Capítulo II

—Sólo piénsalo. El incendio se debe haber provocado con Fiendfyre. Seguro que fue Spungen. Artes Oscuras y Malfoy en la misma oración no es nada nuevo. Además, tardaron días en extinguirlo. Tuvo que ser Fiendfyre —exclamó Harry.

—Pero eso no es prueba de nada —remató Hermione—. No prueba que Malfoy esté vivo.

—Nunca se encontró su cuerpo y tampoco el de Neuberger. Además, el cuadro muestra el teatro. ¡Y no se mueve! Debe ser porque no está muerto —. Harry caminaba de un lado a otro, casi hablando solo.

—Lo que dices no tiene demasiada lógica. Sólo porque alguien realizó mal el encantamiento en el lienzo no significa que-

—Pero esto no es sobre lógica, Hermione.

La muchacha lo miró con detenimiento y suspiró—. Sí, supongo que es hora de que me acostumbre a tus estrategias irracionales pero aún así no me convence.

—¿Estrategias irracionales?

—Alguien quería robar la Piedra —empezó a decir Hermione—, Sirius no te envió la escoba para lastimarte, Malfoy sí estaba tramando algo en la Sala Multipropósito, eres descendiente de los Peverell… Cuando las cosas están vinculadas contigo, no hay lógica que las respalde —terminó, con una sonrisa—. Pero sigue habiendo algo que no cierra. Creo que…

—¿Irás a encerrarte en la biblioteca hasta que Madam Pince te eche? ¿Sigue estando Madam Pince?

—Supongo que sí. ¿Tú qué harás?

—Supongo que algo irracional —contestó Harry, encogiéndose de hombros—. No me mires así, te prometo que no me meteré en líos.

Hermione frunció el ceño—. Recuerda ir a ver a Ginny. Está preocupada por Teddy.

—Todos lo estamos pero no vamos a lograr mucho si nos sentamos en un rincón a extrañarlo… Bueno, de acuerdo, iré a verla un rato.

Pero en el camino a su casa cambió de opinión y se fue al Ministerio. Allí, le contó a Ron lo que había averiguado con Hermione y el pelirrojo también tuvo problemas al imaginar al hombre más aburrido del planeta siendo perseguido por entrometerse en turbios asuntos del Ministerio y los Malfoy.

—¿Y realmente crees que Malfoy está vivo?—preguntó, sirviéndose un vaso de jugo de calabaza. Volvió a acostarse en el sillón, en el cual había oído el relato de Harry, y frunció el ceño—. Pero nosotros estuvimos ahí, era un infierno. No pudo sobrevivir.

—Pero de alguna manera lo hizo. Estoy seguro —replicó Harry, con convicción. Estaba sentado sobre su escritorio, observando un viejo diario de El Profeta—. ¿Se sabe algo sobre la carta?

—Sólo que algo va a pasar en dos días. La teoría popular es que van a secuestrar a alguien más. ¿Por qué crees que se llevaron a Teddy? Es sólo un niño. ¿Qué puede llegar a hacer?

—No lo sé y no creo que lo haya lastimado. Seguro que Malfoy sólo quiere nuestra atención.

Ron depositó el vaso sobre una mesa ratona—. Mira, Harry… No creo que sea Malfoy. Él está muerto. Ya sabes, bien muerto —. No quería insinuar que su amigo estuviese loco pero, ¿Malfoy, vivo? Sonaba bastante demente, teniendo en cuenta que había quedado encerrado en una habitación envuelta en llamas—. Se lo declaró muerto.

—¡Como a Sigmund Neuberger! —exclamó Harry.

—Porque ese también se murió…

—Binns cree que no se murió y yo estoy de acuerdo. Y sé que Malfoy está tratando de… dar un mensaje o algo así. No sé —musitó el moreno, acomodándose los anteojos—. Debo irme.

—¿A dónde vas?

—A la Mansión Malfoy.

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La Mansión lucía tal cual la recordaba. Hasta los pavos reales seguían en ella. La diferencia era que ahora nadie vivía allí y tenía entendido que tres veces por semana, gente del Ministerio iba a limpiarla, dejar alimento para los pavos y asegurarse de que todo estuviese en orden.

En ese momento no había nadie en el lugar y Harry aprovechó la óptima situación para investigar la habitación del Malfoy más joven.

La alcoba se encontraba en la segunda planta, a pocos metros de una de las lujosas escaleras de mármol y la puerta tenía una pequeña inscripción grabada en oro: "Draco".

Dudó unos instantes y luego se adentró en la habitación. La primera impresión fue extraña; realmente no esperaba que a Malfoy le gustara tanto la literatura. La sala era enorme, toda la Madriguera podría haber entrado en ella, y tenía muchísimos libros, todos muy pulcros y ordenados.

Volúmenes sobre Egipto, Grecia, vampiros, Lemuria, teatro, política, música clásica, leyendas, pociones, dragones. El repertorio era variado y Harry no se sorprendió al encontrar un libro sobre ilusionistas.

Entonces, ya no había dudas: Malfoy conocía a Neuberger. Pero, ¿qué tenía que ver Teddy con el asunto?

El niño era familiar de Draco, al igual que Andrómeda. ¿Y si ella era la próxima?

Eso era lo único que se le ocurría a Harry, que quizás se lo había llevado por ser su familiar. Después de todo, Teddy era muy pequeño como para ser considerado una gran amenaza o algo por el estilo.

Siguió recorriendo la habitación con la mirada, hasta concentrarse en un punto: el extenso armario. Abrió las puertas, que también eran espejos, y se maravilló ante la cantidad de ropa que había.

Sobre el suelo del armario había tres cajas verdes y Harry se desilusionó al comprobar que estaban cerradas. Intentó abrirlas con varios hechizos pero ninguno dio resultado. Lo mejor sería llevarlas con los Rompedores de Hechizos… o con Hermione.

Realmente no sabía qué esperaba encontrar en las cajas pero sí estaba seguro de que Malfoy estaba relacionado con el secuestro de Teddy y que Neuberger tenía algo que ver. El problema era que seguía habiendo demasiados cabos sueltos y no tenía idea de cómo Malfoy había sobrevivido al Fiendfyre.

Decidió continuar investigando la alcoba pero no halló nada incriminador, nada fuera de lugar. Ni siquiera había libros de Artes Oscuras pero Harry sabía que debía haberlos y que, seguro, estaban bien escondidos. Realizó varios encantamientos invocadores pero, una vez más, no logró nada.

Dentro de pocas horas, Tragedia (como los Aurors habían decidido llamar al hombre enmascarado) se llevaría a alguien más y él aún no sabía nada concreto y tampoco estaba seguro de quién sería el próximo. Pero, para no arriesgar a Andrómeda, volvió al Ministerio y ordenó que siete Aurors la custodiaran, al menos, hasta que hubiese pasado el tiempo indicado en la carta.

Y lo peor era que no había ninguna pista sólida que los ayudara a descubrir qué estaba pasando realmente. Teddy, simplemente, se había desvanecido… Aunque no era posible desaparecer en Hogwarts y las velas habían estado apagadas durante tan solo unos instantes. Habría sido físicamente imposible que Malfoy, o Tragedia, escapara tan rápido.

Entonces, Harry quiso golpearse. Tragedia y Teddy habían estado en el castillo durante todo ese tiempo. Seguramente se habían ido después de que todos se retiraran para intentar localizarlos. Claro que sí se había quedado gente para buscarlos en el colegio pero el terreno era enorme y las posibilidades, infinitas. Y él, irresponsable, no había pensado en llevar el Mapa. Ahora ya era demasiado tarde.

Llegó un avión de papel a la oficina y le comunicó que las cajas ya estaban abiertas. Suspiró y se dirigió hacia al área de los Rompedores de Hechizos.

—Para estar hechos por un muchacho de diecisiete o dieciocho años, eran hechizos muy avanzados —le comentó uno de los funcionarios—. ¿Quiere que lo dejemos solo para que vea el contenido o prefiere que nos quedemos?

—No, está bien. Prefiero quedarme solo. Gracias.

Los tres hombres vestidos de naranja se fueron y él se quedó de pie, frente a las tres cajas verdes, sin saber qué hacer. Como Auror, debía abrirlas y comprobar que Malfoy estaba vivo y era Tragedia. Sin embargo, como ex compañero del muchacho, no quería saber si era o no el secuestrador. Malfoy jamás le había caído bien pero sí sentía culpable por su muerte y aún peor por lo que había pasado con Narcissa Malfoy. Ella lo había salvado… Y ahora estaba muerta. Si Malfoy realmente estaba vivo, ya no tenía padres, hogar, dinero ni amigos. ¿Y si se había llevado a Teddy sólo porque no quería estar solo? 'II.14' podía significar muchas cosas, no necesariamente que iba a llevarse a alguien más.

Por otro lado, conocía a Malfoy, no como amigo sino como enemigo, como rival. Sin importar cuántas veces le había ganado en el Quidditch, Malfoy nunca se había rendido ni renunciado a su puesto, excepto en Sexto, cuando tampoco se dejó vencer por la difícil tarea que tuvo que enfrentar. No, si Malfoy estaba vivo no se iba a limitar a criar a Teddy, no se iba a rendir… Iba a querer vengarse.

Y si así era, Harry se iba a ver obligado a derrotarlo.

Observó las cajas y luego se las llevó a su oficina. Las colocó sobre el escritorio y las dejó ahí, sin intención alguna de abrirlas. 'No por ahora' se dijo.

Se llevó la mano derecha al cabello y en ese momento sintió un cosquilleo en la muñeca. Ginny, hacía ya varios años, le había regalado una pulsera para poder llamarlo. Era un accesorio muy simple: hilos gruesos y negros, entrelazados con una pluma del mismo color. De lejos parecía una delgada cuerda negra, sin embargo, era más que ello. Cada vez que Ginny quería hablar con él, tocaba un colgante que tenía ella y eso enviaba una señal a la pulsera, haciendo que ésta temblara un poco. A Harry siempre le provocaba cosquillas.

A través de su chimenea personal, que sólo estaba conectada con la chimenea de su casa, fue a ver qué quería la joven. Era ridículo el asunto de las pulseras, siendo que tenían chimeneas pero Ginny realmente odiaba comunicarse de esa manera. Y, él, ciertamente, tampoco se sentía demasiado cómodo con el tema del fuego, las cenizas.

—¿Ginny? —preguntó al llegar a la sala de estar de la casa que compartían.

—Cocina —respondió la muchacha.

Harry caminó hacia ella y se sentó en una de las sillas. Ginny lo había acusado, muchas veces de ser poco cariñoso, así que, se puso de pie y fue a darle un beso en la mejilla. No era que no quisiera a la chica pero tras todos esos años juntos, la verdad era que había empezado a… aburrirse. Todos los días eran iguales: iba a trabajar, regresaba, Ginny tenía preparada la cena. Y el sexo tampoco era la solución porque la chica no le hacía justicia a su reputación en Hogwarts. En la cama, era tan convencional como en la cocina.

Y Harry se sentía tremendamente culpable al pensar así. Es decir, ¿qué más quería querer? Ginny era preciosa, simpática, dulce, inteligente, divertida. Pero faltaba algo… Y ese algo no tenía que ver con juegos sexuales, ni siquiera con aburrirse por la rutina. Ginny era estupenda pero no era lo que él quería. El problema era que no sabía qué quería.

'Deja de pensar en eso. Debes encontrar a Teddy' se regañó a sí mismo.

—Hmm, ¿para qué querías verme? —le preguntó a la chica.

—Ron me dijo que fuiste a la Mansión Malfoy. ¿Qué hacías ahí?

Haciéndose una nota mental para torturar a Ron, respondió—: Sólo fui porque… se han estado escuchado ruidos raros por ahí y el Ministro me pidió que fuera a fijarme que todo estuviese en orden —. De acuerdo, de todas las excusas estúpidas que había dado en su vida, esa debía ser la más estúpida de todas—. Pero no había nada, así que… Nada de que preocuparse —concluyó, con una sonrisa.

—Ah, está bien —dijo Ginny, que no sonaba muy convencida—. ¿Se sabe algo sobre Teddy?

—Todavía no pero lo vamos a encontrar.

—Eso espero.

"¿Eso espero?" Sí, Ginny era genial pero tan predecible como un partido de Quidditch entre los Chuddley Cannons y los Meltrose Magpies. Harry no quería nada de otro mundo pero su vida parecía una fotografía de una de esas revistas de decoración de interiores que tanto odiaba. Todo era demasiado perfecto y eso lo sulfuraba. Quería aventura, quería acción, quería retos… Y sí, quería a Ginny pero no de la misma manera que ella lo quería a él.

—Creo que volveré a la oficina a ver si hay noticias.

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—Andrómeda Tonks está bien —le informó uno de los Aurors, varias horas después, cuando el límite horario del mensaje acababa de cumplirse—. No hubo ataques ni anormalidades.

Harry asintió, mientras firmaba algunos papeles. En momentos así odiaba ser el Jefe del área. Él no tenía que estar firmando papeles. ¡Él tenía que estar actuando, con los demás Aurors! Trabajar tras un escritorio era mortalmente aburrido y no demasiado útil.

—Pero sí ha habido una desaparición.

Levantó la vista y observó al Auror—. ¿Quién? —preguntó.

—Lage Britin, de la Oficina de Uso Indebido de Artefactos Muggles. Desapareció de su oficina después de que se apagaran todas las luces. Los Inefables tienen el maniquí y la nota.

Harry acompañó al otro Auror al Departamento de Misterios pero sólo él entró a hablar con el Inefable que lo esperaba, con un papel levitando a su lado.

El mensaje lo había dejado Tragedia en el maniquí y el Infable le dijo que también era un fragmento de El Fantasma de la Ópera.

Un hombre que no era realmente visible sino cuando lo quería y que, en cambio, veía todo en medio de la completa sombra. II.6 —leyó Harry en voz alta—. ¿Y eso qué significa?

—Que nos dio dos días y seis horas para descubrirlo. Hemos llegado a la conclusión de que no es un dispositivo mágico pero creemos prudente seguir investigando todos los elementos —comunicó el Inefable—. Los papeles de los mensajes son antiguos y tienen escritos invisibles.

—¿Y qué dicen?

—Aún no lo sabemos. No hemos podido hacer los escritos visibles pero hay residuos de hechizos desvanecedores.

—¿O sea?

—O sea que era tinta corriente pero se hizo invisible con un hechizo que aún no hemos podido quitar —respondió el Inefable, un poco irritado. Harry sabía que esos funcionarios odiaban hablar con gente de otros Departamentos porque no toleraban su falta de conocimientos. A Harry le caían bien pero le molestaba su arrogancia. Sólo porque podían crear giratiempos y tenían salas extrañas, no eran mejores que los demás.

—Y también tenemos Gnivs, señor Potter —le sonrió el funcionario.

Y también odiaba que fueran buenos en Legeremancia—. Dijo que los papeles eran antiguos. ¿De cuándo son?

—Aún no hemos llegado al año exacto pero calculamos que pertenece a un período comprendido entre los años mil novecientos diez y mil novecientos quince. Dentro de unas horas tendrá un año y mes exacto.

Harry sintió ganas de preguntar '¿cómo?' pero no quería explicaciones complicadas dando vueltas por su mente, así que, se limitó a asentir cordialmente—. ¿Conocía a Lage Britin?

—Como muy bien pensó, somos superiores y no nos mezclamos con gente menos culta e inteligente que nosotros —contestó el Inefable, en tono de broma pero Harry sospechó que era lo que realmente sucedía con la gente de ese Departamento—. Pero Britin no es una de esas personas —agregó el Inefable.

—¿Lo conocía?

—Britin era un Inefable pero renunció y se trasladó a otra área.

—¿Por qué?

El otro hombre meneó la cabeza de un lado a otro—. Puedo explicarle cómo se construyeron realmente las Pirámides de Egipto, cómo crear un Traslador e, incluso, cómo viajar por el tiempo pero no me pida que le explique a Britin porque es más complejo que la sinfonía perdida de Paganini.

Harry entornó los ojos. De acuerdo, no tenía idea de qué sinfonía hablaba y no le importaba—. Bueno, gracias. Avísenme cuando sepan de qué año es el papel y qué dice el texto invisible.

—Claro, señor Potter. Mejor le enviaremos un mensaje. Si está mucho tiempo con nosotros, puede que ser vuelva arrogante.

Poniendo los ojos en blanco, Harry se retiró del Departamento de Misterios y retornó a su oficina. Leyó algunos documentos, firmó algunos comprobantes, se aburrió, leyó más documentos y continuó aburrido. Quedaban dos días y algunas horas pero él seguía sin verdaderas pistas. ¿Y qué podían tener en común Teddy Lupin y un ex Inefable? No había patrón y si sí lo había, era un tanto demente.

Se sentó sobre su escritorio y se puso a hacer avioncitos con los documentos que debía continuar leyendo. ¿Y si renunciaba y se convertía en detective privado o algo así? Realmente estaba harto del trabajo de oficina y no le ayudaba a encontrar a su ahijado.

Para distraerse un poco y, para variar, hacer algo útil, se dirigió a la Oficina de Uso Indebido de Artefactos Muggles para hablar con los compañeros de trabajo de Lage Britin.

Aparentemente, se llevaba bastante mal con todo el mundo debido a que era un "maldito arrogante", "sabelotodo", "egoísta y narcisista idiota" y "demasiado honesto como para me agrade".

Sólo dos personas habían hablado bien sobre él, el chico rubio con el que había visto a Britin, Dyran Taynney, y otro hombre a quien acababa de conocer, Sparky Nyvot.

Ambos coincidían en que Britin era una buena persona y que esperaban que estuviese bien. Nyvot parecía estar al borde de un ataque de pánico y Harry le sugirió que comiera un poco de chocolate, siempre ayudaba.

El más joven, Taynney, estaba tranquilo pero Harry sospechó que estaba bastante perturbado.

—Nyvot, ¿puede dejarme a solas con Taynney, por favor?

Nyvot asintió y se retiró. Harry, entonces, se sentó al lado de Taynney y simplemente lo observó.

—¿Hace mucho que trabaja con Britin? —preguntó finalmente.

—Más o menos… Cuatro años aproximadamente. Casi siempre trabajamos juntos.

—Britin… Lage era un Inefable. ¿Sabes por qué renunció a su cargo? —Harry decidió que sería mejor dejar las formalidades a un lado. Así sería más fácil que el chico entrara en confianza y le contara lo que él quería saber.

Dyran se tensó—. Nunca me lo dijo.

Harry, instantáneamente, supo que estaba mintiendo—. Mira, no tengo idea de dónde está y no sé cómo encontrarlo. Todo lo que puedas decirme sobre él, hará que la búsqueda sea más sencilla. Si sabemos porqué se lo llevaron, quizás logremos descubrir a dónde lo llevaron.

El rubio se llevó una mano al cabello—. Me pidió que no contara nada y no lo haré. Además, no conozco los detalles. Si quiere saber porqué abandonó el Departamento de Misterios, hable con Fabni Ethanskcus, señor Potter.

Justo lo que quería oír. ¿Ethanskcus, involucrado en el asunto? Por fin una buena noticia. Si tenía un poco de suerte, tendría razones para despedirlo de una vez por todas.

Iba a ir a hablar con el hombre cuando recordó las cajas y prefirió abrirlas. Sí, se había dicho que era mejor no hacerlo pero la gente seguía desapareciendo y si ahí estaba la respuesta al enigma, debía obrar por el bien mayor. Regresó a su oficina y se dispuso a investigar el contenido de las cajas pero se desilusionó al ver que sólo eran viejas hojas en blanco. Por supuesto, lo primero que pensó fue que había textos invisibles, así que, las llevó al Departamento de Misterios, de mala gana.

Frustrado, solicitó a los Inefables que también revisaran estos papeles para ver si tenían escritos invisibles. Ahora sólo tenía que sentarse y esperar, con la esperanza de resolver todo antes de que alguien más desapareciera. Quería creer que Tragedia era Malfoy porque así conservaba la esperanza de que Teddy estuviese bien. Era lo único que podía hacer en ese momento, convencerse de que el niño estaba vivo… Si llegaba a estar equivocado, jamás se lo perdonaría. Después de que Tonks y Lupin lo protegieran con sus propias vidas, no podía permitirse el lujo de no retornarles el favor, cuidando de su hijo.

No sabía con seguridad qué era lo que le daba confianza pero estaba seguro de que Malfoy no era un asesino y que no lastimaría a Teddy. Pero habían pasado muchos años… Malfoy, seguramente, ya no era el mismo.

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"Oculta tu rostro para que el mundo nunca te encuentre"

¿Dónde está la belleza de las rosas? ¿Qué las hace bellas? Suave textura, abrumador aroma… Las rosas te trasladan a otro mundo y hacen que olvides tu dolor. Justo a ellas, sólo hay luz y felicidad.

Pero las rosas se marchitan.

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Capítulo III:
Lunes 29 de Septiembre

A partir del capítulo que viene la historia estará más entretenida.

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"Oculta tu rostro para que el mundo nunca te encuentre"

Es un fragmento de Masquerade (El Fantasma de la Ópera).

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Gracias a todos por leer :)

- Inefable