Capítulo IV
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Unmei se había quedado en mi casa, ella decidió hacer un conjuro mágico para que todos los sirvientes tuvieran en mente que esta chica era mi hermanita menor. De mis padres ni había realmente por qué preocuparse, seguramente se encontrarían esquiando en los Alpes Suizos. Poco a poco, una comenzaba a acoplarse a la otra, a convivir con la otra… Así que todo marchaba sobre ruedas… o casi todo.
En la televisión, veíamos noticias que informaban sobre extraños acontecimientos que tenían lugar en la ciudad, inclusive se llegó a mencionar que algunas personas habían desaparecido y que otras con menos suerte eran encontradas muertas, en medio de un escenario donde claramente se podía apreciar cierto nivel de devastación, situación que tenía enormemente contrariada a la policía y a las autoridades locales.
Esto sólo podía significar una cosa, tanto Masters como Sevants habían comenzando su propia lucha unos contra otros, y algunos no lograban salir victoriosos.
Utilizando sus poderes mágicos, Unmei logró crear un hechizo alrededor de nosotras, impidiendo que cualquier Servant detectase nuestra energía, así que por lo pronto, estaríamos a salvo. Ninguna de las dos se interesaba en participar en esta absurda guerra, no por ahora.
Sin embargo, al poco tiempo tuvimos serios problemas, porque… Unmei tenía que pasar todo el día con esos atuendos de chica mágica que llevaba, así que arriesgándonos un poco a ser vistas, decidimos salir al centro comercial por ropa adecuada para alguien de su edad.
"Master… digo, Alicia-sama, realmente no es necesario que usted haga esto por mí, yo soy su Servant, yo soy quien debería servirle a usted y no al revés, ese es mi destino."
"¿Destino?" Esa palabra…
"¿Sucede algo?
"Ehhh, no me cambies el tema. Vamos, serás un Servant, pero detrás de esa apariencia de chica superpoderosa no dejas de ser una niña de 9 años". Le sonreí. Unmei no pudo evitar sonrojarse.
"Bueno, pero es que…"
"Nada de eso, eres una chica, y como tal, te debes dejar consentir". Al escuchar esto, ella dejo escapar una risa… era la primera vez que la escuchaba reír… y Unmei finalmente cedió.
Pasamos a varias tiendas departamentales y compramos muchísimos atuendos, realmente consentía a esta chica como a la hermanita menor que nunca tuve… diantres, cómo hubiera deseado tener una hermanita como ella… ¿Pero qué estás pensando? La existencia de esta chica es algo pasajero en tu vida, no te encariñes mucho con ella… podrías arrepentirte después. Sin embargo, aquí y ahora…
"Alicia-sama, comienza a hacerse tarde, es peligroso andar por la calle sin la claridad del día, algunos Servants aprovechan la oscuridad de la noche para salir y evitar ser vistos".
"Entiendo, será mejor que regresemos". Aquella chica había interrumpido mis pensamientos. La notaba triste, e igual yo lo estaba, algo me decía que tanto ella como yo hubiéramos deseado que este día no acabase tan pronto.
"Gracias por todo".
"No tienes por qué agradecer, eres mi Servant y ningún Servant mío andará mal vestido por ahí. Pero, ahora que regresemos a la mansión… ¿Qué te parece si estrenas algo de esa ropa mientras yo preparo algo para comer? Me estoy muriendo de hambre, supongo que igual tú, y no creo que podamos soportar a que algún sirviente se tarde horas en prepararnos algo". Me reí, y es que de alguna forma trataba de alegrarla en medio de la decepción de que el día terminase tan pronto… no sé por qué… pero no me gustaba verla así, triste.
"Claro".
"Bueno, pues vamos" La chica sonrió de nuevo… Yo había logrado mi humilde propósito.
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Continuará…
