Capítulo I

Una vez más, despertó sudando y confundido. Ya habían pasado cinco años desde aquella fatídica noche pero últimamente no podía dejar de pensar acerca de ella. Tal vez sólo se debía al hecho de que pronto sería el aniversario y sólo podía sentir culpa por haber permitido que gente inocente muriera en su lugar, y por no haber salvado a Malfoy y a Goyle.

Realmente había intentado salvarlos pero había llegado demasiado tarde. Por más que quisiera sentirse arrepentido, no lograba hacerlo; jamás podría arrepentirse por haber salvado a Ginny, quien, precisamente, había ido a la Sala porque estaba preocupada por él y quería ayudarlo.

—Cariño, ¿estás bien? —preguntó la muchacha en cuestión, cuando abrió los ojos y vio que su marido estaba despierto —. ¿Otra pesadilla?

Harry se encogió de hombros, quitándole importancia a la situación —. No te preocupes, no fue nada. Vuelve a dormir.

La joven asintió y apoyó la cabeza sobre su pecho, para continuar descansando. Él, en cambio, no pudo conciliar el sueño y continuó pensando en el triste final que habían sufrido sus antiguos rivales escolares.

Muchas veces había deseado que Malfoy desapareciera de la faz de la tierra pero cuando el chico realmente murió, Harry se dio cuenta de que a veces los deseos debían continuar siendo no más que eso, deseos... A veces era mejor que no se volvieran realidad.

A pesar de que nunca hubiesen sido amigos, Harry habría hecho cualquier cosa por tenerlo de vuelta. Por supuesto, también lo habría hecho por Fred, Lupin, Tonks y todos los demás difuntos pero ahora sólo pensaba en Malfoy y no sabía porqué. Quizás era porque su muerte lo había involucrado más directamente, porque habría podido salvarlo y no lo había hecho. Y Malfoy había muerto tan joven, tan solo exiguos dieciocho años...

Esa noche, Narcissa Malfoy había intentado asesinarlo, tras descubrir que le había mentido en el bosque: Draco no había estado bien, sino calcinado en la Sala Multipropósito. Tal había sido por el grado de incineración que jamás se había encontrado su cuerpo. Lo único que había quedado había sido un anillo de plata, que luego había sido entregado a su madre antes de que fuese enviada a Azkaban por intento de homicidio. Su marido, por su parte, también fue condenado a prisión por haber cooperado con Voldemort. Ambos, sin embargo, fueron asesinados tiempo después, a manos de otros Mortífagos, que los habían considerado unos traidores.

La Mansión Malfoy estaba ahora deshabitada y poseía en la entrada un monumento en honor a Charity Burbage y a Dobby, que se había convertido en el primer elfo doméstico en obtener la Orden de Merlín, Primera Clase. La medalla había sido enterrada junto a sus restos.

Harry había continuado con su vida y se había casado con Ginny. También había obtenido un lugar en el Departamento de Seguridad Mágica y en menos de cuatro años se había convertido en el Director del Cuartel General de Aurors, puesto que le había otorgado el Ministro de la Magia, Kingsley Shacklebolt.

El Mundo Mágico había salido adelante y progresado; no obstante, las heridas abiertas por los Mortífagos y Voldemort nunca habían cicatrizado por completo. Por eso, todos los años se realizaba en Hogwarts un acto conmemorativo para no olvidar a las víctimas de la guerra.

Harry, por supuesto, debía asistir pero él no quería hacerlo. Lo cierto era que no había hecho nada extraordinario; ni siquiera había asesinado a Voldemort, como todo el mundo decía. "Se mató con su propio hechizo" había repetido mil y una veces pero todos siempre habían preferido adularlo sin escuchar sus palabras.

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Dos días después, Harry, Ginny, Hermione y los demás Weasley llegaron juntos al castillo, donde se encontraron con Luna, Neville y otros antiguos amigos.

Antes de que comenzara el acto, Harry fue a visitar a Albus Dumbledore en el cuadro de su despacho. También saludó a Severus Snape, cuyo retrato se había colgado gracias a su petición. Sí, Snape jamás había sido su profesor preferido pero, sin lugar a dudas, merecía un reconocimiento. Gracias a las palabras de Harry, también había obtenido una Orden de Merlín. Si el hombre hubiese estado vivo, probablemente, se habría suicidado antes que darle las gracias por el gesto.

—Es hora, Harry —le comunicó Hermione, quien había entrado silenciosamente en el despacho, en el momento en que él le estaba comentando a Dumbledore una operación que habían resuelto los Aurors la semana anterior.

Juntos, Harry y Hermione, bajaron al Gran Salón y se encontraron con cientos de personas que sonreían o lloraban en silencio al ver los rostros que recubrían las paredes. Meses poco después de la Noche Final, las paredes del Gran Salón habían empezado a hospedar una importante cantidad de retratos… Retratos de quienes habían perdido sus vidas.

Claro, los Mortífagos no estaban allí pero Harry había solicitado que se colgara un cuadro de Draco Malfoy. Lo peculiar acerca de ese retrato era que no se movía y parecía una imagen Muggle. Nunca se había descubierto la razón tras el extraño comportamiento del lienzo hechizado.

—Buenas noches a todos. Gracias por estar aquí —dijo la Profesora McGonagall, subida a una tarima en el lugar donde normalmente se encontraba la mesa de Profesores—. Estamos aquí reunidos para conmemorar la noche en que nuestros seres queridos dieron sus vidas para protegernos.

Todos los años el discurso era parecido y Harry no le estaba prestando atención, sino que estaba observando el retrato de Malfoy, desde la distancia. Siempre se había preguntado porqué no se movía pero recién ahora verdaderamente sentía ganas de averiguar qué le ocurría.

—Harry… ¡Harry! —chistó Ginny a su lado. Había estado tan concentrado pensando en el cuadro, que no se había dado cuenta de que era su momento de hablar.

Realmente aborrecía hablar en público pero se lo debía a las personas valientes como Colin, que podrían haber huido pero se habían quedado para ayudar, dispuestos a morir para proteger a los demás—. Aquella noche —, comenzó a decir pero se distrajo al ver una figura que estaba de espaldas, al lado de la puerta principal—. Aquella noche yo estaba —. Se interrumpió una vez más cuando esa figura se dio vuelta y dejó a la vista su rostro enmascarado.

Súbitamente, todas las velas del salón se apagaron y los niños pequeños empezaron a gritar. Los adultos tomaron sus varitas y dijeron 'Lumos' pero el lugar era tan grande que difícilmente podía ser iluminado de esa manera. Transcurrieron unos cuantos instantes y luego todas las velas volvieron a encenderse.

Cuando el momentáneo pánico se disipó un tanto, regresó rápidamente cuando Ginny largó un grito.

—Teddy —musitó cuando Harry y sus hermanos se le acercaron. Al lado de la muchacha, en el lugar donde había estado el niño, había un maniquí con el rostro enmascarado y una nota clavada en el pecho.

Harry tomó la nota y la leyó:

Su horrible, única y repulsiva fealdad lo ponía fuera de la humanidad, y muchas veces pensé que por eso mismo él creía no tener deber alguno con la especie humana. II.10

Nadie sabía qué ocurría y el rastreo que se realizó en el colegio no logró localizar al niño.

Ya en el Ministerio de la Magia, Harry y los demás Aurors comenzaron a investigar el maniquí y la nota. Dos Inefables fueron solicitados para que cercioraran de que el artefacto no fuese un traslador, portal, giratiempo o algún dispositivo similar.

—Está limpio —comunicó uno de los dos funcionarios—. Pero deberían comunicarse con la Oficina de Uso Indebido de Artefactos Muggles. Seguramente alguien de allí sabrá más del tema.

—¿Qué tema? —preguntó Harry.

—La carta… Es un fragmento de El Fantasma de la Ópera —respondió el Inefable—. Mi hermana es Muggle y trabaja como actriz.

—El teatro no es nuestra especialidad, señor Potter —agregó el otro funcionario.

Tras agradecerle a los dos hombres, Harry se contactó con Taynney y Britin, dos jóvenes muchachos de la Ofina a la cual se había referido el Inefable. Ambos eran hijos de Muggles pero fue Taynney el que inmediatamente identificó el texto—. Sí, es de El Fantasma. Me encanta esa historia… Raoul es fantástico —. Britin resopló y Harry levantó una ceja—. Hmm, ¿necesita algo más, señor Potter? —añadió Taynney, mirando hacia otro lado.

—No, creo que eso es todo. Gracias. Ya pueden seguir con sus asuntos.

Britin y Taynney se miraron de reojo y sonrieron.

—No creo que el mensaje tenga que ver con la obra. Creo que se refiere al teatro en general —dijo Britin, antes de retirarse con su compañero —. Harry levantó la vista de la hoja del papel y lo observó—. El maniquí está vestido como Lelio o Leandro, que son personajes de la Commedia dell' Arte. Y la máscara no es la del Fantasma; es la de la Tragedia Griega.

Harry asintió, pensativamente y le pareció escuchar que los dos hombres se susurraban algo, mientras se iban. "¿Cómo sabes eso?" "La semana pasada me follé a un actor."

Volvió a su área del Departamento y se reunió con los demás Aurors para comentarles que el asunto estaba vinculado con el teatro, no sólo con esa obra.

—Quizás es un actor Muggle loco —sugirió Ron.

—No, ellos no pueden entrar en Hogwarts —remató fríamente Ethanskcus, otro de los Aurors.

Harry sabía que tenía que mencionar a la figura que había visto en el castillo pero, por alguna razón, se sentía incapaz de hacerlo. También sabía que esa persona era la culpable de la desaparición de su ahijado, ya que la máscara que llevaba era la misma que la del maniquí pero todo este asunto burocrático y de 'trabajo en equipo' le desquiciaba, así que decidió regresar a Hogwarts para buscar más pistas sin que nadie lo molestara.

—Disculpe, señor Potter pero no creo que sea prudente que abandone la investigación en este momento tan crucial —. Una vez más, Ethanskcus había hablado. El bajito y moreno muchacho siempre había despreciado a Harry y no era ningún secreto que quería su puesto y pensaba que Harry sólo lo había obtenido gracias a su fama.

—Disculpe, señor Ethanskcus pero no creo que lo que usted piense tenga relevancia alguna —le respondió Harry, sin aplomo. Durante los primeros años había sido amable e intentado que se llevaran bien pero el otro muchacho nunca había querido colaborar y Harry simplemente no podía hacer milagros.

Ignorando las incesantes preguntas de Ron, caminó con rumbo al Atrio y ahí ingresó a una de las chimeneas para ir directamente al despacho de la Directora de Hogwarts, Minerva McGonagall.

—Perdón por llegar sin avisar —se disculpó ante la mujer—. ¿Le molesta que recorra un poco el castillo?

Con autorización de la Profesora, bajó al Gran Salón, pensando en Teddy. Estaba preocupado por él pero sabía que debía pensar con claridad y dejar los sentimientos a un lado si realmente quería resolver el enigma y rescatarlo. Sentarse en un rincón a extrañarlo no iba a resolver nada.

Conversó con algunos cuadros de las víctimas de la guerra y todos confesaron también haber sido víctimas de la temporal 'ceguera' que se había producido en el lugar. "No vi nada" dijeron todos.

Un tanto desilusionado, se acercó al retrato de Draco Malfoy y entornó los ojos al notar que había algo diferente en él, aunque no estaba seguro de qué era.

Claro, pero si era evidente. La discrepancia residía en el fondo del cuadro. Antes, Malfoy había estado, como todos los demás, en Hogwarts pero ahora se podía ver que su locación había cambiado. Harry no estaba seguro pero el lugar le resultaba familiar, aunque sólo podía ver una pared con varios espejos y una placa con las iniciales S. N.. ¿Dónde había visto ese lugar? ¿Y por qué habían elegido esa imagen del rubio, con el rostro tan triste, tan desamparado?

Sintiéndose apesadumbrado, subió por las escaleras hasta llegar al quinto piso y allí caminó tres veces hasta encontrarse con la puerta de la Sala de Objetos Ocultos.

El lugar estaba vacío y las llamas habían sido extinguidas, varios años atrás, por los Rompedores de Hechizos del Ministerio. En una de las paredes había una placa que rezaba un breve texto: En Memoria de Vincent Crabbe, Gregory Goyle y Draco Malfoy. La ambición consume almas.

Y hasta qué punto lo hacía… No había quedado nada de los tres compañeros. 'Sólo cenizas' pensó Harry, un tanto angustiado.

No quería quedarse allí, recordando el incendio, así que, regresó al Gran Salón y continuó observando el retrato de Malfoy con detenimiento, sobresaltándose al ver una sombra pasar por detrás del difunto muchacho. Frunció el ceño e intentó recordar dónde había visto esa pared y esas iniciales.

—Harry…

Se dio vuelta y vio a Hermione, que lo observaba curiosa.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó la chica.

Él se encogió de hombros—. No lo sé. ¿Hay noticias?

La joven caminó hacia él, un tanto cabizbaja y le puso una mano en el hombro—. Por eso vine. Ron me dijo que piensan que los números de la carta simbolizan una fecha: dos días y diez horas. Creen que se llevará a alguien más. También están leyendo El Fantasma de la Ópera para encontrar pistas… Deberías ir a ver a Ginny. Está muy asustada y se siente culpable por lo que pasó.

—No fue su culpa —respondió Harry, casi por obligación—. Oye, ¿esa pared no te parece conocida? —inquirió, señalando el cuadro de Malfoy—. Sé que la vi en alguna parte.

Hermione se acercó al lienzo y lo recorrió con la mirada—. Historia de la Magia.

—¿Qué?

—Estudiamos a Sigmund Neuberger en Historia de la Magia —. La expresión del Auror claramente indicaba que no había prestado demasiada atención durante esa clase—. Neuberger era un ilusionista. ¿Siempre estuvo así este cuadro?

—No, ayer se veía el castillo.

La joven asintió, pensativa—. No creo que sea casual.

—¿Qué cosa?

—Neuberger murió incinerado en un teatro.

Harry se enderezó, con los ojos fijos en los de Malfoy. Odiaba recordar el momento de su muerte y cualquier referencia al fuego lo remitía a aquélla fatídica noche.

—Vayamos a hablar con el Profesor Binns.

—Creo que prefiero ir a leer libros arcaicos en la biblioteca.

—El profesor va a ser más útil. Además, no hay tiempo —replicó Hermione—.¿Recuerdas que desaparecerá alguien más? Esta vez, no hay tiempo para leer.

Importándole poco y nada la voz de ultratumba de su antiguo profesor, Harry y su amiga se dirigieron a su aula. Recorrer los pasillos del colegio le provocaba a Harry tal melancolía que hasta sentía ganas de tener clase de Pociones… No, no realmente pero sí extrañaba mucho la vida en el castillo.

—¿Profesor? —musitó Hermione, una vez en el aula de Historia de la Magia.

Momentos más tarde, la espectral figura del hombre atravesó el pizarrón, como solía hacerlo durante sus clases.

—Hola, Profesor —lo saludó Hermione—. Lamentamos mucho molestarlo pero nos preguntábamos si podría hablarnos acerca de Sigmund Neuberger.

—Es para una investigación del Ministerio —agregó Harry, a la vez que se arrepentía por no haber escogido la biblioteca.

El fantasma los observó, pensativo, como analizando qué hacer a continuación. Finalmente, les hizo un gesto para que tomaran asiento.

Los dos jóvenes se sentaron y Harry se sintió como un alumno, una vez más, a punto de escuchar un monólogo mortalmente aburrido.

—Sigmund Ignatius Neuberger nació en Alemania en el año mil ochocientos setenta y dos, en el seno de una importante familia de magos oscuros —comenzó a narrar el profesor— pero sus habilidades siempre fueron limitadas y eso le ganó el desprecio de sus padres y las burlas de sus compañeros en Durmstrang.

En ese momento, Harry tuvo un vivaz recuerdo de su primer clase de vuelo y lo que Malfoy había dicho de Neville. Casi pudo sentir lo que había sentido aquel día, persiguiendo la Recordadora de quien ahora era uno de sus mejores amigos.

—Sigmund tardó un año más de lo habitual en graduarse debido a su paupérrimo desempeño en Pociones y Herbología. Sin embargo, había probado ser considerablemente bueno en Encantamientos y Transformaciones… Pero no lo suficiente bueno como para conseguir un empleo duradero en el Mundo Mágico. Por consiguiente, a los veintitrés años se mudó a Inglaterra para trabajar como ilusionista en el Mundo Muggle, siguiendo los pasos de otro hombre con pobres aptitudes mágicas, Ehrich Weiss, conocido como Houdini.

» En sus comienzos, Sigmund realizó imitaciones y pocos trucos de transfiguración pero con el tiempo mejoró y logró hacer encantamientos que maravillaron al público Muggle. Para nosotros, por supuesto, no serían nada sorprendentes.

» A los veintiséis años, Sigmund aprendió a Aparecerse e implementó ese nuevo conocimiento en sus rutinas.

—Disculpe que lo interrumpa, Profesor, pero, ¿puede ir directo a la parte de la muerte? —preguntó Harry, un tanto ansioso.

Al Profesor Binns no le agradó la solicitud, sin embargo, prosiguió con su relato—. El nueve de Mayo de mil novecientos once, Sigmund, para esa época conocido como El Gran Lafayatte, murió en un incendio que se produjo en un teatro de Edimburgo. La versión Muggle fue que una lámpara tuvo una falla y provocó la catástrofe pero esa no es la verdad.

» Durante sus últimos años de vida, el escapismo se convirtió en una realidad para Sigmund. Como bien sabrán, los magos no pueden realizar magia en presencia de Muggles y cuando el Ministerio descubrió sus tretas, lo persiguió para encarcelarlo.

» Lo que no sabía de Pociones y Herbología, lo compensaba con un talento inigualable que había adquirido para la Aparición. Pero no pudo escapar por siempre y ese nueve de Mayo lo encontraron los Custels de la Patrulla de Seguridad Mágica. Se sabe que Sigmund no estaba en el escenario cuando empezó el incendio y las circunstancias de su muerte son inciertas—. La plausible voz del hombre titubeó y luego continuó—. Aún no se sabe qué originó el siniestro pero tardó días enteros en ser extinguido.

—¿Es cierto que su espíritu continúa en el teatro? —preguntó Hermione.

—Hay muchas conjeturas pero nada comprobado. A los Muggles les encanta inventar seres a los cuales temer, señorita Granger.

—Y usted, personalmente, ¿qué cree, Profesor?

El hombre no respondió instantáneamente—. Hay ciertas teorías que insinúan que Sigmund no perdió la vida en el siniestro. Hay testigos que confirman haberlo visto después del nueve de Mayo de mil novecientos once.

Hermione, cautelosamente, insistió—: Pero usted debe tener sus propias teorías. Usted se especializó en Sigmund Neuberger, ¿verdad?

El pálido hombre la observó, más serio que de costumbre—. ¿Cómo sabe eso, señorita Granger?

—Lo leí. Hay un pasaje sobre usted en un libro sobre conspiraciones del Ministerio de la Magia. Lo encontré en mis vacaciones en Francia —contestó la muchacha—. El libro está prohibido en el Reino Unido… Y usted fue perseguido por el Ministerio por intentar resolver el Caso Lafayette.

Harry estaba oficialmente mudo y el Profesor Binns parecía haber reaccionado de una manera similar.

—Armando y Albus me protegieron de la gente del Ministerio —admitió el hombre.

—Pero… ¿Y Umbrigde? El Ministerio estuvo a cargo de Hogwarts y a usted no le pasó nada —acotó Harry, un poco confundido.

—¿Alguna vez ha intentado encerrar a un fantasma en Azkaban, señor Potter? —inquirió el Profesor, cortantemente.

—Entonces… No se despertó muerto una mañana, ¿no? —Si había algo que Harry no tenía, eso era tacto para hablar con fantasmas.

—No viene al caso —contestó el hombre—. ¿Necesita algo más, señorita Granger?

—Sí, ¿qué relación tienen los Malfoy con Sigmund Neuberger?

—No creo prudente hablar sobre-

—Bueno, yo sí lo creo prudente —lo interrumpió Harry—. Algo está pasando, Ted Lupin desapareció y este Neuberger tiene algo que ver. Y Malfoy… Sólo díganos lo que sabe, ¿está bien?

—No mucho, lamentablemente. Nunca logré encontrar suficientes pruebas para condenar a Spungen Malfoy.

—Es el tatarabuelo de Draco —le susurró Hermione.

—Sigmund y Spungen se habían conocido en Alemania y, al principio, la relación no había sido buena pero Sigmund era un mago de Sangre Pura y provenía de una familia con mucha influencia en el Mundo Mágico. Fue recién en Inglaterra cuando Spungen y Sigmund se convirtieron en socios. Sigmund necesitaba animales para sus trucos y Spungen lo ayudó a realizar horrorosos encantamientos con ellos para volver más dóciles y manipulables. La perra con la que siempre se veía a Sigmund no era realmente un animal sino un animago que escapaba de la justicia y era muy amigo de Spungen.

» Todos los negocios entre Sigmund y Spungen eran turbíos pero los Malfoy siempre tuvieron mucho poder dentro del Ministerio. Era imposible que terminaran encarcelados.

—Entonces, ¿por qué persiguieron a Sigmund? —preguntó Harry.

—Porque se arrepintió. En sus últimos años, quiso enmendar sus acciones y le dijo a Spungen que ya no quería más tratos con él y que se terminaría el abuso con los animales. Spungen, entonces, hizo que el Ministerio se enterara de la condición mágica de Sigmund.

» Días antes del que sería el espectáculo de una vida, Galiel, el animago, y Sigmund tuvieron una pelea que desembocó en la muerte del primero. Spungen juró venganza y días después ocurrió el incendio —. Binns se mantuvo en silencio durante unos instantes y Harry no podía tolerar más la ansiedad por saber qué había ocurrido realmente—. El siniestro fue causado por medio de las Artes Oscuras y por lo que he podido averiguar, Sigmund sobrevivió.

—¿Y qué pasó con él?

—Eso, me temo, no puedo decirlo, señorita Granger.

Sin importar cuánto rogaran, Binns se negó a seguir hablando del tema.

Bajaron al Gran Salón y se quedaron callados durante un buen rato. Harry aún no podía digerir el concepto de un Binns contando algo considerablemente interesante.

No sabía cómo pero estaba seguro de algo, aunque fuese una locura—. Sabes lo que significa, ¿verdad? —le preguntó a Hermione.

La chica simplemente lo observó, espectante.

—Significa que Draco Malfoy no está muerto —concluyó Harry.

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Capítulo II: Lunes 22 de Septiembre

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» No es un Harry/Ginny.

» Sigmund Neuberger sí existió y murió quemado en un teatro en Escocia. También es cierto que la gente cree que su espíritu sigue allí.

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¡Gracias por leer!

- Inefable