Como fuego y flama

Bellatrix no dijo más… lo siguió en silencio, sin decir una palabra, ya había hecho suficiente, por una idiotez.
Nunca lo había notado tan alto y hermoso como ese día, Voldemor se veía en serio, soberbio, espeluznante e imperioso. Una briza hizo que sus capas se movieran.
Bellatrix llevaba una capa violeta oscura con unos broches plateados, su pelo lacio bailaba en el viento con gracia. Notó la mirada de su amo clabandoce en ella, a pesar de la capucha que este llevaba. Bella no estaba usando la máscara, ya que él no se lo dijo. Ella se animó a preguntar -¿A dónde vamos?- y el le respondió con una fría mirada que brilló en la oscuridad que le proyectaba la capuche.
-¿Ya no piensa Srta. Black?
-Debo admitir que frente a usted, mi materia gris se transforma en veneno, me contamina, y como todo veneno, es muy poco lo que puedo disfrutar ese veneno, me mata muy rápidamente.
-El mejor veneno viene en botella chica,-se rió el hombre-claro tienes razón. ¿Le creíste a Lestrange cuando te dijo que yo, estaba contento contigo?
-A decir verdad, no creí mucho de sus palabras en ese momento, pero creo que me hubiera gustado creerlo.
-¿Te parece inteligente decirlo?
-¿Si tu orden fue que yo olvidara esta noche, porqué me preguntas si es inteligente?, no se si inteligente, pero no me importas que sepas lo que … pienso, a ti no te opongo una barrera mental, si te miento no importa, porque yo se que tu lo sabes.
-Bellatrix, es muy ingenuo, verse apoderado de los sentimientos, a los que tu llamas pensamientos, si tus pensamientos fueran sentimientos serían verdaderamente complejos. Todos mis años de Hogwarts, me sirvieron para darme cuenta de lo poco útiles que son. No lo sabe ninguno de mis mortífagos, pero tu –dijo dirigiéndole una sincera (N/A: :O) sonrisa-, cuando era joven, mi madre, tataranieta de Salazar Slitheryn, no tenía hogar, yo nací el 31 de dicembre, y mi madre solo vivió para darme un nombre. Viví mis primeros 5 años de vida, pensando en que mi padre vendría por mi, pero no, los sentimientos me hicieron sufrir, mi padre un muggle, no hice otra cosa que odiarlo, así pude ser lo que soy ahora. Comenzé a notar que con los sentimientos fuertes, podía hacer cosas que otros no, desde hacer levitar cosas, hasta asfixiar conejos. Y mi sentimiento fuerte no era el miedo como el de la mayoría de los jóvenes magos, sino el odio, y dime, ¿Cuántos magos menores a 11 años son capaces de matar?
Bellatrix no respondió, se quedó mirándolo atónita, pensando, en que era imposible hacer tal cosa, pero él estaba siendo sincero, casi, sensible.
-Así que, la clave del poder no es, como cree Dumbledore de mi, no sentir, es sentir los sentimientos adecuados, según el viejo, el amor es la más fuerte magia, según mi parecer, el amor es la más fuerte ruina.
-Y… ¿no le parece, que es imprudente, contármelo a mi?
-Todo viene por algo. Tu, tu Bellatrix, me estás llevando a la más profunda ruina, tengo 

que lograr separarme de ti, pero mira, si te mato, perdería a mi mejor mortífaga, por lo tanto no te mataré, al menos por ahora, y la otra opción, era que sucediera algo lo suficientemente fuerte como para que te odiara, lo cual tampoco sucedió. Pero lo que pasó con Rodolphus, debo de admitir, que fue mi plan,
-¿Cómo?
-Sí, uno de los más estúpidos, porque me di cuenta de lo dominable que es Rodolphus, un simple imperius, jaja, y estaba a mi merced, claro, que el ya sentía algo por vos.
-No me parece divertido que ese idiota sintiera algo por mí- se le escaparon esas palabras de la boca.-
-A mi tampoco. Quiero decir, lo que hice lo hice por el bien común, tuyo y mío, tu nombre seguirá siendo respetable. Y en cuanto a mi, tendré que ver que no me perteneces. Pero aún no te casaste.
-No.-no daba crédito a sus oídos, Tom, su Tom Riddle, la había traicionado así.-¿A que viene el comentario? Ahora te arrepentís de lo que hiciste. Después que me arruinas, lo confesas. Claro, si yo te odio, ya no me podes amar.
-Alguien como yo no puede amar, si alguien lo supiera lo usaría en mi contra.
-Pero nadie lo sabrá, no puedes hacerte esto a ti mismo-dijo enteramente pensando en si misma.-, la otra noche, no parecías estar desconforme con lo que sentías, y no te importó tampoco que Narcissa se diera cuenta.-Bella ya no le importaba faltarle el respeto, era su pación lo que estaba expresando, con palabras.-En verdad, ¿tu sientes algo por mi?
-Te lo dije, no puedo, pero lo hago-dijo agarrándola del brazo y obligándola a desaparecerse.
Aparecieron en el claro de un bosque, en ese lugar ya era de noche. Era tan espeza la maleza de a su alrededor, que parecía una cápsula. Había un mantel azul oscuro sobre el pasto, con champán y dos copas, el resto estaba iluminado luctuosamente por velas a tono con el mantel, en las copas se reflejaba la luz de las velas, era un poco encandílate, entrar de pleno mediodía a lo que parecía medianoche.
-¿Dónde estamos?-dijo la morocha
-En un bosque, exactamente en el punto opuesto con respecto al Sol de Londres. Yo te dije, que olvidaras lo que pasó esta noche, sucede que en este punto del mundo, "esta noche" sigue siendo noche, así que puedo reservar las palabras para cuando sea de día, y además tiene muchos encantamientos de protección.
-Ah…-dijo con complicidad Bella.
Tom se acercó a ella, vino una ráfaga de viento y le tiró la capucha, su pelo negro medianamente largo le cayó sobre la cara, sus ojos grises brillaron un poco con un tono rojizo. Sacó la varita (mágica) de su capa, e hizo un leve movimiento y el par de copas se elevaron perfectas en el aire y se dirigieron cada una a su propietario, las copas tenían el pie negro y el vaso cristalino, con otro movimiento de la varita, hizo que la botella depositara su contenido en las copas. Y con un último movimiento, logró enfriar el líquido.
Brindaron por el poder de Voldemort y su victoria en una posible lucha. Bebieron toda la botella de champán. Bella, por suerte no se pasó esta vez, no hubo fuego en copas de vodka, ni un hombre que la quería para beneficio propio, bueno lo segundo tal vez si. 

Pero fue tan hermoso el momento para Bellatrix, que no le importaba que pudiera ser la última vez, le importaba todo lo que le había confesado.
Ya sentados sobre el mantel, y sin botella de champán. Él comenzó a acercarse le tomó la cintura con las largas manos, y comenzó a besarla, despacio y fue subiendo de tono, el beso, pasó a su cuello y las manos como arañas le empezaron a sacar la capa, que cayó lentamente por su espalda, y sus manos continuaron por el vestido…
Ya no quedaba nada, estaban solo ellos dos, desnudos, en un lugar que era solo de ellos…
Le clavó las uñas en la espalda, y un grito que hasta podía ser de euforia cortó el tranquilo aire. Se quedaron abrazados, en un abrazo eterno, una unión infinita, llena de ellos dos, sin nada más, ellos y la naturaleza, tan salvaje como su pasión.
Ahí, podían ser quienes quisieran.
En un momento a Bella le comenzó a arder la marca, uno de los mortífagos estaba llamando a su señor, el momento fue quebrado. Pero alguna razón importante debía haber para llamar a su señor.
Se vistieron y volvieron a Londres, a la mansión de los Malfoy.
En el umbral de la puerta estaban los mortífagos, completamente formados.
-Hay una profecía, es acerca de usted, de su destrucción-dijo Snape.-Lo escuché, cuando usted me envió a espiar a Dumbledore.