Capítulo I
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¿Quién soy?... Alicia Ducati. 19 años.
Vivo en una gran mansión con mis padres… bueno, al menos eso se supone… ocasionalmente los veo, inclusive a la hora de la cena… manejar uno de los imperios comerciales más grandes del mundo consume tiempo… y mucho.
Hoy es 1 de agosto, después de los exámenes, comienzan las vacaciones de fin de curso. Mis padres planeaban cruzar el Atlántico en el "Freedom of the Seas", sin embargo, pasar mis vacaciones en el crucero más lujoso y grande del mundo, en el cual he viajado varias veces, no me pareció una idea tan tentadora como para cambiarla por la comodidad de una taza de té caliente, una chimenea y un sofá acogedor en la biblioteca de la mansión.
El motivo era simple, amaba leer. Cuando era pequeña pasaba la mayor parte de mi tiempo en aquel enorme estudio. Supongo que me apasionaba la idea de aprender cosas nuevas de aquellos libros, en cuyas hojas, se encontraban plasmadas las ideas de tantos autores, muchos de los cuales ya no estaban en el mundo de los vivos. Y ese pasatiempo no había cambiado a lo largo de los años.
Debo admitir que recibí varias invitaciones de mis compañeros de clases para pasar unos días con ellos en sus casas veraniegas, pero las rechacé todas, y la razón era sencilla, nunca me ha gustado el mar, pero como ninguno de ellos sabía de mí lo suficiente, o mejor dicho, como a ninguno de ellos les había permitido saber de mí más que lo estrictamente suficiente, obviamente este detalle pasaba totalmente desapercibido. Cortésmente contestaba que mis padres ya habían planeado lo que haría durante el próximo mes y aunque esto era del todo cierto, yo no recuerdo haberles afirmado que haría lo que ellos planeasen.
Después de cenar sola, como ya era costumbre, y siendo que al día siguiente ya no tenía clases, decidí quedarme en el estudio hasta altas horas de la madrugada. Todos los sirvientes ya se habían ido a dormir, así que nadie me molestaría, finalmente tenía la paz y quietud que tanto ansiaba.
Había leído casi todos los libros de los estantes principales, sin embargo, en los últimos días, había localizado una sección con textos muy antiguos, jamás me había percatado de su existencia, hasta que en una de tantas veces, buscando algo más que leer, los descubrí. Justo ahora contaba con el tiempo que deseaba para poder examinarlos con relativa calma, así que decidí comenzar esta labor.
Fue entonces cuando lo vi, un libro bastante peculiar, que llamaba poderosamente mi atención. No tenía una portada llamativa ni un tamaño sobresaliente, pero era extraño, algo me impulsaba a descifrar su contenido.
Lentamente extendí mi mano hacia aquel estante donde se encontraba y lo tomé entre mis dedos. Caminé hasta la mesa central, tomé asiento y empecé a hojearlo. Las páginas comenzaron a deshacerse al contacto, así que procure ser bastante precavida. Podría decirse que ante mí, prácticamente tenía una reliquia. Era una verdadera lástima, las hojas estaban en tan pésimo estado que era imposible tratar de leer lo que en ellas se encontraba plasmado, sumado a la situación de que aparentemente estaba redactado en una de aquellas lenguas muertas habladas por la humanidad hace miles de años.
Cansada y decepcionada, en medio de mi esfuerzo de tratar de entender lo inentendible, decidí cerrar aquel libro y dedicar mi esfuerzo a una obra que sí pudiese leer. Nada en ese libro había logrado llamar mi atención, si exceptuamos el hecho de que estaba deshaciéndose en mis manos, nada emocionante había logrado ofrecerme, nada, y eso pensé… hasta que llegué a la última hoja, y lo que vi, verdaderamente logró impresionarme…
"¿Arukas, Krutas, Eygias?"… Entonces volví a tocar el libro.
"Ahhhhhhhhh"… Grité. Una fuerte descarga eléctrica había sacudido brutalmente mi mano. Un relámpago tocó mi brazo derecho y logró abrirlo como si de un cuchillo caliente sobre mantequilla se tratase. Comenzaba a sangrar, las gotas caían sobre el libro. Logré ponerme de pie, pero mis piernas no respondían, aquella descarga había logrado paralizar mis músculos, e irremediablemente caí al suelo. Desangrándome y sin poder caminar, sin tener siquiera la oportunidad de pedir auxilio en una mansión tan grande y con todo el mundo dormido, donde difícilmente alguien escucharía aquél escándalo, pensé lo peor. Me aterraba la visión de mi propia sangre saliendo sin control de aquella herida, aquél relámpago tuvo muy buena puntería, había cercenado una de mis arterias.
Comenzaba a debilitarme, qué forma tan estúpida de morir; es cierto, dolía, comenzaba a sentir frío, pero no tenía miedo… sin embargo, no deseaba morir, no aún.
Los párpados comenzaban a hacerse pesados, cada vez más, pero antes de cerrar mis ojos, vi a una chica, de larga cabellera rubia y piel tan blanca como la nieve, de aproximadamente 9 años de edad, llevaba un atuendo muy extraño acompañado de una capa, de color negro, y en la mano, sostenía fuertemente un báculo; me miraba inquisitivamente, con aquellos ojos rojizos, tristes, melancólicos… mi vista me estaba jugando una muy mala broma… y finalmente, ya no supe más.
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Continuará…
