Las vacaciones
El tren comenzó a frenar…
Habíamos llegado a Konoha. Mi estomago se hizo nudo y las palmas de mis manos se empaparon. Recordé a mi papá despidiéndome en la estación…
"pórtate bien… no hagas destrozos… se buena con tu tía Sákura y obedeces a Sasuke"
Luego un ligero beso en la frente y se fue…
¡Sasuke, el hermano de mi papá!…
¡Mi tío Sasuke!…
Mi estomago se amaró en un nudo. Con toda la seguridad del mundo, él me iba a recibir.
Miré por la ventanilla. Ahí estaba él:
Altísimo, con el cabello negro a la altura del mentón y su eterno traje de ambu, sólo que no llevaba su máscara, cosa que agradecí, por que con ella le tenía más miedo que de costumbre.
Miraba el tren con ansiedad, como con ganas de verme, de que bajara pronto. Pero en cuanto aparecí en la puerta del vagón, su mirada se tornó indiferente y algo burlona. Cuando sus ojos se fijaron en mí, se transformó en la de un halcón que ha descubierto a su presa.
Debo admitir que para mis siete años mi confianza en mi misma estaba bastante desarrollada, tal vez demasiado, pero mi tío Sasuke podía destruirla en un segundo.
Junto a él estaba mi prima Sayuri, que es un año más chica que yo, de cabello negro y ojos verdes. Muy parecida a mi tía Sákura.
Me puse detrás de la auxiliar que me había cuidado durante el traje, con su falda me sequé el sudor de las manos. Ella me jaló cariñosamente del brazo y me dio un ligero empujó en la espalda y me dijo
–saluda, Ichigo chan
Como pude me armé de valor
– ¿C… c… cómo le va, tío?
No me respondió, me saludó con un ligero tirón en el flequillo y un ligero apretón en las mejillas. Tomó mi maleta, mi prima tomó mi mano, me sonrió y comenzamos a andar hacia la salida de la estación, dónde nos esperaba un hombre de cabello rubio y ojos azules, acompañado de otros dos chicos.
Esa tarde supe que su nombre era Naruto Uzumaki y que él, y su esposa, Hinata, eran amigos de mis tíos, y los chicos eran sus hijos
Uno rubio, más o menos de mi edad, con los ojos claros, casi blancos. El otro era más chico, de unos cinco años, de cabello negro y ojos azules, que me miró asustado.
Y más tarde, esos chicos se convertirían, junto con mi prima, Sayuri, en mis amigos, mis confidentes, mis hermanos.
Nos acercamos a él y lo saludé con timidez
–Sasuke, si no lo supiera diría que es tuya y de Sákura –le dijo a mi tío con una sonrisa. Yo solo había visto a mis tíos una vez antes de esa visita, y era cierto lo que decía Naruto.
Yo me parecía más a mis tíos que a mis padres, mi madre, Ichigo Nayori, había muerto cuando yo tenía tres años, pero tenía un gran parecido con mi tía Sákura a pesar de no ser parientes, ambas eran médicas y ambas tenían el cabello rosa, igualito al mío. Pero mi mamá tenía los ojos marrones, y, muy a pesar de mi padre, había sacado los ojos de mi tío Sasuke.
– ¿Cómo te llamas? –me preguntó, yo miré a mi tío, como pidiéndole permiso con la mirada, él me dio una palmada en la espala y yo miré a Naruto
–watashi namae wa Uchiha Ichigo des –contesté rápidamente y él sonrió.
–Este es Iori, y él es Hoshi –me dijo señalando a los chicos, yo los miré un segundo y sonreí discretamente
–Tenemos que hablar, Sasuke –le dijo Naruto a mi tío, muy serio
–Que los niños nos esperen aquí –le dijo mi tío
– ¡adiós niños! Se cuidan ¿eh? Si se les acerca un robachicos pelean con uñas y dientes ¡pobre del que se deje robar! –nos dijo Naruto y ambos se fueron.
Hoshi, Sayuri y yo nos abrazamos a Iori, Sayuri y yo por ser niñas y él por ser más chico.
Estábamos muy asustados, toda la gente que había en la estación tenía cara de robachicos.
Hoshi comenzó a pellizcarme inconcientemente, lo hacía siempre que estaba nervioso, muy seguido por cierto. Sayuri, que en general era muy seria hablaba con voz estridente y se reía a carcajadas. Yo comencé a rascarme nerviosamente en la cara y mis dientes sonaban como castañuelas.
Iori nos tranquilizaba diciéndonos que no perdiéramos las esperanzas, y que confiáramos en los adultos.
–Tranquilos muchachos, seguramente vendrán a buscarnos antes de que anochezca –nos dijo y yo me pegué más a él. Eran las dos de la tarde.
Los demás seguían con sus tics nerviosos y yo me estaba haciendo pis.
De pronto aparecieron de nuevo junto a nosotros, mi tío volvió a tomar mi maleta y nos dijo –vámonos niños
Comenzamos a andar y Hoshi se puso junto a mí de inmediato, bastante feliz, pues no tendría que dejar mi pellizcado brazo. Yo, disimuladamente, me acomodé para que por lo menos siguiera con el otro.
Después de un par de calles le dije a mi tío en voz baja –tío, quiero hacer pis
–muy bien, Ichigo chan –me contestó –no hay problema ¡hágase en los pantalones!
– ¿Cómo, tío? –le pregunté asombrada
–mire, niña –me explicó –si su necesidad es de tal magnitud que no puede contenerla ¡adelante! ¡Desahóguese! nada más no me vaya a manchar a mí
– ¡ni a mí tampoco! –gritó Sayuri alejándose lo más que pudo
–Ahora –continuó mi tío Sasuke –si tiene usted control sobre su cuerpo, en unos minutos más estaremos en la casa y podrá satisfacer sus necesidades fisiológicas con toda corrección y comodidad
Yo comencé a caminar con las piernas muy apretadas y descubrí, con agradable sorpresa, mi capacidad para dominar necesidades fisiológicas:
Práctica muy útil en la vida.
