La heladería
Como era primero de mes mi tío y Naruto tenían que ir al pueblo a comprar algunos instrumentos de su trabajo y medicinas para la cínica de mi tía. Ella le dijo que nos llevara, él aceptó.
Sentí un vuelco en el estómago salir con mi tío siempre se convertía en una aventura.
En ese momento llegó a la casa un hombre alto, de cabello plateado, acompañado de una muchacha de unos trece años, de cabello plateado y ojos miel, de inmediato noté que era bastante bonita
–Kakashi, Zumie –los saludó mi tío
–Padrino –respondió la muchacha
–Tsunade me asignó trabajo, no voy a poder acompañarlos –le dijo a mi tío y a Naruto, ellos lo miraron con curiosidad
–luego les cuento, pero Zumie puede ir en mi lugar –les dijo poniendo una mano en el hombro de la muchacha
Al ver que también iba ella, me tranquilicé un poco.
Nos despedimos de mi tía y de los demás, y nos acomodamos en el coche.
–Ichigo y Hoshi se vienen con Naruto y conmigo, los demás se van atrás, sin incomodar a Zumie –dijo mi tío
Instintivamente crucé mis brazos para protegerlos, pero fue inútil, Hoshi era muy hábil. Su pequeña manita se abrió paso y se insertó con fuerza en mi brazo.
Mi tío y Naruto nos fueron contando historias de cuando estaban en el colegio.
Los nervios de Hoshi se calmaron y, por fortuna, mi brazo descansó.
Llegamos al pueblo. Primero fuimos por el material de mi tío y luego pasamos por las medicinas. Le preguntamos a mi tío que si podíamos bajar del coche para pasear un poco.
–Sí, niños –respondió –pero no se separen. Naruto se queda aquí para cualquier cosa que lo necesiten.
Cerca de ahí estaba una heladería.
– ¿podemos esperarlos en la heladería? –preguntó Toshiro
–sí, si quieren –respondió distraído mientras revisaba unos papeles que le había mandado mi tía en su portafolios.
– ¿podemos pedir un helado? –preguntó Iori
–Sí, pueden hacerlo –dijo mi tío con la vista puesta en los papeles
– ¿y una leche malteada? –preguntó Sayuri
–pues sí, si a ustedes les gusta –nos dijo y se alejó
Le prometimos a Naruto un barquillo
– ¿de qué lo quieres, papá? –le preguntó Hoshi
–De cajeta –respondió saboreándose
El heladero nos saludó y anotó el pedido:
Helados
Leches malteadas
Galletas
Un flan para Zumie
Y, para Iori y Sayuri, además de sus helados, pan dulce
–Sayuri, el pan dulce está muy caro –le había advertido Iori
–sí, pero tengo hambre
Iori pensó un segundo en la respuesta y dijo
– ¡ay! Yo también –se sobó el estómago – ¿puedo pedir otros para mí?
– ¡claro! –Respondió Sayuri -¡hay que aprovechar que mi papá anda de disparador!
–No coman mucho, por que no van a tener hambre a la hora de la cena acuérdense que mi madrina Sákura nos invitó a dormir. Y menos tú, Sayuri, que eres tan remilgosa –dijo Zumie –no quiero que mi madrina regañe al pobre de mi padrino
– ¡déjame pedir un panecito dulce, Zumie chan! –Le suplicó – ¡te prometo que sí como!
–Está bien –consintió ella
Cuando vimos venir a mi tío pedimos la cuenta
– ¡Hola, buenas tardes! –Gritó mi tío desde la puerta – ¿terminaron, niños? ¡Vámonos que tenemos prisa!
Nos miramos todos desconcertados. Zumie fue a hablar con él
– ¡cómo! ¿No traen dinero para pagar? –gritó tan fuerte que en toda la heladería se enteraron de nuestro problema
Llegó a nuestra mesa de tres zancadas
– ¿Cómo está eso niños? ¡Explíquenmelo, por que no entiendo! –vociferó
–pero, papá, tú dijiste que te podíamos esperar aquí –le recordó Sayuri
–sí, niña, eso dije ¿acaso había algo que se los impidiera?
–Pero también dijo que podíamos pedir lo que quisiéramos –dijo Iori
– ¿Por qué no iban a poder hacerlo?
–Pero nosotros supusimos que usted iba a pagar –le dije, al borde del llanto
– ¿yo? –Dijo mi tío con exagerada sorpresa – ¿y por qué supusieron eso? ¿De pura casualidad les dije pidan lo que quieran, que yo voy a pagar?
–bueno, no, pero nosotros supusimos que… –mi voz temblaba
– ¡en la vida no hay que suponer! –Exclamó escandalosamente – ¡hay que estar seguros antes de actuar! ¿Cómo se ponen a consumir a tontas y locas sin contar con recursos para pagar?
Una vocecita interrumpió
–Zumie, me siento mal, quiero vomitar
– ¡no, Hoshi kun! –Gritó mi tío – ¡esa no es la forma de remediar esta situación! ¿Cree usted que devolviendo lo que se engulló quedará exento de deuda? ¡No señor! Además, aquí no se acepta esa forma de pago, aquí hay que saldar las deudas al con-ta-do –recalcó
Zumie se sentó a Hoshi en las piernas y se puso a consentirlo. Hoshi se tranquilizó
Mi tío seguía inconmovible
– ¡resuelvan esto de inmediato por que tengo mucha prisa!
Se dio la vuelta y fue al mostrador a hablar con el heladero.
Rascamos nuestros bolsillos, pero, aún juntando lo de todos no alcanzaba para pagar ni la mitad
Iori salió de la heladería y al poco tiempo regresó con el dinero que nos faltaba
– ¡miren! ¡Mi papá nos prestó! –Nos informó feliz –de pura casualidad Tsunade sama le acaba de pagar su semana por adelantado. Que no se nos olvidé su barquillo.
Zumie fue al mostrador a pedirlo y a pagar la cuenta, iba cargando a Hoshi. Mi tío se lo quitó de los brazos
– ¡ay, niño, no me pellizque! –gritó
Con Hoshi prendido a sus mejillas, mi tío llegó a nuestra mesa
– ¡Ichigo chan, venga acá! –me dijo
Me cargó en el otro brazo, las pincitas de Hoshi volaron hacia mí. Por suerte ese día traía suéter.
Rumbo al coche, mi tío nos dijo
– ¿Por qué me miran con esos ojos? Las miradas rencorosas son muy desagradables. Además, desearles mal a los demás no es bueno
Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, dejamos la venganza en manos de mi tía.
Al llegar a la casa:
Zumie –mi papá me dijo que cuando volviéramos me fuera de inmediato a la casa, perdón
Iori –madrina Sákura ¿nos dejas salir a jugar a Ichigo y a mí?
Yo –voy con Iori, no tengo hambre
Sayuri –espérenme, voy con ustedes
Hoshi –tengo sueño ¿me puedo dormir un ratito?
Y ninguno probamos bocado a la hora de la cena.
