Ok, para comprender mejor a los niños te dejo una lista de las edades

Ok, para comprender mejor a los niños te dejo una lista de las edades

Toshiro 9

Ichigo 7

Iori 7

Sayuri 6

Hoshi 5

Aiko 5

El Charco del Ingenio

(Basado en un caso real. . . por lo menos lo del restaurante)

Tenía una semana de haber llegado a Konoha y casi todos los conocidos de mis tíos habían venido a conocerme. Entre ellos los "cuñados" de Naruto y Hinata, eran Ten-Ten y Neji, y sus dos hijos, Toshiro y su hermana menor, Aiko.

Ambos tenían el cabello castaño y los ojos claros, casi blancos, igual que Iori.

Después de eso, el grupo de cuatro se volvió de seis

Pero a pesar de tanta atención, me sentía trise. No había recibido llamadas ni nada de mi papá

–tía ¿no me ha hablado mi papá? –le pregunté aunque ya sabía la respuesta, por que yo había estado muy al pendiente del teléfono, es más, yo había contestado todas las llamadas de la casa.

–No, mi niña, no te ha hablado –me contestó

Recapacitó un momento y luego agregó

–pero acuérdate que el teléfono ha estado muy raro, y, se han cortado varias llamadas, tal vez era él…

Mi decepción no se fue con la respuesta de mi tía.

Lo más probable es que lo notara en mi cara, por que me abrazó y me dio un beso en la frente, luego, acomodándome el pelo con los dedos, me dijo

–pero tú no te preocupes, mi princesita, yo creo que no tarda en llegar su llamada. Tu vete tranquila al paseo, si te llama, yo te guardo el mensaje y le pido que te llame en la noche.

Ese día mi tío y Naruto nos iban a llevar a los seis al Charco del Ingenio, solo iban ellos dos, por que Neji jamás tuvo cabeza para otros niños que no fueran los suyos, y mi tía y las demás se iban a comer con Ino, una vieja compañera del colegio.

Nos subimos todos al coche, tuvimos que atravesar toda la ciudad y luego salir al camino que conduce al famoso charco, Naruto iba al volante.

Al llegar a la ciudad, un agente de tráfico estaba marcando el alto, Naruto y mi tío cruzaron miradas cómplices y nosotros seis temblamos, después de que hacían eso, siempre tenía la seguridad de que "algo" iba a pasar.

Llegamos frente al agente, Naruto no frenó por que esperaba la indicación de mi tío, y como no se la dio, pasamos como ráfaga junto al agente.

Casi nos lo llevamos de corbata.

Se puso a pitar como loco su silbato, haciendo señas para que nos paráramos.

Mi tío le hizo una señal a Naruto con la cabeza, él frenó y el agente llegó al coche muy agitado por la carrera

– ¿Qué se le ofrece, oficial? –preguntó mi tío desde su asiento

–se me ofrece multarlos, señor, se pasaron el alto

–disculpe, es que no lo vimos –exclamó apenado

–Y eso que dicen que la carne de burro no es transparente –agregó Naruto.

El hombre enrojeció y temblando de coraje fue hacia la ventanilla de mi tío, él la cerró rápidamente.

El agente tocó el vidrio

– ¿Quién es? –preguntó mi tío

El hombre seguía tocando y comenzó a resoplar, con cada resoplido sus cachetes se inflaban como si hubiera tragado una bomba de aire.

Nosotros nos reíamos con ganas.

–contrólense niños, voy a abrir la ventanilla –nos dijo mi tío

Nos tapamos la boca para disimular.

El agente tocaba ahora con furia y resoplaba inflando los cachetes de forma increíble y parecía que iban a reventar de un segundo a otro.

Mi tío bajó el vidrio

– ¡ah, es usted! –Dijo con alegría –yo creí que era un vendedor de globos

Le dio unas palmaditas en los cachetes.

Se escuchó una carcajead.

Había sido Naruto.

Nos dio aún más risa.

Mi tío se había puesto el dedo índice sobre la boca, pidiendo silencio, pero la risa ya era incontrolable para los siete, Sayuri parecía a punto de ahogarse.

El oficial sacó un bloc, escribió en varias hojas, las arrancó, se las dio de la mala gana a mi tío y le pidió su licencia y la tarjeta de circulación.

El agente las revisó y palideció al ver la licencia de mi tío

–disculpe usted, Uchiha sama, no volverá a pasar –se cuadró el agente regresándole la tarjeta y la licencia, le pidió a mi tío los papeles que le había dado y se alejó caminando muy derecho.

–Sasuke, eso fue increíble –comentó Naruto con una risita mientras ponía el auto de nuevo en marcha.

Íbamos felices, comentando el incidente de los cachetes inflados, cuando mi tío preguntó

– ¿volteó el letrero como le dije, Iori kun? –

– ¡sí, Sasuke san! –respondió Iori con un aire eficiente y yo me sonrojé completamente. Mi tío notó esto por el retrovisor y su mirada se afinó al instante

El letrero era uno que mi tío ponía en la puerta de la oficina; por un lado decía "Se atiende de 9 a 7" y del otro decía simplemente "No se atiende"

El ojo de agua del Charco del Ingenio está rodeado de pequeños arbustos cuajados de fresas y moras silvestres. Pero están plagados de espinas.

En cuanto nos bajamos del coche mi tío miró a Naruto y él le pasó una shuriken.

Instrumento en mano mi tío se puso a cortar fresas, las peló y nos las repartió.

Mientras comíamos él revisaba las cáscaras

– ¡tío! / ¡Papá! ¿Por qué haces eso? –le preguntamos sorprendidas Sayuri y yo

–Pues no están para saberlo –nos dijo muy serio –pero las fresas son mi fruta preferida… ¡pero me hacen mucho daño!… así, me hago ilusiones de que comí muchas ¡muchísimas!

Sus manos habían quedado como alfileteros por las espinas cuando había arrancado las fresas, así que Naruto le dio unas pinzas.

Pacientemente se quitó una por una y nosotros nos sentamos a observarlo. Cuando por fin terminó, nos desvestimos

– ¡yo no sé nadar! –dije de inmediato

– ¡yo tampoco! –chilló Aiko

– ¿ah, no? –Se acercó amenazante, nosotras retrocedimos – ¡pues ahorita mismo van a aprender!

Nos quitó la ropa. Quedamos a su merced. Desnudas parecíamos más pequeñas.

Aiko comenzó a llorar, con cada sollozo sus chonguitos castaños rebotaban en el aire, parecían resortes.

Yo apreté los labios con todas mis fuerzas.

Mi tío se agachó y nuestras caras quedaron a la misma altura.

– ¿y usted por qué no llora, Ichigo chan? –Me dijo -¡hágalo de una vez, porque adentro del agua no va a poder hacerlo!

– ¡BUAAAA! –me solté.

Él se desvistió, quedando en calzoncillos, nos tomó de la mano y, antes de darnos cuenta, ya estábamos en el agua

– ¡Naruto, métete con los otros niños! –le gritó desde la orilla.

En un veloz movimiento, Naruto quedó también en calzoncillos, se lanzó al agua y los llamó.

Iori se desnudó por completo, Hoshi se dejó los calzoncillos, Sayuri el fondo y Toshiro no se quiso desvestir, así que se quitó los zapatos solamente y se metió con ropa.

Al principio, Aiko y yo no nos soltábamos del cuello de mi tío, pero él, con infinita paciencia, que jamás le volví a ver, poco a poco, nos enseñó a flotar y a deslizarnos en el agua.

¡Ese día aprendimos a nadar!

Varias horas más tarde salimos del agua y, para secarnos, ya que no llevábamos toallas ni otra cosa parecida, nos tendimos al sol, lo mismo que la ropa de los demás.

En lo que nos secábamos, mi tío nos puso a repetir una letanía

– ¡Charco del Ingenio!

– ¡Charco del Ingenio! –repetíamos

– ¡Que se nos pegue tantito tu segundo apelativo!

– ¡Que se nos pegue tantito tu segundo apelativo!

Lo dijimos infinidad de veces.

En esos momentos yo pensé que el segundo apelativo del Charco del Ingenio eran el lodo y las hojas secas en que estábamos tendidos, así que apreté mi cuerpo fuertemente contra la tierra. Cuando me vi llena de hojas y barro me levanté un salto y grité feliz

– ¡ya se me pegó el apelativo del Charco! ¡Mire, tío!

– ¡qué bien, Ichigo chan! –me dijo mirándome de arriba abajo.

Orgullosa, me volví a tender

Permanecimos así otro rato, hasta que, de pronto, mi tío gritó:

– ¡a ver, todos! ¡Sacúdanse los apelativos del charco y vístanse rápidamente!

Obedecimos de inmediato.

Cuando estuvimos listos, nos preguntó si queríamos pasar por ramen de regreso a la casa.

Todos, en especial Naruto, dijimos que sí.

–Pero con una condición –nos dijo

– ¿Cuál? –preguntamos a coro los niños

–que se lo van a comer con chile y van a aguantar el picante sin lloriquear y, sobre todo –aquí recalcó las palabras –no le van a decir nada a sus mamás…

–Ni a Neji –completó Naruto

–exacto, ni a sus mamás, ni a Neji ¿de acuerdo?

– ¡Hai! –aceptamos

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En el puesto de ramen pedimos un tazón cada uno y agua de limón para todos, sólo mi tío pidió de naranja.

Mi tío puso una cucharada de salsa y un chile jalapeño en cada plato (menos en el de él)

–observen como Naruto disfruta el picante. Imiten la forma en que muerde el chile

Lo miramos con atención, nos dio una sonrisita y continuó, seguimos su ejemplo.

A Toshiro se le salieron las lágrimas, Sayuri comenzó a toser, Iori se puso como jitomate y Hoshi y yo nos quedamos sin respiración.

Antes de morder el chile, Aiko se le acercó a mi tío y, con los ojos grandes y llorosos, le preguntó:

– ¿me da permiso de llorar?

–está bien, niña, pero hágalo quedito ¡y apúrese para que muerda su chile, como los demás!

Al terminar, todos teníamos dolor de estómago. Él sacó una libretita e hizo un "receta médica" para cada uno y nos las repartió. Después nos las fue pidiendo, las leía y nos daba una tableta de leche de magnesia que llevaba en el botiquín que le había puesto mi tía Sákura.

–hoy aprendieron una cosa muy importante, niños –nos dijo solemnemente –comer chiles a mordidas no es cualquier cosa; agradézcanle a Naruto por su enseñanza

– ¡gracias, Naruto! -dijimos al mismo tiempo

–cuando quieran, niños –nos dijo con una ligera reverencia

–después, entre los dos, vamos a enseñarles otra cosa importante –nos dijo mi tío de camino al coche –cuando tengan edad, les vamos a enseñar a manejar

Regresamos a la casa con esa ilusión, aunque la mía de que mi papá me hubiera llamado era más fuerte que aquélla.

Entrando a la casa se lo pregunté a mi tía. Ella dudó un momento y luego me dijo

–sí, mi princesa, te habló. Me dijo que te extraña mucho, que espera que te las estés pasando muy bien y que te manda un beso

Después me miró un largo rato, sus ojos se humedecieron y me abrazó con fuerza.