El se quedò asi, contra el marco de la puerta, tenìa una mirada extremadamente amenazadora, pero algo habìa en ella que hacìa que Bella se derritiera por dentro.
-Narcissa, retìrate. –Dijo Riddle- Y trata de tener cuidado de lo que hablas, no serìa bueno, que tu querido Lucius, tuviera un inafortundao accidente…
-Si, lo siento mucho, es que no sabìa que…
-Lord Voldemort, es clemente, pero te advierto, no lo repitas. Te aseguro que no me serà dificile enterarme.
-Si, adiòs – Diciendo esto Cissy saliò y se fue escaleras arriba, blanca como un papel.

Bellatrix dió unos paso hacia atrás, no sabía por que, estaba muy nerviosa, tenìa cada centìmetro de su cuerpo a alerta. Voldemort, se acercò a ella, la tomò por la cintura, con cierto temblor en las manos. Estaban a menos de 1 centìmetro uno del otro, podìan sentir su respiraciòn. A Bella parecìa que se le iba a salir el corazòn del pecho. Voldemort en cambio parecìa respirar pero no se sentìa su corazòn, ni siquiera a esa mìnima distancia. Los ojos grises de Tom, se clavaron en los de Bella, tambièn grises, pero mas oscuros que los de este, no necesitaban decir una palabra, sus mentes estaban totalmente abiertas, para Bella, el mundo habìa parado, para Voldemort, era un sentimiento extraño, no era amor, no, atracciòn tal vez, años sin prestarle atenciòn a ninguna mujer.

Riddle, se acercò aùn màs a Bella, le apoyò una mano en la nuca, y acercò lentamente su boca a la de èl, era extraño, sentir como su piel gèlida como la de una serpiente, aùn podìa sentir la calidez humana, pero en ese momento, a èl no le preocupò ser el mago màs temido del mundo, solo le interesò probar ese vino que hace años tenìa guardado, Bellatrix, despertò lo que nadie en èl habia logrado, su beso fue como si ya, sin necesidad de hacer ningùn horrocrux fuera inmortal, a diferencia de todas las mujeres con las que habìa estado, ella la podìa describir como un tesoro… ese beso continuaba ya desde hacìa como un minuto, haciendose cada vez màs intenso…

La mañana amaneciò gris, con una espesa niebla que caìa sobre la mansiòn de los Malfoy. Èl estaba caminando por los jardìnes de esa inmensa casa, parecia que en vez de jardìnes estuviera caminando por un laberinto, un laberinto de pensamientos, hablando solo con su serpiente Nagini, que estaba alerta por si veìa alguna rata por el pasto. Èl, Lord Voldemort, no se podìa enamorar como un idiota, el amor era detestable, era por lo que muchos sufrìan y por lo que èl no se podìa enamorar, no se podìa permitir tener un punto debil, nada podìa impedirle ser el mejor, el querìa conquistar la muerte, aunque aùn no entendìa para què le iba a servir tanto poder, pero, el poder era un sentimiento extremo y adictivo, tambièn peligroso como el màs letal de los venenos. Su mente era superior a la de cualquier otro mago, asì que lo tenìa que aprobechar, tenìa que tomar venganza de eso que como su padre, lograban ensusiar el nombre de los magos, su padre que ni siquiera era un mago, era un simple y ordinario muggle... pero èl ya era historia, era una pena que ocupara espacio en la tumba de un cementerio, pero su Nagini no debia comer algo tan tòxico e impuro como Tom Riddle.

Se diò vuelta y mirò hacia la mansiòn, algo estaba pasando ahì adentro, en la habitaciòn de la que se habìa retirado hacìa media hora, estaba iluminada por luces de encatamientos. Fue 

hata la mansiòn lo màs ràpido que pudo, y luego subiò las escaleras, habìa una batalla entre Bellatrix y Rodolphus Lestrange.

-Detènganse-dijo con una voz calmada y frìa, al instante sesaron los encantamientos.- ¿què pasò?