A la mañana siguiente Temari se fue en busca de cierto pelinegro para darle no muy buenas noticias

A la mañana siguiente Temari se fue en busca de cierto pelinegro para darle no muy buenas noticias. Para su desgracia la rubia sabía perfectamente donde encontrarle, en el lugar donde tuvo su primer beso, su lugar mágico… Allí estaba, sentado en la hierba respaldado en un árbol bajo su sombra pero el lugar donde ella tendría que estar, a su lado, estaba ocupado por otra rubia. Cabreada, aunque no se notaba, caminó tranquilamente hacia donde estaba su novio. Él, interrogante, se levantó para recibirla con un beso y ella, ya estando delante de él, le pegó una bofetada.

Ya hemos cortado – le dijo a Ino y, sin que Shikamaru pudiera decir nada, se marchó – Ya tenéis el camino libre para estar juntos…

En principio quería ir a su casa para desahogarse pero tenía que ser fuerte, así que al final se fue a la casa de Sakura. Ya delante de la puerta, tocó, y la abrió la pelirrosa.

Entra – la invitó con una sonrisa, que al cerrar la puerta, se esfumó – Toma asiento, esto nos llevará muchas horas. ¿Quieres algo?

Iie, mejor vamos al grano – le contestó, sentandose en el mismo lugar del día anterior – Ya he cortado con él.

Genial – la felicitó – Ahora lo que tienes que hacer es decirles a tus hermanos que te quedarás aquí un año, para hacer misiones y así fortalecer el lazo de Suna y Konoha.

¿Un año? ¿Tanto tiempo?

Hai, en ese año entrenaremos nuestros jutsus y nuestras emociones – le contó – Después ya estaremos listas para unirnos a ellos.

Demo en un año puede que Akatsuki ya no exista – se quejó, un poco agobiada ante la idea – O puede que el que mató a Gaara muera.

Tienes razón, es mucho tiempo… - ambas se quedaron pensativas, hasta que la rubia tuvo una idea.

¿Qué te parece un mes? – le propuso la rubia - Si vemos que no somos muy fuertes seguiremos otro mes y así. Aunque creo que en lo que más tenemos que trabajar es en nuestras emociones. Si somos frías, nos aceptarán, además… Necesitan miembros así que no nos rechazarán.

Es una buena idea – reconoció – Creo que no necesitamos entrenar mucho nuestros jutsus… de ellos nos ocuparemos en Akatsuki, es mejor entrenar con los más fuertes.

Hai – asintió - ¿Cómo lo haremos?

Tú conoces los bosques de los Nara, ¿no? – Temari solo asintió – Bien, entonces tú me guiarás por algún sitio donde no nos vean. Así podremos coger a Hidan y meterlo en una bolsa, después de eso nos iremos de la villa lo más lejos posible. Cuando ya lo estemos, nos ocultaremos en algún lugar y yo coceré todas las partes de su cuerpo. Él nos dirá donde está Akatsuki…

¿Ese no es con el que luchó Shikamaru que casi le cuesta la vida? – la pelirrosa asintió y esta sonrió maliciosamente. Después, cayendo en la cuenta, dijo - Que yo tenga entendido todos los miembros tienen anillos…

Tsunade-sama tiene uno, nos lo llevaremos – la cortó y antes de que dijera algo la rubia, Sakura contestó, sabiendo lo que pensaba – Exacto, solo una podrá entrar… Y esa serás tú. Demo no te preocupes, no estarás sola, yo iré a la guarida de Orochimaru y recuperaré el anillo.

Iie, yo cogeré el anillo de Orochimaru

No seas tonta, no voy a permitir que te pase nada por mi culpa…

Yo fui la que decidió irme contigo, no es tu culpa – la cortó la rubia.

La idea a sido mia, así que iré yo – se levantó – Además, tú no sabes donde está la guarida. Vamos a entrenar, nos queda mucho que hacer.

Está bien… - la siguió hasta el bosque, donde se encontraron con Sai.

Temari, por un lado, no quería entrar así en Akatsuki, ella quería ir a la guarida de Orochimaru y coger su anillo. Sabía perfectamente que su amiga pelirrosa se encontraría con cierto pelinegro y no sabía como reaccionarían, no quería perderla. Sabía que Sakura era fuerte y ahora lo serían mucho más con ese entrenamiento pero Sasuke no se quedaba atrás. Pero, de todos modos, sabía que ella no dejaría que Temari se fuera a buscar el anillo, así que mejor no molestarse en discutir en algo donde ya se sabe la ganadora.

Hola – las saludó el pelinegro con una sonrisa casi verdadera - ¿Para qué me queríais?

Queremos que nos entrenes para no mostrar emociones en los combates – le explicó la pelirrosa.

Me niego – contestó Sai y, aunque no lo mostraba, muy enojado y preocupado – No quiero que unas chicas como vosotras paséis por algo así.

No somos débiles – dijo Temari, mosqueada.

No me refería a eso, no quiero que unas chicas tan lindas como vosotras sufráis lo que yo sufrí desde niño – aclaró – Además, ¿para qué no queréis expresar?

Porque ahora los enemigos son más fuertes que antes, si queremos vencerlos no debemos expresar nuestras emociones – le aclaró Sakura, y con un susurro, dijo – Las emociones te hacen débil…

¿Quién eres? – preguntó de pronto el pelinegro a Sakura y, ante el asombro de la pelirrosa, dijo – La Sakura que conocí me dijo todo lo contrario, las emociones te hacen más fuerte.

Esa Sakura ya no existe o mejor dicho nunca existió – le contestó, con el semblante totalmente serio y sin expresión – esta es la verdadera. Onegai, Sai-kun ayudanos.

Está bien… - se rindió – Pero no será para nada fácil y no esperen de mí compasión durante el entrenamiento. ¿Seguro que queréis hacerlo?

Hai – respondieron a la vez las kunoichis.

Empecemos.

Dicho eso, se colocó justo detrás de una sorprendida Temari, la cual se dio cuenta de donde estaba el chico cuando le dio un fuerte golpe en la espalda, lanzándola muy lejos.

Temari-san, no debes expresar tu sorpresa, recuérdalo – le aconsejó – Acercate.

Ella se dirigió hacia él y cuando ya estaban de frente a frente, de un rápido movimiento, Sai le hizo una pequeña pero dolorosa herida en la mano.

¡Ahh! ¡¿Pero qué coño haces?! – se quejó.

Cada vez que mostréis emociones os haré un corte en la mano – les explicó. – Y cada vez serán más dolorosas, aunque pensándolo mejor…

Sai hizo unos extraños sellos pero al acabarlos no pasó nada. Las chicas lo miraban desconfiadas y Sakura, que no se había movido del sitio, se acercó a Temari para curarle la herida. La pelirrosa colocó sus manos sobre la herida y, ante las miradas atónitas de ambas, la herida no se curaba.

¿Qué pasa? – preguntó incrédula Sakura, y de repente sintió un fuerte dolor en la mano. Se miró y allí estaba, había aparecido una herida, una herida que no podía sanar…

Es una técnica que utilizan los ambu para estos tipos de entrenamiento, si mostráis alguna emoción aparecerá una herida – explicó – Así que os conviene no mostrar ninguna emoción. Y como habéis podido comprobar no se pueden curar…

"¡Kuso!" Ahora verás… - murmuró Sakura para después lanzarse contra Sai.

Le iba a propinar uno de sus increíbles puñetazos cuando el pelinegro la agarró del brazo, sorprendiendo a Sakura, provocando un nuevo corte.

- Demasiado predecible, se puede leer en tus ojos, eres como un libro abierto… - dijo el de tez pálida.

- Ja – se rió la pelirrosa, sarcástica.

Sakura lanzó varios kunais y shurikens contra él, quien los esquivó con insultante facilidad. Pero lo que no se esperaba era que Temari le lanzado una ráfaga cortante de aire, dándole de lleno.

- Creo que te olvidaste de mí – dijo burlonamente la rubia, provocando otro corte cerca del labio – "Mierda…"

- No del todo – de repente Temari se vió inmovilizada por una mancha de tinta negra en sus pies.

Sai se acercaba a ella a toda velocidad con su katana en la mano, preparado para acestarle un golpe final y dejarla fuera de combate. La princesa del viento intenta safarse desesperadamente, sin resultados. Cuando el pelinegro le iba a dar el golpe de gracia, la rubia dejó de intentar escapar y le miró, sonriendo burlonamente haciendo que este se sorprendiera. No pudo parar su ataque y le clavó la espada en el abdomen, convirtiéndose en un tronco con tres sellos explosivos. El chico no podía sacar la katana del tronco a tiempo, por lo que los sellos explotaron, quemándolo.

Sai salió de aquella explosión por poco pero su sorpresa fue al encontrase con diez shurikens y kunais dirigiéndose hacia él, quien los esquivó a duras penas por el polvo de la explosión. El pelinegro sonrió.

- ¿De verdad piensan que me van a dar con unos simples shurikens y kunais? – de pronto sintió algo afiliado clavándose a su espalda. El polvo se dispersó dejando ver a la pelirrosa con hilos de chacra en sus dedos – Así que tenías sujetados los kunais y shurikens por si los esquivaba… ¿Pero qué?

Debajo del pelinegro apareció Temari propinándole una fuerte patada, elevándolo del suelo a bastante altura. La rubia se apoyó en el suelo con una rodilla y puso su abanico cerrado en horizontal delante de ella. La pelirrosa corría hacia ella y saltó encima del abanico. Temari la impulsó hacia Sai quien estaba todavía suspendido en el aire en estado de shock. Sakura se acercaba a él a una velocidad vertiginosa con un chacra verde. Cuando ya estuvo cerca del chico le tocó la cabeza para luego cogersela y lanzarlo contra el suelo.

- N-No puedo moverme – se decía Sai, sorprendido para después sonreir y cerrar los ojos – Así que he perdido…

- ¡Ahhh! – se quejaba de pronto la pelirrosa, cayendo de rodillas. Temari fue corriendo en su auxilio – Estaba tan concentrada en ganarte que no me he dado cuenta de las tantas expresiones que he hecho. Tengo por todas partes…

- ¿Estás bien? – preguntaba una agotada Temari mientras aguantaba el tremendo dolor por los miles de cortes que tenía.

- Si… no es para tanto. Hay que acostumbrarse al dolor – le contestaba mientras intentaba no reírse para que no le salieran más cortes.

- ¡Hola! ¡Todavía sigo aquí y no me puedo mover! ¿Podría alguien ayudarme? – gritaba un olvidado Sai para hacerse notar - ¡Y podéis reiros ya, la técnica ha acabado!

En ese momento las chicas empezaron a reírse del pobre Sai. Se levantaron a duras penas y se dirigieron a paso lento hacia el pelinegro. Le cogieron cada una de un brazo y se lo pasaron por el cuello, sosteniéndolo, y empezaron a caminar hacia el hospital.

- "Y esto solo ha sido el principio de un duro entrenamiento… Nos queda mucho por aprender y poco tiempo para hacerlo…" – pensaban las kunoichis y, al mismo tiempo, dieron un suspiro – "Se nos va a ser muy largo y pesado…"