Pasó una semana hasta que se recuperaron de su duro entrenamiento. Los tres chicos salieron juntos del hospital, cada uno con un estado de ánimo distinto a los otros.
- "No quiero continuar con el entrenamiento, estoy agotada… ¿Es que me quieren matar? Estuvimos una semana recuperándonos de las heridas, y todo porque Sai no quitó del todo la técnica ¬¬… No quiero volver a pasar por ello otra vez…" – pensaba la rubia, alicaída.
- "¡Maldito Sai! ¡Hemos perdido por su culpa una semana! Sólo nos quedan tres para terminar nuestro entrenamiento" – pensaba la pelirrosa, furiosa, mientras fulminaba con la mirada a su amigo.
- "Eso les pasa por meterse conmigo. Justo cuando llegamos al hospital puse otra vez la técnica, impidiendo así que las heridas se curaran. Pero esto sólo fue el principio…" – Sai tenía una siniestra y maliciosa sonrisa en su pálido rostro, lo que provocó un escalofrío en las dos kunoichis.
- Sai… - le llamó Temari, nerviosa. El nombrado volteó para verla, y sonreía como siempre - ¿Te pasa algo?
- No, nada. Estoy perfectamente. "Justo lo contrario a como lo estaréis vosotras dentro de poco" – sonrió interiormente – "En el hospital me dio tiempo a pensar en una venganza… Va a ser una dulce venganza"
- Ya llegamos al bosque – dijo Sakura, quien irradiaba una energía increíble y muchas ganas de entrenar.
- Por desgracia… - murmuró por lo bajo la rubia, apenada.
- Bien, empecemos. Aunque antes quería deciros unos cambios – las chicas lo miraron, sorprendidas – Ahora vosotras no atacaréis, sólo defenderéis. Yo haré la técnica de la otra vez y os atacaré de diversas formas, de modo que provocaré diversas expresiones en vosotras. Lo único que tenéis que hacer es defender y esforzaros en no mostrar ninguna expresión. Fácil.
- "Fácil para ti…" Vale, empecemos – dijeron al unísono y se pusieron en posición de defensa.
Sai realizó los sellos de la técnica ambu y desapareció de la vista de las chicas. Ellas mantuvieron la calma y se pusieron de defensa, espalda con espalda. Empezaron a mirar a todas partes, pera nada, no había ni rastro de Sai. Ni siquiera sintieron rastro alguno de su chacra…
- Parece como si se lo hubiera tragado la tierra… - murmuró Temari, controlando su emoción de sorprendida.
- ¡Claro, está debajo tierra! – empezó a sentir como la tierra temblaba - ¡Temari, salta!
Las dos saltaron en direcciones totalmente opuestas justo a tiempo de evitar el ataque de Sai, quien salía con un kunai. Las chicas miraban al pelinegro con el semblante serio… el pelinegro dirigía su mirada a ambas, pensando en su siguiente movimiento. Fue corriendo hacia Temari y antes de darle una patada en el estómago, desapareció y reapareció detrás de Sakura. La pelirrosa se agachó y Sai le propinó una fuerte patada en la espalda de la pelirrosa, lanzándola contra un árbol cercano. Sakura levantó su mirada, desafiante, hacia el pelinegro y entonces gritó de dolor. Apareció una herida en el mismo sitio donde había una en proceso de recuperación, lo que provocó más dolor.
- Debes controlar tu ira. Además, esto solo es un entrenamiento, no hay que ponerse así. Es tu culpa por bajar la guardia – le recriminó Sai, sonriendo interiormente – "Esta técnica sigue un orden de aparición en la heridas, aunque en cada individuo es un orden diferente. Por eso los ambu no quitan esta técnica después del entrenamiento, sino saldrá una herida encima de las anteriores, lo que provocará más dolor aún."
- "¿Sólo un entrenamiento? Sino me hubiera agachado me hubiera pegado una patada justo detrás de la rodilla. Él quiere lesionarme…. Bueno, mejor así. Es como una batalla real, pensaré que es contra uno de los Akatsuki…"
Sai volvía a arremeter contra Sakura, quien rodó por la hierba justo a tiempo. Ella se levantó y se dispuso a esperarle. Cuando Sai le iba a dar un puñetazo y le tuvo cerca, apareció una imagen de Sasuke en su mente. Como si fuera acto reflejo, la pelirrosa se giró sobre sus talones para esquivar el puñetazo del pelinegro y propinarle una fuerte patada en el estómago, lanzándolo muy lejos contra un árbol. La rubia se sorprendió, haciéndose un corte en la mano, justo al lado del labio, como la otra vez.
- "Qué dolor…" Sakura, ¿no teníamos que defendernos sólo? – preguntó la rubia, mientras se acercaba a su amiga, sin dejar de mirar ahora el cuerpo inconciente del chico.
- Lo sé… pero no he podido evitarlo, creía que era Sasuke… - intentó excusarse la chica, mirando al cuerpo del chico – Vamos a llevarlo al hospital…
- ¡Temari! – la llamó una voz muy conocida para la rubia. Se giró y le saludó con una sonrisa de las suyas.
- Hola Gaara, Kankuro – les saludó y después se volteó para ver a su amiga – Lo siento pero le tendrás que llevar tú sola. Me tengo que ir con ellos y les tengo que decir algunas cosas – le envió una mirada significativa a la pelirrosa y ésta solo asintió, seria.
- No hay problema – sonrió y le salió un corte en la mejilla, lo que sorprendió enormemente a los recién llegados.
- Es una larga historia. Os lo contaré más tarde. ¿Nos vamos? – Temari empezó a caminar, alejándose del lugar, y alzó la mano, en señal de despedida. Sus hermanos la siguieron, deseosos de escuchar lo que les quería decir.
Sakura escuchó un ruido en los arbustos, se volteó a ver donde se encontraba Sai pero éste seguía en la misma posición, lo que la extrañó.
- Abría jurado que escuché algo… - murmuró para después encogerse de hombros y caminar hacia su amigo.
Ya estaba muy cerca de él y justo cuando iba a pasar por su lado, éste movió su pierna, haciendo que ella tropezara y se cayera encima de él. Sakura había cerrado los ojos por el golpe y, al abrirlos, no pudo evitar sonrojarse. Sai seguía con los ojos cerrados.
- Parece un ángel cuando está dormido… - dijo Sakura y sonrió para sí – "Pero en realidad es un demonio en el cuerpo de un niño" – iba a levantarse pero los brazos del ojinegro la rodearon por la cintura, juntando más sus cuerpos. Entonces abrió los ojos y sonrió con malicia - ¿Pero qué…? ¿No estabas inconciente?
- ¿De verdad piensas que un golpe así me iba a dejar inconciente? Que ingenua eres… eso me gusta – sus ojos mostraban una lujuria y un deseo hacia la pelirrosa incalculables – "Ahora pagarás por lo que me hiciste, eso no se le hace a un Uchiha."
El pelinegro acercó peligrosamente sus labios a los de ella. La chica logró ladear su cabeza a tiempo, evitando así el ser besada. A él pareció no importarle ya que la abrazó fuertemente para que no escapara y no se le había borrado la sonrisa de su cara. Sakura apoyó su cabeza en su pecho, se sentía reconfortada y muy segura pero no sabía por qué.
- "Huele muy bien… una mezcla de bosque y… sangre…".
- ¿Por qué no dejas que te bese? Hagamos un trato, tú me besas y yo te dejo marchar – le ofreció sensualmente Sai, susurrándole en el oído.
- Ni loca – le contestó, secante.
- Como quieras, yo estoy muy a gusto así. Puedo estar así durante días. Además de que tengo una vista excelente – sonrió burlonamente pero ella no lo vió ya que estaba apoyada en su pecho, con los ojos cerrados.
La chica, al escuchar eso, se levanta lo suficiente para verle a los ojos, furiosa, lo que provocó un corte en su muñeca. Aguantó el dolor a duras penas, sin quitarle los ojos de encima. Algo en esa mirada la atraía, la seducía. Bajó su mirada a sus labios, sin poder evitarlo, y se sonrojó. Le atraía tanto esos labios…
- "Es tan hermosa como fuerte… Y esos labios tan carnosos... no se si podré aguantar mucho sin besarlos. Además, ese aroma a cerezos en flor… me hipnotiza…" – ambos estaba hipnotizados el uno por el otro, ninguno quería que ese momento pasase, era tan mágico… - ¿Por qué no dejaste que te besara?
- Porque no me gustas. Mira que también la pregunta… - desvió la mirada hacia un lado, sonrojada a más no poder.
- No me digas que nunca has besado a nadie – el chico sonreía burlonamente lo que provocó más enojo en la pelirrosa – Entonces seré muy afortunado al ser el primero.
Sin darle tiempo a la chica para hacer nada, la agarró fuertemente por la cintura con una mano y con la otra la agarró de la nuca, atrayéndola hacia sus labios. Sus labios se rozaron, haciendo estremecer a Sakura. Sai empezó a besarla dulcemente y con ternura y delicadeza, como si temiese que se fuera a romper. Acarició los labios de ella con su lengua, pidiendo permiso para entrar, a lo que ella aceptó, gustosa. Su lengua empezó a explorar la boca de la chica y ella, quien no quería esperar, empezó a explorar la de él. Estuvieron un rato así hasta que tuvieron que separarse por falta de oxígeno. Se miraron. En sus ojos se podía ver deseo y lujuria. El chico acercó sus labios al cuello de ella y empezó a besarlos, sacando un gemido por parte de ella. Sai empezó a succionar, dejando una marca.
Ella se levantó corriendo y se alejó de él a paso lento, sin quitarle sus ojos jade de encima, horrorizada por lo que acababa de suceder. Se llevó una mano inconcientemente a la marca y salió corriendo de allí sin mirar atrás. El chico sonrió maliciosamente.
- Pronto serás mía, mi Sakura, mi dulce Sakura – en sus ojos por un momento apareció un deje de ternura pero después volvió a su forma, inexpresivos.
En el salón de una casa se encontraban tres hermanos, dos de ellos escuchando lo que les contaba su hermano mayor.
- Bueno, para empezar lo del corte de Sakura fue por una técnica ambu que nos puso Sai. Consiste en que si mostramos alguna emoción nos saldrá cortes. – empezó a explicar – Quiero pediros que me dejéis quedarme hasta que termine mi entrenamiento, y mientras puedo hacer misiones para Konoha. Quiero hacerme más fuerte y así poder estar al nivel de los Akatsuki.
Miró a sus hermanos a los ojos, esperando una respuesta. Y no tardó mucho en escuchar una.
- Está bien – aceptó el pelirrojo – Supongo que una de las razones por las que quieres quedarte aquí es ese Nara – vio que ella bajaba la mirada – La verdad no quiero incomodarte pero me da mala espina… - se escuchó un pequeño sollozo por parte de ella - ¿Temari? ¿Qué te pasa? ¿He dicho algo malo?
- He cortado con él… - pudo decir y, al ver la cara de alegría mal disimulada de ellos, dijo – La he visto con otra…
En el rostro de ambos se pudo apreciar varias emociones a la vez: odio, rabia, ira… Cuando la chica quiso darse cuenta, sus hermanos habían desaparecido…
