado servidor de la… ajem ¬¬ Fiu, bueno, en fin, Elena-san, mil gracias Ahora sí, ¡no me maten por la tardanza! Que les puedo decir… esta escuela… Pues aquí les traigo el séptimo capítulo de mi fic Ojala les guste! :D

Capítulo 7:

Holly volvió a tomar aire, tratando de que su flujo sanguíneo se calmara un poco. Pero cada vez que veía a las elfinas que tenía delante, le daban ganas de gritarles y sermonearlas con un estilo que de seguro Remo habría aplaudido. Sin embargo, encontró la sorprendente manera de quitarle todas las palabrotas y de resumirlo en un diálogo sencillo. Aunque hay que decir que, debido al tono frío y cortante que usó, las niñas mimadas estaban más asustadas que si estuvieran frente al mismísimo demonio.

-Estos fallos de seguridad no deben repetirse- dijo la capitana secamente, medio flotando, medio marchando sobre las tejas de la Mansión Fowl-. Si alguien llegara a descubrirnos, se armaría un ensayo del fin del mundo. Sobre todo porque esta zona ya está calificada como de peligro máximo- aquí añadió una mirada asesina- Así que limítense a hacer lo que yo diga, ¿está bien?

Como si fueran una sola, veinte cabezas asintieron, aunque los sensibles micrófonos llevaban a las finas orejas de Holly mini-sollozos fingidos del tipo "te-acusaré-con-papi". Ella se limitó a suspirar con fastidio y a teclear unos cuantos comandos para que el plano de la casa apareciera en todas las pantallas de los cascos. Aunque tenía el presentimiento de que más bien iba a necesitar una docena de manzanitas y arrancar unas cuantas ramitas del jardín.

Dicen que la perfección es en realidad la búsqueda de la perfección en sí. Si así era, Mantillo Mandíbulas debería de tener un certificado a lo perfecto colgado en las narices, o al menos eso pensaba él.

No podía quejarse, pues aunque habían sido unos años bastante lentos, el no tener que pisar la cárcel de Refugio ya era suficiente para sentirse satisfecho, con el plus de que había podido ver a Julius al borde del infarto de pura furia al ver que la sentencia se anulaba. Ah, pocas cosas recordaría el enano con tanta añoranza como la gama de rojos escarlatas (y por momentos, hasta marrones) de la cara de Remo cuando, a cuatro meses de la revisión del caso de Mantillo, tuvieron que dejarlo ir porque las pruebas no lo condenaban, al menos del punto de vista de la ley. Tan afortunados eventos lo habían tenido al margen del crimen durante bastante rato, aunque tuviera que admitir que había veces que sus dedos le quemaban cuando pasaba sin tomar acción por alguna lanzadera descuidada, o cuando la cartera de un cándido duendecillo asomaba invitante de su bolsillo. Pero no, sus instintos no lo dominarían. Era un enano reformado, que se había prometido no meterse en broncas al menos hasta que valiera la pena. Incluso había pagado con gusto la buena tajada de sus ahorros que se había llevado su abogado por tan buen trabajo después de lo del juicio; sabía que pronto lo recuperaría. Porque haberse librado del bote no había sido fortuito; se lo debía a alguien a quien aún recordaba con aprecio. Ahora, a tres años de la última vez que lo había visto, iba a pagar su deuda con él. Cleptómano y todo, Mantillo tenía palabra de honor.

-Buenas tardes, bienvenido a Terra-Ways- saludó con una casi tatuada sonrisa la dependienta de la agencia de viajes- ¿En qué puedo servirlo?

-Buenas tardes- respondió el enano con una sonrisa- un boleto a Irlanda. Sólo de ida, gracias.

-A ver, espéreme un tantito- interrumpió por onceava vez una de las elfinas, alzando la mano como si estuviera en la escuela- ¿Por donde entrábamos Carmina y yo?

-No estabas con Carmina, so tonta, sino con Flora- espetó la del trajecito púrpura- y yo estaba con Carmina, ¿no es verdad, capi?

-¿Huh?- Holly volteó algo sorprendida después de meterse con todo el disimulo del que fue capaz dos tabletas de aspirina a la boca. Tragó con rapidez y, por onceava vez en quince minutos, negó con la cabeza- No, ninguna de las dos estaba con Carmina, sino que Carmina estaba con Flora…- la capitana agarró por un momento sus sienes para implorarle paciencia a los dioses, y después de suspirar con resignación, dijo- Muy bien, creo que lo mejor será que arme los equipos de nuevo. Por favor, pongan atención con quien están, ¿de acuerdo…? Tómense de la manita, si es necesario- dijo sin poder contenerse- Ahora, tú- indicó dirigiéndose a la elfina más bajita- vas a estar con ella. Tú, Afrodita…- paró un momento al notar que las elfinas antes mencionadas corrían a tomarse por las manos. Después de una mirada de incredulidad y un nuevo impulso reprimido de tomar la Neutrino que pendía de su cintura, Holly siguió asignando equipos. Iba a ser una larga, larga noche.

La capitana había decidido separarlas en mini-escuadrones de dos, para que así pudieran entrar por varios puntos de acceso de la casa y, por si pasaba algún percance, no fuera tan difícil de identificar y corregir antes de que Mayordomo se diera cuenta de que algo malo pasaba. Holly sonreía con cierta nostalgia ante el recuerdo del avispado euroasiático y de su hermana menor, que sabía estaba ahora en Estados Unidos. Como se lo había prometido antes de que le borraran la memoria a los fangosos, había estado monitoreando de vez en cuando a la joven Mayordomo, y se alegraba de que hubiera dejado la carrera de la protección personal para dedicarse a algo que le encantaba (por más bizarro que ello fuese). Sacudió los sentimentalismos de su cerebro con un impaciente asentimiento y se dirigió al micrófono de su casco.

-¿Están todas en sus posiciones?

Varios soniditos chillones, mezclas de "¡Si!" "¡OMG, OMG, OMG, ya vamos a entrar" y "¡Wiiii!" llegaron a su lado del transmisor.

-Bien, ¿todas tiene a su compañera?- breves instantes de silencio en los que Holly estaba segura de que aquellas lumbreras estarían comprobando si aún sujetaban la muñeca de su acompañante. Luego asentimientos.- Excelente. Procedamos a entrar.- Volteó a ver a su compañera, que era nada más y nada menos que la presidenta del Club. Ésta sacudió lo que el casco dejaba suelto de su cabello azul eléctrico y asintió para indicar que estaba lista. Mientras la Capitana accionaba las alas y se disponía a entrar por una de las ventanas del tercer piso, le pareció oír campanas a lo lejos. Sí, el Juicio Final había comenzado.

Tara era un destino por demás solicitado por los duendecillos vacacionistas. El lugar más mágico de la tierra, donde aún se podía apreciar (incluso por los Fangosos) el hermoso brillo de las estrellas y sentir el cosquilleo de la magia hasta en las puntas de los cabellos. Cada que podían permitírselo, las Criaturas viajaban allí para recordar mejores tiempos y realizar sus rituales. Por eso, nadie le prestó demasiada atención al enano que, mezclado con la multitud, salía presuroso de la lanzadera y esperaba a que los guardias cerraran por fin la puerta camuflada del hangar. Entonces, en vez de dirigirse al claro donde las fogatas ya comenzaban a encenderse, echó a andar presurosamente hacia la carretera, que quedaba a varios kilómetros de distancia. No se preocupó por ser detectado; tenía suficiente experiencia eludiendo a la PES como para desviarse cada vez que alguno de los sensibles vellos de su barba indicaban el paso de una de las ondas de rastreo satelital de las alarmas. Después de trotar durante una media hora, encontró al fin la larga serpiente de concreto. Solo faltaba esperar a que pasara alguien. Mantillo caminó por la orilla de la carretera, colocándose una chaqueta fangosa que más bien le quedaba como gabardina, y un sombrero; ambos guardados de los buenos tiempos. Por eso, el inocente conductor del trailer que paró ante el pulgar extendido de Mantillo no sospechaba que ese curioso monigote no fuera un humano.

-¿A dónde te llevo, amigo?- preguntó con un aire entre cordial y divertido, como si esperara que la respuesta fuera "al circo de fenómenos más próximo, por favor"

-Me bajo poco antes de Dublín- respondió el enano también mostrando amabilidad, aunque por dentro quería arrojar un terrón de tierra a la cara de ese sujeto (y no precisamente con la mano).

Bajó a unos tres kilómetros de la Mansión Fowl, agradeciendo a los dioses el fin de su suplicio. El conductor era un sujeto simpático, pero con muy pocas luces, y se había mostrado más que dispuesto a hacer conversación, sobre todo aludiendo a bromas sobre, ¿a que no adivinan? Sí, acerca de la altura. Durante las dos horas de trayecto Mantillo fue llamado "cariñosamente" cosas como "Buzo de Pecera", "Muestra Gratis", "Inspector de Parquet", "Leñador de Bonsái" y otras estupideces por el estilo.

-Gracias-gruñó el pequeño ente barbado dando un brinco hasta el suelo, lo cual pareció poner de incluso mejor humor al conductor.

-No hay de qué, no hay de qué. ¡Y no vayas a dejar que te pisen, ¿eh?!

-Sí, si… que original- refunfuñó Mantillo mientras el otro se desternillaba de risa.

-La, la, la, la, la… dubi, du (una muy pobre imitación de tarareo, debo decir xD) - canturreó el hombre, mientras arrancaba y recorría los primeros metros. De repente, sin previo aviso, sintió un impacto tan fuerte por la parte de atrás que impulsó una distancia considerable el trailer a toda velocidad y, para su eterna vergüenza, hizo que se le escapara un grito tan agudo que cualquiera juraría que era de una niña especialmente llorona. Su cabeza rebotó ligeramente contra el claxon cuando el impulso se acabó, y quizá eso tuvo algo que ver con que se quedara como petrificado un buen rato, solo viendo al camino oscuro que se abría delante de él y preguntándose con aturdidos balbuceos mentales que diablos había pasado ahí.

-Je, je- se regodeó el enano, abrochándose los pantalones de nuevo- el que ríe al último, mi amigo…

-¿Escuchaste algo?- preguntó de improviso la capitana Canija, alzando la cabeza ante un ruido de la calle. Era muy raro, a esas horas el tráfico era prácticamente nulo en la zona cercana a la mansión.

-¿Huh?- respondió bastante distraída Aurora, ocupada como estaba fotografiando el Gran Salón- Ah… no, nada, capitana. ¿Por qué?

-Nada… debió ser mi imaginación- comentó Holly, aunque lo que no se atrevió a exteriorizar era que culpaba más a las pastillas que a su imaginación. Desde que habían comenzado a surtirle efecto, una leve neblina se había apostado en su mirada y, por "una misteriosa razón", las voces que le llegaban por las líneas de comunicación ya sonaban mucho menos chillonas y molestas de lo que le habían parecido antes… Está bien, quizá recurrió a las aspirinas muy pronto… D'Arvit, detestaba cuando Potrillo tenía razón…

-Perfecto-sentenció la elfina que estaba a su lado. A pesar de la visera del casco, Holly casi podía ver la enorme sonrisa que cruzaba la cara de Aurora. Ambas volaron suavemente hacia el pasillo de la primera planta, con la señorita Oberón suspirando con éxtasis. Después del cuarto suspiro encantado, la chica anunció a Holly- Ahora solo nos queda un último lugar… el más interesante- una risita traviesa que no anunciaba nada bueno se le escapó y eso despejó un tanto la neblina en la que estaba sumergida la capitana.

-¿Cómo que el más…?- no pudo ni terminar la oración porque en ese momento un enjambre de niñas mimadas pasó volando junto a ella a toda velocidad. Apenas y supo que la golpeó; de no haber sido por las carcajadas cantarinas que anunciaron su paso (al menos por el intercom de los cascos) Holly hubiera pensado que un mini-tornado había recorrido el pasillo.- ¿Qué ra…?- La elfina fue decodificando las palabras más a fondo. El sitio más interesante de la Mansión… el sitio más… Los ojos color avellana se abrieron con alarma mientras su dueña metía toda la velocidad posible a sus alas Colibrí.

-¡D'Arvit!- fue todo lo que pudo murmurar mientras se encarreraba tras sus 20 "protegidas" escaleras arriba.

Todo fue tan rápido y tan confuso que, algunos días después al escribir el informe, Holly tuvo que hacer una seria reflexión para separar aquel pandemonium por escenas. Veamos: primero, entró por la puerta entreabierta de nada más y nada menos que los aposentos de Artemis Fowl II a toda velocidad, para que al enfrenarse la recibieran un montón de casi imperceptibles "clicks!" de las cámaras y varias risitas tontas, acompañadas de varios susurros que, ampliados por el micrófono, eran comentarios del tipo: "Vaya, pero mira que para ser un Fangoso no está nada mal", "Wow… es que, o sea, wow" y "Uy… ¡así si me caso!", todas rodeando la cama donde el inocente mortal dormía sin saber lo que pasaba. Gracias a la incredulidad pasmada de la capitana, ésta se quedó suspendida por instantes con la boca abierta a muy poca distancia de la entrada, lo que le permitió escuchar un crujido ligero, ligerísimo, de la puerta de madera. Después, prácticamente en automático había sacado su Neutrino, y apuntado a la puerta gritando "¿¡quién está ahí?!", cosa que bastó para que los grititos de emoción se convirtieran en alaridos atemorizados. Ajustó rápidamente la visera del casco para mejorar la visión, y pudo distinguir una silueta pequeña y peluda que se sobresaltaba y comenzaba la retirada. Holly salió al pasillo y con el arma ajustada en "tostado suave", disparó un rayo certero a la figura antes de que desapareciera por la escalera. El sonoro "¡AY!" le permitió alcanzar al blanco y derribarlo para identificar a…

-¿¡Mantillo?!

-¿Capitana Canija?

-¿Qué rayos haces aquí?

-¡Capitana!- le llegó por el comunicador la voz algo aterrada de una elfina. Por mil diablos, las había olvidado.

-¿Qué pasa?- Holly volvió a introducirse a toda velocidad al cuarto arrastrando a Mantillo del cuello de la gabardina; pero ahí entró en juego otro factor importante. Al volverse con tanta rapidez, el efecto "aspirínico" en la capitana se elevó con nuevos bríos, haciendo que la cabeza le diera un par de vueltas rápidas pero muy contundentes; además, llevar también el peso del enano no era coser y cantar. Todo eso junto provocó un error que quizá suene tonto para algunos pero que fue crucial para la elfina: no midió bien las distancias y se dio un fuerte golpe en la cabeza con el marco de la puerta al entrar, por lo que a pesar del casco y sin poder evitarlo perdió control de las alas y se desplomó. Pero no cayó en el suelo liso… algo (algo que no era el enano) había amortiguado la caída. Holly sacudió un par de veces la cabeza para aclarar su visión y lo primero que vio a menos de diez centímetros de si fue el cabello negro azabache, la piel pálida y los ojos soñolientos color azul que pertenecían al que había sido su involuntario "colchón".

La elfina sintió una colección enorme de sentimientos agolparse en su estómago, pero ante todas ellas se impuso el pánico, porque veía que el rostro del muchacho se iba llenando poco a poco con desconcierto total. No podía ver a los seres mágicos que había en su cuarto, de seguro pensaría que había sido un sueño sonámbulo… con eso se consolaba Holly hasta que notó hacia donde miraba el shockeado Artemis, y recordó algo que hizo que sintiera las tripas enteras agolpadas en la garganta: Mantillo no llevaba escudo.

Ahora si, ojalá les haya gustado Agradezco muchísimo los reviews de Herms Granger Potter, Elena, Channel García, Anahia, Dana, Mel Bel Louca, Dacil Dumbledore y Ary ¡les dedico con cariño este chap! Espero lo hayan disfrutado, y disculpen la tardanza, je :P ¡Nos veremos pronto por este mismo canal! :) Artemis Fowl por siempre, wiii!! (Lo siento, es pegajoso xD)